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Los estragos que causó la guerra, más allá de las fronteras del manicomio, se reflejan a través de las muchas cartas que fueron enviadas al establecimiento por familiares u otros afectos en busca de información sobre pacientes tras meses de incomunicación o sobre personas desaparecidas que tal vez pudieran hallarse allí internadas. Como el siguiente ejemplo:

417 Peraita publicó varios artículos tras la guerra sobre enfermedades carenciales, ver entre otros: PERAITA, M. (1947), El complejo sintomático de Madrid: síndrome parestésico-causálgico, Revista

clínica española, 26 (4), pp. 225-234; PERAITA, M. (1940), Efectos terapéuticos del ácido nicotínico

sobre los síntomas nerviosos y mentales de los pelagrosos, Actas Españolas de Neurología y Psiquiatría, 1, pp. 97-105; MARQUEZ BLASCO, J., PERAITA, M. (1940), Los capilares en los síndromes neurológicos de la pelagra, Actas Españolas de Neurología y Psiquiatría, 1, pp. 198-219; PERAITA, M., MARQUEZ BLASCO, J. (1940), Temperatura cutánea y regulación vasomotora en enfermos avitamínicos (grupo de la pelagra), Actas Españolas de Neurología y Psiquiatría, 1, pp. 219-241; LOPEZ IBOR, J. J., PERAITA, M. (1941), Sobre latirismo, Actas Españolas de Neurología y

Psiquiatría, 2, pp. 25-33; PERAITA, M. (1943), La clínica de las neuropatías carenciales observadas en

Madrid, Actas Españolas de Neurología y Psiquiatría, 4, p. 32-53; PERAITA, M. (1949), Las neuropatías carenciales en la segunda guerra mundial, Actas Luso Españolas de Neurología y Psiquiatría, 8, pp. 167- 195.

418 Sobre la mortalidad en el manicomio y sus causas ver el capítulo III de esta tesis. 419 Esta información fue facilitada por Sor Ángeles Infante.

420 La existencia de huertos o animales en los grandes establecimiento psiquiátricos no era rara. En el Manicomio de Valladolid en el año 1936 se construyó una cuadra con capacidad para treinta vacas y en 1937 se añadieron cerdos, lo que presumiblemente ayudó a la alimentación de los internados durante la guerra: GARCIA CANTALAPIEDRA (1992), p. 323.

« Muy señor mío y de mi mayor consideración: Por caridad hacia una pobre familia, me permito dirigir a V. la presente, con el ruego, de que si no tiene inconveniente, tenga a bien manifestarme si, en el establecimiento de su dirección, existe un individuo, llamado J. R. G.: pues es un individuo, que del campo Rojo, se pasó al Nacional, y con él estuvo su esposa personalmente el día 23 de Julio en Talavera de la Reina.

Su citada y pobre esposa, I. M. G., de Santiuste de Pedraza de esta Provincia, fue a verla en la indicada fecha, al tener noticias de haber pasado a los nacionales, y dice haber oído allí, que no podía estar en el Hospital de Talavera, donde se separó de él, sin ninguna noticia de donde pueda parar ahora, ya que a lo visto la dicen que en Talavera no estaba; y como esa pobre señora, diga creer haberle encontrado algo perturbado, relacionando su creencia, con lo oído en el Hospital de que allí no podía seguir, sospechamos si habrá sido recluido en algún establecimiento Psiquiátrico, por lo cual molesto a V. en nombre de dos pobres hijos del expresado Julio, interesando noticias de su paradero.

Si en efecto, en ese Establecimiento no estuviera, le ruego así mismo que si V.V. lo supiera, me diga - con excepción de Ciempozuelos, donde ya obtuve contestación negativa, que otros Manicomios o casas de Salud hay en el territorio liberado, por esa parte de Talavera de la Reina, Cáceres y Badajoz, para en su caso dirigirme a ellos con el mismo fin (…)421»

La búsqueda de pacientes fugados o evacuados del Manicomio de Ciempozuelos en el Manicomio de Leganés fue frecuente, ya que las familias desconocían el paradero, como puede observarse en la siguiente carta.

« […] Le agradezco me conteste si en ese manicomio de su digno cargo pudiera encontrarse el demente llamado A.G.G., es de 1,65 de estatura, moreno, no conoce a nadie, procede del manicomio de Ciempozuelos donde llevaba 20 años y el día 12 de marzo fue desaparecido de 1937.

Le remito un sello con mi dirección, con el fin de que si Vds. tuvieran algún demente que no supieran (ilegible), me lo comunique para ir a reconocerlo […]422»

Son asimismo numerosas las cartas de familiares que -tras meses de incomunicación con el manicomio, por hallarse en la zona republicana- reclamaban información sobre los pacientes o intentaban normalizar el pago del internamiento, así vemos en los siguientes fragmentos de cartas:

421 Carta fechada el 8 de septiembre de 1937 y en la que se anotó que fue contestada el 14 de septiembre de 1937. Archivo Histórico del IPSSM José Germain.

«[...] sin haber tenido contestación a ninguna de ellas y por tanto sin saber

nada desde esta fecha de mi querido y desgraciado hijo y por si obedeciera a extravío de la correspondencia me tomo la libertad de dirigirme a V. rogándole muy encarecidamente se digne a contestarme manifestándome el estado en que se halla mi hijo, sin reparar en decirme si alguna desgracia hubiera ocurrido por dolorosa que sea, pues ya comprenderá V. mi sufrimiento al no tener noticias en tanto tiempo de un ser tan querido y más todavía por ser tan desgraciado.

