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RESEARCH METHODOLOGY

4.4 SAMPLING PROCEDURE

4.4.5 Data collection methods

El guardia nocturno de Importaciones Bhavani, un poeta portorriqueño e iniciado en Santería llamado Hugo de Naranja, estaba leyendo una novela llamada ¡Illuminatus! cuando ocurrió el misterioso incidente. Hugo estaba tan absorto en el libro, al que consideraba la mejor novela escrita desde Don Quijote, que al principio no notó aquel sonido extraño. Gradualmente, la persistencia del sonido invadió su consciencia, lo sacó de la descripción más exquisita en términos estéticos de una mamada en toda la ficción moderna, y lo sacudió a un estado de consciencia alertándole que sucedía algo extraño en la oscuridad.

Ratas, pensó.

Un ladrón con zapatillas suaves, o en medias… Eso tampoco…

Hugo dejó el libro y tomó la linterna con la mano izquierda, mientras tanteaba la cartuchera y la pistola con la derecha. Algo estaba pasando en la oscuridad vasta del almacén y él debía ir, mirar, y hacer algo pertinente al respecto. Deseaba no haber leído tantas diatribas del Movimiento de Liberación Femenina contra el machismo y Papá Hemingway. Deseaba poder creer todavía en los valores del macho. Deseaba tener más cojones u otro trabajo. Salió de la garita, alumbrando el camino con la linterna, y citó para sí mismo una frase de su filósofo favorito “Donde el hombre ordinario ve problemas, el guerrero sólo ve desafíos”. Entonces vio al intruso.

Un gato. Sólo era un gato, atrapado durante un instante por el haz de su linterna para luego escurrirse en la oscuridad más profunda mientras lo perseguía con la luz. Luego volvió a encontrarlo, más arriba, sobre una placa que sostenía – por Jesucristo – un fantasmagórico pene amputado. Los ojos dorados brillaron casi blancos a la luz de la linterna. Un gato parado sobre un pene, una visión salida directamente del surrealismo o del dadaísmo.

“¡Fuera!” gritó Hugo, ahora realmente entretenido. “¡Largo! ¡Fuera! ¡Sal de ahí!”.

Entonces el gato saltó, y la luz de Hugo saltó junto a él, siguiéndolo hasta el piso, donde tendría que haber aterrizado, pero no lo hizo. Hugo movió la luz rápidamente, haciendo un barrido con ella, mientras comenzaba a pensar: Cristo, no hizo ningún ruido cuando aterrizó, ni siquiera el de un golpe amortiguado. Y su haz de luz volvió a barrer el trayecto haciendo arcos de búsqueda, mientras rechazaba la frase “desapareció en el aire” (no era posible), y descansó el rayo un minuto sobre el Pene Sin Hombre desafiantemente erecto (¿Qué clase de hijo de puta haría eso?); pero la pregunta brotó de sus labios, en voz alta, el guardia se formuló a sí mismo la cuestión que antes había resistido:

“¿Adónde mierda saltó? ¿Adónde mierda?”

EL DESPOSEÍDO

Mounty Babbit nunca aprendió a vivir con Fed Xing. De hecho, eventualmente sufrió un quiebre psicótico de gran escala. Naturalmente, debido a su riqueza, los doctores siempre se refirieron a aquello como a una crisis catatímica.

Los invitados eran nuevamente los Moon, quienes esta vez habían llevado a su sobrino, Simon – un barbudo y joven matemático cuyo padre había sido la oveja negra de la familia Moon, un agitador del Wobbly. El mismo Simon había sido arrestado durante los disturbios en la Convención Democrática del año anterior, aunque había salido en libertad condicional.

Todo fue bastante agradable hasta que Molly Moon volvió a su obsesión sobre Maestros Orientales que invadían cuerpos occidentales para transferir su misticismo trascendental. Joe Moon debió notar la mirada en la cara del Mounty porque dijo “Molly, recuerda que nuestro anfitrión es un científico”.

“Y de Tauro,” dijo Molly rápidamente. “Sé lo difícil que es para él aceptar verdades espirituales”.

“Él no te aburre con un parloteo sobre las últimas novedades científicas” dijo Joe suavemente. “Estoy seguro de que no tienes que aburrirlo con toda esta astrología o lo que sea”.

“No es astrología. Es proyección astral”.

“Suena medio astral para mí”, dijo Joe, riendo tan fuerte como pudo, tratando de hacerlos reír a todos y convertir el tema en una broma.

El joven Simon, sin embargo, tenía sus propias ideas. “La Tía Molly podría estar en lo correcto”, dijo pensativo. “La paradoja de Einstein-Rosen-Podolsky conduce a algunas posibilidades estrafalarias. Pero ¿por qué asumir que sólo vienen los altos adeptos? Cada grupo primitivo en el mundo tiene algún tipo de tradición mágica. Y ya han probado todo lo demás para salirse de la dominación blanca”.

“No comiences ahora con tus ideas radicales...” le advirtió Joe.

