• No results found

Las investigaciones de orientación estructuralista consideraron el relato como una gran

frase.29 Robert Stam et al. (1999: 98) señalan que este tipo particular de gran frase fue concebido

a través de dos perspectivas que a menudo se integraron:

- la semántica. Le interesa los rasgos que conforman los significados inherentes de los signos que componen el relato como parte de un sistema cultural más amplio. Algirdas-Julien Greimas y Claude Lévy-Strauss siguen esta línea de investigación; y

- la sintáctica. Se privilegia la combinatoria sintagmática de los distintos elementos de un sistema en su proceso de significación. Es el camino que tomaron las primeras investigaciones de R. Barthes.

Claude Lévy-Strauss (1977) analiza los mitos de las poblaciones originarias de algunas zonas de América y descubre entre ellos un sistema de relaciones formado por términos que pueden ser permutados entre sí. Los mitos -desde esta perspectiva- responden a ciertas estructuras universales y cada relato en particular es una variación de las mismas. Para llegar a este sistema

global, el investigador descompone los relatos (o estructuras superficiales) en unidades menores,

29 “(…) estructuralmente -afirma R. Barthes-, el relato participa de la frase sin poder nunca reducirse a una suma de frases: el

relato es una gran frase, así como toda frase constatativa es, en cierto modo, el esbozo de un pequeño relato.” (1980:10).

a la manera del análisis lingüístico. Denomina mitema a la unidad mínima de significado que aparece en más de un mito. Se trata de un elemento constante (invariable, en términos de V. Propp), cuyo significado se construye en una red de relaciones establecidas con otros mitemas tanto en forma asociativa (por sustitución o conmutación) como sintagmática (por copresencia). Como en la oración, el significado de los mitos no nace para este investigador de los elementos aislados que lo componen sino de la combinación y la oposición que se da entre ellos dentro del sistema. La estructura superficial del mito devela una estructura semántica profunda donde es posible encontrar su significado más universal. Como se puede observar, el mito se entiende como un relato que responde a una lógica del espíritu humano.

Algirdas-Julien Greimas articula en su obra las investigaciones de V. Propp y de C. Lévy- Strauss. Si el primero había descripto las estructuras comunes del cuento popular maravilloso ruso, Greimas mediante su gramática narrativa pretendió describir las estructuras en común que posee todo relato. En Semántica estructural (1971), señala que la base de esta disciplina se da por la articulación entre dos operaciones: la disyunción y la copulación. Ambas definen a cada sema como un rasgo semántico mínimo determinado por el análisis del significado. En relación con la narrativa, diferencia el análisis cualitativo de los personajes (o actores) de su análisis funcional, que es el que le interesa a los fines de una semántica estructural.30 En la medida en que el hacer

implica una serie de acciones hacia y a causa de los otros, el análisis funcional se define como actancial: dado un micro universo narrativo, la tarea del investigador es establecer las relaciones semánticas recíprocas que definen a cada actor y consecuentemente el sentido más general de su actividad de tal suerte que pueda incluirse en una categoría mayor. En efecto, las funciones

30 En un corpus determinado, “un dios cualquiera” -ejemplifica- puede considerarse por sus esferas de acción tanto como por su

aspecto moral. En el primer caso, se atiende a lo que hace (o lo que se dice que hace). En el segundo, a sus atributos.

posibles de los actores son limitadas y definen una estructura única de relaciones actanciales. En cambio, sus cualidades son innumerables y dado que no afectan a la estructura, no tienen interés para este tipo de análisis.31 Su modelo determina tres pares de actantes (Sujeto/Objeto, Ayudante/Oponente y Destinador/Destinatario), articulados entre sí por medio de cuatro

funciones fundamentales (el Contrato, la Prueba, el Desplazamiento y la Comunicación).32

En Del sentido. Ensayos semióticos (1989), A. Greimas se preocupa por describir la construcción del significado. Para ello formula el cuadrado binario que permite establecer la estructura profunda de la significación narrativa a través de un sistema de oposiciones entre elementos contrarios y contradictorios: el significado -sostiene el autor- no es inherente a cada elemento aislado sino que se construye entre elementos contrarios (por ejemplo, bueno/malo) y

contradictorios (bueno/no bueno y malo/no malo). En su sintagmatización, la organización entre

opuestos genera una estructura elemental narrativa como la que se describió anteriormente. Por lo tanto, puede afirmarse que -como sostiene C. Lévy Strauss- la organización sintáctica de la estructura elemental solamente es posible a partir de una estructura semántica en la que las unidades cobran su significado paradigmático. En conclusión, el llenado narrativo elemental particular es posible solamente a partir de una organización profunda en la que los distintos componentes configuran sus sentidos a través de una vasta red de relaciones de oposición.

En “Introducción al análisis estructural del relato”, Roland Barthes (1980) desarrolla un

31 La diferencia entre actores y actantes es similar a la que realiza V. Propp. Mientras que los primeros equivalen a los distintos

personajes (con sus atributos particulares), los segundos “son clases de actores, no pueden serlo sino a partir del corpus de todos los cuentos” (1971: 267). Un conjunto de actores integra un relato; un conjunto de actantes, un género (como el cuento popular ruso en la investigación de Propp).

