3.2 Method
3.2.6 Data analyses
La educación como proceso, ha venido transformándose y desarrollándose a lo largo de la historia, los problemas sociales, políticos y económicos son los detonantes principales que han repercutido en su devenir. La educación como servicio ha tenido que adecuarse a los contextos históricos, con la finalidad de satisfacer las necesidades, problemáticas y divergencias que se erigen dentro de la sociedad, al respecto Mora (2004), señala que al cambiar los contextos necesariamente los modelos de formación también apremia se modifiquen, no obstante aun quedan muchos retos que cumplir y pendientes que resolver, los cuales deben ser atendidos, sin embargo, tratar lo anterior no fue el propósito del presente trabajo.
Lo que si se expone y se trató de explicar desde una perspectiva teórica, es la necesidad de innovación que debe erigirse dentro de la educación como parte substancial de la naturaleza del cambio, tal como lo plantea Mora (2004), de cambiar el modelo educativo centrado en la enseñanza al de aprendizaje, de los conocimientos al de las competencias, así como en los diferentes servicios que se constituyen como parte de la misma. Es el caso de la O.E. de la cual se expone el carácter de servicio social que posee y el potencial que le acompaña como tarea profesional para lograr cambios de actitudes y conductas en los estudiantes, con el objetivo de encausarlos al establecimiento de un proyecto de vida, que sea responsable, comprometido y propositivo consigo mismo y con los demás.
31 Hargreaves (2003), señala que se vive en la economía del conocimiento, la cual se caracteriza por la creatividad y la inventiva, como elementos que permean los sistemas educativos. También que las instituciones educativas deben desarrollar tales cualidades en sus estudiantes, de lo contrario quedarán atrás. Dicha emblemática plantea un
constructo con dos polos lógicamente establecidos, pero paradójicamente contrarios, por una parte se sitúa la necesidad de perfección, crecimiento, prosperidad, competencia y autosuficiencia, y por el otro, gracias a la búsqueda de estas consideraciones, se fragmenta el orden socialmente establecido.
Ante dichos efectos, el autor plantea y le atribuye a la educación la tarea de fomentar valores y prerrogativas que contrarresten dichos resultados. Señala que la sociedad del conocimiento es, al igual que el capitalismo, un modelo de desarrollo el cual está al servicio tanto del bien privado como público, por lo que señala que la escuela como parte de este engranaje tendrá que formar a sus usuarios para ambos servicios. Con lo anterior, se establece que los cambios son ajenos a la voluntad tanto en el plano
individual como colectivo, sin embargo innovar para hacer frente a dichos cambios, sí es una de las tareas que toca afrontar, sobre todo si se forma parte de la educación.
En la sociedad del conocimiento se finca como riqueza primordial el
conocimiento; Cantón (2002) confiere que esta situación se caracteriza por replantear el valor del saber, considera que el factor más importante y central es el conocimiento, incluso por encima de los elementos capitalistas actuales, explica que el conocimiento es un:
Factor fundamental para conocer la economía, la educación, la organización social y para integrar un conjunto difuso de herramientas de gestión, de procesos
32 revolucionado la forma de vivir y trabajar abriendo perspectivas insólitas
inimaginables hace unos años. (s/p)
Desde esta perspectiva, la educación y sus instituciones se posicionan como piezas estratégicas, que permitirán el trance de cambios y adaptaciones a las condiciones presentes y futuras relacionadas con los contenidos y las metodologías. Sobre este lapsus, el modelo educativo que entra en funcionamiento y que cobra vigencia inmediata, es el que descansa sobre el desarrollo de competencias y capacidades. Cantón (2002), puntualiza que la formación del recurso humano se debe llevar a cabo bajo premisas desde el plano individual y personalizado, evitando en lo posible una formación masiva, buscando la edificación y arquitectura de una sociedad que emerja al servicio de sí misma y no de la tecnología.
La educación en la sociedad del conocimiento, se vislumbra como un instrumento a través del cual se puede garantizar el desarrollo y la estabilidad, siendo un servicio a través del cual se pueden proporcionar a los sujetos las herramientas que le faciliten una actuación puntual y prospectiva, no dejándola de apreciar y considerar como un cambio de visión (Mora, 2004). Las expectativas se centran en señalar a la educación como un paradigma que puede atender dos funciones, por una parte satisfacer pendientes mediatos e inmediatos, los cuales engloban el auge del conocimiento para el crecimiento social y que este se exhorte con equidad para la integración humana (Aguerrondo, 1999).
