Chapter 4: Review of EO Web Services, Tools, and Platforms
4.1 Discovery of EO Time-series Data
4.1.1 Data provider solutions
Mientras el concepto de redes alimentarias alternativas opera de forma amplia abarcando todas aquellas alianzas entre productores, consumidores y demás agentes que construyen alternativas al modelo industrial estandarizado de suministro de alimentos, los circuitos cortos de comercialización hacen referencia a situaciones más específicas en las que diferentes actores se involucran directamente en la producción, procesado, distribución y consumo de alimentos (Renting et al. 2003), generando formas de circulación agroalimentaria que sólo tienen una o ninguna figura intermediaria entre producción y consumo (López García, 2012: 21). Para profundizar sobre este concepto de circuito corto de comercialización, y comprender el debate en torno a su contenido, resulta conveniente distinguir entre dos tipos de canales de comercialización: los directos y los indirectos. Mientras que en los canales directos no existe ningún intermediario entre la persona productora y la consumidora de alimentos, en los indirectos sí se permiten las figuras intermediarias: sólo una en los cortos y dos o más en los canales largos (EHNE Bizkaia, 2012b: 8). Siguiendo estas definiciones, los circuitos cortos de comercialización incluirían los canales directos y, dentro de los indirectos: los cortos, con un solo intermediario.
Sin embargo, esta clasificación sólo está teniendo en cuenta la cantidad de eslabones presentes en la cadena agroalimentaria desde el origen al destino, sin atender al tipo de intermediación que se está produciendo. De esta forma, como señala EHNE Bizkaia (2012b: 8) se dan situaciones que muestran las limitaciones del empleo de estas definiciones. Así, puede ocurrir que se trate de un canal directo, como una venta por internet sin figuras intermediarias entre producción y consumo y, sin embargo, se esté viajando cientos de kilómetros y no exista ningún tipo de vínculo entre las partes implicadas más allá del comercial. Esta situación es la que se ha dado en experiencias de sistemas de cestas comercializados por internet en países como Reino Unido, Dinamarca, Alemania o Austria en las que se puede llegar a repartir decenas de miles de cestas semanales a domicilio sin que la persona productora tenga mucho que decir respecto al precio, se incluyan productos elaborados en cualquier parte del mundo y se pierda el conocimiento entre personas productoras y consumidoras (López García, 2012: 23). De la misma forma, un canal indirecto corto, a pesar de tener una figura intermedia puede suponer más cercanía y contacto entre producción y consumo si se trata de un pequeño comercio que da cabida en sus estantes a los productos locales. Por otro lado, una definición que sólo incluya el número de figuras intermediarias podría incluir los “canales modernos” desarrollados por la gran distribución, puesto que en la actualidad las grandes empresas de comercialización son en muchos casos los únicos intermediarios entre la población productora y la consumidora, desplazando así al “canal tradicional” basado en los “mercas” de las grandes ciudades (López García, 2012: 23).
Por todo ello, parece necesario salir de categorías que sólo se fijen cuantitativamente en los eslabones de intermediación para comenzar a considerar cualitativamente las relaciones que se establecen entre producción y consumo. Para marcar este componente cualitativo, existen autores que proponen nuevos conceptos como el de circuitos de proximidad (EHNE Bizkaia, 2012b: 9), mientras que otros prefieren seguir empleando la categoría circuitos cortos de comercialización pero señalando que este concepto no sólo incide en aspectos espaciales sino también en procesos de resocialización (Renting et al. 2003: 398), en procesos donde la producción y el consumo tienen el poder suficiente para definir el modelo agrario y alimentario que deciden para cada territorio (López García, 2012: 23) o, en otras palabras, que “el
acortamiento del canal se produce no sólo en términos de distancia física sino organizativos y culturales a través de la información, la confianza y los valores compartidos en torno a la calidad regional o lo ecológico o natural” (Soler y Calle, 2010: 262). Como se ve en la definición de Soler y Calle, los valores que se comparten en estas redes alimentarias alternativas no sólo afectan a la construcción de una comercialización diferente a la impulsada desde las grandes distribuidoras, sino que también se incide en un modelo de producción distinto al convencional.
