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Cada etapa del Sendero propiamente dicho está dividida en cuatro pasos:

El primero es su Maggo o camino, durante el cual el estudiante está luchando para librarse de las ligaduras.

El segundo es su Phala, literalmente fruto o resultado, cuando el hombre encuentra que se manifiestan cada vez más los resultados de sus esfuerzos.

El tercero es su Bhavagga, o consumación, el período en que, habiéndose culminado el resultado, puede cumplir él satisfactoriamente con el trabajo que corresponde al lugar en que a la sazón se encuentra firmemente ubicado.

El cuarto es su Gotrabhu, que significa el momento en que ha llegado a un estado adecuado para recibir la siguiente iniciación. Esto significa cabal y total liberación de las ligaduras de su etapa en el Sendero.

La primera de las tres ligaduras, o Samyojana, que el candidato ha de romper antes de que pueda tomar la Segunda Iniciación, es Sakkaya-ditthi, el engaño del yo. Esta es la "Yo-soy-yo" conciencia que, por estar conectada con la personalidad, no es más que una ilusión, y de la que ha de liberarse en el primer peldaño del verdadero Sendero de ascensión. Pero librarse totalmente de la atadura significa mas aún que esto, puesto que involucra la realización de la verdad de que la individualidad es también en realidad una con el Todo, que por tanto no puede tener intereses algunos opuestos a los de sus

hermanos, y que está progresando realmente cuando mas ayuda en el progreso ajeno. La segunda ligadura es Vichikichcha, duda o incertidumbre. El candidato ha de llegar a la certeza de la convicción, fundada ésta en el experimento individual, o razonamiento matemático. Cree, no porque se lo han dicho, sino porque los hechos son ahora

autoevidentes. Éste es el único método conocido al ocultista para resolver la duda. La tercera ligadura es Silabbataparamasa o superstición. Esto incluye toda clase de creencias erróneas y toda dependencia en ritos exteriores y ceremonias para purificar el corazón. El nombre ha de reconocer que debe buscar la liberación dentro de sí, y que, por más valiosos que podrán ser los auxilios, tales como ceremonias, etc., en desarrollar la voluntad, la sabiduría y el amor, no pueden, con todo, tomar el lugar de ese empeño, único medio por el cual lo logrará. El conocimiento de la permanencia espiritual del verdadero ego trae confianza en nuestra propia fuerza espiritual, y disipa así la superstición.

La conciencia búdica está relacionada directamente con estas tres ligaduras, puesto que todas ellas se eliminan por medio de dicha conciencia. Al reconocer la unidad, el hombre no puede tener ilusión alguna de separatividad. Al ver él mismo las grandes leyes de la vida en operación, ya no puede dudar más. Percibe todos los caminos que conducen a la Beatitud única y que todos ellos son buenos, de modo que no puede ya mantener la superstición de que una forma dada de creencia es necesaria para el que ha alcanzado esta altura.

La Segunda Iniciación se efectúa en el mundo mental inferior, así que el candidato tiene que haber desarrollado el poder de funcionar libremente en el cuerpo mental.

En esta Iniciación continúa rápidamente el desarrollo del cuerpo mental y a esta altura o cerca de ella el alumno aprende a usar el mayavirupa (véase EL Cuerpo Mental, pág. 163).

En la Segunda Iniciación, se otorga la Clave del Conocimiento, el Iniciador vierte desde Sus propios cuerpos mental y causal, rayos' de poder que, cayendo sobre los cuerpos mental y causal del Iniciado, estimulan los gérmenes de poderes similares existentes allí, en crecimiento súbito y esplendoroso. Como si un pimpollo, estimulado por los rayos del sol, se convirtiera súbitamente en toda la gloria de la flor abierta, así eflorecen los cuerpos mental y causal repentinamente en los poderes latentes en ellos,

expandiéndose en radiante belleza. A través de ellos, la ya expandida buddhi o intuición puede actuar libremente, habiendo liberado, para el trabajo, el gran poder nuevo.

El período después de la Segunda Iniciación, en muchos aspectos, es el más peligroso de todas en el Sendero; es en esta etapa que, si existe alguna debilidad en el carácter de un candidato, éste la descubrirá. En casi todos los casos, el peligro viene por el orgullo. Está indicado en el relato de los Evangelios por la tentación en el desierto.

