Como aclaración metodológica inicial, es necesario contextualizar la presente tesis dentro del camino planteado por la Dra. María Luisa Sevillano García para la investigación de procesos y prácticas educativas en vinculación con la comunicación. Sevillano García (2008) propicia establecer "como tarea (...) la intervención y el refuerzo de las siguientes competencias:
Competencia analítica‐crítica, capacidad de establecer juicios y valoraciones de diferentes informaciones transmitidas, sobre todo diferenciar entre realidad y ficción en las presentaciones mediáticas.
actualmente acusada p or “apropiación de d os niños, hijos de det enidos desaparecidos durante l a úl tima Dictadura cívico-militar (1976-1983)”.
189 Competencia selectiva, capacidad de búsqueda de estrategias de elección para encontrar y juzgar determinadas informaciones.
Competencia productiva y de elaboración. Desarrollo de la capacidad para elaborar medios informativos y utilizar en ellos las nuevas tecnologías para producir un texto propio y transmitirlo".
La importancia de plantear la postura epistémico‐metodológica de toda investigación reside no sólo en caracterizar los modos en que vamos a recorrer el camino, sino que fundamenta la totalidad del proceso desde las primeras reflexiones y aproximaciones hasta el diseño y construcción de nuestro objeto.
Alcanzar la materialidad de las cosas implica un proceso de producción por parte del investigador. Lo material es una instancia a la que tenemos acceso desde lo simbólico. El paradigma interaccionista plantea una manera de producir conocimientos fundamentada en la interconexión de elementos en donde la tarea del investigador es asociarlos para producir un conocimiento de ellos que antes se presentaba como disociado. Al vincular e interpretar se persigue una comprensión a través de una estrategia compartida, consensuada. Esto se torna relevante para lograr la fidelidad en la interpretación como fuerza motora para transformar aquello que se entiende y poder arribar a nuevos conocimientos, más profundos, que permitan discernir lo que está pasando con lo estudiado. Esta interpretación aspira a “encontrar lo distintivo, lo propio, lo que diferencia aquello que estamos explorando del conjunto que está integrando” (Orozco Gómez, 1996: 34‐35)
En las ciencias sociales: “la mirada se ubica no sobre el mundo objetivo sino en el contexto de la vida que tiene una relación de copresencia con el mundo objetivo. De esta manera, el método para conocer ese mundo de la
190 vida no puede ser la observación exterior de los fenómenos, son la comprensión de las estructuras significativas del mundo de la vida por medio de la participación en ella, a fin de recuperar la perspectiva de los participantes y comprender el sentido de la acción en un marco de relaciones intersubjetivas” (Vasilachis de Gialdino, 1995: 48).
El Interaccionismo simbólico es una corriente de pensamiento microsociológica, relacionada con la antropología y la psicología social que basa la comprensión de la sociedad en la comunicación y que ha influido enormemente en los estudios sobre los medios. De acuerdo con Herbert Blumer (Blumer, 1982) que acuña el término interaccionismo simbólico en 1938, retomo algunas de sus principales premisas que plantean que las personas actúan sobre los objetos de su mundo e interactúan con otras personas a partir de los significados que los objetos y las personas tienen para ellas. Es decir, a partir de los símbolos.
El símbolo permite, además, trascender el ámbito del estímulo sensorial y de lo inmediato, ampliar la percepción del entorno, incrementar la capacidad de resolución de problemas y facilitar la imaginación y la fantasía. También que los significados son producto de la interacción social, principalmente la comunicación, que se convierte en esencial, tanto en la constitución del individuo como en (y debido a) la producción social de sentido. El signo es el objeto material que desencadena el significado, y el significado, el indicador social que interviene en la construcción de la conducta. Las personas seleccionan, organizan, reproducen y transforman los significados en los procesos interpretativos en función de sus expectativas y propósitos.
Por otra parte, la distinción entre conducta interna y externa presupone que el individuo se constituye en la interacción social (formación del yo social autoconsciente), y que no es posible entender el yo sin el otro ni a la inversa, y que los grupos y la sociedad se constituyen sobre la base de las interacciones simbólicas de los individuos al tiempo que las hacen posibles.
