Section I SOURCES USED
AR 11- 11 War Reserves
Memoria es la capacidad de recorrer, orientarse y remontarse hacia el pasado. Es
el “ser” esencial del hombre en cuanto entidad espiritual, el “ser” que tiene memoria
conserva su pasado y lo actualiza en el presente. La memoria no sólo se limita al conocimiento de hechos pasados sino también revive y recuerda la vivencia de esos acontecimientos. Tiene una estrecha relación con el paso del tiempo, pues va del pasado hacia el futuro y del futuro hacia el pasado. La tradición de la mirada interior se remonta a la antigüedad del cristianismo. Ricoeur reconoce a San Agustín como su fundador, especialmente desde el momento en que el autor romano habla de la experiencia cristiana de la conversión. Pero si bien Agustín conoce la noción de hombre interior, desconoce la ecuación de la identidad, conformada por la relación del “sí” y la memoria.
Kant inaugura y deja a sus sucesores el sentido trascendental del sujeto. Pero Husserl es quien intenta desenmascarar el neokantismo y eliminar la psicologización del sujeto
trascendental. Con la propuesta fenomenológica del filósofo alemán alcanza el máximo apogeo la escuela de la mirada interior47.
Husserl ubica su filosofía trascendental retornando al Descartes del Cogito, lo hace especialmente en la Quinta Meditación Cartesiana donde plantea el paso de la egología a la intersubjetividad. El filósofo alemán se preocupó por distinguir entre psicología y fenomenología. La primera es una ciencia de datos, de hechos. La segunda es una ciencia de esencias no de meros datos, opera mediante una reducción eidética48. La fenomenología examina sucesos reales que se insertan en el espacio temporal del mundo y los sujetos que pertenecen a tales hechos. A partir de las Meditaciones Cartesianas la fenomenología se pregunta si es posible el paso de un idealismo trascendental a una memoria común. La memoria común se perfecciona mediante la experiencia del otro, en mí tengo experiencia del otro, en mí él se constituye49. La subjetividad ajena surge como «apresentación» dentro de la esfera de mí subjetividad. La apresentación es una representación unida por asociaciones a una percepción. Una percepción de este tipo se denomina «percepción trascendente», es decir, una percepción gradual entre la cosa y el espacio, se produce a través de sucesivas apariciones, pero nunca presenta a la conciencia su plena actualidad. La percepción trascendente difiere de la «percepción inmanente», entendida como la percepción del cogito cartesiano, la cual tiene por objeto todo tipo de vivencias (recordar, imaginar, desear). La percepción inmanente es una simple intuición de vivencias, vivencias que no se presentan a la conciencia del mismo modo en que la cosa se presenta a los fenómenos subjetivos, esto es, a través de apariciones, ocultamientos, o acercamientos, que apuntan a la unidad trascendente del
47 Cfr. RICOEUR, La memoria, op.cit., pp. 125-130.
48 La reducción eidética tiene como tarea purificar los fenómenos psicológicos de sus características
empíricas y llevarlos al plano de la generalidad. La reducción es la transformación de los fenómenos en esencias.
49 Husserl no habla con exactitud de «memoria común», pero Ricoeur cree que está noción se puede
derivar del concepto de comunidad o comunitarismo empleado por el filósofo alemán. La noción de comunidad remite al concepto de «mundo de la vida». El mundo de la vida es el «suelo» universal de la vida humana, donde viven pasiva o activamente comunidades relativa o absolutamente separadas.
objeto. Mientras la percepción inmanente es absoluta (para existir no tiene necesidad de otra cosa), la percepción trascendente es relativa a la conciencia.
La fenomenología de la memoria propuesta por Husserl es una «fenomenología del recuerdo». Parte inicialmente de un presupuesto fisiológico, entiende por memoria la conservación y persistencia de conocimientos adquiridos. La memoria es la realidad anterior de la «cosa recordada». El pasado retenido de la memoria distingue entre recuerdo primario y recuerdo secundario, entre retención y reproducción. La retención es la percepción de un momento, la reproducción es la re-presentación del momento. Sin embargo, aquello que acaba de acontecer ha comenzado a desvanecer. El recuerdo es lo retenido pero también lo que comienza a desaparecer. Una vez transcurre la cosa recordada el recuerdo se convierte en ficción (Phantasie). La fantasía pone en suspenso el recuerdo, es lo no actual, lo irreal, lo utópico, lo neutral, lo que intenta desalojar la imagen de la conciencia. En este orden de ideas, el recuerdo está conformado por la secuencia «percepción, recuerdo, ficción», pero una auténtica fenomenología del recuerdo debe liberarse de toda ficción, pues el recuerdo pertenece sólo al mundo de la experiencia. Ahora bien, mientras la fenomenología del recuerdo propuesta por Aristóteles se centraba en la búsqueda del tiempo pasado, en la fenomenología de Husserl el recuerdo no equivale a anamnēsis, es decir, a la reapropiación del tiempo perdido. Para el filósofo alemán la memoria está unida al concepto de virtualidad o potencialidad. El fenómeno del recuerdo implica el paso de lo actual a lo potencial y de lo potencial a lo actual:
De las cosas tenemos conciencia, lo mismo que la percepción, también de los recuerdos y de las representaciones análogas a los recuerdos (…) Reconocemos, además, que a la esencia de todas estas vivencias es inherente una notable modificación que hace pasar la conciencia en el
modo de estar vuelto hacia algo a una conciencia en el modo de la inactualidad, y viceversa50.
Debido a la reducción fenomenológica la conciencia se capta a sí misma constituida por actualidades y potencialidades. Las vivencias se presentan primero como actualidades,
50 HUSSERL, Edmund, Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica, trad.
después como potencialidades. Sin embargo, no existe ningún intervalo entre conciencia y tiempo. El tiempo es inmanente e inseparable de la conciencia. Lo esencialmente propio, lo que está en mí (ego) pasa de las actualidades y potencialidades de las vivencias a otros sistemas constitutivos, como hábitos, actos fundantes, o convicciones. Y aun cuando el ego (yo) sea sólo examinado por sí mismo, éste siempre revela un «mundo trascendente» que nos traslada hacia el espacio de “otro” (alter ego), es decir,
hacia “otro yo”. La memoria como experiencia comienza por la idea de lo propio, pasa por el trabajo del otro y finalmente llega a una idea de comunitarización. Luego, comprenderme a mi mismo es comprender la experiencia de otro. Debo empezar por
comprender “lo mío”, para entender el «sentido» de lo que “no” es mío.