De la misma manera que la Primera Iniciación corresponde al nuevo nacimiento, así también se puede comparar la Segunda Iniciación al bautismo del Espíritu Santo y al Fuego, puesto que es el poder de la Tercera Persona de la Trinidad el que es vertido en ese momento, en lo que se puede describir, si bien inadecuadamente, como una

inundación de fuego.

En esta etapa los budistas llaman al hombre un Sakadagamin, el que regresa sólo una vez más, significando que no le falta sino una encarnación más para conseguir el estado de Arhat, o sea la Cuarta Iniciación.

El nombre hindú para este paso es el Kitichaka, el hombre que construye una casita, el que ha llegado a un sitio de paz.

En esta etapa ya no se desprende de ligaduras adicionales sino que éste es por lo general un período de considerable avance psíquico e intelectual. El hombre ha de tener la conciencia astral bajo su mando durante la vida física de vigilia, y durante el sueño el mundo celestial estará abierto a él.

Al pasar la Tercera Iniciación, el hombre se convierte en el Anaga-Tnin, que significa literalmente "el que no regresa", porque se supone de él que alcanzará la próxima Iniciación en esa misma encarnación. El nombre hindú para esta etapa es Hamsa, que significa un cisne, pero también se considera el término como una forma de la frase Soham, "Aquello soy yo". Además existe una tradición de que el cisne puede separar la leche del agua, y el Sabio similarmente puede darse cuenta del verdadero valor de los fenómenos de la vida para los seres vivientes.

Esta Iniciación está representada en el simbolismo cristiano por la Transfiguración del Cristo. Él subió a un monte alto en lugar apartado y "resplandeció su rostro como el sol, y sus vestido se tornaron blancos como la luz resplandecientes, blancos como la nieve;

cuales ningún batanero en la tierra los puede emblanquecer." Esta descripción sugiere el Augoeides, el hombre glorificado, y es descripción exacta de lo que acontece en esta Iniciación, porque la Segunda Iniciación está relacionada principalmente con la

vivificación del cuerpo mental inferior, de modo que a esta altura, es el cuerpo causal el que se desarrolla especialmente. El ego es llevado a una relación más íntima con la Mónada, y así se transforma él verdaderamente.

Hasta la personalidad está afectada por esta emanación maravillosa. El ser superior y el inferior se unificaron en la Primera Iniciación, y esta unidad no se pierde jamás, pero el desarrollo del ser superior que ocurre entonces no se podrá medir nunca en los mundos inferiores de la forma, por más que los dos sean uno, aun hasta el último extremo, posible.

En esta etapa, el hombre es llevado ante el Rey Espiritual del Mundo, el Jefe de la Jerarquía Oculta, Quien, en este grado, o confiere El Mismo la Iniciación o la delega para ese fin a uno de Sus Discípulos, los tres Señores de la Llama. En este caso, el candidato es presentado al Rey poco después de tomar Iniciación. Así el "Cristo" es llevado a la presencia de Su "Padre"; el buddhi en el Iniciado es elevado, hasta

unificarse con su origen en el plano nirvánico, y así se efectúa una unión sublime entre el primer principio y el segundo del hombre.

El Anagamin mientras desempeña su trabajo cotidiano goza de todas las maravillosas oportunidades concedidas por la posesión plena de las facultades del plano mental superior, y durante el sueño el cuerpo entre al plano búdico.

A esta altura tiene que arrojar de sí todos los restos que pueden haber quedado de la cuarta y quinta ligadura — apego al placer de la sensación, tipificado por el amor terrenal, y toda posibilidad de enojo y de odio. Deberá liberarse de la posibilidad de estar esclavizado en alguna forma por las cosas externas. Ha de superarse a todas consideraciones conectadas con la mera personalidad de todos los que lo rodean, reconociendo que el verdadero cariño que florece en el Sendero es el existente entre egos. Por consiguiente el cariño es fuerte y permanente y no hay temor de disminución ni de fluctuación, porque en ese "amor perfecto que echa fuera el temor".

