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Chapter 2   Microgrid Cyber-Physical Infrastructure 21

2.4   Physical Setup Description and Data Model 34

2.4.2   System Data Model 36

Patricia Doherty, EdD Pamela L. Enders, PhD

Es cuestionable qué tarto cualquier mujer en lo individual, antes del movimiento feminista, recibió ayuda o consejo de parte de la terapia individual. Lo que se volvió esencial fue que las mujeres se vieran a sí mismas en términos colectivos, no a nivel individual, no atrapadas en una especie de complot individual, erótico y familiar, que de manera inevitable encontraban incompleto... Sospecho que las narraciones femeninas se en- contrarán en el lugar donde las mujeres intercambien historias, donde lean y hablen de manera colectiva de ambiciones, posibilidades y logros.

Carolyn Heilbrun

Writing a Woman's Life.

INTRODUCCIÓN

No fue hace mucho tiempo que dos psicoanalistas, Karen Horney (1935) y Clara Thompson (1941), intentaron convencer a sus colegas de que consideraran la influencia de las actitudes y presiones culturales sobre la formación psicológica de las mujeres. El psicoanálisis tradicional rechazó esta orientación "culturalista" que experimentó un renacimiento en el decenio de 1970. En ese momento, la estructura social estaba suficientemente fortificada por el movimiento feminista

como para permitir que otros analistas iniciaran a partir de donde Horney y Thompson se habían quedado.

El poder del movimiento feminista dentro del contexto de la conmoción del decenio de 1970 hizo virar la atención de nuevo hacia el impacto de la sociedad y la cultura sobre el desarrollo psicológico de la mujer. Hoy en día es raro el psicoterapeuta que no considera, en cierto grado, los factores socioculturales en la evaluación y psicoterapia de un paciente, varón o mujer. Es importante señalar que la consideración de los factores socioculturales por sí solos es perjudicial para el paciente como lo es la exploración exclusiva de los factores intrapsiquicos. Al paciente se le brinda un mejor servicio cuando el terapeuta pone atención en:

Los factores socioculturales (el mundo en el que vive la persona)

Las experiencias interpersonales (la manera en que el individuo interactúa en

ese mundo).

La dinámica intrapsíquica (las motivaciones y conflictos que afectan las

interacciones del paciente y colorean sus percepciones).

Por supuesto, es erróneo pensar que estas son entidades discretas. Un enfoque más útil podría consistir en imaginar una pieza de tela de tres colores donde las diferentes hebras coloreadas contribuyen a la belleza e integridad del todo. En un momento, el observador podría apreciar más el tono azul que el rojo o amarillo; después, el amarillo parecerá más atrayente. Aun así, nunca podría dejar de percibir el impacto armonioso de la mezcla de los tres colores. De manera similar, al dirigir una psicoterapia o al desarrollar una teoría consideramos que el fracaso en tomar en cuenta los tres factores (sociocultural, intrapsíquico e interpersonal) dará por resultado una comprensión incompleta del paciente.

La psicoterapia de grupo proporciona un ambiente ideal en el cual ver, explorar, comprender y trabajar a través de los tres factores que se mencionan antes. Dado que el grupo representa un microcosmos de la sociedad, se verán surgir los prejuicios socioculturales, lo que permite a la paciente experimentar estas restricciones dentro del grupo, reconocer si ha participado en que se perpetúen estos prejuicios y cómo lo ha hecho y descubrir nuevas maneras de comprender y enfrentarse a estas presiones. El siguiente ejemplo de caso ilustra la forma en que un paciente tuvo que enfrentarse a sus ideas preconcebidas acerca de la homosexualidad:

Caso 1

Tanto la señorita A como el señor B entraron al mismo tiempo al grupo y formaron con rapidez un fuerte lazo. Después, cuando la señorita A "salió del closet" dentro del grupo, el señor B dijo, "No se cómo relacionarme contigo ahora que sé que eres una lesbiana". La señorita A insistió que aun era la misma persona. Después de un momento de silencio, el señor

dijo, "Pienso que eso me hace sentir rechazado como varón... siento que si fuera un mejor varón te gustaríamos (los varones) más".

