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Effects of Conservation Agriculture practices and Nitrogen fertilizer on

2. Material and methods 1 Study site

3.7. Relationship between AMF and soil properties

Tres excelente generales, Amílcar, Asdrúbal y Aníbal, todos ellos pertenecientes a la familia de los Bárquidas, se sucedieron con éxito creciente en la tarea de conquis-

73 tar Hispania para Cartago.

Amílcar Barca y Asdrúbal propugnaban un nuevo desarrollo comercial con base en los productos hispanos. A este plan de conquista territorial y de desarrollo comercial, se vinculaba el premeditado proyecto de establecer en Hispania una plataforma es- tratégica con vistas al desquite sobre Roma.

Amílcar en el año 238 desembarcó en Cádiz con un pequeño ejercito, integrado en su mayoría por tropas libias, un buen número de elefantes y una sólida escuadra al mando de Asdrúbal. Se cuenta que a la vista de Cádiz y antes de desembarcar hizo jurar a su hijo Aníbal, de nueve años, odio eterno a Roma.

Amílcar se dedicó inicialmente a conquistar la franja costera habitada por libio- fenicios, lo consiguió y se dedicó a reactivar el comercio. Sólo en el año 231 a.C. se dedicó a conquistar el interior de las tierras béticas, donde tuvo que luchar contra íbe- ros y turdetanos.

No siempre los métodos empleados por Amílcar fueron violentos, pues con fre- cuencia se limitó a ampliar su campo de influencia en la Bética a base de hábiles nego- ciaciones, en las que procuraba explorar las rivalidades ibéricas. De hecho, la Bética se le debió someter con cierta facilidad, pues según la historiografía romana apenas hubo de combatir y cuando encontró más resistencia fue con gentes celtas y no meridiona- les. Esto supone que el dominio cartaginés era ya un hecho con anterioridad a la re- conquista por Amílcar Barca.

A partir de este momento Amílcar acrecienta su ejercito con voluntarios indíge- nas, y hacia el 230 a.C. se dirigió a las costas levantinas. Amílcar ocupó allí Akra Leu-

ke. Esta ciudad, a la que los romanos llamarían después Castrum Album, seria en lo

sucesivo su base de operaciones.

La ocupación de Akra Leuke, que hasta entonces era centro del comercio griego, aunque no debía de tener el carácter de colonia griega, originó la protesta de Roma encabezada por el cónsul Papirio, que vino a Hispania, reclamando que los cartagine- ses había sobrepasado los límites de comercio otorgados a los griegos de Masalia. Es decir, alegaban los romanos que habían violado los tratados del 509 y 348 a.C., en vir- tud de los cuales se fijaba como límite de la navegación griega la línea de Mastia Tar- tesia, situada junto al cabo de Palos.

La reclamación de Roma en 229 a.C. se hace por un doble motivo, Akra Leuke suponía un establecimiento consolidado de comercio; además, ni Marsella ni Roma veían con buenos ojos la eliminación de uno de sus aliados y su sustitución por gentes enemigas. Roma se limita a informarse y en cierto modo se despreocupa de estos pro- gresos de Amílcar, por ello aceptan sin mayor inconveniente la respuesta que Amílcar dio a los embajadores de que “únicamente trataban de recaudar dinero con que pagar la deuda contraída con Roma”.

Así pues, consolidada la fundación de Akra Leuke, Amílcar, en el año 228 a.C., tomó una parte de su ejercito, dejó que los elefantes y el grueso de tropas invernaran en Akra Leuke y emprendió una incursión al interior para combatir a los oretanos situa- dos en la ciudad de Hélice (Belchite, Elche o Elche de la Sierra). Amílcar, derrotado, se vio obligado a levantar el asedio.

Según cuenta Diodoro, fue el rey Orisón quien, acudiendo en auxilio de los si- tuados, provocó la muerte de Amílcar cuando en la huida éste trataba de atravesar un río sobre su caballo. Beltrán supone que este río es el Ebro, aunque es difícil admitir que los cartagineses arriesgaran su ejercito penetrando prematuramente en tierras del interior de la Península. En todo caso, su yerno Asdrúbal sacaría una fructífera lección

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de prudencia en su actuación con las temibles tribus de la Meseta. Porque algo que ignoraban aún los cartagineses era la implacable oposición que las gentes celtas del interior estaban dispuestas a ofrecer a quien pretendiera arrebatarles su libertad por la fuerza; estaban dispuestos a alianzas y a ofrecer cuantiosas tropas mercenarias, pero no a someterse al dictado de nadie.

La muerte de Amílcar de modo desastroso no detuvo las conquistas cartagine- sas. Su yerno, Asdrúbal tomó en el año 228 a.C. el mando del derrotado ejercito y se retiró a Akra Leuke. Desde allí trató de atraerse a los indígenas y al mismo tiempo acrecentó el número de soldados hasta alcanzar un contingente de 200 elefantes, 8.000 caballos y 60.000 infantes, muchos de ellos hispanos. Basó su política en el alar- de de fuerza y en la atracción de los indígenas: procedió con “mesura e inteligencia” al decir de Polibio. Sabemos que se casó con la hija de un reyezuelo, lo que le valió la sumisión y alianza de los íberos de la costa. No obstante se dirigió a castigar a Orisón y sometió a doce de sus ciudades. Después de estas campañas de sumisión de los ore- tanos y pactos con Lusitania funda Cartago Nova.

Cartago Nova está rodeada de ricas minas de plata, salinas y campos de espar-

to. Será en lo sucesivo el centro estratégico y económico cartaginés. Estaba encuadra- da dentro de los límites acordados con Roma y los griegos en el año 348 a.C. Cartago

Nova, hoy Cartagena es uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo. Se

asentaba la antigua ciudad cartaginesa en el fondo de la bahía, sobre una península entonces existente en su borde más interior. Era, pues, un lugar ya conocido por sus excelencias como puerto de salida de abundantes metales de la zona inmediata y tam- bién de los extraídos en torno a Cástulo. Cartago Nova fue fortificada y mejorado su puerto natural. Se llenó rápidamente de artesanos, marineros y comerciantes, llegando a tener en 209 a.C., cuando fue tomada por Escipión, varios miles de ciudadanos li- bres. En sus cercanas y riquísimas minas de plata, aún hoy explotadas, trabajaban na- da menos que 40.000 hombres. Cuando Asdrúbal funda Cartago Nova, quiere dejar bien sentado que desea hacer de la nueva ciudad la capital y nuevo centro mercantil de Occidente. Además goza de todas las condiciones necesarias para procurar a los Bárquidas toda clase de regalías y ventajas estratégicas y económicas; su territorio circundante es lugar adecuado para campos de esparto que permitirían la confección de diversos aparejos marinos. Próximas existen numerosas salinas (Mata, Torrevieja, Egelasta, etc.), que le permitirán abrir un amplísimo mercado de sal, pesca y salazo- nes. Para el comercio en tierra también goza de buena situación, pues ocupa el centro de la vía que por Cástulo va hacia el interior de la Península y a lo largo del litoral tiene otra importante vía costera, la llamada vía Hercúlea. Todas estas nuevas riquezas de

Cartago Nova serán propiedad de los Barca y les procurarán el dinero suficiente para

sus empresas.

La febril actividad de Asdrúbal, hizo que Roma, temerosa de los progresos car- tagineses, tratara de poner coto a sus conquistas. Mediante una embajada entró en conversaciones con Asdrúbal. Entonces Roma y Cartago suscribieron el famoso “Tra- tado del Ebro” en el año 226 a.C. En él se estipulaba que el límite máximo de la expan- sión de Cartago no rebasara hacia el Norte la línea del río Ebro; este hecho demuestra que por entonces los Barca no buscaban otra cosa que consolidar en Hispania un sóli- do y lo más amplio posible poderío económico. No extraña que en esta línea de actua- ción económica, el pacto se efectuara a instancias de las colonias griegas, cuyo co- mercio podía resultar amenazado tras el avance cartaginés y las nuevas fundaciones de Akra Leuke y Cartago Nova. Apiano dice expresamente que cuando Asdrúbal funda

Cartago Nova, los saguntinos, con Emporión y las colonias griegas, envían legados a

Roma para que se interese por los movimientos cartagineses en el levante ibérico y constate el peligro que entraña para el comercio griego. Marsella y las colonias griegas

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de Hispania y la Galia conseguían con este pacto tranquilizador con el que Roma limi- taba las ambiciones cartaginesas y daba satisfacción a sus aliados griegos de Occiden- te.

Pese a su política de apaciguamiento con los indígenas Asdrúbal fue asesinado por uno de ellos.

Aunque breve, el gobierno de Asdrúbal deja bien consolidado el poderío carta- ginés en Hispania: paz con Roma; excelentes puertos en Gadir, Malaka, Sexi, Cartago Nova y Akra Leuke; una amplísima franja meridional que comprendía a los oretanos y llegaba hasta Sierra Morena, incluyendo riquísimas minas de plata; pactos de amistad con las tribus del resto de la mitad meridional de Hispania, entre las cuales los púnicos podían alistar muchos miles de mercenarios.

3. LA CONQUISTA DE SAGUNTO Y EL TRATADO DEL EBRO DEL 226 a.C.