“No estoy hablando de política”, dijo Simon inocentemente. “En todas partes del mundo hay gente a la que le gustaría cambiar lugares con nosotros. Vivir en nuestros hogares opulentos. Comer nuestra comida extravagante. Conducir nuestros autos. Sabemos mucho sobre el continuum espaciotemporal material, pero somos más iletrados que los asiáticos o los africanos sobre el continuum espaciotemporal mental ¿Y qué hay de los nativos americanos con esa cuestión? ¿A sus brujos no les gustaría apropiarse de algunos cuerpos blancos durante un tiempo? ¿Será por eso que tantos jóvenes llevan vinchas indias, consumen drogas indias como el peyote, y se mudan fuera de las ciudades hacia los bosques...? ¿No les ha robado el coche un chico negro de gueto de Chicago? ¿No creen que le gustaría, también, robarse nuestros cuerpos?”.

“Eso es una tontería”, dijo Molly Moon furiosa. “Todas esas personas involucionadas de las que estás hablando no podían aprender las artes espirituales superiores…”

“Mounty, eres un científico”, dijo Joe Moon implorante. “Dile a Simon lo que está mal con su teoría”.

“Cualquiera puede tener su teoría”, dijo Babbit cuidadosamente. “La ciencia es una cuestión de pruebas. Puedes hacer millones de teorías, Simon, pero si vas a trabajar para una corporación, tendrás que producir teorías que los ingenieros puedan utilizar. Una teoría en un millón cuya eficacia pueda ser comprobada. Todo lo demás sólo es especulación ociosa”.

“Exactamente” Joe Moon sonrió encantado. “Que los negritos se ganen el derecho a vivir en Evanston, digo".

“Bueno, esta teoría podría ser verificada”, continuó Simon cándidamente; pero Babbit sabía que aquello era una provocación. “Si dicha, eh, invasión estuviese ocurriendo, su objetivo serían personas con cargos importantes. Ejecutivos empresariales. Funcionarios del Gobierno. La gente que controla los medios de comunicación. Investíguenlos y vean si todos ellos están actuando un poco raro últimamente…”.

El helicóptero descendió y la tierra se incendió. Mi hija corrió hacia mí, ardiendo, gritando ¿Por qué hay una bandera americana en el helicóptero en lugar de una esvástica? ¿Fue Galley o Eichmann el que me estaba mirando con ojos implorantes rogando mi comprensión y mi perdón?

Día tras día el napalm cayó de los cielos. Día tras día niños morían gritando a 1.000° centígrados. Mes tras mes, año tras año, el fuego siguió consumiendo el mundo, el mundo de Fed Xing. Se sentó en loto, su shakti se montó en su pene, sus ojos se cerraron, hasta que se produjo la sinergia neurológica: eran Uno. Y, a continuación, los Otros estaban allí también, todas las mentes del espacio-tiempo que habían encendido el circuito neuroatómico, los intelectos escarabajos de Betelgeuse, Nicolás y Perenella Flamel, Bruno y Elizabeth, Cagliostro y a medida que se abría la curva temporal, galaxias tras galaxias fueron uniéndose, apareció tenuemente el Hacedor de Estrellas y el primer salto fue posible.

Fue una flor en un rosal en Inglaterra y un poeta lo miraba mientras él miraba al poeta: “las rosas tienen el aspecto de las flores que son contempladas” surgió en ese momento.

ÉLla era un microbio que se agitaba tentativamente en una sopa primordial.

Fue un archivista terráneo mirando la decadencia y caída del Imperio Americano del pasado.

ÉLla fue Mountbatten Babbit en Evanston, Illinois, - un momento - comprendió rápidamente, - este es uno de los asesinos, agárrate –

El Doctor Mountbatten Babbit fue consciente de que todo el mundo en la mesa estaba mirándole. Entonces se dio cuenta de que estaba sollozando. “Oh, Dios”, dijo, con la mente al borde de su capacidad. “Oh, Dios, Dios, Dios...”.

El hecho fue explicado como un colapso debido al exceso de trabajo. No había psiquiatras; la ambición prohibía ese riesgo, por lo que se encontró un psicólogo clínico de orientación conductista en la Facultad de la Universidad de Northwestern, y las visitas fueron agendadas como consultas sobre psicología social para la gestión empresarial.

Mounty y el psicólogo definieron a Fed Xing como una alucinación causada por el condicionamiento negativo de los piquetes pacifistas alrededor de Weishaupt Chemicals. Se elaboró un método de decondicionamiento mediante hipnosis y terapia de aversión contra todas las manifestaciones de la personalidad de Fed Xing. El estímulo aversivo fue la apomorfina, un derivado no adictivo de la morfina que provoca vómitos y sensaciones de muerte. Al principio Fed Xing hablaba directamente durante estos momentos, suplicando y rogando, “no me envíen de vuelta a las llamas...”. Más tarde se puso desafiante. “Volveremos, millones de nosotros, de todo el tercer mundo. Viviendo en sus gordos cuerpos blancos. Manejando sus corporaciones y burocracias. Durante los años setenta y ochenta. Volveremos”. Como predice la teoría de la terapia de aversión, Fed Xing finalmente fue extinguido.

Tranquilamente establecido más allá de la libertad y la dignidad, Mounty Babbit se convirtió en el sujeto condicionado ideal. En 1982 renunció a su cargo como Presidente de Weishaupt Chemicals para convertirse en Asesor Científico Especial de la Casa Blanca.