4.4 Lazy Sequentialization for Bounded Programs
4.4.3 Thread Translation
España
Resumen
Este trabajo trata de profundizar en los análisis sobre la conciencia interna del tiempo. En primer lugar, se revisan las Lecciones de Husserl de 1905, para dar cuenta de la estructura formal conforma- da por la retención, la impresión originaria y la protención. A partir de la compren- sión de esta célula temporal, de la que se compone el tejido de la corriente de con- ciencia, trataremos de hacer luz sobre la necesaria distancia o diferencia que esta estructura requiere para hacer posible el tipo de movimiento en que consiste la temporalización de la vida. Esta profundi- zación se hará con apoyo en dos breves textos de Levinas y de Derrida. Por último, trataremos de ilustrar el entramado que liga la estructura de la temporalidad con la dimensión emocional de la vida, en tanto que la emoción consiste en un movi- miento que descubre la estructura formal del tiempo a la vez que la colma.
Palabras clave: tiempo, intenciona-
lidad, distancia, conciencia, intimidad.
Abstract
This work attemps to look into the analysis of the consciousness of internal time. In first place, I will present an over- view of Husserl Lessons of 1905, in order to give account of the formal structure of the retention, original impression and protention. Departing from understand this temporal cell, from which is made the weave of the temporal stream of consciousness; we will try to give light to the type of movement of the temporali- zation of life. This deepening into will be made taking in consideration two short texts from Levinas and Derrida. Finally, we will try to illustrate the network that links the structure of temporality with the emotional dimension of life, in so far as the emotion is a movement which disco- vers the formal structure of time and, at the same time, fulfills it.
Key words: time, intentionality,
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1.
El asunto del tiempo en fenomenología está entrelazado con una pregunta de fondo, que nos instala en un interrogante de gran calado: ¿qué es la inten- cionalidad? En retrospectiva, la cuestión desde la que se anuncia esta interro- gación es: ¿cuál es la intencionalidad del pasado que se aleja, del ahora que permanece? El presente es la invisible empresa de la memoria, llevada a cabo por la discreta retención, que no exige reconocimiento alguno. Pero, ¿de qué tipo de intencionalidad hablamos cuando hacemos referencia a la cualidad retencional de la conciencia? Las sensaciones no solo son animadas por los actos intencionales con la finalidad de constituir objetos de experiencia tales como cubos, centauros o casas. La conciencia también constituye objetos temporales, y ejemplo de ello es la experiencia musical, la posibilidad de hablar de melodías. Pensemos en la conocida composición Para Elisa. Al escuchar la secuencia de sus notas, podemos recordar una cajita de música que teníamos en la infancia; podemos recordar nuestros esfuerzos en el arte del piano, en los años de conservatorio; podemos recordar, también, la secuencia de Muerte en Venecia en la que Tadzio, sin excesiva gracia, interpreta la pieza ante la atónita mirada del señor Aschenbach. Con independencia ahora de toda resonancia emocional, la melodía, en pureza fenomenológica, obliga a reconocer que un modo especial de permanencia de las notas que van pasando hace posible que aquellas que llegan generen la experiencia musical. Es este misterio y esta maravilla la que se trata de dar cuenta con la teoría de la retención.
Las hoy conocidas como Lecciones sobre la conciencia interna del tiempo son fruto de un curso que Husserl impartió en 1904/05, cuyo programa estaba dedicado a las modalidades de intencionalidad que desbordan el campo de las exclusivamente significativas. En estas lecciones había de tratarse la per- cepción, la atención, la imaginación, el recuerdo, la conciencia y la imagen y por último, el tiempo inmanente. Pero el tiempo no podía considerarse un tema añadido, una forma más dentro de los actos intencionales. El tema del tiempo obligaba a replantear de raíz los temas tratados con anterioridad, a volver sobre ellos. La temporalidad rige cualquier objeto y acto intencional, y es motivo de complicación del cuadro simple según el cual a la estructura de la conciencia pura le corresponden tipos específicos y esenciales de actos intencionales. Tales complicaciones llevarían a Husserl a seguir desarrollando su investigación sobre el tiempo mucho más allá de las lecciones de 1905, razón por la cual estas lecciones aparecen hoy envueltas en apéndices y ma- nuscritos complementarios que muestran a las claras la riqueza y lo inagotable de estas cuestiones, de las que el mismo Husserl diría que son “de la más alta importancia, quizá las más importantes de toda la fenomenología”.1
1 “Das sind höchts wichtige Sachen, vielleicht die wichtigsten der ganzen Phänomenologie”.