La dimensión interpersonal se aviva en los grupos a medida que el paciente interactúa con otros miembros y con el líder de grupo. Estas interacciones pueden comprenderse y atenderse desde varias orientaciones teóricas, incluso el enfoque del aprendizaje interpersonal defendido por Yalom (1970) y la teoría de las relaciones objétales. Un grupo puede proporcionar un contexto más amplio en el que pueden analizarse los problemas intrapsiquicos del paciente.

En este capítulo, 1) se presentará una breve revisión histórica del desarrollo psicológico de la mujer, 2) se considerará la aplicación de la teoría actual al trabajo con mujeres dentro de terapia de grupo, 3) se explorarán las ventajas y desventajas de los grupos homogéneos contra los heterogéneos y 4) se atenderá al papel de la mujer que es líder.

DESARROLLO PSICOLÓGICO DE LA MUJER

La señora de la,casal

Algunas mujeres se casan con casas. Es otro tipo de piel; tiene un corazón, una boca, un hígado y movimientos intestinales. Las paredes son permanentes y rosas.

Ve como se sienta sobre sus rodillas el día entero, limpiándose fielmente a sí misma.

Los hombres entran por la fuerza, arrastrados corno lonas dentro de sus carnosas madres.

Una mujer es su propia madre. Eso es lo principal.

El poema de Anne Sexton (1981) transmite el aislamiento y enajenación de algunas amas de casa, pero también captura, en unas cuantas líneas, aquello con lo que los teóricos han luchado en varios libros; es decir, la compleja relación entre un varón y una mujer y entre varones, mujeres y sus madres. Dado el actual ambiente sociocultural, a la mujer aún se le ve, de parte de ella misma y de los demás, como un objeto y no como un sujeto con su propio sentido de autoridad y albedrío. Es fácil ver qué tan difícil puede ser para una mujer el que se le juzgue sano en términos mentales.

I "House-fui/1"de MI My Pretty Ones de Anne Sexton. Copyright ©, 1962 de Anne Sexton.

El diagnóstico y evaluación dependen, en parte, de la inclusión consciente o inconsciente del análisis del rol de género. Por tradición, una mujer "normal" (al menos una mujer blanca, de clase media, en Estados Unidos) es aquella que exhibe conductas y rasgos como son capacidad nutricia, obediencia, de - pendencia, pasividad, ambivalencia acerca de su sexualidad con el deseo de ser deseada pero con un temor a desear de modo activo, un fuerte deseo de complacer a los demás y una tendencia a enfocarse en las relaciones interpersonales (Brown, 1986).

A pesar de que estas cualidades y conductas son lo que la sociedad occidental ha asociado por tradición con las mujeres, la imagen se complica cuando se considera la teorización dicotómica dentro de la comunidad psicoanalítica, que por lo general percibe al desarrollo como una progresión lineal de la dependencia a la independencia y que considera que la separatividad es el pináculo de la salud mental. El deseo y la capacidad individuales para formar vínculos se relegan a un menor nivel en la jerarquía de la salud (Spieler, 1986). ¿Dónde deja esto a las mujeres?

De acuerdo con Susan Spieler (1986) y a otras investigadoras (Chehrazi, 1987, Zilbach, 1987), la teoría de personalidad de Freud es androcéntrica y, por tanto, "el sentido femenino del sí mismo se ve como incapacitado en esencia porque no es masculino" (Spieler, 1986, página 34). En pocas palabras, Freud consideraba que la niña, como el niño, tiene una sexualidad primaria mascu lina (fálica) pero que la niña, que carece de pene y tiene sólo un clítoris, experimenta envidia del pene y se siente inferior. Se vuelve pasiva, masoquista y narcisi sta (Deutsch, 1945) y culpa a su madre por su inferioridad genital. Rechaza a la madre y se vuelve hacia el padre, que posee el pene mágico. La niña no desarrolla un superyó fuerte porque no sufre de ansiedad de castración (ya fue castrada). El deseo de tener un hijo del padre es, de acuerdo con Freud, un sustituto del verdadero premio, su pene. El deseo por un embarazo se comprende como un derivado de la envidia del pene y no como una identificación con la madre como fuente primaria de nutrición (Bernstein y Warner, 1984).

