• No results found

La presencia trascendente de las urbes en la literatura se compendia a partir del desarrollo de la ciudad moderna en Occidente. Los procesos de evolución ligados a la ciudad a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX fueron fundamentales para que se pudieran desenvolver cualidades distintivas, características narrativas y particularidades simbólicas sobre el desarrollo literario. La ciudad como un lenguaje complejo. Este proceso histórico permitió el surgimiento de la novela urbana como una expresión inherente de las dinámicas internas en las ciudades.

Bajo esta noción, se puede perseguir el suceso acerca de la novela de ciudad como forma discursiva que precede a la novela urbana, esta forma se acota a partir de una distinción

fundamental y es que mientras en la novela de ciudad la ciudad es el escenario de los acontecimientos; en la novela urbana la ciudad pasa a ser parte constitutiva de la trama y en extensión foco de atención. En estos términos, la transición de estas denominaciones se explica cuando en un primer momento las expresiones discursivas entorno a la novela eran tópicos de referencia, para que posteriormente estos cambien hacia una concepción simbólica.

La novela de ciudad se enmarca como escenario concreto para rendir un testimonio; lo que pasa posteriormente con la novela urbana a una concepción amplia que implica un escenario cargado de complejidad. Esta transición representa un momento crucial en esta consolidación y sobre todo en las denominaciones subsidiarias, que al mismo tiempo van a ser desenlace de diferencias interiorizadas con otros géneros de novela desde el mismo escenario de referencia. A pesar de que en América Latina este proceso se consolido tardíamente, su desenvolvimiento recoge unas cualidades propias que forjan una narrativa distintiva del contexto regional.

La incidencia de las ciudades colombianas en este proceso se da a partir de la relación ciudad-historia, lo que en consecución será un eslabón en el desarrollo de la literatura colombiana. El hecho crucial a señalar se encuentra en la masificación de las ciudades a mediados del siglo XX, sus referencias en la novela darán cuenta de grandes cambios sociales y la idea de ciudad como un grupo no integrado y más bien como una composición diversa de grupos y mentalidades, que pueden entrar en yuxtaposiciones contantes.

La consolidación de la ciudad masificada en Colombia dio posibilidad a unas nuevas posturas y perspectivas culturales, con un escenario que les permitía a los escritores hacer referencia a una sociedad en constante conflicto y con distintos estilos de vida conviviendo en un mismo espacio. La ciudad como espacialidad o espacio social de múltiples yuxtaposiciones40. De acuerdo con Clara Victoria Mejía (2010), para el caso de la novela colombiana, este proceso de masificación de la ciudad reclama y afirma una expresión propia

40 Se adopta la noción de espacialidad o espacio social, desde las consideraciones de Edward Soja en su texto

de 1989: Postmodern Geographies: the Reassertion of Space in Critical Social Theory. En este, el autor establece el carácter de la espacialidad entendiéndola como producto social sustanciado y reconocible, parte de una “segunda naturaleza” que es incorporada a medida que tanto el espacio físico como psicológico son socializados y transformados. Esta entre otras consideraciones sobre la relación espacio/actividad social.

que es la de la novela urbana, así: “Ésta surge pues como una necesidad expresiva, se consolida sobre la base de un horizonte ideológico que se hace inevitable en el proceso histórico de configuración de las ciudades y hace parte del proceso mismo de constitución de la novela en Colombia.” (Mejía, 2010, p.75).

En efecto, hablar conjuntamente de la ciudad masificada y de expresiones literarias, es hacerlo también sobre la narrativa distintiva de la sociedad posindustrial; como se ha mencionado, la novela urbana. Esta emerge a finales de la década de los cincuentas; no obstante, para el caso colombiano, es necesario aclarar, este proceso se consolido solo a partir de la década de los setentas. Mientras tanto, también era posible hablar sobre novela de ciudad41, pues las características atribuibles a una sociedad posindustrial no se habían afianzado como en otras geografías y en extensión no habían permitido apuntalar los cambios atribuibles a la expresión de novela urbana.

