4.6 Evaluation
4.6.1 Multiple Backends vs Multiple Concurrency-handling Tools
En las investigaciones filosóficas contemporáneas en torno a la experiencia afectiva encontramos un creciente interés en la participación del cuerpo en la formación del sentido de los sentimientos así como un importante énfasis en la idea de las atmósferas emotivas. Hasta ahora hemos analizado algunas síntesis de asociación en las cuales es posible atender a la formación de los enlaces entre los temples de ánimo y la protoconstitución de la vida corporal. La vida corporal concreta es una vida corporal templada y su temple se vive también como una expansión emotiva sobre el entorno en el cual dichos caracteres emotivos se viven como caracteres relativos a la disposición corporal. En este respecto y en relación al segundo rasgo esencial del papel de la corporalidad en relación a la percepción, la cinestesia, es posible intentar describir las estructuras del libre movimiento de mi cuerpo en relación al temple de ánimo en el que se instituye una “disposición anímica” como disposición para la acción.
33 Hua XI, p. 406 „Die Einheit des Bewusstseinsfeldes is immer hergestellt durch sinnliche
Zusammenhänge, sinnliche Ähnlichkeitsverbindung und sinnlichen Kontrast. Ohne dass könnte keine „Welt“ da sein. Wir könnten sagen: Die sinnliche Ähnlichkeit und der sinnliche Kontrast (der seinerseits eine Ähnlichkeit voraussetzt) ist die Resonanz, die jedes einmal Konstituierte begründet. Es ist ein universales Bewusstseinsgesetz, dass von jedem Sonderbewusstsein bzw. Sondergegenstand eine Resonanz ausgeht und Ähnlichkeit ist die Einheit des Resonierenden. Dazu Sondergesetz der Abhebung. Resonanz ist eine Art Deckung in Distanz, in Sonderung.“
34 En Ms. A VI 8 I/45 a “19”describe la misma situación, pero en lugar de “Rezonanz” utiliza
la expresión “Nachklingen” que viene a ser un sinónimo y la utiliza en el mismo sentido. Com- párese también por ejemplo el texto que citamos de 1925 (Hua XI, p.406) con el fragmento de la lección del semestre de Invierno 1923/1924 sobre Filosofía Primera. En la lección 49 sobre el horizonte del presente viviente y fluyente reaparece el tema en el contexto de la unidad de la vida de conciencia. Hua VIII, p.149ss.
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La idea del libre movimiento del cuerpo forma parte del fundamento de otra esfera fundamental del sentido intencional: la voluntad. Nuestra vida de conciencia no es mera contemplación y constitución objetiva del entorno sino que vivimos nuestro entorno también como un horizonte de intereses prác- ticos, valores y motivaciones para la acción. En la pregunta retrospectiva a partir de la cual inquirimos sobre la institución del sentido del entorno como horizonte práctico es posible advertir también que hay enlaces afectivos asociados a la vida corporal que están implicados en los sistemas de moti- vación práctica del yo. El “yo puedo” propio de nuestra experiencia corporal es también, visto desde esta perspectiva, un “yo puedo” templado.35
La experiencia de estar “de humor” o no para emprender tal o cual acción destacan los enlaces entre la disposición para actuar en consecuencia a un fin o diferentes grados de indisposición hasta el punto de sentimientos como la impotencia. Todas estas experiencias tienen como correlato la captación presente o anticipada del entorno como un horizonte “gris” o “poco claro” en el cual nos representamos la situación incómoda que nos lleva a no tener ganas de hacer tal o cual acción. En Investigaciones Lógicas y otros pasajes de su obra, ya referidos antes, Husserl a menudo se refiere a lo que llama la luz afec- tiva o coloración del entorno relativo a la suscitación de experiencias como la alegría o la tristeza. Como hemos señalado ya, los mismos caracteres relativos al color, de acuerdo con Husserl, el sujeto encuentra dichos caracteres como localizados en su propia corporalidad viva. En los apartados anteriores de nuestro estudio hemos destacado ya las síntesis de asociación y resonancia que intervienen en la configuración de este fenómeno que en un contexto más amplio estaría vinculado a lo que en la fenomenología más reciente ha venido a llamarse las atmósferas afectivas.
