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4.4 Query Unnesting

4.4.3 Dependency Disentanglement

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos

en diferentes lugares.

(MATEO 24.6-7)

Como estudiante de la historia quisiera plantar en tu mente una semilla con una idea.

Comienza tu estudio por el concepto básico de que Dios es soberano. Él controla las vidas humanas, el destino de las naciones y todo suceso que ocurra en el universo.

Ahora, considera que Dios, como Creador y Dueño del planeta tierra, hizo un pacto inmobiliario con Abraham, Isaac y Jacob y su semilla, de que la tierra de Israel con fronteras y límites que están establecidos en la Biblia le pertenece al pueblo judío para siempre (Génesis 14.18-21; 17.7-8).

Recuerda este dato, muy importante: no es que el pueblo judío ocupe esa tierra. ¡Es que es el

dueño!

Sigue entonces la lógica de que un Dios soberano le prometió al pueblo judío que «no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel» (Salmos 121.4). «Guardar» es un término (militar) que significa defender y proteger. Las grandes batallas de la Biblia tienen que ver con que Dios defendía al pueblo judío, «la niña de su ojo» (Zacarías 2.8). Cualquier nación o grupo de naciones que tratara de eliminar a Israel era derrotada, aniquilada por el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Los enemigos de los hijos de Israel en la batalla de Jericó, y los cinco ejércitos de la batalla de los cinco reyes (Josué 10) que intentaban aniquilar a Israel, camino de Egipto a la Tierra Prometida, terminaron apedreados a muerte por Dios mismo cuando atacaron a Israel. La Biblia contiene un registro gráfico de esa batalla:

Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron [de los cinco ejércitos] por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.

(JOSUÉ 10.11)

David, el joven pastor de ovejas, mató a Goliat con ayuda del Señor y la puntería de su honda. Al hacerlo salvó a Israel de caer esclavo de los filisteos. Ese acto singular de valentía liberó a Israel para que produjera los profetas que escribirían las Sagradas Escrituras que leería el mundo. Liberó a Israel para que surgiera el rey David y, a su tiempo, el tataranieto del rey David Jesús de Nazaret, que liberó al mundo del reino de las tinieblas.

Cuando Amán conspiró para matar a los judíos de Persia [hoy, Irán], él y sus hijos terminaron ahorcados en la misma cuerda que había construido para colgar a los judíos. ¡Dios estaba

cuidándolos! La mayoría de los judíos del mundo vivían en Persia en ese momento de la historia. La aniquilación de los judíos habría constituido un obstáculo en los propósitos que Dios tenía en su plan. Dios se ocupó de que el arquitecto del holocausto del Antiguo Testamento acabara ahorcado justamente con la misma soga que preparara para los judíos.

Jesús nos dijo que antes de su Segunda Venida oiríamos «de guerras y rumores de guerras» y que se levantaría «nación contra nación y reino contra reino» (Mateo 24.6-7). Creo que se levantaría «nación contra nación» describe todos los grandes conflictos bélicos que hubo en la tierra desde los días de Cristo hasta hoy, incluyendo las guerras contra Israel.

Lo importante es esto: Dios Todopoderoso creó al estado judío y ha jurado defenderlo. Y cualquiera que presente una amenaza existencial contra Israel, sea político —desde Amán hasta Hitler—, militar —desde Goliat hasta Irán—, o atormentador — desde Faraón hasta Putin—, será completamente destruido por la mano del Señor.

Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos.

(NAHÚM 1.2

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RIMERA

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Cuando estudiamos la historia del pueblo judío en relación a la profecía bíblica tenemos que pensar en el impacto de la Primera Guerra Mundial sobre el estado de Israel.

En la Primera Guerra Mundial los británicos se veían impedidos para fabricar pólvora de cordita. El Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, fue a ver al químico judío Chaim Weizmann y le preguntó si sabía cómo fabricar pólvora sintética y si podría hacerla. Sin ella, no se podían disparar balas, y de nada servía la artillería. Los cañones de los barcos eran solo adornos. Estaba en juego el resultado de la guerra.

Weizmann y su equipo descubrieron cómo fabricar esa enorme cantidad de pólvora sintética en pocas semanas. Ese inventor judío tuvo un papel muy importante en la victoria sobre Alemania en la Primera Guerra Mundial.

Después de la guerra, Lord Balfour le preguntó a Chaim Weizmann qué podía hacer Inglaterra para honrarle. Weizmann pidió que se le diera tierra a su pueblo (los judíos), un hogar.

Lord Balfour creó un documento histórico que se conoce como la Declaración de Balfour, que le daba al pueblo judío lo que Dios ya había garantizado en el libro de Génesis: un país.

Aunque hubo varios borradores de la Declaración de Balfour, la versión definitiva se dio a conocer el 2 de noviembre de 1917 en una carta que Balfour le envió a Lord Rothschild, presidente de la Federación Sionista Británica.

Los sionistas del mundo siguieron regresando a la Tierra de la Promesa. El ojo de Dios, que todo lo ve, estaba cuidando a la semilla de Abraham, mientras reunía a los exiliados de las naciones del mundo.1

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fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados» (Mateo 24.22). Este versículo apunta claramente al holocausto de los judíos que llegaría a su tiempo, porque las referencias del Sermón del Monte a «los escogidos» son al pueblo judío, no a la iglesia.

Adolf Hitler era un monstruo antisemita endemoniado que llegó al poder en virtud del Tratado de Versalles, que mandaba que Alemania le pagara a los Estados Unidos e Inglaterra todos los gastos ocasionados por la Primera Guerra Mundial. El costo era astronómico.

