4.4 Lazy Sequentialization for Bounded Programs
4.4.6 Correctness
La reducción trascendental, con la cual suspendemos la tesis de creencia en la realidad objetiva de la realidad trascendente, nos entrega nuestra propia vida de conciencia como un ámbito de investigaciones depuradas de toda consideración empírica y aún más psicológica, con lo cual se prescinde de la vinculación al mundo como instancia de explicación causal de sus estructuras intencionales. El mundo aparece ahora como correlato constituido relativo a la conciencia trascendental y a su vez como horizonte universal posible de toda experiencia en general. Una de las consecuencias derivadas de la con- sideración trascendental, sobre todo en la exposición de Ideas I, es la noción conciencia como un ámbito que no se identifica sin más con la conciencia humana y por ende, que prescinde en cierto sentido muy específico de su cuerpo.4 No obstante, así como no es posible explicitar ninguna de las estruc-
3 Husserl recurre habitualmente a metáforas visuales para referirse a esta proyección o
irradiación (Ausbreitung) de los sentimientos en el entorno. Para destacar la experiencia a la que quisiera referirme aquí me tomo la licencia de esta metáfora sonora, bajo el entendido de que al igual que la luz o la coloración afectiva no tiene ningún contenido visual en sentido estricto, así la resonancia o la vibración emotiva no tiene un carácter físico en el sentido de las vibraciones sonoras aunque hay una cierta semejanza. En el lenguaje cotidiano se dice la expresión “siento el ambiente pesado” y justo la pesadez es una afección corporal que nos resulta en un esfuerzo, un cansancio como resultado de “cargar” con lo que me rodea en sentido figurado.
4 Hua III/1, p. 103 ss. y sobre todo, p. 119, donde afirma “Con seguridad es pensable una
conciencia sin cuerpo y, por paradójico que suene, también una conciencia sin alma, no per- sonal, es decir, una corriente de vivencias en que no se instituyeran las unidades de experiencia
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turas constituyentes de la subjetividad sin su relación con el mundo, tema que hace de la correlación una evidencia con el mismo carácter apodíctico que la propia experiencia de sí que tiene la subjetividad en todas sus vivencias, así también tenemos que el cuerpo, si bien no se identifica sin más con la corriente de conciencia descubierta por la reducción trascendental, sí se vuel- ve un requerimiento necesario para explicitar tanto la constitución originaria del espacio vivido, como los estratos de sensibilidad requeridos tanto en las aprehensiones de la percepción externa como en las afectaciones de índole emotiva. El cuerpo no solo constituye el “medio” necesario para vincular la corriente de vida con el mundo objetivo constituido sino que tiene un carácter constituyente sui generis: sin ese “puente vinculante” (verbindene Brücke),5 como le llama Husserl, ni siquiera podrían vislumbrarse a cabalidad las orillas que comunica, es decir, el cuerpo vivido es un momento constituyente necesario para la explicitación del sentido del mundo circundante mismo.6 Se trata natu- ralmente del cuerpo en el sentido del cuerpo propio pero incluso en la “esfera primordial”7 se volvería hasta problemático hablar de un mundo entorno que solo existe para mí, aquí, sin una proto-corporalidad viva relativa en primer lugar a mí mismo y desde ahí hacia la constitución del mismo cuerpo como unidad cósica del mundo.8
Así, por otra parte, la comparecencia de muchos de los vínculos asocia- tivos y las consecuentes síntesis de afinidad y discontinuidad, por ejemplo, de las cinestesias, se vuelven ininteligibles sin referencia a una corporalidad viva (Leiblichkeit), la cual adquiere un carácter constituyente en relación con los cuerpos cósicos de la percepción externa.9 La corporalidad viva, el cuerpo animado, se convierte entonces en el vínculo necesario entre la subjetividad y el entorno perceptivo efectivo, sobre cuyas aprehensiones se fundan las aprehensiones de orden afectivo y valorativo que constituyen el horizonte del mundo concreto circundante de la vida.
En este sentido y a través de una pregunta retrospectiva (Rückfrage) es posible inquirir por los horizontes implicados en la experiencia del espacio mundano circundante y destacar cómo la disposición del entorno requiere, intencionales cuerpo, alma, sujeto-yo empírico, en que todos estos conceptos de experiencia, y por ende también el de VIVENCIA EN SENTIDO PSICOLÓGICO (como vivencia de una persona, de un yo animal) no tuvieran sostén alguno y en todo caso ninguna validez”.
5 Hua XXXIX, p. 459 s. 6 Cf., Hua IV, p. 283. 7 Hua I, §§46-48.
8 RABANAQUE, Luis Román. “Razón, cuerpo, mundo: el arraigo de la razón en la vida según
Edmund Husserl”. En: Investigaciones Fenomenológicas, vol. Monográfico, Razón y Vida. 4/II, 2013, p. 390.
9 Véase: WELTON, Donn. “Structure and Genesis in Husserl´s Phenomenology”. En: ELLISTON,
Frederick y Peter MCCORMICK, Peter. Husserl Expositions and Appraisals. University of Notre Dame, 1977, p. 62 ss. Cf., Hua XVI, pp.154-203; Hua XI, p.128 ss.
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para ser explicitada intencionalmente, las síntesis ya operantes relativas a los niveles de la perspectiva que ofrece mi cuerpo como cuerpo propio.
El campo de visibilidad de las cosas que están en un cierto sentido práctico justamente “a la mano” lo están en relación a las posibilidades efectivas de mi cuerpo. En la captación inmediata de mi entorno y no solo en mera conside- ración “contemplativa” sino también en mi disposición relativa a los fines más inmediatos, requiere una serie de síntesis que suponen el ahí de mi cuerpo, en su nivel “estesiológico” (aesthesiologischer Leib),10 como a nivel del cuerpo relativo a la constitución de mi realidad anímica donde me vivo a mí mismo como un yo persona viviendo en y a través de este cuerpo concreto el cual, en el proceso no necesariamente atendido de sus continuos cambios, vivo en cada caso como mi propio cuerpo.
En el nivel estesiológico relativo a las configuraciones de la sensación tenemos la constitución originaria del cuerpo mismo a través de sensaciones localizadas y sensaciones dobles, llamadas por Husserl “ubiestesias”.11 Las sensaciones localizadas y las ubiestesias son experiencias interesantes toda vez que la localización de la sensación específica en mi cuerpo no es, en sentido estricto, anterior a la consideración de todo mi cuerpo como una totalidad o espacio plano de localización de puntos. Esa consideración del espacio es justo aquella abstracción que Husserl dice que es posterior a la experiencia corporal y sensible del espacio, de modo que podríamos arriesgar la hipótesis de afirmar que la localización de las sensaciones es algo que es aprehendido desde ellas mismas y precisamente ellas son las que establecen los puntos de referencia en relación a los cuales se extiende la percepción del cuerpo propio como una totalidad.12
El cuerpo, dice Husserl, es siempre un órgano de la percepción y la voluntad,13 es el centro cero de orientación en el cual se constituye nuestra experiencia originaria del espacio y los campos de sensación relacionados con las síntesis del movimiento corporal que Husserl llama “cinestesias”. El cuerpo no es un punto fijo, sino que, como órgano de la voluntad, es la concreción de la subje- tividad en su libre movimiento. La concordancia entre el movimiento corporal
10 Cf., RABANAQUE, Luis Román. “Razón, cuerpo, mundo: el arraigo de la razón en la vida
según Edmund Husserl”. Op. cit., p. 389. Hua IV, pp. 145-158, 284.
11 Véase la nota de Antonio Zirión a su traducción de Ideas II (Hua IV), p. 145 [Versión en
español, p. 184].
12 De ahí que sea tan importante en el entrenamiento de los profesionales de la danza, por
ejemplo, el reconocimiento del contacto del cuerpo con el piso y sentir el peso del cuerpo en una superficie firme como ejercicio de exploración y concientización corporal. Debo esta aclaración a la oportunidad de asistir en calidad de observador a los entrenamientos de estudi- antes de danza contemporánea dirigidos por las maestras Alejandra Olvera Rabadán y Rocío Luna Urdaibay, durante los años en que impartí las asignaturas de Estética, Historia y Teoría del Arte en la entonces Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, entre los años 2005 y 2009.
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y los rendimientos de la percepción correlativos a ella constituyen el horizonte originario del espacio vivido. Estas síntesis, tanto en su forma como en su estructura asociativa, están fundadas en las síntesis de asociación, y como hemos anticipado, suponen a su vez la forma universal de la temporalidad. No obstante, el análisis fenomenológico del cuerpo es el acceso originario al campo sensible mismo; el campo de apercepción sensorial depende de nuestra capacidad corporal viva de vivir esos campos.14
El cuerpo es una unidad noemática cuyo desarrollo está presupuesto en la formación de sentido del resto de los correlatos de la percepción. Eso no quiere decir, necesariamente, que tenga él mismo un carácter constituyente; es el yo a través del cuerpo instituido como “su cuerpo” quien realiza la formación del sentido intencional del mundo en torno objetivo. La importancia de la cinestesia en la configuración de la posición y perspectiva esencial en la percepción otorga al cuerpo propio una centralidad en el análisis del sentido del mundo en torno. La cinestesias son las vivencias en las cuales se instituye la objetividad del cuerpo propio como medio para que el yo pueda establecer “su perspectiva y posición” incorporado, por así decir, en su cuerpo. Las síntesis intencionales y sus correlatos son siempre relativas a las vivencias, las cuales son vivencias del yo y cuya síntesis de unidad no es espacial sino temporal.