32 Estas funciones no son azarosas sino que responden a una combinatoria fija según la siguiente lógica narrativa: el Sujeto se

encuentra unido a su Objeto a través del eje de la Búsqueda. A la vez, el Destinador designa ese Objeto para un Destinatario. Por lo tanto, este último par se encuentra unido por la Comunicación. La organización se completa por la intervención de los circunstantes: el Sujeto cuenta con la colaboración del Ayudante y el enfrentamiento del Oponente. Es de destacar que el Sujeto establece un contrato con el Destinador y es esta función inicial la que pone en movimiento al relato (o lo inicia), al permitir el Desplazamiento hacia el Objeto. Como se deduce, la estructura determina dos ejes horizontales y uno vertical. El primero horizontal está integrado por el Destinador, el Objeto y el Destinatario, mientras que el segundo lo está por el Ayudante, el Sujeto y el Objeto. El eje vertical une al Sujeto con el Objeto: la Búsqueda se define por el Deseo del Sujeto.

modelo deductivo que le permita trazar una estructura universal para todos los relatos. Para ello, descompone el análisis del relato en tres niveles jerárquicos; de inferior a superior: el nivel de las

funciones, el de las acciones y el de la narración. El primero propone una descripción sintáctica

de las posibilidades combinatorias que permiten construir un relato a través de sus funciones o

unidades.33 En el nivel de las acciones, describe los personajes en relación con las acciones que

deben llevar adelante, a la manera de V. Propp y de A. Greimas. En el nivel de la narración, el autor diseña las cuestiones vinculadas con la enunciación y el modo del relato, es decir, con la comunicación.

En un estudio posterior, S/Z, R. Barthes (2000) señala una crítica y a la vez una autocrítica a las perspectivas estructuralistas. Este trabajo suele ser incluido en el postestructuralismo debido a que el autor sostiene que el análisis ya no garantiza significados únicos que el lector modélico -el investigador- descubre y describe (por ejemplo, una estructura universal), sino que los significados se consideran como construcciones (o estructuraciones) caracterizadas por la inestabilidad. El investigador señala también su intención de “devolver a cada texto no su individualidad, sino su juego, recogerlo -aun antes de hablar de él- en el paradigma infinito de las diferencias, someterlo de entrada a una tipología fundadora, a una evaluación” (2000: 1). Este propósito lo logra a través de una lectura detenida de Sarrasine, una novela breve de Honoré de Balzac. Su lectura es absolutamente creativa a tal punto que el contenido original -aquel que puede reconocerse como acuerdo básico de sentido- queda prácticamente irreconocible.

33 Estas son de dos tipos: las distribucionales (sintagmáticas y relacionadas con el hacer) y las integradoras (también integradas al

sintagma, pero a su vez establecen relaciones de dependencia con los dos niveles superiores). Una unidad distribucional es “todo segmento de la historia que se presente como el término de una correlación” (1980: 12) y se divide a su vez en funciones núcleo o cardinales -“auténticos nudos del relato” (1980:15)- y catálisis, de carácter complementario. Las funciones cardinales inauguran o clausuran una alternativa consecuente para la continuidad de la historia. Un conjunto de ellas conforma una secuencia narrativa, que empieza o termina cuando ninguna función cardinal pueda atribuirse como antecedente o consecuente de la anterior o de la siguiente. Las funciones integradoras por su parte se dividen en indicios e informantes. Los primeros remiten a un carácter, a un sentimiento o a una atmósfera, mientras que los segundos son datos puros de espacio y de tiempo.

De S/Z interesa destacar en primer lugar la diferencia entre los textos legibles (los que se instituyen como clásicos) y los escribibles (en su mayoría modernistas). Los primeros son productos: su significado está dado por las instituciones de la cultura y el lector se constituye de alguna manera en un decodificador. Los segundos, por el contrario, requieren de la actividad creativa del lector (no solo de su capacidad decodificadora) ya que carecen de un significado único: son polisémicos. Por eso, son escribibles: la actividad de la lectura es fundamentalmente una re escritura de la obra.

En segundo lugar, importa el modelo de análisis de lectura-escritura (o reescritura) que utiliza en Sarrasine. Para ello, divide el texto en un cierto número de segmentos significativos o

lexias, según la terminología lingüística de Bernard Pottier. Estas unidades (exclusivas de cada

texto en particular) son bastante fortuitas: el autor explica que podrían ser otras. A ellas, les aplica cinco códigos puramente interpretativos de lectura: el narrativo, el hermenéutico, el cultural, el sémico y el simbólico. La metodología propuesta no requiere que los cinco agoten su análisis en cada una de las lexias.34

En tercer lugar, el código hermenéutico resulta especialmente productivo para el análisis narrativo de ciertos relatos fuertemente institucionalizados, como los que a menudo conforman la programación televisiva de aire. Este código establece una relación entre lo que la intriga predestina en la puesta en relato y lo que se revela al final a través de una serie de procedimientos o argucias narrativas.35

“Introducción al análisis estructural del relato” y S/Z pueden pensarse como

34 De hecho, como señala el autor, todo significa sin cesar y muchas veces. Por eso, el trabajo resiste la descripción de

estructuras, se define a sí mismo como incompleto y se opone a la formulación de conclusiones.

35 Estas son la trampa (en tanto una omisión o un engaño al lector), la equivocación (que hace más complejo el enigma), la

respuesta parcial (que exacerba el deseo de conocer la verdad), la respuesta suspendida (como la detención sorpresiva de un conocimiento inminente) y el estancamiento (una aparente imposibilidad de resolver el enigma).

complementarios, en la medida en que el significado de uno solo puede construirse en oposición al del otro. R. Barthes formaliza en ambas obras dos modelos de análisis: el que apuesta a la estructura a través de la imposición del sentido del lector modelo y el que privilegia el procedimiento de la lectura (o de su juego) como un acto creativo irrepetible. Liberando al lector de su modelo, Barthes inaugura el pasaje del significado a la significación y clausura la hegemonía del estructuralismo en la narratología.