A lo largo de este texto, se aplicará un análisis que, además de considerar aspectos cuantitativos que limiten a uno el número máximo de figuras intermediarias, también integre cuestiones cualitativas. Por otro lado, se emplearán indistintamente las categorías circuitos de proximidad y circuitos cortos de comercialización, asumiendo que éste último concepto también está haciendo referencia a un acercamiento que va más allá de la reducción del número de figuras intermediarias. En estas categorías se incluirán todas aquellas experiencias en las que exista como máximo un intermediario y se construya un compromiso entre personas productoras y consumidoras que no se sustente exclusivamente en la transacción comercial.
Una vez expuestas algunas aproximaciones y matices en torno al concepto de circuitos cortos de comercialización, también resulta conveniente señalar los diferentes enfoques que se pueden aplicar en el análisis de estas redes alimentarias alternativas. Según señalan Soler y Calle (2010: 263-266), buena parte de los estudios anglosajones están cargados de valores individualistas otorgando al mercado un papel preponderante e incuestionable. En ocasiones, la atención se centra exclusivamente en el ámbito de la producción, de forma que los circuitos cortos de comercialización se entienden sólo como una oportunidad para aportar un mayor valor añadido hacia la población agrícola quedando las motivaciones de la población consumidora reducidas a un elemento secundario. En otros análisis, se incluye la generación de utilidad para los consumidores a través del mercado, pero se continúa sin cuestionar el mecanismo individual y competitivo de asignación de precios del mercado, donde la persona consumidora se percibe como un elemento soberano. Este tipo de enfoques limitan la incidencia de la construcción de redes alimentarias alternativas a las modificaciones que produzcan en el seno de unos mercados que seguirán siendo, por definición, competitivos y excluyentes. Dicken (2007: 351) estaría cercano a este tipo de enfoque economicista cuando afirma que estas cadenas alternativas promueven la redistribución del valor a lo largo de toda la red, en lugar de su concentración en pocos eslabones cada vez más concentrados. Si bien es cierto que los circuitos cortos de comercialización producen una transformación de las asimetrías en el interior de la cadena agroalimentaria, sería incompleto no reconocer el resto de modificaciones que originan tanto dentro como fuera de esos mercados.
Siguiendo con la propuesta de Soler y Calle (2010), un enfoque de estudio de los circuitos cortos de comercialización que supere la mirada individualista y mercantil de los agentes implicados deberá considerar las acciones de producción y consumo como procesos políticos y no sólo como actividades vinculadas a través de transacciones comerciales. En las redes alimentarias alternativas, producción y consumo constituyen procesos políticos que, en interacción con el mercado, pueden esquivar los canales convencionales y satisfacer necesidades básicas como la alimentación, a través de una participación colectiva más directa y activa. El consumo se constituye como un proceso político cuando no se olvida de incorporar una dimensión reflexiva, que incluye criterios sociales, ambientales y de salud, y una dimensión constructiva, en la medida que propone desarrollar una acción colectiva. En su intención de construir procesos al margen de un mercado con poder absoluto en la asignación, los circuitos cortos de
comercialización favorecen la discusión entre personas productoras y consumidoras para la determinación consensuada de los precios: un ejercicio complejo pero necesario que se debate entre aportar un salario justo a las personas productoras, que no sólo considere el valor trabajo sino que también incluya otros valores como la sostenibilidad ambiental de sus prácticas, pero que a su vez no sea excesivamente elevado para que estos alimentos estén al alcance de familias de diferente poder adquisitivo (Fernández Such, 2012: 11).
En respuesta a los procesos de desafección alimentaria, estas redes alternativas tratan de regenerar la confianza que la población consumidora ha ido perdiendo en la agroindustria global (Renting et al. 2003: 396). Asimismo, conviene no caer en simplificaciones, comunes desde las perspectivas críticas, que descarten el papel del mercado en este proceso político al considerar que el único mercado posible es el actual, puesto que se pueden construir experiencias en las que primen valores como la reciprocidad, la redistribución y la cooperación frente a la competencia y la exclusión propias de los mercados actuales (Soler y Calle, 2010: 266).
Con el objetivo de abordar la incidencia de los circuitos cortos de comercialización como herramienta de transformación a lo largo de toda la cadena de valor agroalimentaria y fuera de ella, en este trabajo se buscará aplicar un enfoque que tenga en cuenta la dimensión política de producción y consumo y supere las visiones estrictamente individualistas y mercantilistas.