191 El paradigma interaccionista surge como respuesta a las tradiciones positivas e interpretativas y pretende superar el reduccionismo del primero y el conservadurismo del segundo, admitiendo la posibilidad de una ciencia social que no sea puramente empírica ni sólo interpretativa. En el paradigma interaccionista al igual que en el hermenéutico, no importa arribar a un conocimiento objetivo, lo importante es ver qué elementos están interconectados con otros y están interactuando para producir algo, lo importante es ver las conexiones entre unos y otros. El trabajo del investigador desde esta perspectiva es asociar ciertos elementos para producir un conocimiento, que antes estaba o se presentaba como disociado; se les conecta de alguna manera y se produce un conocimiento distinto.
El interaccionismo simbólico es una de la orientaciones metodológicas que comparten las ideas básicas del proceso hermenéutico, o interpretativo. Trata de comprender el proceso de asignación de símbolos con significado al lenguaje hablado o escrito y al comportamiento en la interacción social. Según Williams (1999), el interaccionismo simbólico se puede considerar como la escuela más influyente y exitosa de sociología interpretativa, si este éxito lo evaluamos por el volumen de trabajos empíricos publicados y por la integración de la teoría y el método.
En general, la reflexión de los interaccionistas simbólicos –como la de cualquier autor que considera la mente humana como una dotación cuya naturaleza es esencialmente hermenéutica (Heidegger, 1974)– define el análisis de la acción humana, de cualquier acción humana, como “una ciencia interpretativa en busca de significado, no como una ciencia experimental en busca de leyes” (Geertz, 1983: 5). Sin embargo, esta orientación constructivista no es necesariamente antirrealista, es decir, uno puede sostener razonablemente que los conceptos e ideas son inventados por el ser humano, y, no obstante, mantener que estas invenciones corresponden a algo en el mundo real. Quizá, la mejor síntesis de este proceso dialéctico que se da entre el mundo exterior y nuestra realidad interna, la expresó Piaget, al
192 describir los dos procesos básicos de asimilación (de lo externo en sí mismo) y de acomodación (de uno mismo a lo externo). Éste es un proceso “hermenéutico‐dialéctico”, en el sentido de que es interpretativo al mismo tiempo que impulsa y estimula la comparación y el contraste entre diferentes construcciones hipotéticas de la realidad en un esfuerzo por lograr la mejor síntesis de la misma.
El Interaccionismo simbólico es una ciencia interpretativa, una teoría psicológica y social, que trata de representar y comprender el proceso de creación y asignación de significados al mundo de la realidad vivida, esto es, a la comprensión de actores particulares, en lugares particulares, en situaciones particulares y en tiempos particulares (Schwandt, 1994: 37).
Partiendo de esta perspectiva epistemológica, plantearé a este estudio como una investigación diagnóstica. Es decir aquella estrategia de producción de conocimiento acerca de determinada realidad con la particularidad de estar orientada por la voluntad consciente de modificar esa realidad.
La investigación diagnóstica es un proceso de conocimiento sistemático que busca comprender lo que sucede en un ámbito de trabajo determinado a partir de hechos o aspectos relevantes y/o problemáticos. La investigación diagnóstica es una herramienta para evaluar las prácticas sociales, orientada a tener un conocimiento sistemático sobre las mismas, para reconocer las fortalezas y debilidades que luego serán retomadas en la planificación, entendida ésta como estrategias destinadas a generar modificaciones en la comunicación que ayuden a producir cambios positivos en el grupo, la comunidad o la institución. El diagnóstico de la comunicación es una forma de evaluación que implica (Prieto Castillo, 1988: 19) “leer situaciones sociales desde lo comunicacional, leer entonces situaciones de comunicación”.
Esto supone que existe una mirada específica desde la comunicación que permite una lectura también específica de las prácticas sociales. Si el
193 diagnóstico es, por empezar, una estrategia de producción de conocimiento, implica una perspectiva epistemológica pues comprende modos de conocer, modos de conceptualizar, métodos de estudio, de investigación y de enseñanza para abordar el objeto. Para referirnos a este último punto tomaremos algunas ideas de la hermenéutica filosófica de Hans‐Georg Gadamer. Estas nos permiten introducir elementos para desarrollar una idea de racionalidad más amplia que la de la estrecha objetividad científica.
