Abordar el problema de la memoria lleva consigo examinar la fenomenología de la memoria. Desde sus inicios, esta postura se ve enfrentada a resolver la aporía según la cual la representación del pasado parece ser la representación de una imagen. La memoria como rememoración sigue las huellas de la imaginación. Sin embargo, la imaginación considerada por sí misma, está situada en la parte inferior de los modos del
conocimiento. El binomio “memoria - imaginación” recibe su legado de la tradición
griega, especialmente de dos posturas rivales pero complementarias, conformadas por la teoría platónica y la teoría aristotélica. La primera considera la memoria como la representación de una cosa ausente. La segunda centra el problema en la representación de una cosa aprendida, percibida, o adquirida con anterioridad. La postura platónica afirma que la imaginación comprende y envuelve el problema de la memoria, la postura aristotélica introduce el problema de la memoria en el recuerdo.
El problema de la memoria se puede rastrear en Platón siguiendo Diálogos como el Teeteto. El tema fundamental de la obra versa sobre una cuestión epistemológica donde se pretende averiguar qué es el saber. El joven Teeteto plantea tres definiciones pero todas son rechazadas por Sócrates. Al finalizar la conversación se concluye que el saber no es percepción, ni opinión verdadera, ni una explicación acompañada de opinión verdadera. Ahora bien, suponiendo que el conocimiento es percepción sensorial, se
pregunta: “Si uno ha llegado a saber algo en un momento determinado y aún tiene y
instante mismo en que lo recuerda?”37. Responder positivamente esta pregunta es como reconocer que quien aprende una cosa la recuerda pero no la sabe, afirmación que para Sócrates resulta monstruosa. Entonces, quien ve algo adquiere el conocimiento de eso que ha visto, pero también lo recuerda en algunas ocasiones.
Ricoeur cree que Sócrates elabora una especie de «fenomenología del error» para resolver la paradoja según la cual es posible el conocimiento presente de una cosa ausente. En otro pasaje del diálogo pregunta de nuevo el especialista en mayéutica: ¿Es posible que alguien aprenda posteriormente lo que no sabía con anterioridad? Teeteto responde que es posible e incluso mediante este ejercicio se pueden conocer muchas otras cosas. Se llega así al razonamiento de los «juicios falsos» donde se concibe la mente como una tablilla de cera. La tablilla es un don de Mnemósine, madre de todas las musas y representación de la memoria; cualidad mayor en unas personas pero menor en otras, más pura en unos casos, menos pura en otros38. Aquello que se sabe y percibe conservando con fidelidad un recuerdo, no puede confundirse con lo que se conoce, ni lo que se conoce y percibe con lo que sólo se percibe. En consecuencia, lo que ha quedado grabado se recuerda y sabe en tanto en la mente permanezca su imagen, mientras que aquello que se borra o no ha llegado a grabarse se olvida con facilidad y no se conoce.
También es posible que un hombre posea un determinado conocimiento, y después de haberlo aprendido lo haya almacenado en su mente, pero no lo tenga a su disposición. Se concibe aquí la mente como una «pajarera» conformada por pájaros de todas las clases. El poseedor de la pajarera es quien tiene el poder sobre todas las aves, puede entrar, gozar y disponer de ellas cuando lo desee. Los pájaros representan las cosas que se conocen, constituyen el objeto del conocimiento. Abastecer la pajarera es «aprender» y tomar un pájaro en la mano es «recordar» una cosa que se aprendió. El aprendizaje se asimila a una posesión y la búsqueda del recuerdo equivale a una caza:
37 PLATÓN, Teeteto o del conocimiento, trad. castellana de Isabel Santacruz, Álvaro Vallejo Campos,
Néstor Luis Cordero, Madrid, Gredos, 2002. (163d). En adelante Teeteto.
Sócrates: - Comparando la posesión y la caza de palomas diremos que hay dos clases de caza, una para alcanzar la posesión de algo antes de poseerlo, y otra que tiene lugar cuando ya se posee algo, para coger y tener en las manos lo que se había poseído desde tiempo atrás. También puede ocurrir esto con los saberes que se han aprendido en otro tiempo y con las cosas ya sabidas.
Teeteto: - Sí, es verdad39.