Se requiere entonces un planteamiento que estipule el aprender haciendo, porque un modelo educativo basado en la memorización, en la adjudicación de funciones y responsabilidades inertes conlleva a un aprendizaje estático, sin trascendencia. Aquello que se aprende desde la acción, brinda experiencias que permiten afianzar un ejercicio competitivo, el cambio de orden de los factores medulares en la educación posibilita un
33 aprendizaje más significativo, cambio que sin duda es un tanto difícil de alcanzar
(Martínez, 2004). En esto recae la presencia de la educación en la sociedad del conocimiento.
2.1.1 Sociedad del conocimiento: oportunidad para crecer y desarrollar la praxis de orientación educativa
A partir de la relación que guarda la sociedad del conocimiento con la educación, situándola como cambio y oportunidad en un contexto mundial en constante
transformación, la realidad apunta a una evolución paulatina, tal vez silenciosa que no es perceptible o tangible, pero que sin embargo, está presente y arrastra consigo los procesos esenciales de los cuales se forma parte. Nada puede quedar estático, o se mueve o se rezaga, una opción de doble filo, elegir la primera implica una serie de acciones que tienen que ver con la apertura de nuevas ideas, de nuevos paradigmas, orquestar un desempeño laboral diferente, producir bienes y servicios con calidad y competitividad. Elegir la segunda opción conlleva a ser inoperante, prescindible y de alguna manera olvidado. La elección parte de una decisión, que es producto de una perspectiva y visión propia que se tenga de la realidad.
La práctica educativa está inmersa no solo en lo que Hargreaves (2003,2005) señala como postmodernidad y también como sociedad del conocimiento, que exige no solo replantear los sistemas, reformular la praxis a partir de lo que está en crisis en los contextos social, cultural, económico y político; sino a su vez de aprovechar las
34 para robustecer el conglomerado educativo, aspecto que forma parte de los
macroprocesos en la materia.
Al instar que la sociedad del conocimiento exalte como esencial al conocimiento, tanto en su desarrollo, complejidad, aplicación y utilidad, una de las ponderaciones benéficas de tal afirmación, conllevan a darle presencia dentro del ámbito del desarrollo de competencias, puesto que al conocer se produce una mayor participación y actuación que bajo la necesidad de un humanismo más recurrente, se conduce con más compromiso y activismo en el orbe.
Esta cualificación permite una gestión para la educación, de desarrollar un aprendizaje generado a partir de la descentralización de su producción fuera de la idea tradicional, que señala que este proceso se construye en los límites de las instituciones educativas como la escuela. Sin embargo, se perfila una concepción mucho más amplia de esta idea, la cual parte de lo que Wenger (2001), acuña como comunidades de
aprendizaje o práctica, explicándolas como una nueva dimensión que permite desdoblar el aprendizaje, replanteándolo a partir de premisas tales como aprender para participar y asumir prácticas de las comunidades de las que se forme parte.
A partir de la llamada sociedad del conocimiento, Hargreaves (2003), aboga por atender las nuevas circunstancias de la realidad en dichos términos, permitiendo dirigir sus esfuerzos a partir de su comprensión, de otra manera no existirá congruencia y coherencia de su desempeño en aras de formar estudiantes de acuerdo a dichas prerrogativas. La sociedad del conocimiento es entonces, una oportunidad para los docentes, y en especial para los orientadores de permear nuevos rumbos para su práctica,
35 de expandir los limites de sus cometidos, de asegurar nuevos proyectos, así como de darle mayor envestidura a su función profesional.
Dirigir su práctica desde esta consideración, posibilita liderar en los estudiantes la capacidad para formarlos no solo bajo una arista cognitiva, sino también hábil y
competitiva, impregnado de una actitud ciudadana. Esta afirmación, conlleva a establecer una perspectiva en el sujeto que garantice la realización de funciones elementales para su desarrollo individual y colectivo. Para el caso presentado en este trabajo, las ideas
expuestas fueron fundamentales para evidenciar si la práctica de O.E. que se trabaja y lleva a cabo en el plantel 35 del COBAEV contiene dichos supuestos.