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Chapter 3: State of the Art

3.1 Web Technologies

3.1.1 Web service architectures

El capitalismo, en su momento actual de manifiesta decadencia, muestra y ofrece un Mal Vivir, una vitalidad, ora eufórica, ora deprimida, del consumismo como sentido de la existencia. El consumismo es su religión y su cultura. El capitalismo, inmerso en una ética del desperdicio y el desprecio, no entra en contradicción con la miseria de las hambres y la miseria de la opulencia. La llenura como ética epulona es la manifestación de su miseria, de su exhibicionismo, del éxito de la comercialización y de su indolencia. Tal como si las personas estuviesen en un planeta extraño, con su encanto y desencanto, con un señuelo que muchas veces cautiva incluso a quienes no son ricos como capitalistas, sino ricos en ansiedad de arribar al mundo de la cultura de los enriquecidos y famosos.

El capitalismo, así, no es una economía, es un eco-cidio, no sólo porque supone un consumismo ambiental, sino porque añade un auto consumismo humano y social, dado que los seres humanos somos esencialmente naturales.

Frente a esta lógica materialista del capitalismo, la economía comunitaria pone el énfasis en las relaciones humanas y comunitarias: “la lógica económica de la Economía Social Comunitaria es el vivir bien, en esta lógica se busca, antes que maximizar los beneficios, fortalecer las relaciones sociales con los vecinos, con la comunidad, con la familia; importa más el vivir bien con mis próximos, el cómo me ven mis semejantes. Para la Economía Social Comunitaria no importa perder

11 REAS – Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria del Estado español (2011): “Carta de la

economía solidaria” (consultada el 3 de enero de 2012), disponible en: <http://www.economiaso-

plata si se gana prestigio, respeto, solidaridad social, si se está bien con Dios y con la naturaleza […] De ahí que privilegia la colaboración mutua, la complemen- tariedad […] se prefiere consolidar redes sociales” (Morales, 2011).

Esta dinámica relacional, como se ha visto, tiene consecuencias en la propiedad, la organización de la producción y la distribución del excedente. De acuerdo con la formulación de Félix Patzi (2008) “En la economía comunitaria, a diferencia de la economía capitalista, el medio de producción y materiales de producción no son de propiedad privada, sino que son colectivos”.

Sentido colectivo que prevalece a la hora de decidir qué hacer con los productos del trabajo, ya que el principio de reciprocidad de la economía comunitaria impli- ca la abstención de la acumulación y la ritualización del excedente (Maldonado, 2010). Esta característica de la economía comunitaria tiene su correspondiente en la economía social y solidaria en lo que llamamos el tratamiento no capitalista del capital, que implica la no apropiación privada del excedente y prioriza una justa redistribución frente a la acumulación ilimitada.

Es importante señalar que la propuesta oikonómica andino-comunitaria corres- ponde históricamente a un no capitalismo y que ha permanecido como forma de resistencia cultural que puede ser vista como una alternativa anticapitalista generalizable. Su surgimiento, además de ser muy anterior en el tiempo, no está basado en la apropiación de la naturaleza ni en la acumulación privada, sino en una profunda relacionalidad integral y comunitaria entre seres humanos y con la naturaleza, para el cuidado y la reproducción de la vida del Todo. En cambio, la economía social y solidaria es por definición socialmente anticapitalista porque surge como una respuesta social y popular al sistema neoliberal como radicaliza- ción del capitalismo.

Lo interesante es la continuidad entre ambas en su postura antagónica con el capitalismo y, mientras la primera constituye la evidencia de la posibilidad de un modelo económico sustentado en el Sumak Ally Kawsay, que se actualiza como posible paradigma, en cambio la segunda es una creación contestataria. Las dos bien pueden retroalimentarse, más aún cuando la ESS –pese a que teóricamente no parte de la reflexión de la raíz cultural del Sumak Ally Kawsay– y la economía comunitaria constituyen teorías que se nutren también en la resistencia social por la presencia del espíritu de los valores de la herencia de las culturas ances- trales de Abya Yala.

Esta coincidencia, que resulta fundamental, puede y debe fraguar acuerdos de variada índole. Es necesario, retomando la propuesta andina de identidad en di- versidad –abierta al diálogo con otras diversidades–, superar el aislamiento de

estas economías convergentes en torno de un anticapitalismo, no sólo en el ám- bito de la producción material sino en el conjunto vital de la producción de senti- dos otros y valores otros para una diferente cualificación de esa misma vida. Concebida con esta calidad relacional, la Otra Economía que se busca construir desde estas dos propuestas no es una economía de y para pobres, sino, al con- trario, de ricos, en tanto constructores y legatarios de saberes y sentidos otros, que tienen respuestas diversas para la realidad y los desafíos históricos actua- les, como una liberación del empobrecimiento al que les ha relegado el sistema. Fuente y llegada para redefinir la pobreza y la riqueza: seres humanos “ricos en valores aunque no en dinero” (Ernesto Cardenal, 1978).

7.2. Entre los valores universales y la interculturalización de valores