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Chapter 5   Smart Grid Modeling and Simulation 90

5.2   Hybrid simulation toolbox 96

No es sorprendente que los comunitarios de hoy, al igual que los neoconservadores de ayer, eligieran a John Rawls como su blanco principal. En efecto, desde su publicación en 1971, A Theory of Justice ha sido aclamada como un obra magistral que inauguraba un «nuevo paradigma liberal».36 Este paradigma «deontólogico» o «basado en

derechos» ha puesto fin a la indiscutible supremacía del utilitarismo en la reflexión teórica anglosajona, y cualquier crítica al liberalismo debe toparse con lo que se considera su elaboración más avanzada.

La posición de Rawls ha evolucionado sustancialmente desde la publicación de su libro,37 lo cual plantea ciertos problemas relativos a

la coherencia de su teoría y a la hora de juzgar las críticas que se le han dirigido. A Theory of Justice implicaba que Rawls buscaba un algoritmo de la opción racional, un punto de apoyo que garantizara el carácter universal de su teoría de la «equidad» [fairness]. Su problema consistía en determinar qué principios de justicia eligirían las personas libres y racionales, si se las colocara en condiciones de igualdad, para definir los términos fundamentales de su asociación. Luego declaró que sólo quería elaborar una concepción de justicia para sociedades democráticas modernas, empezando por las intuiciones comunes de los miembros de esas sociedades. Este objetivo era la articulación y la explicitación de las ideas y principios latentes en nuestro sentido común; por tanto, no habría pretendido formular una concepción «verdadera» de justicia, sino más bien

36 John Rawls, A Theory of Justice, Cambridge, Mass., 1971.

37 Hay dos artículos que ponen particularmente de manifiesto esta evolución de Rawls: «Kantian Constructivism in Moral Theory», The Journal of Philosophy, vol. LXXVII, n'' 9, septiembre de 1980, y «Justice as Fairness: Political not Metaphysical»,

proponer los principios válidos para nosotros, en función de nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestras aspiraciones y nuestra manera de concebir la identidad.38

Contrariamente al utilitarismo, Rawls no concibe la persona como un individuo puro y racional en la busca exclusiva de su propio bienestar, sino como una persona moral no sólo capaz de acción «racional» (entendida como acción instrumental en interés propio), sino también de lo que él llama acción «razonable», lo cual implica consideraciones morales y un sentido de justicia en la organización de la cooperación social. Es un método que este autor denomina «constructivismo kantiano», para indicar que opera con una concepción la persona semejante a la kantiana, como persona moral libre e igual.

Para un liberal de tipo kantiano como Rawls, que defiende una forma de liberalismo en la que el derecho no debe depender de concepción utilitarista alguna, es importante que lo que justifica el derecho no sea la maximización del bienestar general, ni ninguna otra concepción particular del bien, y que la defensa de los deseos individuales tenga prioridad respecto del bienestar general. Por esto afirma que lo razonable debe tener prioridad sobre la racional, pues la exigencia de términos equitativos de cooperación debe marcar las fronteras de libertad que ejercen los individuos en la definición y persecución de sus intereses propios. Esto quiere decir que habrá «prioridad del derecho sobre el bien», lo que equivale a decir un marco de derechos y de libertades fundamentales por encima de las

diferentes concepciones del bien permitidas a los individuos.39 Rawls

considera que el objetivo estriba simplemente en no ampliar la riqueza del conjunto de la sociedad si eso implica sacrificio de una cierta cantidad de personas. Es necesario tratar a todos los individuos como fines en sí mismos y no como medios, y acusa al utilitarismo precisamente de no respetar este precepto. Para esta teoría, los individuos no sólo son unidades de cálculo en la maximización del interés general; al reunirlos, los homogeneiza y sacrifica los intereses privados en nombre de la utilidad de la mayoría. Rawls se compromete a asegurar los derechos fundamentales de los individuos y su libertad de una manera mucha más completa que el utilitarismo, pues su teoría de la justicia se construye de tal manera que respeta su pluralidad y su especificidad.

Pero para que este acuerdo sobre los principios de justicia sea verdaderamente equitativo, es necesario encontrar un punto de vista no incluido por las circunstancias particulares de los participantes y sus intereses. Éste es el papel que Rawls convierte en el juego de la «posición original», que, con su velo de ignorancia, oculta a los participantes su lugar exacto en la sociedad, sus talentos, sus objetivos y todo lo que pudiera ser perjudicial para su imparcialidad. Eso sirve para mediar entre la concepción kantiana de persona —que Rawls espera poder liberar del lastre de metafísica que presenta la

38 Rawls, «Kantian Constructivism», págs. 516-519. 39 Rawls, A Theory of Juslice, págs. 446-452.

obra de Kant y redefinirla en términos estrictamente empíricos— y los principios de justicia a cuya construcción está abocado. La posición original designa, pues, una situación heurística de libertad e igualdad que permite a los participantes seleccionar, en el procedimiento de liberación, los principios de justicia para organizar la cooperación social entre personas libres e iguales. En consecuencia, no hay criterio independiente de justicia y es el procedimiento mismo el que garantiza que el resultado sea justo. Este método de constructivismo kantiano lleva a la formulación de los dos principios de justicia siguientes: 1) Todos tienen igual derecho al sistema de libertad más extenso que sea compatible con idéntica libertad para otros. 2) Es preciso organizar las desigualdades económicas y sociales de tal modo que: a) reporte el máximo beneficio a los menos favorecidos (es el famoso principio de diferencia); b) estén ligadas a funciones y posiciones abiertas a todos bajo condiciones de igualdad de oportunidades.

El primer principio tiene prioridad sobre el segundo, y la cláusula b) tiene prioridad sobre la a), de modo que es imposible legitimar ninguna restricción de la libertad o de la igualdad de oportunidades con el argumento de que contribuye a mejorar a los menos favorecidos. Rawls revisa la concepción general de su teoría de justicia de la siguiente manera: «Todos los bienes sociales primarios —libertad y oportunidad, ingreso y riqueza, así como las bases del autorrespeto— han de distribuirse por igual, a menos que una distribución desigual de cualquiera de esos bienes redunde en

beneficio de los menos favorecidos».40

Rawls considera que su teoría de la justicia proporciona al fin la respuesta a la pregunta tan controvertida sobre qué principios de justicia debieran organizar los términos de cooperación social entre personas libres e iguales. Este autor piensa que ha formulado con éxito un principio directo que permite poner a funcionar en instituciones sociales los valores de libertad y de igualdad, y que de esa manera ha resuelto el conflicto que ha persistido durante dos siglos en el pensamiento democrático.

Sin embargo, esa pretensión ha sido cuestionada casi de inmediato. Ya en 1974, Robert Nozick trató de mostrar en Anarchy,

State and Utopia que, partiendo de una posición semejante a la de

Rawls, se podía llegar a una concepción de justicia diametralmente opuesta. En efecto, mientras que Rawls es un defensor indiscutido del Estado democrático liberal del bienestar, que aspira a justificar como la forma política más justa y racional, Nozick es defensor de un Estado mínimo, que se limite a defender la ley y el orden y que elimine por completo la función distributiva. Según este autor, la justicia social, si por ello se entiende justicia distributiva, no existe, y declara que una sociedad es justa en la medida en que sus miembros posean lo que tienen derecho a poseer, con independencia de las

formas de distribución de la riqueza que implique.41

40 Ibíd., págs. 302-303.

EL INDIVIDUALISMO LIBERAL

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