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Chapter 3: State of the Art

3.1 Web Technologies

3.1.4 Web service software

Economía comunitaria y economía solidaria comparten la preocupación por el medio ambiente, que se profundiza y particulariza por el principio del relacio- namiento, de un buen relacionamiento. Sin embargo, sus rupturas, que en este caso son profundas, se producen en las consideraciones que cada una da y siente sobre el relacionamiento. El mismo hecho de que la economía solidaria se refiera al medio ambiente, mientras que la economía comunitaria hable del cosmos, del “ambiente” en donde los seres humanos y los otros seres estamos integrados, constituye un punto de ruptura.

En efecto, mientras para la eco-andina la naturaleza es asumida como Madre y, en este sentido, como miembro básico sagrado y religioso de la comunidad, para la ESS, si bien propone el respeto a la naturaleza como un cambio conceptual, ésta continúa siendo una fuente de riqueza económica, es decir, un recurso, una existencia cuantitativa que puede ser cualitativa en la medida en que se esta- blecen alianzas para producir. Cabe preguntarse si esto también podría decir el capitalismo cuando habla de responsabilidad con el medio ambiente acuñando el incoherente concepto de capitalismo verde.

La consideración maternal de la pachamama es una concepción radicalmente di- ferente, pues se trata de una religiosidad determinante de la calidad cultural de una comunidad, que se profundiza y expresa en la noción ética integral y global del Sumak Ally Kawsay, insatisfactoriamente traducida al castellano como Buen Vivir. Un runa es un ser humano natural que convive comunitariamente, es decir, que guarda este sentido del deber para alcanzar los derechos. Si la naturaleza tiene derechos, entonces los humanos tenemos deberes. Esto es una ética Sumak Ally Kawsay. Una realidad y perspectiva se construye si las “personas son las prota- gonistas principales de la economía solidaria” y otra, muy diferente, es que la economía es la conjunción sumak comunitaria entre seres vivos sin que el ser humano sea protagonista. Es aquí donde se quiebra incluso el mandato consti- tucional ecuatoriano, y se hace letra muerta de los “derechos de la naturaleza”, cuando quedan como simple declaración al subordinarlos al impulso de un mo- delo extractivista de la producción, aunque para ello se argumente la necesidad de un pago de la deuda social.

Una economía social, solidaria, comunitaria sería radicalmente diferente si asu- miera el Sumak Ally Kawsay como fundamento ético que cualifique los deberes humanos, la política y las relaciones socioculturales.

Detrás de la propuesta de sostenibilidad ambiental del Desarrollo Sostenible sub- yace una lógica utilitarista y subordinante hacia la naturaleza. Si bien constituye una variación como propuesta de conciencia ambiental, dista de una compren- sión y vivencia profunda de la relacionalidad esencial que mantenemos los seres humanos con la madre naturaleza, como se colige de la formulación del informe Brundtland que sustenta que “la sostenibilidad consiste en satisfacer las necesi- dades de la actual generación sin sacrificar la necesidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades” (Naciones Unidas, 1987).

Partiendo del paradigma del Sumak Ally Kawsay habría que reformular los sen- tidos de sostenibilidad ambiental como “un compromiso económico, social, po- lítico, cultural del ser humano de co-mantenimiento del equilibrio de la vida en todas sus manifestaciones; asumiéndola como maternalidad a la que hay que reciprocarle por los dones que recibe y sin los cuales no es posible la dignidad de su existencia ni un orden integral de Buen Vivir” (Cáceres, 2011). Los derechos de la naturaleza implican deberes de los seres humanos desde la consideración de la naturaleza como un ser con espíritu, samay; derechos y deberes sustentados en el principio de relacionalidad y las consecuentes complementariedad, reciproci- dad y correspondencia. Además, la naturaleza no sólo es sujeta de derechos, sino que permanentemente cumple sus deberes en el mantenimiento de la vida plane- taria. Esta concepción significa una ruptura con toda forma de antropocentrismo. Frente al principio de sostenibilidad ambiental de la ESS y tomando como refe- rencia el cuidado de la casa que propone la economía comunitaria, consideramos que en vez de hablar de reducción de la huella ecológica se trata de condenarla como huella ecocida y, en su lugar, construir la interacción necesaria entre todos los elementos del cosmos para la mutua nutrición y cuidado, asumiendo que es completamente natural que el movimiento de la vida deje una huella.

Análogamente existe una diferencia entre las comprensiones del cuidado: la ESS lo plantea como la reproducción de la vida de todos y de todas (Coraggio) mien- tras que en la eco-comunitaria, entendemos el cuidado como reproducción de la vida del Todo, coincidiendo con Leonardo Boff y su propuesta de ética del cui- dado, para quien “el cuidado es un eje estructurador de una nueva relación con la naturaleza. O cuidamos la vida en todas sus formas y cuidamos nuestra casa común la tierra, o podemos poner en peligro nuestra presencia en este planeta” (Boff, 2012).

El espacio privilegiado de la ESS surge en prácticas más urbanas, mientras que la economía comunitaria y la experiencia de América Latina encuentran su asiento en las culturas rurales; sin embargo, de alguna manera sus concepciones y prácticas se han extendido a lo urbano como respuesta a las necesidades de

supervivencia, siendo posible y necesario profundizarlas y recrearlas como parte integrante de la construcción de nuevas propuestas económicas.

Uno de los conceptos que atienden a esta realidad es el de rurbanidad, una inter- culturalidad entre lo urbano y lo rural para la construcción sostenible de la repro- ducción de la vida del Todo, en donde el diálogo creativo rompa la subordinación de lo urbano sobre lo rural, generando una vida más cercana a la naturaleza en las ciudades, y un campo que se reivindique en la consideración y atención en servi- cios y derechos sin perder su vivencia y autodeterminación cultural, legitimando y fortaleciendo su identidad.