El pensamiento hermenéutico (Gadamer, 2002: 69) entiende que siempre, indefectiblemente, la pertenencia del hombre a un mundo precede a toda objetivación posible. Toda comprensión tiene un carácter condicionado y “prejuicioso”. En tanto y en cuanto somos seres finitos, debemos tener en cuenta siempre los condicionamientos históricos de cada una de nuestras ideas. Existe un vínculo ineludible que nos liga con el pasado, con la tradición, con la historia y con el lenguaje. Teniendo en cuenta lo dicho en los párrafos anteriores, podríamos entonces decir que el diagnóstico entendido como estrategia de producción de conocimiento es, al igual que todo conocimiento, la recreación de una tradición a través de las interpretaciones que desde nuestra situación histórica particular hacemos de ella. Cuando formulamos un diagnóstico estamos siendo interpelados por la situación particular que estamos conociendo pero también estamos interpretando esa situación particular desde una comunidad de sentido determinada. Asimismo, nuestros saberes se han constituido en el marco de una voluntad de saber que es epocal, y que se perpetua gracias a una serie de dispositivos de poder que legitiman, controlan y regulan la producción de conocimiento.
No sólo las ciencias sociales están determinadas por este círculo entre el intérprete del objeto y el objeto que pasa a ser parte del mundo del intérprete, sino que todo el conocimiento pasa a moverse dentro de esta circularidad, puesto que siempre hablamos desde algún lugar. La diferencia con otro tipo de perspectivas epistemológicas reside en que el objetivo no consiste en eliminar los propios presupuestos, ya que esta tarea es en cierta
194 medida imposible. Por el contrario el camino es la explicitación de las categorías de interpretación, no como elementos que hay que superar para llegar a la verdad, sino como un condicionamiento que es parte de la verdad misma.
El concepto de situación de comunicación también pertenece a Daniel Prieto Castillo y lo utilizamos porque nos permite dar el paso previo antes de hablar de manera directa sobre el diagnóstico desde la comunicación. La situación de comunicación es aquella que expresa y pone de manifiesto, como síntoma o manifestación, una compleja trama de relaciones. “Estamos insertos, desde que nacemos, en situaciones de comunicación.
La sociedad nos habla a través de múltiples discursos y nos va exigiendo que aprendamos a expresarnos de determinada manera y a referirnos a ciertos temas por encima de otros. Una situación de comunicación no se resuelve a través de algo tan pobre como aquello de un emisor que emite y un receptor que recibe. Estamos siempre inmersos en un todo significativo que se manifiesta por medio de distintos discursos, los cuales pueden contradecirse, sin dejar de pertenecer por ello al todo. Una relación de comunicación comprende las relaciones intrapersonales (yo conmigo mismo), grupales, sociales en general; las circunstancias económicas, políticas, culturales, el desarrollo de ciertas tecnologías, de ciertas formas de enfrentar y resolver los problemas de la naturaleza de la sociedad" (Prieto Castillo, 1999: 63).
En otras palabras, leemos situaciones sociales desde lo comunicacional. A través de saberes y herramientas que nos entrega la comunicación (teorías, métodos, discursos, estéticas, medios, sistemas, tecnologías, etc.) hacemos una mirada particular y específica sobre los procesos sociales. Leemos situaciones de comunicación en la trama de relaciones que los actores construyen en el espacio social. El concepto nos sirve tanto para analizar la sociedad en general, como para hacerlo en instituciones, organizaciones, comunidades o grupos de diversa índole. Tal
195 como lo indica el mismo autor “podemos hablar de situación de comunicación de un país, de una institución, de un proyecto, de una comunidad, de una familia incluso”. En cada uno de estos ámbitos se dan discursos predominantes, temas a los que prestar atención, recursos expresivos, estéticas. Todos estos elementos constituyen “síntomas” que pueden ser leídos comunicacionalmente. La situación de comunicación no es en sí misma, no se agota sobre sí misma. Una situación de comunicación es en un contexto y en un proceso. Es la institución y su sistema de relaciones, sus conflictos. Es también su historia, expresada en la memoria institucional. Es además su identidad, manifiesta en su filosofía y en las manifestaciones de la misma. La situación de comunicación es también su comunicabilidad, es decir, la forma de utilizar los medios y de acercarse a sus interlocutores. Es su imagen y la forma como la construye. Todos estos aspectos hacen a la situación de comunicación que constituye el objeto de estudio cuando realizamos un diagnóstico desde la comunicación.
En esta línea, diagnosticar la comunicación es también “pensar la cultura y la comunicación masivas como espacios claves para la producción de sentidos predominantes del orden social en tanto emisores y receptores, productores y consumidores negociarán allí sentidos, aunque la negociación se realice en términos desiguales ya que, mientras unos actúan en situaciones de poder, otros lo hacen desde posiciones subalternas” (Mata, 2000: 47).
