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6. Research Design

6.3 Contextual Analysis: The Public Value Notion and the wider Policy

6.3.2 Data Collection: Selecting Interviewees, Preparing the Questionnaire,

La imagen de la enfermería __________________________________________________________________

significado de la imagen deseada para las propias enfermeras.

En relación a la imagen ideal que sería deseable según las propias enfermeras, habría que distinguir entre el significado que de “enfermera ideal” tienen quienes ejercen en la clínica, la docencia, la gestión o la investigación y muy seguramente se encontrarían imaginarios bien diferenciados (Nespral, et ál., 1993). Al no existir estudios que diferencien la autoimagen profesional ideal en función del área de ejercicio profesional, nos referimos a las diferentes visiones desde una perspectiva general, y una buena manera puede ser, por la dimensión del estudio, con el análisis de los datos que ofrece el Libro Blanco del Consejo General de Enfermería (1998). Las enfermeras que participaron en este estudio manifestaron estar interesadas por:

1. Aumentar los niveles de formación, de investigación y de servicio, al nivel que requieren las necesidades y expectativas públicas y del sistema de salud. 2. Adaptarse al ritmo del avance científico y tecnológico.

3. Aumentar la autonomía, la autoridad y el ámbito de la práctica de acuerdo con sus niveles de competencia y responsabilidad.

4. El reconocimiento del estatus social de la profesión al nivel de su contribución social.

Estas inquietudes coinciden con las expectativas halladas en otros grupos. González et ál. (2000) en un trabajo sobre las expectativas de las enfermeras en Andalucía identifican que sus prioridades están en mejorar la investigación y ampliar la formación y la especialización. Los retos expresados bien pueden considerarse como un acercamiento a lo que se considera la “enfermería ideal” para estas enfermeras. Además, en general estas expectativas se corresponden con lo expresado en la literatura por enfermeras de diferentes ámbitos, de la

De la práctica de la enfermería a la teoría enfermera

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clínica (Collière, 1981) y (Artigas, 1998), la docencia (Albéniz et ál., 1995), la investigación (Pulpón e Icart, 1994), (Fernández, 1997) y la gestión (Maña, Fernández y Mesas, (2004) y Juvé et ál. (2007) (2). Aunque cada vez más autores tratan de demostrar que los retos pasan por propuestas que integren los diferentes ámbitos, en este sentido desarrollan su propuesta Tomás (1999) y Meleis (1997).

Aunque existe una coincidencia en los aspectos fundamentales, también es necesario resaltar que cuando se concreta o profundiza en la imagen deseada, las ideas y aspiraciones son variadas, pues hay quienes concretan el ideal en el desarrollo del conocimiento sobre los cuidados de salud de las personas y los métodos propios para la aplicación de las acciones de cuidados, como expresan Francisco, Gómez y Hernández (2001) y Hernández-Conesa, Moral y Esteban- Albert (2002). Otros autores como Martínez (1999) y Mazarrasa, Francisco y Sánchez (1996) apuntan sobre la necesidad de dirigir los esfuerzos hacia los lugares donde se deciden las políticas y estrategias de la atención a la salud. Miralles (2005) considera como elementos clave para los retos y oportunidades de las enfermeras, la importancia que se les otorgue a los entornos laboral y social. Tomás (1999) plantea la necesidad de contar con un modelo de enfermería que se adapte a nuestra realidad, para poder ser fácilmente aplicado en la práctica.

Para poder llegar a conseguir una imagen satisfactoria es importante conseguir una buena imagen colectiva. Las enfermeras excepcionales frecuentemente se quedan en el reconocimiento individual, por la importancia que se le concede a los valores individuales, comentado anteriormente (Aguilar, García y Calvo, 2004). A lo largo del tiempo ha habido enfermeras que han gozado de prestigio,

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por su personalidad, sus características o las de su entorno, etc., pero mientras ese reconocimiento no se generalice a la profesión no llegará a ser realmente significativo. Germán (2006) relaciona el reconocimiento social y la identidad como colectivo, y dice que “la falta de reconocimiento social condiciona la falta de investigación como colectivo, y ambos que la angustia esté presente y por tanto la insatisfacción”.

El interés por profundizar en la idea de la imagen ideal se puso de manifiesto en las XX Sesiones de trabajo de la EAED, que se celebró bajo el nombre de “XX años creando estilo enfermero. La propuesta de la AEED para la excelencia profesional”. En estas sesiones se analizó, desde diferentes perspectivas, el compromiso de la profesión con una práctica excelente. Entre las aportaciones que se realizaron cabe destacar la de Mompart (1999) que apuntaba la necesidad de avanzar en la competencia profesional, el servicio a la sociedad, la autonomía profesional, el liderazgo, la coherencia grupal y los valores éticos.

A modo de conclusión de este apartado sobre la autoimagen de la enfermera ideal, cabe decir que es necesario reflexionar sobre las dificultades que entraña su definición desde una perspectiva externa a las profesionales, ya que existe una gran indefinición e incluso confusión entre el propio colectivo. La ausencia de una imagen nítida y compartida hace difícil identificarla, sentirla, definirla, trasmitirla y llenarla de contenido, al tiempo que facilita que la enfermería como profesión y las enfermeras como profesionales permanezcan estáticas y limitadas a responder a las demandas que se van planteando o a los imperativos que se marcan desde fuera, al tiempo que son insuficientes y excepcionales las iniciativas de oferta de nuevos servicios por los propios profesionales. Como aspectos externos, que dificultan el camino al ideal, está el aumento de las

De la práctica de la enfermería a la teoría enfermera

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demandas al sistema de salud, por parte de la población y de la oferta, por parte del sistema, que no siempre va acompañado de los recursos necesarios, lo que además puede explicar las razones por las que hay un importante abandono de la profesión, hasta un 50%, identifican Martín-Moreno y Miguel (1982) que existe a lo largo del ejercicio profesional.

Construir una imagen es difícil, pero es más difícil todavía cambiarla cuando ha cuajado. (Giddens, 1992). A pesar de todas las dificultades existentes que han sido analizadas, hay que resaltar que cada vez es más evidente el interés de un mayor número de enfermeras por participar en el desarrollo disciplinar. Aunque las expectativas profesionales son muy diferentes porque las aspiraciones de cada persona son construcciones culturales en el sentido que describe Janet (1995) y quedan finalmente determinadas por la evolución y las expectativas vividas individualmente. Es necesario resaltar que como resultado de la evolución experimentada por la enfermería en las últimas tres décadas, producto en gran medida del cambio producido en la formación y el desarrollo del pensamiento enfermero, actualmente existe una corriente de opinión entre las enfermeras que consideran necesario un cambio, como se pone de manifiesto en el Libro Blanco del Consejo General de Enfermería (1998), destacando que entre el colectivo tan solo un 18,3% de profesionales mantiene una actitud inmovilista, frente a un llamativo 37,5% que manifiesta un decidido interés por participar en un cambio profundo hacia una práctica profesional científica y, por ende, autónoma.