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3. Introduction 48 

3.1 Defining Mediation 49 

[01]

Por

Juan Ángel Juristo

isaac Rosa:

La habitación oscura Editorial seix Barral

español y, creo, es el miembro más joven de algunos escritores pertenecientes a esa este- la que estimo y respeto. Pongamos por caso Manuel Longares, pongamos por caso Rafael Chirbes. isaac Rosa, a diferencia de Longares y Chirbes, tiene una tendencia a dirimir cier- tas cuestiones en la tribuna pública, es un publicista de cierta consideración, y eso qui- zá sea la causa probable de que sus novelas atiendan a cuestiones alejadas en apariencia de la actualidad y, a la vez, muy apegadas a la crónica implacable y feroz de la realidad. igual en esto a Rafael Reig, un autor de su generación pero muy distinto en el modo de encarar lo literario. Esto no es contradictorio y se resuelve en una querencia hacia cierta escritura cada vez más escueta, más proclive a lo metafórico… como si la fijación en cier- tos aspectos del realismo llevaran apareja- dos, con la edad, cierta experimentación en los brochazos expresionistas para tender lue- go a una literatura de clara sensibilidad me- tafórica. Le sucedió en su momento a Luis Mateo Díez, le sucedió en su momento a Manuel Longares, le está sucediendo a isaac Rosa… por lo menos es lo que se desprende de su última novela, La habitación oscura, que ha publicado seix Barral.

Ocurre que este libro ha sido saluda- do como un retrato generacional, y es de su- poner que ese retrato generacional corres- ponde por edad al que pertenece el autor. He leído la narración y entiendo que ese as- pecto es lo menos relevante de una novela plagada de aciertos. Leyendo el libro caí en la cuenta de que pertenece a esa tradición terrible y, a la vez hermosa, de los escrito- res que tienen preferencia por los espacios cerrados. suelen ser escritores de profun- da carga expresionista: desde Las memorias

del subsuelo, de Fedor Dostoievski, al Andrei

Platónov de La indagación, al Kobo Abe de

El libro de arena, todo ello por no referirnos

a la determinante sombra de Franz Kafka; y de esas narraciones suelen dirimirse grandes visiones y modos metafóricos de percibir el mundo, de aprehenderlo. Todo ello tiene sus orígenes en un mito platónico, el de la ca- verna y el modo de conocer, y creo que La

habitación oscura, novela inquietante don-

de las haya, indaga en las consecuencias de un mundo al que le han arrebatado la luz. No hay ya, por tanto, sostén lumínico, aquel consagrado a Apolo, aquel que manda sobre las formas y por tanto mantiene a raya lo in- formal, el caos, en definitiva.

El hallazgo de esta novela se encuentra en la actualización de ese mito fundacional de nuestra cultura y es en esas actualizacio- nes donde uno sabe que se ha topado con la buena literatura. Pero lo que aquí he conta- do no rinde justicia a la excelencia de esta narración pues no cuenta la carne del asun- to, que es en definitiva donde se dirime la literatura. Y si a eso vamos podemos conje- turar, aventurar un retrato generacional, pero siempre que tengamos en cuenta que esa fi- jación por unos personajes concretos no sig- nifica que se agoten ahí.

Así, la narración se establece en un ra- millete muy complejo de referentes, aunque lo que se muestre en un primer momento sea una narración de corte eminentemente realis- ta. incluso la primera parte de la novela, que podría establecerse más o menos en las cien primeras páginas, es decir, el corte de luz en un local donde se reúnen un abigarrado gru- po de jóvenes, lo que provoca encuentros se- xuales fortuitos, en que todos acaban partici- pando. Esta parte está dotada, desde el lado de la descripción narrativa, de una gran cali- dad. Y aquí isaac Rosa incide en los aspec- tos más subjetivos, personales, de los perso- najes, que viven esta oscuridad, este refugio,