La descripción de dichas atmósferas atraviesa los estratos de formación del sentido afectivo en sus enlaces con el yo incorporado en su cuerpo propio. El yo vive también a través de su cuerpo los caracteres emotivos de la situación en la que el sujeto se encuentra y asocia sentimientos cuya suscitación no pasa por el registro del mero placer o el mero dolor, a locali- zaciones corporales y disposiciones a la acción que en diferentes grados de atención pasan también por disposiciones al movimiento corporal. Uno de los aspectos determinantes en la función “constituyente” del yo fundada en la pre-constitución de su cuerpo vivo propio en un sentido primordial es lo que Husserl llama las cinestesias. Las cinestesias incorporan al yo un cuerpo que es resultado del rendimiento de sus propias síntesis constitutivas y a la vez es el lugar desde el cual constituye el sentido del entorno de su percepción concreta. ¿En qué medida esos caracteres “meramente representativos” que Husserl atribuye a la expansión del temple de ánimo sobre el entorno, en la medida en que forman una atmósfera emotiva, guardan alguna relación con el movimiento de la cinestesia?
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Visto desde un punto meramente contemplativo no se trata de una relación directa, el temple emotivo objetivado en una atmósfera relativa al sentimiento no es un objeto cósico y por tanto su constitución no corresponde directamente a la idea de perspectiva y cambio de posición. No obstante, hay un sentido análogo a movimiento cinestésico vinculado a las experiencias de valoración relativo a la formación cuasi-espacial de la atmósfera emotiva, y que tiene, no obstante, efectos en el cuerpo propio asociados a experiencias de pesadumbre, o vigor como disposiciones a la acción en consecuencia. Estas disposiciones pueden incluso estar relacionadas con sentimientos localizados.36
Hay ciertas experiencias de desproporción o excedencia que producen sentimientos como el vértigo, las cuales tienen interesantes consecuencias para la idea de la formación de la relación entre percepción, corporalidad y sentimiento de fondo. Pensemos en esa experiencia para tratar de acercarnos a la relación que guardan las cinestesias con el temple de ánimo y a fin de ir aclarando el sentido de sus horizontes en relación a las síntesis de la vida corporal. La percepción es un sistema de habitualidades; una parte de este sistema es la interconexión que hace posible la sensación de movimiento o cinestesia, la cual tiene como rendimiento la formación de un espacio per- ceptivo coherente. Así, el movimiento de acercarme hacia la puerta la vuelve “más grande” en relación al movimiento de mi cuerpo y ello quiere decir que el objeto está más cerca. La posición del picaporte se mantiene a la altura a la que estoy habituado a tomar con mi mano en la distancia adecuada, cuyo sentido está basado también en hábitos de percepción y capacidades de mi movimiento libre. Los espacios que permiten el libre desplazamiento, la luz es suficiente para percibir y establecer las referencias de distancia entre los objetos del entorno produce la atmósfera sutil del espacio habitual. La interrupción de la serie habitual de mis relaciones corporales puede provocar cierto desconcierto. El movimiento de la mano que abre el cajón donde anti- cipamos, no solo el objeto que buscamos sino el movimiento consecuente a tomarlo, una libreta por ejemplo y no encontrarlo, producen una cierta insa- tisfacción, que es el mismo caso que ocurre cuando tomamos una pluma para tomar una anotación y de golpe nos damos cuenta que se le ha terminado la tinta. Las mismas insatisfacciones pueden tener lugar en la redistribución de objetos más grandes, digamos los muebles de una habitación, a la que estamos habituados. El sentimiento que deja el espacio vacío de un departamento al dejarse, en una mudanza por ejemplo, es producido no por encontrar el mismo espacio, desde el punto de vista físico, sin cambios, sino por encontrar justo
36 Los psicólogos hablan de “somatización” pero dado el carácter fenomenológico de nues-
tro estudio nos abstenemos de juzgar sobre los resultados de la investigación psicológica clíni- ca y presentamos la hipótesis descriptiva desde el horizonte de la experiencia en su especifi- cidad. Dejamos abierta la puerta a que otros, más competentes y con intereses teóricos en la esfera de la ciencia psicológica y disciplinas afines, ponderen la eventual utilización de esta hipótesis en sus propias investigaciones, que no tienen por qué ser fenomenológicas.
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ese espacio que no dejamos de reconocer como espacio conocido sin los puntos de referencia de nuestro movimiento habitual y con ello de nuestra percepción del mismo. Así, las interrupciones de la serie habitual de per- cepciones y los consecuentes vínculos significativos o líneas de remisión de nuestras acciones acostumbradas, el uso y el habitar mismo de ese espacio, pueden producir desconcierto en diferentes grados y consecuencias.
Ahora analicemos una experiencia de vértigo y sus consecuencias en la percepción del espacio. La perturbación en la percepción unida a “la ilusión de movimiento”37 produce un sentimiento de desproporción y falta de control que recae directamente sobre el cuerpo tanto a nivel estesiológico como cinestésico. Solemos decir que se siente un “vuelco en el estómago”, una “opresión súbita en el pecho” asociada con un mareo o pérdida del equilibrio, la “ilusión de movimiento”. Se pierden los puntos de referencia y el aquí que instituye mi cuerpo, el suelo, la tierra “se mueve”. El espacio deja de ser un sistema habitual de referencias respecto de mi ahí corporal para perderse en el desbordamiento de las referencias fijas, en un puro movimiento sin orienta- ción clara, así se trate de la ilusión de movimiento que producen las expe- riencias de mareo.