La teoría de Freud acerca de la sexualidad femenina ha recibido fuertes críticas de sus coetáneos y de nuestros contemporáneos. Charlotte Perkins Gilman se refirió al trabajo de Freud como un renacimiento de la "adoración fálica" (Donovan, 1985), mientras que Karen Horney (1926) rechazó la impor - tancia que representaba la envidia del pene en el desarrollo femenino. Horney (1926) también afirmó que los varones experimentan envidia de las capacidades reproductivas de la mujer. Clara Thompson (1942) consagró su trabajo de manera específica a la importancia de las influencias culturales en los problemas de personalidad y dijo que la envidia del pene es el resultado del gran prestigio y poder de los varones en nuestra sociedad:

He señalado que las características y sentimientos de inferioridad que Freud consideró que eran específicamente femeninos y determinados de manera biológica pueden explicarse como desarrollos que surgen y

crecen de la situación histórica de falta de privilegios, restricción del desarrollo, actitud poco sincera hacia la naturaleza sexual y dependencia económica social de la muier occidental. La naturaleza básica de la mujer aun es desconocida. (página 339)

La mayor parte de las primeras contribuciones teóricas se basaron en hipótesis acerca del desarrollo infantil generadas por el material clínico de análisis con adultos, que en general realizaban varones. La observación de recién nacidos era rara y faltaban estudios empíricos. La creencia de que la vía del desarrollo era la misma para niños y niñas (es decir, que era masculina en esencia para ambos) persistió a pesar de una cuantas voces disidentes.

El decenio de 1960 anunció nuevas ideas que se basaron en la observación de niños. Stoller (1968) introdujo el término "identidad nuclear de generó', el sentido de ser niña o niño, que ocurre mucho antes de que dé inició la fase fálica en el desarrollo psicosexual. La identidad nuclear del género se forma mediante fuerzas biológicas, sociológicas y psicológicas. Esta investigación puso en duda el concepto de Freud acerca,cle qué tanto las niñas como los niños comenzaban como "hombrecitos".

Algunos clínicos y teóricos propusieron una línea independiente de desarro - llo para las mujeres (Miller, 1976; Gilligan, 1982; Jordan y Surrey, 1986; Stiver, 1986; Zilbach, 1987), que enfatizó la importancia de las relaciones, afiliación, prestación de cuidado e interconexión. A pesar de que concuerda con que estas cualidades son, de hecho, críticas para las mujeres, Zilbach (1987) bus có un concepto femenino equivalente con el poder del concepto masculino de falo. Le llamó "absorción activa". Desde su punto de vista, existe un centro de femineidad nuclear o primaria que se transforma a través del tiempo, en las interacciones sociales y familiares, en características de capacidad nutricia, adopción del amor, afiliación e interrelación.

Jordan y Surrey (1986) utilizaron el término "sí mismo en relación" para describir su idea, que tiene como su tesis central el concepto de que "las mujeres organizan su sentido de identidad, encuentran significado existencial, logran un sentido de coherencia y continuidad y se sienten motivadas dentro del contexto de una relación" (página 102). Carol Gilligan resumió esta idea y comparó a los varones con las mujeres al señalar que la masculinidad se define a través de la separación, mientras que la femineidad se define a través de la vinculación.