como un estado en que enfrenta los anhelos y frustraciones de cada uno de ellos a tra- vés de la memoria y ciertas expectativas, lo que propicia, parece decirnos el autor, el en- gaño. A partir de aquí comienza cierta gene- ralización en los distintos personajes que se encuentran encerrados, y es notable la capa- cidad que tiene el autor para dotar de cierto aire colectivo, algo muy raro en nuestra lite- ratura actual, muy tendente a la descripción de subjetividades desaforadas, por muy ina- nes que sean, esa experiencia de la ausencia de luz. Para conseguir a buen puerto esa sen- sación de elemento colectivo hay que poseer cierta capacidad metafórica, incluso, de cier- ta lírica del combate, e isaac Rosa mantiene esa manera de percibir la realidad colectiva de forma muy distinta a como lo realizaban los social realistas de generaciones anterio- res. En isaac Rosa el planteamiento colectivo no es producto de una predeterminación de algo pensado a la que se aplica una plantilla, lo ideológico está muy alejado de esta nove- la donde, en cualquier caso, como en la bue- na literatura, la idea se tiene que hacer car- ne, sino que retrata una generación, a la que pertenece el autor, donde la delicuescencia es consecuencia de una manera disforme de enfrentarse a la realidad. Y el autor, además, apunta a elementos muy concretos asociados a sucesos que han tenido lugar en la calle en los últimos tiempos, como las movilizaciones ciudadanas a consecuencia de la crisis o el

espionaje informático de las empresas. Pero, para conseguir esto hace falta que le lector atienda a la condición esen- cialmente metafórica de la novela y se ale- je, así, de la fijación en un retrato genera- cional, aunque éste sea el punto de partida. Además, para ello, el estilo de isaac Rosa mantiene una media distancia idónea para dar cuenta de lo narrado. Podría haber pla- neado hacia una narración más escueta, más terrible, en definitiva, pero no creo que eso haya sido la intención del autor. isaac Rosa es autor al que se le da bien la ironía, incluso lo paródico, pero rara vez cae en la farsa. La novela está estructurada en varias partes y cada una de ellas se comenta de otra mane- ra bajo el epígrafe REC. Esta manera de es- tructurar la narración tiene mucho de hallaz- go ya que se imbuye de dos maneras de per- cibir la realidad de distinta cualidad. Tengo que decir que donde el autor brilla con espe- cial intensidad es en el apartado REC, por- que isaac Rosa es autor dotado para el esti- lo pulido, pero tiene la habilidad de no caer nunca en la retórica de esa habilidad.

Novela muy medida, muy ajustada, La

habitación oscura es una muy buena narra-

ción y viene a dar el espaldarazo a una tra- yectoria literaria muy sólida y que afortuna- damente ha dejado atrás ya el calificativo de promesa. Creo, además, que es su mejor nove- la, aquella donde se conjugan elementos muy complejos y que resuelve con pleno acierto.

Durante más de cuarenta años Joseph Campbell se dedicó a cartografiar mitos de todo el mundo. una vocación que despertó en su infancia, cuando visitó el Museo de Historia Natural de Nueva York y descubrió las máscaras de los indios navajos. un en- cuentro con Jiddu Krishnamurti en un via- je trasatlántico extendería ese interés ha- cia oriente. Como Fitzgerald, Hemingway o Faulkner, se estableció en París a finales de los años veinte, donde además de vivir un periodo de intensa innovación intelectual y artística, a caballo entre el surrealismo y el arte abstracto, se inició en el conocimiento del sánscrito. A su regreso a Columbia tan- teó la escritura de ficción y optó por retirarse de la carrera académica. El resto de su vi- da se dedicaría a la investigación indepen-

diente, que compaginaba con sus clases en un pequeño College en los alrededores de Manhattan. Años después entabló amistad con el gran indólogo Heinrich Zimmer, que acabaría convirtiéndose en su mentor. Tras la muerte prematura de Zimmer, Campbell se encargó de la edición póstuma de sus escritos (entre ellos el magnífico volumen

Philosophies of India). De Zimmer aprendió

que el mito podía cumplir una función so- cial y proporcionar un entendimiento de la propia mente y una perspectiva cósmica. un mapa en definitiva con el que orientarse en el laberinto de la existencia que resultaba más útil que la arqueología psicoanalítica. La cuestión era encontrar su propio mito.

En los años cincuenta, poco después de que Borges dejara escrito que la histo-

[02]

Por

Juan Arnau

Joseph Campbell:

Las extensiones interiores del espacio exterior Atalanta

Gerona, 2013.

Biología de las metáforas: