Si, para la narratología, la narración equivale al acto de contar, es necesario identificar y caracterizar al narrador y al narratario en el relato, y diferenciarlos del autor y el lector (o el
espectador) implícitos. Ambos pares conceptuales permiten establecer los niveles de sentido del
relato y de la narración:
- el primer par responde a la voz y la escucha del relato, como participantes directos o indirectos -pero siempre internos e imprescindibles- de su narración.
- El segundo par se corresponde con una voz y una escucha siempre exteriores e inferenciales, vinculadas entre sí a través de la cooperación, y que se manifiestan por ejemplo a través de la evaluación y el comentario de lo que el primer par configura.
40 Si bien, por ejemplo, la presencia de la primera persona en una frase es una marca evidente de la enunciación (y del discurso,
según É. Benveniste), lo es también en otra frase el uso del pasado (propio de la historia), ya que ambas implican el procedimiento de la narración marcando en un caso el “yo que dice que habla” y en el otro, la anterioridad de la historia respecto del discurso.
41 Los conceptos de voz y escucha (y en menor medida, los de tiempo, aspecto y modo) son de procedencia lingüística. Su
aplicación a los sistemas semióticos no verbales los convierte en metáforas tan claras como generales. Su utilización en el análisis de la narrativa audiovisual de orientación narratológica hoy se generalizó y devela la impronta literaria que, a su propio pesar, caracterizó a esta disciplina. De todas formas, su aplicación al estudio de la televisión requiere de algunos ajustes que realizaré en el Capítulo N.º 2.
Existen numerosas definiciones sobre narrador/narratario y autor/lector implícitos, pero todas adoptan necesariamente las perspectivas enunciativas, por lo cual resultan complementarias y no contradictorias.
Respecto del narrador, Gerald Prince (1987) afirma que es aquel que narra, en cuanto inscripto en el texto. M. Bal (1998) lo define como el agente que emite los signos lingüísticos que constituyen el texto. Es decir que el narrador enuncia lenguaje: “Mientras haya lenguaje, tendrá que haber un hablante que lo emita: mientras esas emisiones lingüísticas constituyan un texto narrativo, habrá un narrador, un sujeto que narra.” (1998: 126 y 127). En este sentido, el narrador siempre es interior, es decir una primera persona que pone en evidencia u oculta su presencia, como sugiere É. Benveniste. Pero además, en la medida en que el narrador dice, su función no es solo narrar: también selecciona, ordena, comenta, evalúa y toma o no distancia de las diferentes circunstancias del relato. G. Genette (1989) considera que el narrador es el encargado de manipular los materiales y que el verbo es el elemento fundamental del relato (como ocurre en la frase), aunque en este se encuentra desplegado. Evalúa entonces las cuatro categorías gramaticales: la voz, el tiempo, el modo y el aspecto, y las reformula para su aplicación al relato: la voz se corresponde con quien cuenta la historia, el tiempo expresa las relaciones entre la historia y el relato, el modo hace referencia a la perspectiva y la distancia desde donde se cuenta, y el aspecto menciona el carácter durativo de la acción. Identifica luego tres tipos de narradores, según su grado de participación en lo que se cuenta: el autodiegético, el homodiegético y el
heterodiegético.42
Por su parte, el narratario es el destinatario narrativo del relato. Como ocurre con el
42 El primero narra una experiencia como su personaje central. El segundo es una figura intermedia en la medida en que refiere
los hechos como si los hubiera presenciado o se los hubieran contado y sin que su intervención en ellos sea capital. El tercero narra sin implicarse como personaje. Esta tipología completa la afirmación de M. Bal acerca de que todo narrador es un narrador de primera persona.
narrador respecto de la primera persona, siempre es una segunda persona, esté o no esté incluido explícitamente en el relato.
Wayne Booth (1974) introduce un segundo agente: el autor implícito o segundo yo del
autor, que es el responsable de los conceptos ideológicos y morales de un texto (sea este
narrativo o no).43 En esta línea de análisis, entonces, también corresponde diferenciar al
narratario del lector implícito entendido este último como la imagen que el lector empírico construye de sí mismo. Umberto Eco (1999) investiga especialmente el problema del lector que el texto prevé como agente indispensable en la construcción narrativa. Este lector modelo (o implícito) -a diferencia de W. Booth- es una construcción del autor implícito. Pero en coincidencia con él, deslinda ambos agentes del problema del narrador y del narratario. Para ello, retoma las investigaciones realizadas por el lingüista Louis Hjelmslev (1971) sobre los planos del contenido y de la expresión, y define en primer lugar, a la trama como la forma del contenido, a la fábula como su sustancia y al discurso como la expresión de la trama y la fábula. Estas últimas -como se verá más adelante en T. Van Dijk-, a diferencia del discurso, no son cuestiones de lenguaje, ya que pueden ser traducidas a otros sistemas semióticos (como ocurre, por ejemplo, con las transposiciones de la literatura al cine). En segundo lugar, destaca la actividad de
cooperación interpretativa que el autor implícito supone que debe realizar el lector modelo para
hacerlo inteligible; por ejemplo, cuando se presenta una elipsis o a través de la hipotiposis o dilación sugerida. En ambos casos, el lector modelo debe realizar una actividad de inferencia, necesaria entre otras razones por las relaciones que la trama y el discurso establecen con la fábula. Desde este punto de vista, el lector modelo es una estrategia textual (que el texto prevé e
43 En otras palabras: el autor implícito es una construcción que el autor empírico hace de sí mismo. Como se verá más adelante,
esta diferencia es de mucha utilidad en la narrativa de no ficción.
incluso crea) capaz de establecer relaciones semánticas.
La descripción de U. Eco impide cualquier tipo de confusión entre narrador/narratario y
autor/lector implícitos (o modelos), en la medida en que el primer par corresponde al nivel de la
comunicación narrativa interna y el otro, a un segundo nivel o voz /escucha internos/externos.44