El modelo de la pajarera distingue entre «poseer» un saber y «hacer uso» de él de modo «activo», así como se diferencia entre tener un pájaro al alcance de la mano y tenerlo enjaulado. Una cosa es poseer el saber y otra es tenerlo, de manera que resulta imposible no poseer lo que ya se posee, o dejar de saber lo que se sabe. Nunca se puede dejar de saber lo que se sabe, pero si es posible adquirir una opinión falsa en esta situación. Un hombre puede entrar a la pajarera con la intención de tomar una paloma torcaz, aun cuando termine poniendo en sus manos otra variedad de aves. Lo mismo sucede cuando alguien confunde el número once con el doce, pues elige el once en el lugar correspondiente al doce. Por el contrario, si alguien aprehende lo que en verdad intentaba coger, no incurre en error pues sus opiniones corresponden a la realidad. En este sentido, «enseña» quien transmite dicho arte, «aprende» el que lo recibe y «sabe» quien lo posee en el palomar. Luego, existen opiniones verdaderas y falsas, pero la mala memorización de las reglas es lo que conduce al error. El juicio falso consistirá en tomar erróneamente una cosa por otra.
Pese a la tradición erística legada de Platón, Aristóteles aborda el problema de la memoria distinguiendo entre afección (pathos) y rememoración (anamnēsis). Se entiende por «afección» la influencia de una impresión sobre la mente, es una forma de excitación del alma. La «rememoración» es el acto espiritual mediante el cual el alma ve en lo sensible lo inteligible, es la aprehensión actual de las ideas a través de las sombras de los sentidos. La primera definición corresponde a la postura aristotélica, la segunda obedece a la postura platónica. Para el estagirita la memoria resulta de contrastar el futuro con el presente de una sensación, la memoria sólo es posible cuando ha «transcurrido el tiempo». Los humanos tienen en común con algunos animales la simple memoria, pero no todos disponen de la sensación del tiempo. La sensación que lleva
consigo la memoria implica una distinción entre un acontecimiento anterior y uno posterior, entre el «antes» y el «después». En consecuencia, existe memoria cuando transcurre el tiempo. Memoria es la facultad de recordar un conocimiento pasado y hacerlo actual.
Aristóteles encuentra en la definición platónica de memoria algunas dificultades: La primera reside en que la memoria se entienda como impresión (huella) de un
conocimiento pasado. En el texto “De memoria y reminiscencia” afirma: “Si permanece
en nosotros algo parecido a una impronta o a una pintura ¿Cómo puede la percepción de
esta impronta ser memoria de alguna otra cosa y no solamente de sí?” La impronta en el
alma es como un cuadro, que puede ser considerado por sí mismo o por el objeto que representa. Y así como un animal pintado en el cuadro puede ser interpretado como animal o imagen, o incluso las dos cosas al tiempo; de la misma manera la «imagen mnémica» que se encuentra en el hombre, puede aceptarse por sí misma o como representación de otra cosa. Entonces, quien efectivamente recuerda no ve más que esta impronta y sólo mediante ella tiene sensación. La segunda se refiere a la metáfora de la impronta (metáfora de la cera) descrita en el Teeteto. A diferencia del joven discípulo que colocaba la impronta en las almas, el estagirita asocia el cuerpo al alma y elabora sobre ella la teoría del recuerdo. Para Aristóteles la retención y la producción de la impronta están confiadas a un movimiento (kinēsis), lo que produce el recuerdo es un movimiento. Los actos de rememoración se presentan cuando un cambio llega a producirse después de otro. El movimiento remite a una causa exterior (alguien, algo), implica un desdoblamiento interno de la imagen mental, en palabras de nuestro autor, lleva consigo una «doble intencionalidad»40.
El seguimiento hecho por Ricoeur al problema de la memoria en la tradición griega, tiene por objeto desvirtuar la proposición según la cual la memoria es «del» pasado y «para» el pasado. El problema se funda en saber si la memoria es una facultad retentiva o si aparece en tanto que el objeto es actual y efectivamente recordado. Se recurre de
nuevo a la distinción entre mnēme y anamnēsis. El recuerdo es algo que aparece, una simple afección (pathos) de la mente, tiene un carácter pasivo. La rememoración implica la búsqueda de un conocimiento que viene a la mente, tiene un carácter actual. Por medio del recuerdo el agente se acuerda de algo en determinado momento, mediante la rememoración el agente puede tener éxito o fracasar. El recuerdo prevalece sobre la rememoración. Frente a esta dificultad propuesta por los griegos el filósofo francés concluye: 1. Memoria es la facultad de buscar conocimientos pasados, entendiendo por conocimientos pasados, no sólo aquellos que evocan un acontecimiento anterior sino que además se encuentran «disponibles». 2. Memoria es la «búsqueda activa» de un conocimiento, sin embargo, no todo el que busca necesariamente encuentra algo. El reto de la memoria se funda en la tarea de no olvidar.