HUSSERL, Edmund, Zur Phänomenologie des inneren Zeitbewßtseins (1893-1917). The Hague: Marti- nus Nijhoff, 1969, p. 334.
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La dificultad pasaba por suscribir unas palabras dichas mucho tiempo atrás, por uno de los grandes preocupados por la cuestión del tiempo como había sido San Agustín. En sus Confesiones puede leerse:
¿Qué es, pues, el tiempo? ¿Quién podrá explicar esto de modo fácil y breve? ¿Quién lo comprenderá con su pensamiento para explicarlo en palabras? Y, sin embargo, al hablar, ¿qué cosa mentamos más familiar y notoria que el tiempo? Lo entendemos, sin duda, cuando de él hablamos, y lo entendemos cuando oímos hablar de él. ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si quiero explicarlo a quien me lo pregunta, no lo sé. No obstante, afirmo seguro que si nada pasara, no habría tiempo pasado, y si nada adviniera, no habría tiempo futuro, y si nada existiera, no habría tiempo presente. Luego, esos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿qué modo tienen de ser, puesto que el pretérito ya no es, y el futuro aún no es? Y el presente, si siempre fuera presente y no pasara a pretérito, ya no sería tiempo sino eternidad.2
Pese a la dificultad que nuestro autor enuncia aquí, es preciso reconocer que logra presentar el interrogante con gran sencillez, abriendo la semilla de todos los problemas del tiempo. En primer lugar, y ya desde la perspectiva de Husserl, la cuestión viene reconducida a dato fenomenológico. No podemos decir que el pasado y el futuro existan en el mundo, como entes de expe- riencia empírica; es necesario pensar en los datos temporales tal y como son dados en la inmanencia, desconectando del análisis todo lo que tenga que ver con el tiempo objetivo.3 No obstante, será preciso, como Husserl advertirá, introducirse en las dificultades que entraña la conciencia del tiempo por el lado de la experiencia de un objeto temporal. Podemos decir que el objeto temporal, que centra el punto de partida de los análisis, desemboca en dos cuestiones: a) la constitución del tiempo mismo, b) la experiencia de la conciencia como una corriente, como un flujo. Estos tres temas (constitu- ción del objeto temporal, del tiempo objetivo y experiencia de la corriente de conciencia) parten de otros tres elementos, que vemos ya anunciados en San Agustín: la experiencia del presente, del pasado y del futuro.
El punto de partida, entonces, centra el análisis en la constitución de un objeto temporal. La clave no está sino en la posibilidad de esta experiencia: captar una unidad que no depende de su situación en el espacio, de su per- manencia en un “ahí”; una unidad cuya identidad, al contrario, se constituye en el cambio, en el transcurrir de un «ahora» a un “ya-no”, de un “ahora” a un “recién-sido”. Una vez más, San Agustín ya había advertido el problema:
2 SAN AGUSTIN. Las Confesiones. Madrid: Tecnos, 2006, p. 451.
3 Si bien Husserl, a la altura de 1905, todavía no utiliza el concepto metodológico de epojé ni
tampoco el de reducción, puede decirse sin embargo que ha advertido con suficiente claridad el contexto en el que cabe plantear de nuevo los problemas fundamentales. Cfr., la introducción de SERRANO DE HARO, Agustín, a HUSSERL, Edmund. Lecciones de fenomenología de la conciencia
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Y si el presente llega a ser tiempo precisamente porque pasa a pretérito, ¿cómo decimos que también existe éste, cuya razón de ser es que dejará de ser, de modo que no podamos decir en verdad que el tiempo es sino en cuanto tiende a no ser?4
La atención primera, el primer acceso, comienza por la comprensión del paso de presente al pasado. El mejor objeto temporal que nos podía servir de guía era sin duda la melodía, pues su desconexión del tiempo objetivo y de toda experiencia empírica puede ser fácilmente llevada a cabo. Tengamos ahora presente la pieza Para Elisa. Si vemos escrita la secuencia mi-#re-mi-#re- mi-si-re-do-la, quizá no veamos más que una sucesión de notas, o incluso de meros signos. Si en cambio escuchamos la secuencia interpretada, la impre- sión es la de envolvernos en una unidad que sobredetermina la mera sucesión de datos sensoriales. Al escuchar la secuencia, vamos teniendo conciencia de la formación de una unidad, de una individualidad temporal, si se quiere. De algún modo, cuando la nota do suena, las anteriores son en algún modo todavía presentes, sin serlo de la misma forma. En primer lugar, la nota do no es simultánea de la nota si, como si fuesen tocadas a la vez. Pero tampoco la nota si resulta de una permanencia que se va diluyendo, como cuando en el piano se toca pisando el pedal que alarga las notas. La diferencia no atañe a la interpretación y a las posibilidades técnicas del instrumento musical. Husserl tampoco considera que la permanencia sea la del mismo sonido que se va apagando progresivamente, pues de ser así, en una sucesión rápida de notas acabaríamos por tener una confusión que no nos permitiría tener experiencia de la melodía, y tampoco sería posible diferenciar la nota actual de las ante- riores, así como tampoco el orden de estas.
Debemos decir, en conclusión, que las notas pasadas no son ya presentes; son, antes bien, conscientes como ausentes, pero ausentes en el modo del haber-sido-percibidas. El problema ahora es el de librar el salto al que parece conducir esta consideración. Si comprendemos que hay una diferencia entre el sonido actual, el que ahora suena, y el sonido recién sido, y si comprende- mos esta diferencia como diferencia entre presencia y ausencia, se hace ne- cesario salvar esta distancia de algún modo, ante el riesgo de abrir una brecha en un momento que no es vivido como tal. Es preciso que además del sonido actual y del sonido recién-sido, haya una conciencia de su sucesión, de tal modo que el desnivel aparente entre la presencia y la ausencia sea suavizado. Es decir, que en el paso que formalizamos con las notas do-la, la conciencia no es solo consciente ahora de do, e inmediatamente de la; es consciente de la como la-precedida-de-do, o lo que es lo mismo, es consciente de la sucesión do-la, lo que expresamos ahora poniendo atención al guion que une las dos notas. Dicho en otras palabras, en la conciencia de la sucesión de las notas
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hay conciencia del tiempo: no solo se constituye una unidad temporal, sino que se constituye también el tiempo mismo.
La conciencia del tiempo, entonces, supone más que la sucesión de notas una detrás de otra. Tampoco se puede decir que es necesaria una suerte de silencio entre nota y nota. Además de la sucesión de notas y de los “silencios” que las separan hay una conciencia del tiempo que subyace a todas las unidades temporales y sus formas de constitución propias. Husserl considera, en primer lugar, que el campo originario de presencia no se reduce al ahora puntual, sino que incluye la retención de la nota anterior, que a su vez es retención de la anterior, y así en una cadena en la que cada nueva nota mo- difica la retención de las anteriores, dando precisamente unidad al objeto. El campo de intuición perceptiva, así, implica una cadena de retenciones limi- tada pero suficiente, de modo que al escuchar una canción percibamos una unidad temporal. Los estribillos y los ritornellos no hacen sino, mediante bre- ves repeticiones, mantener esta impresión de unidad en el campo temporal intuitivo.
Asimismo, aunque la conciencia tenga impresión de objetos temporales que comienzan y acaban, e independientemente de que las retenciones ven- gan interrumpidas –por ejemplo, que la interpretación de una canción finalice bruscamente–, la conciencia constituye unidades temporales, generándose a sí misma como una corriente de vivencias infinita.5 De este modo, la experien- cia es siempre la experiencia de unidades temporales, que se generan sobre la síntesis pasiva universal del tiempo. Esto significa que la descomposición de una melodía en compases y notas es posterior a la aprehensión primera de la melodía como unidad temporal. La fragmentación puede llevarse a cabo, por abstracción, hasta el infinito, si desgranamos los minutos en segundos, los segundos en fracciones de segundo, y así sucesivamente. Sin embargo, en sentido fenomenológico, la idea de infinito refiere a la identificación de unidades, que lleva a la idea de la corriente de vivencias como una corriente sin principio ni término. Lo que es dado, de modo inmanente, es el transcurrir de la corriente de vivencias. En otros términos, si en clave matemática la frag- mentación del tiempo es posible, en principio, hasta el infinito en unidades cada vez más pequeñas, en sentido fenomenológico, la unidad de la vida fluyente es, en principio, igualmente infinita, como una corriente que, antes de tener como su contrario a la muerte, tiene como su opuesto a la eternidad.
Ahora bien, es preciso decir ahora que esta infinitud del tiempo, volviendo a San Agustín, no consiste en una permanencia monolítica del presente. Antes
5“Toda vivencia tiene necesariamente un horizonte de tiempo por todos lados infinito y
lleno. Esto quiere decir al mismo tiempo: toda vivencia pertenece a UNA ‘CORRIENTE DE VI- VENCIAS’ infinita. Toda vivencia singular puede, lo mismo que empezar, también acabar y con ello concluir su duración, por ejemplo, una vivencia de alegría. Pero la corriente de vivencias no puede empezar ni acabar”. HUSSERL, Edmund. Ideas relativas a una fenomenología pura y a una
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bien, permite, a lo largo de la corriente de vivencias, traer a presente el pasado y el futuro, o lo que es lo mismo, presentar y re-presentar el tiempo. La infi- nitud del tiempo no responde a una línea monótona, con arreglo a una pers- pectiva respecto de la cual solo se advierte su infinitud desde el presente, sin poder vivirla. Baste situarse entre las vías del ferrocarril para comprobar que, en efecto, por ambos lados la perspectiva las hace concluir según la idea de un infinito que se cierra sobre sí. Nada más lejos de esta idea del presente que la que se trata de reelaborar aquí. En primer lugar, porque el carácter infinitivo de la corriente de vivencias no es una idea, sino una vivencia ella misma. El ahora, como hemos visto, no supone la continua y constante repetición de un punto que como el alfiler de una máquina de coser se clava en la realidad. El ahora viene envuelto en un horizonte de protenciones y retenciones que le da densidad y duración, y que permite, como veremos, que el presente pueda venir cubierto por el pasado o el porvenir evocados por la conciencia.
Y sin embargo, decimos que la vida está hecha de momentos. Con ello se apunta y se expresa la constitución de unidades dentro de la corriente de vivencias, dando prioridad a estas, y su unidad intrínseca, sobre la unidad infinitiva de la corriente. La tensión a la que se ve llevado el análisis consiste en encontrar el quicio en el que se hagan posibles el constante fluir de la temporalidad, y la permanencia del ahora desde el que se establecen todas las distancias; desde el que se vive, sin descanso, el transcurrir.
El tiempo es rígido, y, con todo, el tiempo fluye. En el flujo de tiempo, en la continua inmersión en el pasado, se constituye un tiempo que no fluye, absolutamente fijo, idéntico, objetivo. Tal es el problema.6
Como queda de manifiesto, la rigidez a la que alude Husserl es de un tipo especial. Proponer un orden al tiempo, una constante identificación del tiem- po pasado y del tiempo por venir, la posibilidad de decir, en todo momento, “ahora”, nos da la idea de un orden, de una forma que rige el tiempo, y que ella misma no es temporal. Pero decir que esta forma no es temporal, o que es, como dirá Husserl, quasi-temporal, debe ser entendida en el sentido de ser condición de toda temporalización según un orden suficiente. Se trata de una forma fija que rige el movimiento infinito del tiempo y todos sus posibles cubrimientos. Como una suerte de engranaje que, impidiendo que el tiempo se disloque del ahora continuo, sí tendría la holgura suficiente como para que el pasado pudiera ser evocado, y el futuro deseado. De igual modo, permitiría recordar un deseo de futuro que forma ya parte del futuro, o imaginar un futu- ro en el que un acontecimiento ya haya pasado, como expresa la forma verbal del futuro anterior. Tales juegos, bajo forma de iteraciones, vendrían dados por esta forma que en último término salvaría la unidad de la corriente del tiempo de todas las variaciones posibles que ella misma consentiría.
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El movimiento, que hace precisamente que no vivamos fracciones de se- gundo, sino momentos, lo da la percepción en el sentido ampliado. La re- tención no sigue a la impresión: el caso es que, de modo simultáneo, la nota sentida es a la vez retención de la recién pasada y protención de la inminente. La densidad del tiempo no se da porque su línea venga estirada. La densidad se da en el mismo momento, constituido por el horizonte protencional-reten- cional. De otro modo, mientras la atención está puesta en la constitución del objeto temporal, en las notas que van dando cuerpo a la melodía interpretada, la retención genera la memoria de esa misma melodía, de un modo absolu- tamente involuntario. Si tomamos la secuencia mi-#re-mi-#re-mi, tenemos en efecto unas notas que se repiten. Sin embargo, si estamos escuchando Para Elisa, o incluso si alguien comienza a interpretarlas sin previo aviso, la estruc- tura protencional no tomará esta secuencia como patrón, en un constante mi- #re-mi-#re-mi-#re-mi… antes bien, tendremos que, de un modo igualmente