la interpretación sobre el proyecto del segundo
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ya que se derrumbó varias veces durante el xviii
según fuentes documentales, pero tal vez los muros
de las celdas quedaron en pie o pudieron recons-
truirse según el propósito primario. Si así hubiera
sido, el planteamiento arquitectónico debió incluir tres áreas de celdas: la del sur y la del poniente con corredores internos; mientras la del oriente, quizá
sólo con celdas de mayor anchura, sin ningún pa-
sillo interior y con un contrafuerte exterior para
resistir la carga del lado de la huerta. No está por demás recordar que, según Braunfels, los mendi-
cantes tenían celdas individuales a diferencia de
los dormitorios comunitarios de los monjes.5
de las celdas del oriente hay muy pocas con-
jeturas porque actualmente los muros y vanos de iluminación presentan alteraciones de diversas
épocas y varios materiales —entre ellos el concreto.
sólo se puede decir que la celda del ángulo noreste
presentaba una ventana que se convirtió en chime-
nea cuando, tiempo después, se levantó la nueva sacristía y que tal vez había cuatro aposentos más
en esa ala porque ese es el número de vanos que actualmente dan al corredor externo. Cada uno
está decorado con sus respectivos medallones en la clave, entre los que se cuentan una mano que por-
ta un corazón; otra que sostiene el cáliz, la hostia y un cilicio, la maqueta de la iglesia sobre un libro,
y la cruz flordelisada. Empero, se debe decir que
5 Wolfang braunfels, op. cit., pp. 195-199.
s ala sur del claustro alto del convento de Yanhuitlán
(fotografía: Gerardo hellion, 2007)
s cubo de la escalera del convento de Yanhuitlán
(fotografía: Gerardo hellion, 2007)
Medallón con el libro y la maqueta de la iglesia en una clave del ala oriente del claustro alto del convento de Yanhuitlán (fotografía: elsa arroyo, 2004)
Medallón con tres flores. Claustro alto del convento de Yanhuitlán (fotografía: Gerardo hellion, 2007)
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el arco, cuya clave ostenta el escudo dominico, se alteró totalmente al traducirse como ventana en la
restauración iniciada en el año 2000. Estas celdas,
quizá por ser más amplias, pudieron ser asignadas
a las autoridades y alguna de ellas usarse como bi-
blioteca ya que el ala oriental estaba dedicada a la
sabiduría, conforme se ha dicho.6 de no ser así,
la biblioteca acaso se instalaría en el coro, al igual
que en los conventos de san esteban de salaman-
ca y en San Pablo de Yuririapúndaro.7
en el lado norte no hubo celdas, pero se pro-
siguió con la construcción de las cortezas, donde continuaría la escalera intramuros que conduciría
a las azoteas del segundo cuerpo. Las celdas del
lado sur eran siete y en lugar de ventanas al ex-
terior tenían puertas que salían a las azoteas de la cocina, el vestíbulo, las despensas y las bodegas,
según las huellas que se ven en los muros. Dichas
azoteas funcionaron como terrazas en las cuales
los padres disfrutarían del paisaje. En el ala po-
niente había cinco celdas con sus respectivos va-
nos de iluminación, pero los muros divisorios se
han aplanado con cemento. Las celdas se comuni-
caban con el pasillo interno por medio de arcos de dos vistas, en cuyas claves se diseñaron medallones con emblemas alusivos a la iglesia y a la orden de
predicadores. Así aparecen la cruz flordelisada, las
llaves con la tiara, los anagramas de cristo —en
griego y en latín—, un ramo de flores, un cráneo y el ave fénix con una rama de tres flores en el pico.
el corredor interior del ala sur tenía un vano de iluminación al fondo en la pared poniente y sólo se salía o entraba a él por las escaleras o los arcos
del oeste o del extremo sureste. Así también en la
intersección de las pandas sur y poniente se empo-
traron un par de pequeños nichos que ahora están vacíos pero en los que de seguro había imágenes
para obligar a los frailes a santiguarse.
Según Burgoa las techumbres de las celdas eran
de madera en el año 1674 en que escribía,8 y quizá
siempre fueron así puesto que no hay evidencias ni
físicas ni documentales de ningún otro tipo de cu- bierta. Lo que sí existe en todas las pandas es una
elevación del muro de aproximadamente 60 cm
donde se nota distinto material y una técnica cons-
tructiva de acabados burdos, lo cual puede relacio-
narse con cambios de viguería en algún momento de la historia constructiva del edificio o bien con una restauración desafortunada. Las gárgolas son actuales, desaguan hacia el exterior del edificio y no al claustro, como de seguro fue en su origen.
de la arquería exterior en este proceso edilicio
no queda ni rastro. Los terremotos y las modifica-
ciones del siglo xviii no dejaron cenizas de aquélla,
aunque cabe la posibilidad de que no se construye-
ra ni en el xvi ni en el xvii y que sólo tuviera un antepecho en el borde y se utilizara como terraza.
es muy curioso que los cuerpos secundarios de los claustros cercanos de teposcolula y coixtlahuaca, que también sufrieron de los sismos, carezcan de huellas de arquería, como lo es que en los tres exis-
ta un pasillo interno para aislar a los frailes de las inclemencias del tiempo; es decir, con una función climática muy evidente que no hacía necesaria la
fábrica de otro corredor. Las arquerías del segun-
do cuerpo del convento de Yuriria fueron coloca-
das hasta el siglo xviii y antes de esta centuria el
espacio entre el corredor interno y el antepecho se
destinó a terraza.9 incluso el claustro gallego de
san Francisco de ourense no llegó a tener arque-
6 María teresa lópez de Guereño sanz, op. cit., vol. 1, p. 122. La autora comenta que “algunos monasterios premonstra- tenses tenían un local determinado para guardar los libros, éste podía estar encima de la sacristía, en las proximidades de la celda abacial”.
7 José luis espinel, op. cit., p. 249; Alejandra González Leyva, Yuriria. Construcción..., op. cit., p. 130. 8 Francisco de burgoa, op. cit., p. 138v.
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ría en el segundo cuerpo.10 se puede conjeturar
luego entonces que no todos los pisos superiores
de los claustros mendicantes tuvieron esa crujía.
seguramente en este proceso los frailes abando-
naron las primeras viviendas y ocuparon las nuevas celdas que los harían alejarse del bullicio y experi-
mentar la vida comunitaria y claustral propia de las
órdenes regulares. Fue entonces quizá cuando las
antiguas habitaciones se empezaron a usar como
graneros, según apuntó el cronista Burgoa.11