5.2 Model Updating Using the Gibbs Sampler
5.3.1 Damage Identification
La aplicación del régimen no debería enfrentar grandes dificultades en ningún caso. Como ya fue mencionado, la inflación es baja, los países tienen vigentes regímenes de flotación y el Banco Central interviene con mayor o menor frecuencia en el mercado de cambios. La adopción del régimen no implicaría consecuentemente una discontinuidad de las políticas macroeconómicas en curso, sino más bien una reorganización de las mismas, poniendo énfasis en el foco de empleo y crecimiento sostenido que la motiva. Pero este punto debe subrayarse. Desalentar expectativas de apreciación real y señalar claramente la voluntad de preservar un tipo de cambio real competitivo son las principales vías a través de las cuales el régimen debe incentivar la inversión y el empleo en las actividades comerciables.
La adopción en común del régimen ayudaría obviamente a consolidar y fortalecer el Mercosur. Un acuerdo sobre los tipos de cambio reales que los países miembros se proponen preservar mediante la adopción del régimen constituiría el núcleo duro de la coordinación de las políticas macroeconómicas. El acuerdo no necesita ser explícito ni
los tipos de cambios respectivos ser sometidos a discusión internacional. Pero un acuerdo implícito alrededor de regímenes con objetivos similares tendría sin duda efectos positivos sobre las inversiones en la región y proporcionaría un marco sólido para el avance de la integración.
Si bien la adopción en común del régimen de tipo de cambio competitivo y estable facilitaría los propósitos del Mercosur, también debe resaltarse que la adopción individual del régimen por alguno de los países miembros no los dificulta. Por el contrario, la adopción del régimen por alguno de los países hace más previsible su tipo de cambio real en el futuro y sus políticas macroeconómicas. Esto no solamente representa una ventaja para el país que adopta el régimen, sino también para sus socios comerciales.
En principio, el régimen de tipo de cambio real competitivo y estable es compatible con las distintas estrategias con relación a la deuda y el financiamiento internacional que siguen los países. Lo mismo cabe decir con relación a las diferentes políticas fiscales que se derivan de esas estrategias disímiles, tal como explicamos arriba. Sin embargo, si bien no existen incompatibilidades técnicas, hay diferencias entre los países con relación a las repercusiones de la adopción del régimen y con respecto a los incentivos para hacerlo.
La práctica actual de las políticas macroeconómicas en Argentina es, de hecho, un esbozo del régimen propuesto. La definición más precisa del régimen disiparía incertidumbres que pueden estar inhibiendo la inversión y el crecimiento del empleo en sectores comerciables. Por lo demás, el régimen propuesto es totalmente adecuado para las circunstancias de la economía de Argentina. Aún así, su adopción supone conflictos con la orientación del FMI.
Si se miran exclusivamente los objetivos de empleo, crecimiento y balance en cuenta corriente, el régimen propuesto también es adecuado para Brasil. Más aún, una mejora en los indicadores que reflejan la evolución económica con relación a esos tres objetivos, resultaría funcional a la estrategia que dicho país sigue con relación a los mercados financieros internacionales, porque señalaría que la economía brasileña está en condiciones de crecer y atender simultáneamente los servicios de la deuda externa.
Pero los indicadores mencionados no son los únicos relevantes en la evaluación del riesgo de default que realiza el mercado financiero internacional. En el caso de Brasil,
los indicadores de la capacidad de servicio de la deuda del sector público tienen una relación inversa con el tipo de cambio real, porque parte importante de la deuda pública está denominada en moneda internacional o en moneda local, pero indexada al tipo de cambio. La apreciación reduce la relación deuda pública / producto. Dicho de otra forma, el poder adquisitivo de moneda extranjera de determinado superávit fiscal primario es mayor cuanto más apreciado esté el tipo de cambio. Alternativamente, para servir determinado monto de obligaciones externas, se requiere mayor superávit fiscal primario cuanto más depreciado está el tipo de cambio.
A causa del efecto patrimonial del tipo de cambio sobre el sector público, hay un interés de los acreedores a favor de la apreciación y un incentivo para el sector público en la misma dirección. Esta cuestión también se plantea en el caso de Argentina, pero de forma más atenuada, porque la deuda externa está en default y el gobierno basa su posición en fijar ciertas magnitudes para el superávit fiscal primario y para los pagos de la deuda reestructurada.
En el caso de Brasil, la presión de los acreedores y del mercado financiero internacionales somete al país a dos demandas conflictivas. Por un lado, la mejora de las cuentas externas y la aceleración del crecimiento juegan a favor de la confianza de los mercados. Consecuentemente, hay por este lado un interés en que Brasil preserve un tipo de cambio competitivo. Por otro lado, la apreciación del tipo de cambio mejora los pronósticos con relación a la capacidad de servicio de la deuda pública, por las causas mencionadas arriba y porque tiende a atenuar la conflictividad y los costos políticos de las exigencias de superávit fiscal primario.