En este sentido, de acuerdo con Mario Valencia (2009), en atribución a la masificación de la ciudad, se pueden señalar cuatro fenómenos análogos que permiten este desarrollo y consolidación en Colombia, estos son: la migración campo-ciudad, la expansión de la ciudad, la transformación espaciotemporal de la urbe gracias a la aplicación de la ciencia y la tecnología a la morfología urbana y por último la explosión demográfica.

La migración campo-ciudad, para el caso de Bogotá se encuentra precedida de un antecedente histórico fundamental que hace que con intensidad se provoque este proceso, que tendrá su referente en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Al desencadenarse la violencia bipartidista en el año 1948, el desplazamiento de los campesinos a la ciudad fue una muestra de la inestabilidad absoluta en muchas zonas rurales, sumado a la búsqueda por parte de migrantes de unas mejores condiciones para su bienestar, lo que significó para la ciudad, principalmente Bogotá, unas nuevas dinámicas de producción

41 Clara Victoria Mejía describe el desarrollo literario en Colombia de novela de ciudad a novela urbana en su

ligadas a un nuevo ambiente laboral, con aparatos de bienes y servicios a la orden de estas circunstancias y habitantes42.

Si bien este cambio es absorbente, la ciudad aun no contaba con las condiciones para el sostenimiento de la gran masa poblacional que ya desde décadas pasadas se iba consiguiendo a la par de diferentes conflictos en el territorio nacional. En esta dirección, de acuerdo a Carlos Torres (1998)43, este proceso a Bogotá no la consolida como una ciudad moderna semejante a una metrópoli del mundo occidental desarrollado, al mismo tiempo tampoco como una ciudad pre-moderna, pero si señala un punto de no retorno crucial, pues en sus pablaras: “La mitad del siglo, que se señala como el comienzo de esta última modernidad, coincide con el Bogotazo, una fecha que marca la nación entera pero especialmente divide la historia de la ciudad, dando punto de partida a lo que muchos sitúan como el comienzo de la Bogotá de hoy” (Torres, 1998, p.6). La mitad del siglo XX significo para Bogotá el inicio del paso de lo tradicional a lo moderno, pero, sobre todo, el desenvolvimiento de unas dinámicas muy particulares, pues aun siendo un proyecto de metrópoli, la ciudad tenía en sus pobladores una mentalidad muy marcada hacia las tradiciones regionales.

La expansión de la ciudad es muestra de que las condiciones en las cuales se iban dando estos cambios conjuntamente halaron el desarrollo de la industria y con ello toda una dinámica donde la producción de bienes y servicios estaban al servicio del consumo de la masa de habitantes que cada vez más modificaba las fronteras de la ciudad. Estos fenómenos trajeron consigo la explosión demográfica, que según Mario Valencia (2009), dio origen a dos movimientos en la dinámica urbana al interior de la ciudad, uno de carácter centrípeto (movimiento del campo a la ciudad) y otro de carácter centrifugo (movimiento de los habitantes de la urbe del centro a la periferia).

42 El cronista Pedro Claver Téllez cuenta en su texto Crónicas de la vida bandolera (1987), la experiencia de

él su familia, en esta época, donde señala lo perjudicial y a la vez irónico del Bogotazo, pues ellos viviendo en una provincia en Santander tuvieron que, forzados por el coletazo violento en las regiones de este hecho, desplazarse a la misma Bogotá para salvaguardar su integridad.

43 Carlos Luis Torres G. Magister en Literatura Latinoamericana, escritor y profesor de literatura de la Pontificia

Estos movimientos establecieron imaginarios alrededor de las zonas de la ciudad en las que se vivía, con unas fronteras internas que hicieron posible que las diferentes zonas urbanas se caracterizaran por ser poco comunicadas entre sí. Las alusiones producto de esta fragmentación interna, hicieron que se hablara del norte estableciendo una diferencia de tipo económica con el sur, un sur integrado o rebasando por poblaciones marginadas, no viables y en zozobra constante; mientras en el centro confluían el desorden y los edificios estatales, pero aun así se constituía una zona de encuentro que hacía concurrir e integrar a la ciudadanía. La territorialidad en sentido económico no se encontraba delimitada de forma marcada como hoy, pues existían enclaves territoriales que fueron cambiando.