Si nos detenemos justo en el momento anterior al desvanecimiento o desmayo que puede ocurrir por causas que exceden al marco de la espe- cificidad de la experiencia y por tanto, están en los límites de los análisis fenomenológicos, podemos identificar no obstante y de forma negativa, pero enfática, diferentes aspectos de la relación entre el temple de ánimo, la vida corporal y la formación continua de atmósferas emotivas por ocasión a nuestra experiencia de “habitar” un espacio. El vértigo tiene que ver precisamente con lo contrario del habitar apacible, en una de sus acepciones y específicamente en relación con su contraposición a lo habitual está relacionado con el temple de lo inhóspito manifiesto súbitamente en el extrañamiento desde el mundo conocido, este mismo mundo, hacia el desvanecimiento de esas mismas estructuras en las cuales establezco mis referencias habituales.38 Lo siniestro,
37 QUINODOZ, Danielle. Emotional vértigo. Londres: Routledge, 1997, p. 2. Agradecemos al
Prof. Dr. Jorge A. Reyes Escobar por esta referencia.
38 En alemán la relación es un poco más literal, el adjetivo heimlich en una de sus acepciones
es “habitual”, “acostumbrado”, “familiar” (claro que hay otras expresiones casi sinónimas) está emparentado con “Heim” que es la palabra alemana para “hogar”, en el sentido del espacio que se habita con familiaridad en diferentes sentidos. Su contrario puntual es lo “unheimlich” cuya traducción literal sería precisamente lo “inhóspito”. Un importante estudio de Freud intitulado precisamente como “Das Unheimliche” de 1919, estudia con detalle algunos aspectos de esta noción en relación con otros estudios de principios de siglo. El propio Freud reconoce las rel- aciones semánticas entre “unheimlich” como contraposición a lo familiar, habitual, el terruño. Naturalmente el acontecimiento de lo “Unheimliche” coincide no solo con el desconcierto sino con la aparición de lo siniestro u ominoso. La noción de lo inhóspito como lo terrorífico o siniestro fue un tema importante en el desarrollo de la filosofía y la literatura del romanticismo alemán, donde también hay importantes consideraciones sobre la noción misma de “temple
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lo inhóspito se manifiesta como una atmósfera emotiva del espacio diríamos, no desconocido sin más, sino conocido y habitual pero fallando en sus nexos de sentido en la percepción habitual, lo cual anuncia en el horizonte de anticipación la presencia de algo extraño.
Las difíciles distinciones, por lo demás necesarias en un estudio más deta- llado de la cuestión, entre el vértigo y el miedo ante la presencia de lo siniestro que vuelve inhóspito el espacio que habitamos, son importantes en la descrip- ción de la formación de la atmósfera emotiva a la que nos referimos aquí. No obstante, al menos podemos indicar los aspectos antes referidos sobre la relación entre el temple de ánimo y la resonancia de los sentimientos con su respectiva manifestación corporal en la formación de un entorno emotiva- mente templado: una atmósfera emotiva.
Por un lado ciertas experiencias de excedencia y la consecuente alteración de la percepción producen la ilusión de movimiento y manifestación emotiva en el sentimiento del vértigo, por ejemplo, cuando miramos hacia el fondo de un precipicio o desde un edificio muy alto. En otro ejemplo, si se quiere más sutil pero emparentado con esa pérdida del control de los nexos de habitua- lidad perceptiva y significativa del entorno también puedo sentir una especie de vértigo, o si se quiere, mezcla de miedo y vértigo.39 En ambos casos tenemos precisamente la experiencia de una corriente intensa de sentimiento con manifestación sensible localizada, la cual, puede extenderse o incluso mantenerse indeterminadamente en una degradación de su intensidad una vez pasado el acontecimiento terrorífico o la situación de descontrol. En dichas experiencias no sentimos la mera opresión súbita en el pecho o el vuelco del estómago como sentimientos localizados aislados sino como asociados tanto a mi temple subjetivo de miedo y vértigo como en resonancia con la atmósfera siniestra. Incluso, podemos asociar esos mismos sentimientos sensibles loca- lizados, en la resonancia afectiva que tiene sobre los sedimentos de nuestro acervo de “experiencias” afectivas precisamente como sensaciones de vértigo ante la desproporción súbita del espacio o, en un sentido amplio, de una situación desafortunada como un accidente, un infortunio enteramente im- previsto y la consecuente urgencia de hacerse cargo de una situación que nos excede.