Arbuscular Mycorrhizal Fungal communities
2. Site and Methods 1 Study site
3.8. Correlations between AMF and soil properties
Un rasgo llamativo de los vetones, son las esculturas de cerdos, jabalíes y toros denominadas comúnmente como "verracos". El origen de estas esculturas es proba- blemente la estatuaria meridional, donde son frecuentes las representaciones de diver- sos animales con significación funeraria. Se empezaron a construir en el 500 o 400 a. C. hasta la época romana. Su finalidad se ha venido discutiendo. La interpretación más acertada hasta al momento fue la propuesta por Juan Cabré. El hallazgo durante la ex-
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cavación de tres ejemplares in situ en Las Cogotas, a poca distancia de la puerta de entrada y alejadas de las necrópolis, le permitió señalar que tal vez estas esculturas fuesen representaciones mágicas protectoras de los rebaños, que responderían a for- mas de religión primitiva. Un reciente hallazgo en Portugal parece demostrar que estas esculturas eran objeto de un culto.
25.1. Economía.
De todos los pueblos de la Meseta Central, los vetones son sin duda los que tie- nen una economía con un carácter ganadera más marcado. Los principales recursos económicos los constituían la ganadería y, de forma complementaria, la agricultura; en su territorio había metales, oro y estaño principalmente, que abunda en el margen occi- dental de la Meseta.
La ganadería se basaba en cerdos, vacas y caballos. La especialización ganade- ra era producto tanto de su menor desarrollo económico como del medio geográfico, poco apto para el desarrollo de una agricultura importante. La cría de caballo era muy importante. La importancia de la caballería entre los vetones se hallaba atestiguada arqueológicamente por la abundancia de bocados hallados en diversos enterramientos y por los campos de piedras hincadas delante de las murallas de los castros que serv- ían de defensa ante los ataques por sorpresa de la caballería.
La economía ganadera se complementaba con la agricultura, de las que hay tes- timonio en los molinos circulares y los útiles de labor hallados en los castros. Otra acti- vidad importante sería la recolección de bellotas y castañas, probablemente por parte de las mujeres, que debió jugar un papel importante en la alimentación de los pueblos de la Meseta occidental.
Respecto a la explotación de minería y el desarrollo de la metalurgia, la cantidad y la calidad de los objetos de bronce y hierro, principalmente armas, hallados en las necrópolis de la zona, atestiguan el perfeccionamiento y el desarrollo de la metalurgia entre los vetones. Los ejemplares más significativos son las espadas halladas en La Osera y las Cogotas, con nielados y damasquinados en plata y oro, así como los bro- ches de cinturón en bronce con damasquinados de plata, que debían pertenecer a la aristocracia.; son muy abundantes también armas comunes de hierro: puñales, espa- das, falcatas, puntas de lanza. No obstante la producción metalúrgica no parece que pasara de la estructura, en pequeños talleres, de fundiciones locales o incluso de arte- sanos ambulantes que abastecían al poblado y a la comarca circundante.
Durante mucho tiempo los intercambios económicos debieron darse en forma de trueque y, después de la conquista romana, la economía monetaria probablemente no se introdujo más que en las ciudades (Capara, Turgalium.) y en los núcleos más o me- nos urbanizados (Salmantica).
Durante el siglo II a. C. parece que entre los vetones se daban las mismas des- igualdades económicas que entre otros pueblos de la Meseta (celtíberos y lusitanos) y que eran la causa del fenómeno que conocemos como bandolerismo de estos pueblos. Dichas desigualdades, se debían a la aparición de una aristocracia gentilicia poseedora de grandes rebaños que acaparaban el uso de la tierra y de los pastos. Los individuos empobrecidos en este proceso buscaban una salida económica en el pillaje de los terri- torios más ricos de la mitad meridional de la Península. Otra salida a esta situación era el mercenariado, del que tenemos datos acerca del reclutamiento de vetones por el ejército pompeyano durante la guerra civil. De todas forma el problema de la desigual- dad entre los vetones no era tan acusado como entre los celtíberos y los lusitanos.
