3.2 From attitude to behavior
4.1.1 Countries as a social network
A fines de 1800, la demanda de retratos fotográficos aumentaba. Los estudios empezaron a crecer y aumentar y una fuerte competencia empezó.
“(…) Si la fotografía podía complacer la demanda de la veracidad visual del público, el límite se establecía en el punto en el que entraba a tallar la plasmación del color.”46
Vemos entonces que no solo el ámbito de la pintura se vio movilizado por el ingreso de la tecnología. Esta nueva tecnología – al parecer – tenía la necesidad de asemejarse lo más posible a su antecesor y continuar así satisfaciendo los deseos de la clientela: un retrato que responda a un parecido real, que a la vez sea rápido de hacer y por ello no sea tan caro, pero que no pierda ni por un instante su condición de obra de arte…
Ante esta situación aparece la figura del “iluminador” cuyo papel se volvió indispensable en todo estudio fotográfico. Su función era la de dar color a la fotografía y además corregir sutilmente algunas imperfecciones o defectos del retrato pintando directamente sobre la impresión positivada o sobre el negativo.
“Pero los artistas iluminados irían más allá, hasta el punto de convertir las fotografías en verdaderos lienzos donde podían desarrollar todos los recursos técnicos del pintor.”47
Con la aparición de este nuevo formato: el foto-oleo; se inicia una discusión interminable sobre la naturaleza de la fotografía, su calidad como obra de arte, su capacidad de ser reproducida y por lo tanto su capacidad mercantil. La masificación de la imagen había llegado y se convertía en un tema para académicos y teóricos quienes ya no podían seguir dándole la espalda a este fenómeno. El foto – óleo no era solo fotografía. ¿Era pintura? ¿Era una obra artística? ¿De quién, si se hacía en un estudio casi en colectivo? ¿Quién debía firmar la pieza, el fotógrafo o el iluminador? ¿Debían firmarse las piezas? El estatus de objeto único que estaba implícito en el daguerrotipo, se pierde con la fotografía y la academia de la época divide sus opiniones entre los que aceptan la masificación y opinan que la condición de objeto único no se pierde justamente
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VILLEGAS, Fernando y TORRES José Enrique. Imágenes transgredidas. Retrato y fotografía en Lima: 1842 – 1920. ILLAPA, diciembre 2005. Año 2, No. 2. Lima Pág. 43.
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por la intervención del iluminador; y los que opinan que es imposible considerar el foto óleo como arte. A la fotografía se le atribuía una frialdad “(…) relacionada directamente con la ausencia de color: la sombra. Solamente el color y la presencia del artista, podrían infundir “la vida y el alma” a los retratos.” 48 El color se convierte entonces en el foco de la discusión conceptual y teórica entre los fotógrafos y los pintores.
En ese sentido, el papel de Teófilo Castillo49 como artista y fotógrafo pero también como figura crítica se volvería fundamental en la época. Castillo tuvo la potestad de dilapidar o hacer florecer a cualquier artista con alguno de sus escritos y comentarios famosos en el medio artístico. Su posición frente al arte resultó sumamente conservadora, sin embargo a lo largo de su carrera se encontraron contradicciones entre su práctica artística (el uso de la técnica, etc.) y su discurso purista.
Él había hecho un alto en Buenos Aires – cuando regresaba desde Florencia a Lima después de sus estudios – se había instalado por unos meses y trabajado y experimentado con nuevas tecnologías tanto la fotografía como el posterior retoque. Pero al legar a Lima se encuentra con una exposición de fotografías iluminadas organizada por Juan Manuel Figueroa Aznar50, la primera exposición que mostraba obras realizadas con esta técnica.
“La muestra estaba conformada principalmente por retratos y paisajes realizados en fotografía iluminada y al óleo. Casi instantáneamente los comentarios llegaron. Si bien es cierto los foto óleos tenían cierta aceptación local, la polémica se originó debido a que Figueroa Aznar había señalado absolutamente todos los trabajos expuestos, óleos y fotografías, por medio del sello que lo distinguía como artista: su firma. Con ello el pictorialista había transgredido los espacios que separaban a la pintura de la fotografía.” 51
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VILLEGAS, Fernando y TORRES José Enrique. Imágenes transgredidas. Retrato y fotografía en Lima: 1842 – 1920. ILLAPA, diciembre 2005. Año 2, No. 2. Lima Pág. 43.
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Teófilo Castillo nació en Huaras en 1857. Fotógrafo, pintor y crítico de arte. Sur rol como crítico fue decisivo dentro de la escena artística y plástica peruana.
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Juan Manuel Figueroa Aznar nace en Ancash en 1878. Pintor y fotógrafo que trabajó como asistente en el estudio de los hermanos Vargas y posteriormente se convirtió en uno de los principales representantes de la Escuela de fotografía Cusqueña.
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VILLEGAS, Fernando y TORRES José Enrique. Imágenes transgredidas. Retrato y fotografía en Lima: 1842 – 1920. ILLAPA, diciembre 2005. Año 2, No. 2. Lima Pág. 53.
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Más allá de las implicancias técnicas y teóricas que tuvo la aparición y difusión de los foto–óleos en la sociedad peruana de inicios del siglo XX; es interesante notar sus repercusiones sociales. Respondiendo a la crisis que llegó a su clímax en el año 1929 y a los hechos anteriormente mencionados, el retrato se masificó. Una práctica exclusiva de elites privilegiadas se fue convirtiendo en una costumbre a tal punto que se volvió una necesidad adquirir un retrato. La representación y la reafirmación de uno mismo como necesidad. Esa representación contenía la carga social y política de aquella época: poder económico, poder social, rasgos de aristocracia. Gracias a su masificación, el nuevo público adquiría no solo el objeto en sí, sino a la carga significativa y representacional que llevaba consigo.
A partir de 1920, el retrato iluminado hecho bajo la técnica del foto – óleo desaparece de la discusión académica y artística. Su desaparición coincide con la proletarización y empoderamiento de las clases populares, su nuevo público consumidor. Ya no es una obra de arte ni mucho menos un objeto de polémica o discusión porque su valor económico ha disminuido y también el cuidado en su manufactura. Pero desde aquella época si bien desaparece para el registro histórico y académico, inicia su vida social integrándose y formando parte de familias de distintos grupos sociales, con distintas costumbres en diferentes grupos del país. Poco a poco, su proceso de creación y consumo va cambiando. Ya no es exclusivamente necesario acudir a un estudio fotográfico pues hay un vendedor que es capaz de acudir hasta la puerta para ofrecer el trabajo y conseguir clientela.