Si bien el cuerpo propio es el “lugar” desde el cual la subjetividad realiza la constitución del espacio objetivo, y sin el cual le resultaría impensable por razones esenciales dicha formación de sentido, ese “lugar” es al mismo tiempo instituido originariamente por el estrato constituyente anterior que es la síntesis del flujo de la conciencia interna del tiempo, sin la cual resulta impensable no solo la unidad espacial del “ahí” de mi cuerpo sino toda unidad en general.15
Por lo tanto, el cuerpo propio tiene un lugar primordial en la constitución trascendental pero no puede declararse sin más como constituyente en sentido originario, pero tampoco puede ubicarse en el mismo ámbito que cualquier
14 Solo de manera muy abstracta se puede hablar de la constitución del campo de sensa-
ciones sin su referencia a la vida corporal, aunque, dado que la síntesis autoconstitutiva de la conciencia absoluta como flujo de autotemporización, subyace a la constitución del cuerpo, en principio la constitución trascendental del campo sensible tiene una independencia relativa del cuerpo, aunque solo se accede al campo de sensaciones desde un cuerpo vivo concre- to. Véase: STROKER, Elisabeth. Philosophische Untersuchungen zum Raum. Frankfurt: Klossterman, 1972, pp. 156-171.
15 En las Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo, insiste en este carácter primordial de la
temporalidad al punto de declarar la posibilidad de sensaciones “sin aprehensión” lo cual es una razón a considerar cuando hablamos de la importancia del cuerpo para la concreción de las sensaciones. Una subjetividad sin cuerpo es incapaz de sentir en el sentido pleno y propio de la sensación, como sensación localizada y relativa a su aprehensión en experiencias concre- tas; no obstante la esencia de la sensación misma, según parece sugerir Husserl, no está en su posibilidad de ser aprehendida y por tanto tampoco está en su localización como fundamento de la aprehensión de mi propia corporalidad. Es una tesis especialmente polémica que vale la pena tener en consideración. Véase: Hua X, § 33, pp. 64-69.
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trascendencia, dado que es el lugar donde habita la subjetividad y desde el cual ejecuta la constitución de todas las síntesis intencionales relativas a la percepción del entorno. Sin la explicitación de las síntesis intencionales en relación a las trascendencias asumidas como ya dadas antes de iniciar el análisis, dicho sea de paso, resulta imposible explicitar la esencia misma de las intencionalidades. Con otras palabras, si no hay algo ya dado respecto de lo cual se pueda observar y hacer explícito el proceso constitutivo de la inten- cionalidad en todas sus formas, para la propia subjetividad resulta imposible esclarecer el carácter constituyente en el cual ella consiste. El a priori relativo del cuerpo pre-dado es todavía más radical pues el esclarecimiento de las estructuras constituyentes asumiendo los correlatos de las intencionalidades en actualidad tienen ya operando las síntesis no explícitas de la constitución del cuerpo propio cuando nuestra atención está dirigida, por ejemplo, a la aclaración de la matización (Abschatung) de un objeto de la percepción externa.
Si observo un objeto desde cierta posición, por ejemplo, una estatua, alcanzo a ver sus formas desde determinada perspectiva, las sombras que produce sobre el suelo por efecto de la luz, sus pliegues donde una parte aparece más iluminada y otra ensombrecida, y finalmente tengo la conciencia de horizonte que anticipa que hay otros aspectos de la estatua que mi punto de vista no me permite ver. Asimismo está ya operando la consciencia que instituye el punto de vista como algo relativo a mi cuerpo, su tamaño y las potencialidades libres de desplazarme para ver la estatua desde otras partes, a su vez determinadas por los límites fácticos de mi cuerpo. Me desplazo para ver otros aspectos de la estatua pero quizá está demasiado alta para que pueda apreciarla por arriba o incluso me vea impedido, dadas sus magnitudes, de recorrerla toda, o ver cómo es por la parte inferior. Todas esos aspectos que explicitan los caracteres objetivos de la estatua simultáneamente descubren potencialidades de mi yo encarnado en un cuerpo asumido como propio y desde el cual, en mis desplazamientos en el espacio, descubro las dimensiones y características del correlato perceptivo en cuestión, en este caso, una estatua.