49 Sociedad.
La organización social de los vetones estaba fundamentada sobre el régimen gentilicio. Es frecuente hallar un modelo según el cual el individuo hace constar sólo su nombre propio y de la gentilitates a que pertenece; algunas de estas inscripciones son de los siglos II y III d. C. Ello quiere decir que en una fecha tan tardía la expresión de su pertenencia a este grupo social seguía siendo importante para estos individuos, incluso más que la expresión de la propia filiación, más que la familia restringida. Lo cual impli- ca que la romanización no fue profunda.
El grupo dominante lo constituía una aristocracia militar formada por los jefes de los clanes y los individuos más ricos, a quienes pertenecen los ajuares funerarios con espléndidas armaduras de las necrópolis de La Osera, Las Cogotas, etc. Siempre se ha señalado el carácter que tendría esta aristocracia poseedora de grandes rebaños y acaparadora de tierras; pero también hay que destacar el papel de intermediarios que debieron jugar en el comercio de los metales que, procedentes del noroeste de la Península, se dirigía hacia la zona tartésica a cambio de manufacturas y productos suntuarios. Los jefes de los clanes o de los poblados, como representantes de la co- munidad, debieron de actuar de intermediarios en este comercio. Con la conquista ro- mana, esta aristocracia perdió el poder político, pero se convirtió en el poder económi- co y social principal en una región en la que la llegada de inmigrantes itálicos fue esca- sa.
Los vetones en comparación con los vacceos o los arévacos, tuvieron una so- ciedad menos evolucionada. Ello se advierte en dos aspectos fundamentales: no cons- tituyeron una estructura política tan compleja como la confederación tribal celtibérica, y tampoco existía una vida urbana importante durante este período.
25.2. LA RELIGIÓN DE LOS PUEBLOS DEL DUERO
Conocemos muy imperfectamente la religión de estos pueblos, celtíberos, aré- vacos, vacceos y vetones
Podemos dividir el panteón indígena de estos pueblos en tres categorías de divi- nidades que no son excluyentes:
* Divinidades de carácter astral, que forman el sustrato de la religión indoeuropea. * Grandes dioses celtas, iguales que en otras zonas de la Península y fuera de ella
como en las Galias, Britania.
* Divinidades menores, con un culto probablemente local, cuyo carácter parece indi- car un substrato u origen de tipo animista o totémico, y que aparecen vinculadas, bien a accidentes topográficos (montes, bosques, etc.) o a organizaciones suprafa- miliares de carácter consanguíneo (gentilitates) o de tipo territorial (castros, aldeas, ciudades, etc.).
De entre los cultos astrales, los del sol y la luna debieron ser los más importan- tes entre estos pueblos.
Entre los grandes dioses celtas, el más importante parece haber sido Lug, que con la romanización fue asimilado a Mercurio. Otras divinidades importantes eran las Matres, diosas de la fecundidad, la tierra nutricia y las aguas, cuyo culto estaba exten- dido entre los celtas y germanos.
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Los dioses con culto exclusivamente local fueron numerosísimos. Culto a un monte, un pozo o una fuente, un río, o a los árboles. Todos estos cultos locales que pudieron estar vinculados a una determinada comunidad gentilicia o a una localidad, son las más abundantemente representados.
Desconocemos la existencia en época prerromana de templos dentro de las ciu- dades o poblados indígenas. La norma general parece ser que los santuarios estuvie- sen fuera de las poblaciones, como los recintos naturales con graderías excavadas en la roca, localizados bajo la acrópolis de Tiermes, con un conjunto de piedras de sacrifi- cios con pocillos y canales. La excepción a esta norma parecen constituirlas las piedras sacrificiales halladas en los castros de Ulaca y las Cogotas
De la existencia, organización y formas que asumía el sacerdocio sólo conoce- mos la referencia de Estrabón. Es posible que algunos caudillos militares realizasen también ceremonias religiosas en presencia del ejército. Por otra parte, es probable que los jefes locales o las cabezas del linaje en el ámbito familiar realizasen determina- dos cultos. Al lado de estas formas de religiosidad habría posiblemente manifestacio- nes de profetismo por algunos personajes, según se desprenden de los escritores clásicos.