Ciertamente, un problema obvio con cualquier estructuración dicotómica de la afiliación y nutrición contra la autonomía y el logro es la implicación de que los varones no encuentran significado dentro del contexto de las relaciones (Lerner, 1988). Las generalizaciones e interpretaciones inadecuadas son tanto una problemática para las feministas como lo son o han sido para los teóricos tradicionales. Sin embargo, estas mujeres han ayudado a poner en tela de juicio una tendencia a patologizar al desarrollo femenino y han ofrecido una perspec - tiva más positiva de la díada madre—hija. Pero es justo este interés en la díada madre—hja la que representa un problema para Lerner, quien considera que

necesita conceptuarse al desarrollo como algo que tiene lugar dentro de un sistema que incluye a varios individuos, no sólo a dos. Aumentar el campo de acción del desarrollo de un modelo diádico a uno sistémico encaja bien dentro de la terapia de grupo, donde se puede atestiguar una recreación de las innumerables relaciones vitales. Sin una apreciación del sistema familiar, Lerner se preocupaba de que de la misma manera en que podría alabarse a las madres por sus capacidades nutricias, así también se les podría castigar por su fracaso en nutrir de manera correcta.

Chodorow (1978) escribió de manera extensa sobre este tema en su libro Reproduction of Mothering, en el que discute el problema inherente a la sociedad donde las mujeres realizan la mayor parte del cuidado materno. El hijo puede percibir a la madre como una extensión narcisista cuya única razón de existencia es la de gratificar las necesidades y deseos del niño. Entonces, a la madre (mujer) se le verá como el otro o el objeto. Es raro que se le vea como sujeto, como alguien con su propio conjunto de necesidades, deseos, motivaciones e ideas. Es probable que los varones y mujeres alberguen la perspectiva de que las mujeres son objetos, no sujetos. Después se verá la manera en que la terapia de grupo puede proporcionar una: oportunidad para que ambos sexos vean a las mujeres como sujetos con su propio sentido de albedrío y autoridad. En otras palabras, la terapia de grupo puede facilitar la desmitificación de las mujeres.

Jessica Benjamín (1988) incorporó parte del pensamiento de Chodorow junto con la investigación de Daniel Stern (1985) en su trabajo acerca de la intersubjetividad. Como Chodorow, Benjamín estaba preocupada con el nivel de cuidado materno femenino y con el fracaso en ver a las mujeres como sujetos. Destacó qué tan importante es para el niño reconocer a la madre como un sujeto independiente en lugar de un objeto de vinculación o del deseo. Para esta autora (1988), el reconocimiento es central para la existencia humana: "... reconocer es afirmar, validar, admitir, conocer, aceptar, comprender..." (página 15). El reconocimiento mutuo es crucial para el punto de vista intersubjetivo porque implica que se tiene una necesidad de reconocer al otro como una persona independiente que es como uno mismo pero que, a su vez, es distinto. "El reconocimiento que busca el niño es algo que la madre puede dar sólo en virtud de su identidad independiente" (Benjamín, 1988, página 24). La madre no debe ser sólo un espejo sino que debe englobar a un otro independiente que responde en su propia manera diferente.

De acuerdo con Benjamin (1988), el punto de vista intersubjetivo se refiere a lo que sucede en el campo del si mismo y del otro, pero advirtió que "sin el concepto intrapsíquico de inconsciente, la teoría intersubjetiva se vuelve unidimensional, porque es sólo contra el fondo del espacio privado de la mente que el verdadero otro se presenta en relieve" (página 21). También señaló: "Afirmar cualquier cosa más en favor de-la intersubjetividad llamaría a un triunfo de lo externo... un psicoanálisis de relación debería dejar lugar para el confuso lado intrapsíquico de la creatividad y la agresión..." ( Benjamín, 1990, página 45).

La teoría de subjetividad como la define Benjamín parece que incorpora, de muchas maneras, los tres factores que, de inicio, se consideraron importantes en el presente capítulo: el sociocultural, interpersonal e intrapsíquico. Ahora se mostrará la manera en que esta teoría de subjetividad se aplica a la comprensión del modo en que las mujeres interactúan dentro de la psicoterapia de grupo y pueden beneficiarse de ella.

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