La Cuarta Iniciación es conocida como la del Arhat, que significa el valeroso, el capaz, el venerable o perfecto. Los hindúes llaman al Arhat el Paramahansa, el que está por encima o mas allá del Hamsa. En el sistema cristiano la Cuarta Iniciación está indicada por el sufrimiento en la Huerta de Getsemani, la Crucifixión y la Resurrección del Cristo. Esta Iniciación difiere de las demás en que tiene el doble aspecto de sufrimiento y de victoria, de ahí que se ha empleado una serie de acontecimientos para representarla. El tipo de sufrimiento que acompaña la Iniciación despeja cualquier vestigio de karma que pudiera presentarse aún en el camino del Iniciado. La paciencia y el gozo con que éste lo soporta, tienen gran valor en el reforzamiento de su carácter y ayudan a

determinar la extensión de su utilidad en la obra que tiene por delante. El Iniciado tiene que experimentar durante un momento la condición llamada Avichi, que significa "sin olas", aquello que no tiene vibración. El hombre está absolutamente solo en el espacio, y se siente separado de toda vida, aún la del Logos; es sin duda la experiencia más horrible que puede experimentar el ser humano. Parece producir dos resultados: (1) que el candidato puede sentir con aquellos a quienes les llega Avichi como consecuencia de sus acciones y (2) para que pueda aprender a mantenerse aislado de todo lo externo,

probar y darse cuenta de su propia y absoluta certeza de que él es uno con el Logos y que todo sentimiento parecido de soledad tiene que ser sólo una ilusión.

Avichi para el mago negro corresponde a nirvana para el Adepto Blanco Estos dos tipos de hombres, antítesis entre sí, son yogis y cada uno consigue el resultado de la ley que ha seguido. Uno alcanza el kaivalyan —realización de la unidad, completo aislamiento — de Avichi, el otro el kaivalyan de Nirvana.

Para el Arhat, mientras esté aún en cuerpo físico, la conciencia del plano búdico es suya, por ser dicho plano su hogar normal.

En realidad, encontrarse en el nivel de Arhat involucra el poder de usar plenamente el vehículo búdico.

Cuando el Arhat se eleva al plano búdico, no se ha de suponer que pierde manas en forma alguna, .puesto que consigo eleva a manas en la expresión de éste que ha existido siempre en el plano búdico, pero que recién ahora se ha vivificado. Todavía es triple, pero en lugar de encontrarse en tres planos, está ahora en dos, con atma desarrollado en su propio plano, buddhi en el suyo y manas al nivel de éste, elevado hasta la intuición. Luego el Arhat se desprende del cuerpo causal, porque ya no le hace más falta. Cuando quiere bajar de nuevo para manifestarse en el plano mental, tiene que construir un nuevo cuerpo causal, pero en caso contrario, no necesita ninguno.

En forma similar, pero en grado más avanzado, el buddhi y el intelecto glorificado serán elevados al plano átmico, y el triple espíritu será completamente vivificado. Entonces las tres manifestaciones convergerán en una. Este es un poder al alcance del Adepto, porque como veremos a su debido tiempo, Él unifica a la Mónada con el ego, del mismo modo que el discípulo está tratando de unir al ego con la personalidad.

Esta elevación de manas superior desde el cuerpo causal para que se encuentre junto con buddhi en el plano búdico, es el aspecto o condición del ego al que llamaba H. P.

Blavatsky, el ego espiritual que es buddhi, más el aspecto manásico del Uno elevado al Buddhi, cuando se desprende éste del vehículo causal. Dicho estado —el de Arhat— es denominado por los místicos cristianos el de iluminación espiritual, del Cristo en el hombre.

H. P. Blavatsky tiene también una clasificación en que habla de cuatro divisiones de la mente:

(1) Manas-taijasi, el resplandeciente, o iluminado manas, que es realmente buddhi, o a lo menos ese estado del hombre en el cual su manas se ha fundido con buddhi, no teniendo ninguna voluntad propia separada.

(2) Manas propiamente dicho, el manas superior, la menta abstracta y pensante. (3) Antahkarana, el eslabón, canal o puente sobre el manas superior y el kama-manas durante la encarnación.