De acuerdo con Carlos Torres (1997) esto significo que la ciudad no reflejara una expresión de armonía, al mismo tiempo tampoco una expresión de convivencia, sino por el contrario era la representación de la "democracia" del país. Es decir, la ciudad exponía un reflejo de la desigualdad y del gobierno de las elites. Una ciudad con un gran componente conflictivo.

Una ciudad que se comunica a través de calles convertidas en nudos, sin transporte colectivo, en donde el desplazamiento por ella es la representación de la lucha diaria por la sobrevivencia. Atravesar la ciudad para ir al trabajo implica un trabajo. La ciudad no es exactamente un espacio lúdico sino lo contrario, el campo donde se libra una batalla: donde se agrede o se defiende, no es posible pasear por ella, es un escenario para la autodefensa44.

A este proceso es necesario sumarle una serie de dinámicas que incluyeron a gran parte de la sociedad colombiana y que tuvieron en la ciudad, sus más significativas representaciones, debido al carácter simbólico que recogía la urbe y que permitía así reflejar el impacto de diferentes sectores de la sociedad. Por lo cual el paramilitarismo, la guerra de guerrillas y el fenómeno del narcotráfico, hicieron que la ciudad masificada produjera una narrativa urbana irradiada en las propuestas de los novelistas debido a una nueva posibilidad de lenguaje.

44 Carlos Luis Torres G, Una aproximación al carácter de la novela urbana: el caso de la ciudad de Bogotá,

En este sentido, Bogotá aparece en las distintas propuestas narrativas y novelísticas que, recogiendo temas traídos de la realidad nacional, conseguían darle una identidad propia al tipo de novela que se originaba. De acuerdo con Mejía (2004), es posible apreciar, por ejemplo, en la época de uno de los fundadores de la literatura de la gran ciudad en América Latina José Antonio Osorio Lizarazo que a mediados del siglo XX con El día del odio (1952) plasma con plena conciencia social la ciudad colombiana masificada y caótica (p.65). Esta autora se recoge en las palabras de Antonio Curcio Altamar (1975) para quien la época de estas publicaciones demuestra el afán de la novela que él denomina “contemporánea” por volver a la tierra y narrar la sociedad colombiana con mayor precisión que la novela hasta entonces escrita, lo que desencadena la atención de los autores a los problemas sociales nacionales entre los que resulta imposible dejar de considerar el desarrollo conflictivo de las ciudades modernas45.

Lo urbano se constituye como un horizonte ideológico que posibilita concepciones de ciudad que trascienden el espacio físico y que con la yuxtaposición de individualidades y sobre todo la masificación de la ciudad, permite expresar en la novela ciudades imaginarias y por imaginar, lo que va a ser la senda y trazado de la denominación y su evolución. Un ejemplo de ello lo aporta el literato Colombiano Santiago Gamboa (2012), para quien el triunfo de la novela urbana en América Latina es otro de los motivos del auge de la temática negra en las novelas y su sustrato que se edifica en ser una radiografía de la realidad de una sociedad.

La novela urbana es una configuración discursiva. Más allá de una evolución en las formas literarias, provee el lente desde el que se mira la ciudad, el prisma desde el cual se reconstruye estéticamente. Más que una corriente literaria o una categoría, más que una forma acabada con delimitación precisa de la que se pueda establecer un canon, la novela urbana es una forma de entender el mundo y como tal debe ser estudiada por críticos, teóricos e historiadores de la literatura colombiana46.

Todo este proceso de masificación de la ciudad, lo fue semejante con fenómenos como la violencia, la economía y las apuestas sociales y culturales. Aunque la ciudad aparezca como escenario donde gira la trama de las narraciones, es necesario rescatar la configuración que la ciudad misma le ha dado a las formas con las que los escritores piensan

45 Antonio Curcio Altamar, Evolución de la Novela en Colombia, 1975.

en lo urbano, pues en las obras rasgos conflictivos se vuelven siempre presentes. Son representaciones de sociedades con componentes arraigados de conductas sociales anómicas. El pensamiento urbano, entonces, resulta trascendental para los autores, pensamiento que puede volverse en un abanico de temas con características de una ciudad, igualmente, polifacética.