Tomando en cuenta la perspectiva epistemológica elegida y una concepción relacional de la misma comunicación, diagnosticar desde la comunicación supone detener nuestra mirada en los aspectos constitutivos de dicha relación que se conforma en determinadas situaciones:
Los sujetos que entran en relación. Nos referimos a sus características, a sus modos de constituirse en términos de la relación que entablan (fines o motivaciones que pueden ser
196 explícitos o no); las situaciones que los han constituido como términos de esa relación, etc.
La naturaleza de la relación. Naturaleza del vínculo que se establece. Asimetrías del mismo. Modos en que se construye la legitimidad de los roles que representan, etc.
Modalidades de producción de sentido. Los productos y objetos culturales que se ponen en juego. Los momentos y espacios de emisión y recepción. Las mediaciones tecnológicas y sociales que intervienen en ambos casos, etc.
La significación de las prácticas comunicativas. Los resultados de la acción comunicativa. Rasgos culturales, conductuales, ideas predominantes, acuerdos o conflictos, sentido que adquieren para los sujetos que intervienen en ellas.
Lo que antes se presenta no es un itinerario ni un listado obligatorio, sencillamente porque cada situación exigirá nuevas miradas y renovadas formas de acercamiento. Cada persona o cada grupo encontrará nuevos aspectos para tomar en cuenta. Sin embargo, es bueno tomar en cuenta lo que no queremos hacer cuando decimos diagnóstico de la comunicación: mirar las prácticas comunicativas tratando de señalar y determinar emisores, receptores, canales y códigos utilizados. Esto sería traicionar lo que nos estamos proponiendo. Sería utilizar un modelo informacional de la comunicación que estamos considerando superado, no como práctica, sino como categoría interpretativa.
Diagnosticar la comunicación es analizar de manera sistemática el sentido que los actores producen en una determinada situación social, a partir de sus contextos y de sus propias historias personales que cobran sentido en el marco de una cultura. Esto se sustenta en el entendimiento de que la comunicación es un proceso de construcción y de apropiación de sentidos de la vida cotidiana, que abarca tanto las relaciones personales
197 como aquellas que están mediatizadas. Esta mirada relacional de la comunicación la comprende como un proceso de significación y producción de sentido en el que el intercambio informacional es sólo un aspecto más de cuantos están involucrados en el proceso. De esta manera, las prácticas comunicativas son comprendidas como espacios de interacción en los que se verifican procesos de producción de sentido.
Para proceder al diagnóstico de la comunicación centramos nuestra mirada en situaciones de comunicación. Toda situación implica un recorte de una realidad más amplia. Al mismo tiempo, en toda situación reconocemos características que aluden a procesos de transformación de la sociedad que, a la vez que trascienden a esa situación, la condicionan. Es decir: la situación se inserta en un contexto social más amplio que la condiciona. En el contexto situacional podemos reconocer elementos que, en mayor o menor medida, condicionan y determinan las restricciones, capacidades y posibilidades de los actores para producir eventos o acciones que se proponen en la situación. En una situación siempre podemos identificar actores. Cada actor explica, reconoce y comprende a su modo la situación. Toda explicación tiene un autor que es a la vez un actor que debemos identificar a la hora del análisis. El hecho de que cada actor tenga una comprensión distinta de la situación se debe, entre otros determinantes, a su historia, sus motivaciones, sus propósitos y su posición relativa dentro de la situación.
Existen muchas explicaciones de una misma situación. Generalmente, encontramos explicaciones no sólo distintas sino además contrapuestas de una misma situación. Es decir, encontramos explicaciones en conflicto, que pueden ser consideradas válidas en sí mismas a pesar de presentarse como contrapuestas y sin que por ello pueda afirmarse que todo es absolutamente relativo. Existen datos de la realidad, acontecimientos, que no admiten discusión. Sin embargo lo que a nosotros nos preocupa especialmente es la interpretación que cada actor le da a ese dato.
198 En síntesis: una explicación no es independiente de quien explica, para qué explica, desde qué posición explica y frente a quiénes explica. Una situación es un recorte de un escenario social más amplio. En toda situación podemos identificar características que son el resultado de la interacción de los actores que la integran y que experimentan en forma permanente conflictos y alianzas. Al introducirnos en la vida de una organización, un grupo o una comunidad, observaremos que cada actor identifica distintos problemas y potencialidades.