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La clasificación de E. Werlich (1975) suele incluirse en la gramática del texto. Esta disciplina traslada el interés de la lingüística clásica por la oración a la investigación de su unidad mayor, el texto, entendido como un conjunto de oraciones regidas por la coherencia gramatical. Por lo tanto, un texto no es una suma de oraciones ni su significado nace de la adición de los significados parciales de cada una de ellas.52

E. Werlich estableció una tipología secuencial que articula en su base las estructuraciones lingüísticas con las operaciones cognitivas que permiten su procesamiento. Uno de sus objetivos

52 Esta corriente abrevó de el generativismo y el estructuralismo (ya explicado), ambos interesados por los aspectos sistemáticos

de la lengua y su realización en la oración. El generativismo analizó las relaciones entre las competencias innatas y la creatividad. Las primeras integran un conjunto finito de reglas que permite al hablante producir un número infinito de enunciados en su actuación, relacionados con lo creativo. Como en la orientación de Saussure, esta corriente no atendió a los aspectos pragmáticos y particulares del lenguaje sino a lo estrictamente lingüístico y universal.

fue crear una tipología que excediera el marco de los textos literarios. Para ello, en primer lugar, describió el rasgo +/- ficción. En los textos de no ficción, el emisor y el receptor comparten una misma situación referencial, mientras que en los de ficción esta situación es creada y por eso posee una relativa autonomía. En segundo lugar, el autor distingue otros dos rasgos: la

coherencia y la completitud. Ambos están determinados por ciertos constituyentes textuales

(como las cadenas isotópicas y las formas de secuencias de inicio, desarrollo y terminación) y por las bases textuales. Estas últimas son unidades estructurales elegibles por el hablante, que se despliegan en secuencias que establecen entre sí relaciones de dominancia o de subsidiaridad. Su realización se da a través de las bases temáticas típicas. Estas están formadas por lexemas que tienen referencia en el mundo que el emisor y el receptor comparten, y por secuencias

dominantes, que introducen los iniciadores obligatorios para su desarrollo. Son cinco, van de lo

sencillo a lo complejo y se relacionan con los cinco tipos textuales, que son matrices cognitivas obligatorias para la estructuración textual. Las bases temáticas típicas son: la descriptiva, la

narrativa, la expositiva, la argumentativa y la directiva.53 Estas bases se actualizan a través de las clases, que los hablantes eligen de acuerdo con las normas lingüístico-textuales y en relación con

las convenciones sociales que rigen los comportamientos lingüísticos en un momento histórico determinado. Pero como ya se explicó, a la gramática del texto le interesa lo general y no sus manifestaciones particulares.

Como se señaló al principio, cualquier tipo textual (el narrativo, por ejemplo) no solo está determinado por una estructura mental sino también por un mecanismo de procesamiento de esa estructura en situaciones comunicativas concretas. En este sentido, la narración se impone como

53 Mientras que la primera expresa cambios y circunstancias en el espacio, la segunda lo hace en el tiempo. La expositiva se elige

para expresar composiciones y descomposiciones de representaciones conceptuales ya sean estas analíticas o sintéticas. La argumentativa se usa para crear relaciones entre conceptos y afirmaciones. La directiva se relaciona con las indicaciones y las instrucciones.

una estructuración y no como una estructura, aspecto que destaca especialmente la lingüística del texto de orientación comunicativa en los años 70. Esta corriente –como ya dije- sostiene la importancia de la competencia comunicativa en la producción de los textos, lo que implica entre otras cuestiones, el reconocimiento de los contextos comunicativos. En otras palabras: entiende la clase textual como una realización de un tipo de comunicación. La tipología de J. M. Adam (1996) expresa algunas de estas ideas.

Su teoría retoma la línea de investigación iniciada por M. Bajtín (2002) acerca de la distinción entre géneros primarios y secundarios (volveré sobre este tema en el capítulo N.º 4). Según J. M. Adam, existen esquemas prototípicos de los cuales los textos (estructuras formadas de secuencias prototípicas) son su manifestación concreta. Una secuencia es una estructura jerárquica relativamente autónoma y está formada por un número indefinido de proposiciones. Cada proposición está integrada por tres aspectos complementarios (el referencial, el enunciativo y el textual) y se organiza en la secuencia de manera jerárquica y lineal.

Para J. M. Adam, existen cinco secuencias prototípicas: la narrativa, la descriptiva, la

argumentativa, la explicativa y la dialogal. Los textos generalmente no están formados por una

única secuencia del mismo tipo y en su mayoría son heterogéneos: pueden ser de tipos diferentes y entonces la secuencia dominante (alrededor de la cual se organizan las otras) puede identificar al texto como una totalidad.54

A los fines de este trabajo, interesa describir más en profundidad la secuencia narrativa. En su formulación, aparece el pensamiento de Aristóteles en relación con la puesta en intriga y de

54 La relación entre secuencias puede darse por el enmarcado-encastre (inserción), el encadenamiento-adición lineal o la

alternancia-entrelazamiento.

T. Van Dijk (1980) en relación con los procedimientos de la cognición.55 En efecto, Adam explica que la secuencia narrativa se diferencia de la simple sucesión lineal de eventos porque en la primera el proceso temporal que se presenta plantea una transformación dominada por la puesta en intriga (complicación / resolución). Además, está formada por cinco

macroproposiciones de base: la situación inicial, la complicación, la acción o la reacción, el

desenlace y la situación final. En un cotexto dialogal, además, puede agregarse una entrada- prefacio y una evaluación final, conceptos fundamentales ya que introducen con vigor la perspectiva enunciativa (ausente en las tipologías de la gramática del texto) explicitando así la orientación argumentativa de todo relato, tal como desarrollé oportunamente.