Confiando en su benevolencia y confiando se hará cargo de mi situación, con el ruego de que se digne perdonar mi atrevimiento, le anticipo las más expresivas gracias y con el más respetuoso saludo.423»

«Tengo una hermana en ese establecimiento llamada L.A.P de quien no tengo noticias desde antes del glorioso alzamiento nacional, algunas personas que fueron a esa me trajeron algunas noticias que estaba ahí que estaba bien pero muy confuso.

Mi deseo hubiera sido ir y verla pero mis medios económicos no me lo permiten, los refugiados forzosos de Madrid en la zona liberada estamos sin un céntimo. […]424»

En ocasiones alguna autoridad militar o civil es la que hace de intermediaria para informarse sobre un enfermo o enviarle dinero. De hecho, se recibieron cartas del general Gonzalo Queipo de Llano, del cónsul inglés de Cartagena o del Delegado del Comité Internacional de la “Croix-Rouge” en Burgos.

423 Documento del Archivo Histórico del IPSSM José Germain.

424 Documento del Archivo Histórico del IPSSM José Germain. Otro ejemplo de correspondencia familiar se puede ver en el anexo 13.

Figura 3. Carta del general Queipo de Llano sobre envío de dinero a un paciente. Las dificultades económicas retrasaron el pago de las cuotas de varios pensionistas ingresados. En algunos casos, los familiares escribían excusándose por el retraso y, en ocasiones, el pensionista cambiaba de categoría y pasaba a convertirse en paciente de beneficencia. Como el siguiente ejemplo:

«[..] Recibo carta de mi hermana que está en Madrid diciendo que me dirija a usted para rogarle nos de noticias de nuestro hermano M.M. que el pobre desde hace años está recluido en esa casa. No he escrito antes porque una parienta que logró salir de Madrid me dijo que los enfermos de ese

Manicomio los habían trasladado a otro sitio que no recordaba pero que mi

familia lo sabía. Por lo visto no ha sido así y le agradecería muchísimo que nos diga si está ahí y cómo está. Sé que mi familia pagaba algo creo que por mejora de la pensión que le correspondía y mientras pueda quiero al menos hacerme cargo de mi pobre hermano y abonar los gastos que pagaba mi familia. [..]425»

De igual modo, ante el alta de un paciente que había salido con una licencia, la familia escribe rogando que sea nuevamente admitido aludiendo que la situación de guerra impedía tenerlo en el domicilio. Como vemos en el siguiente documento.

« (…) Querida hermana en Nuestro Sr, Jesucristo.

Me he encontrado desagradablemente sorprendida con un oficio, fecha 23 del actual, en el cual me dice que mi hija M.A.G., ha salido dada de baja en ese Manicomio, a la terminación a los dos meses de licencia y uno de prórroga. Antes de que terminase la licencia me dirigí al Sr. Director, y sin duda por culpa del correo, este Sr. no me contestó y volví a escribirle hace unos días y la contestación ha sido el Oficio de V.

Cuando hablé con V. al traerme la niña, la dije cuales eran las causas así como también la indiqué, que todo el tiempo que la tuviese en casa, continuaría abonando la pensión y así lo he cumplido, como también, siempre creí que al ayudarles a ustedes, puesto que no ignoro los trabajos que pasan en los bombardeos por la canalla marxista, no se traduciría en dar de baja a mi hija y originarme con ello un perjuicio, pues no podemos llevar una rectitud reglamentaria en tiempos anormales.

Por todo lo cual yo la [sic] suplico encarecidamente, me indique el medio por el cual mi hija no pierda su plaza, pues ésta hoy se encuentra mucho mejor, pues con el plan de curación que el médico me dio, y que nunca agradeceré bastante, al fin ha desarrollado, pues no se V. recordará que al principio del Movimiento la niña estaba muy bien, y sin duda por los sobresaltos se me ha puesto peor.

Salude a todas las hermanas en mi nombre y en espera de su grata contestación es de V. muy atento y ss426.»

Esta imposibilidad para hacerse cargo del cuidado de los pacientes también fue expuesta por Llopis a propósito del Hospital Provincial. Como se ha indicado en el capítulo precedente, Llopis entendía que fue ésta la causa del aumento de los ingresos en los primeros meses de guerra. En el extracto de la siguiente carta se aprecia que, para el alta de un paciente, se precisaba contar con la ayuda de un familiar.

425 Documento del Archivo Histórico del IPSSM José Germain.

426 Carta dirigida a la religiosa, Carmen, que ejercía como administradora del manicomio el 1 de diciembre de 1937. Al final de la carta está escrito a mano “Contestada el día 4 ofreciéndole toda clase de facilidades de ingreso. Por mi por no estar Sor Carmen”. Documento del Archivo Histórico del IPSSM José Germain.

«Desde el 15 de noviembre del presente año ha estado sometido a observación el capitán de Caballería D. A.R.V., el cual padece un síndrome esquizoide con delirio paranoide que no precisa su continuación en el establecimiento, siempre que se haga cargo de su asistencia un familiar y sea asistido por persona competente del síndrome mental que padece. A los efectos legales se ruega a la superioridad se nos remita una orden de salida de dicho enfermo […]427»

Pero la preocupación de una población, a veces desplazada de sus lugares de origen, no solo se refería a la búsqueda de información sobre personas, sino también al temor sobre el estado de los inmuebles y bienes materiales, tratando de indagar sobre el estado de los mismos, como se evidencia en el siguiente extracto:

«Muy señor mío y distinguido compañero: de regreso de mi viaje, encuentro su amable carta con las noticias halagüeñas que en ella me dice respecto al estado actual de mi hotel en las colonias de la Prensa. Mucho le agradezco que se haya tomado esta molestia (…)428»

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