Estas dos demandas no tienen probablemente el mismo peso. El centro de atención del mercado está en la liquidez del sector público y en su disposición y posibilidades de cumplir sus compromisos en tiempo y forma, porque – correcta o incorrectamente – es por este lado que percibe el mayor riesgo de default. Consecuentemente, la segunda demanda pesa normalmente más que la primera.
En cualquier caso, el problema de decisión que enfrenta el mercado financiero – en realidad, cada acreedor o inversor internacional individualmente - tiene soluciones múltiples, porque las magnitudes del superávit fiscal primario y del superávit comercial
que son necesarias para evitar el default y mantener abierto el acceso al mercado financiero, dependen del flujo de capitales proveniente de ese mismo mercado.
Como bien sabemos, estos soluciones son volátiles. Están sujetas a contagios y movimientos de manada inducidos por cambiantes corrientes de opinión. El problema es difícil por dos razones. En primer lugar, no hay mecanismo de coordinación entre los inversores financieros. En segundo lugar, sus decisiones están fundadas solo parcialmente en indicadores fundamentales de la situación de la economía y de las cuentas públicas, como los mencionados arriba. La evaluación del riesgo de default y las decisiones de comprar o vender activos del país están basadas – también - en juicios y sentimientos con relación a la orientación y políticas económicas del gobierno. Se aprecia positivamente que las mismas sean congruentes con los diagnósticos y juicios de los analistas de los inversores. Además, el FMI tiene liderazgo en la formación de esos diagnósticos y opiniones.
En el contexto de globalización financiera, las políticas económicas tienen siempre una importante componente de señal a los mercados financieros internacionales. En una situación de alto endeudamiento y relativa fragilidad financiera, como la que atraviesa Brasil, y bajo las condiciones que se derivan de su estrategia frente al tema, la función de señal tiende a dominar las decisiones de política económica.
En esta cuestión residiría la principal dificultad de Brasil para adoptar el régimen de políticas macroeconómicas que proponemos. La adopción resultaría beneficiosa para el empleo, el crecimiento y la propia sostenibilidad del proceso, pero involucra conflictos con la orientación de FMI y la visión ortodoxa que domina entre los analistas de los mercados financieros. En consonancia con su estrategia, la gestión económica en Brasil ha procurado emitir las señales más congruentes con la orientación del FMI y la visión de los mercados, por lo que cabe conjeturar que valoraría muy negativamente esos conflictos.
Para finalizar este punto agregamos algunas consideraciones sobre las ya mencionadas demandas antagónicas con relación al tipo de cambio real en el caso de Brasil. La cuestión tiene aspectos paradójicos. Con respecto a un año atrás, la confianza del mercado financiero internacional ha aumentado, tal como se refleja en la reducción de la prima de riesgo país y en la colocación de nuevas emisiones de deuda pública. No es
ajena a esta recuperación la mejora experimentada en las cuentas externas vía el importante incremento del superávit comercial. Este incremento obedeció, en parte al menos, a la devaluación real inducida por el déficit de balance de pagos y el aumento de la desconfianza asociados con el cambio de gobierno. La devaluación real recibió en su momento comentarios negativos, porque se veía como uno de los síntomas del aumento de la desconfianza y porque actuaba como factor de aceleración de la inflación.
¿Termina aquí la paradoja? Es posible que no. Puede ocurrir que cuanto mejor le vaya a Brasil en la consideración de los mercados internacionales, mayor sea la tentación de aliviar la carga de la deuda sobre las cuentas públicas y reducir la inflación vía la apreciación del tipo de cambio. El alivio de la situación fiscal y la reducción de la inflación son logros visibles y fácilmente atribuibles a las gestiones de Hacienda y el Banco Central. Simultáneamente, la apreciación del tipo de cambio tendría efectos negativos sobre el empleo y el crecimiento, pero estos son efectos de percepción más demorada y difusa, relativamente alejados de la atención y la voz de los mercados financieros. Más importante aún es que el desempleo y el crecimiento lento son difíciles de asociar con las políticas macroeconómicas en el plano del debate público, donde suelen atribuirse a factores fuera del control de las autoridades.
Otro camino también es posible. Si la estrategia del gobierno produce una efectiva mejora en la confianza de los mercados, la política económica puede otorgar menos peso a su papel de señal y ganar grados de libertad para colocar el empleo y el crecimiento en el primer plano de atención del gobierno. Se requiere para esto resistir las tentaciones mencionadas arriba y adoptar un régimen de política enfocado en dichos objetivos.