En un esfuerzo por cumplir con ese tratado, Alemania quebró al acuñar dinero fresco, método para financiar la deuda nacional mediante la emisión de dinero nuevo que infla la moneda hasta que ya no tiene valor, debido a que abunda mucho. Los EE.UU. están haciendo exactamente lo mismo hoy, mientras caemos a pasos agigantados en una deuda nacional de veinte mil billones de dólares.

Hitler accedió al poder porque le prometió al pueblo alemán que no iba a pagarles a los EE.UU. e Inglaterra la deuda ocasionada por la Primera Guerra Mundial. Prometió en cambio que invertiría en el pueblo alemán, reconstruyendo la infraestructura nacional de rutas que se conoció como Autobahn, con la creación de un auto que fue el Volkswagen (en alemán, auto del pueblo) y restableciendo a su lugar a los militares de la nación. La gente estaba feliz. Hitler no llegó al poder por la fuerza, disparando balas. Fue elegido en votaciones por una sociedad alemana educada y altamente sofisticada.2

Hitler odiaba al pueblo judío del mismo modo en que los islámicos extremistas. Antes de llegar al poder, escribió el libro Mein Kampf, que significa «Mi lucha». No es por casualidad que la palabra jihad también signifique «mi lucha». Tanto la lucha de Hitler como la de los extremistas del Islam, fue y será contra el pueblo judío. Ambos le declararon la guerra a la semilla de Abraham, para destruirla.

Hitler dejó en claro en Mi lucha que tenía intención de matar a los judíos. El mundo sencillamente no creía que iba a hacerlo. El surgimiento de la «solución final» y la muerte de seis millones de judíos constituyen prueba viviente de que sí tenía tal intención.

El espíritu antisemita de Amán y Hitler sigue vivo hoy.

Mahmoud Ahmadinejad, ex presidente de Irán, repitió varias veces ante los micrófonos —para que lo oyera el mundo entero— que su misión era borrar a Israel de la faz de la tierra. ¡Pero los líderes de los EE.UU. decidieron no tomarlo en serio!

Irán acaba de elegir a un nuevo líder y el Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu, que conoce la mentalidad de los enemigos de Israel, dijo: «No nos engañemos, no dejemos que los buenos deseos nos tiendan la trampa de tentarnos a relajar la presión sobre Irán para que detenga su programa nuclear».

Mark Dubowitz, director ejecutivo de Fundación para la Defensa de las Democracias, dijo según una cita:

El nuevo presidente de Irán negociará con el fin de ganar tiempo. Esto, para poder llegar a la capacidad de fabricar armas nucleares a nivel industrial, con el fin de que Irán, sin que nadie lo detecte, pueda producir armas con uranio enriquecido o plutonio separado, para una o más bombas. La elección de [Hassan] Rowhani, maestro del engaño nuclear, no hace que hayamos avanzado en nada en el esfuerzo por detener el programa nuclear de Irán.3

ante el mal.

La Segunda Guerra Mundial terminó antes de lo previsto gracias al genio científico de Albert Einstein, cuyo conocimiento fue instrumental en el desarrollo de la bomba atómica. Los expertos militares de los EE.UU. afirmaron que al no haberse invadido Japón por tierra, hubo al menos setecientos cincuenta mil estadounidenses que se salvaron porque de otro modo habrían terminado muertos allí.4

¿En qué afectó eso a Israel? Al acortarse la Segunda Guerra Mundial, acabó el holocausto. Se había «borrado» a un tercio de la población judía de Europa. El objetivo de Hitler era la exterminación total.

El General Dwight D. Eisenhower ordenó a los medios del mundo que filmaran el infierno indecible del holocausto. Es que Eisenhower temía que llegara el día en que hubiera «negadores del holocausto» que declararan que no había existido tal cosa.5

Hoy los líderes islámicos extremistas de Irán que han prometido borrar a los judíos de la faz de la tierra se cuentan entre los negadores del holocausto.6

Y lamentablemente su veneno está sumando apoyo internacional.

De las lágrimas y la tragedia de la Segunda Guerra Mundial resultó el renacimiento del estado de Israel en mayo de 1948. Ezequías profetizó respecto de la promesa de Dios en cuanto a llevar de regreso a Israel a los exiliados:

Porque he aquí, yo estoy por vosotros … Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas … Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país … Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.

(EZEQUIEL 36.9-10, 24, 28)

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La Tercera Guerra Mundial se acerca.

Podemos ver las nubes de tormenta en Medio Oriente y, de nuevo, Israel es la clave. Rusia, Irán, Alemania, Turquía, Libia y las naciones de la Primavera Árabe han rodeado a Israel, a la isla de la libertad y la democracia, con un océano de terror y tiranía.

¡Dios está atento!

El drama final se desarrolla ante nuestros ojos cuando lees al respecto en la primera página de tu periódico y casi todas las noches cuando ves los programas noticiosos en la televisión.

El segundo jinete del Apocalipsis llegará montado en un caballo rojo, trayendo guerra y derramamiento de sangre. Dios destruirá a los enemigos de Israel en el despliegue más sobrenatural de poder que se haya visto desde que aplastó al faraón y su ejército en el Mar Rojo. Dios protegerá a Israel y el curso de la historia cambiará para siempre.

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E LEVANTARÁ REINO CONTRA REINO

reino de la luz contra el imperio de las tinieblas y la oscuridad. Es la batalla final entre el Autor de la verdad y el padre de las mentiras, la batalla del bien contra el mal.

¡La batalla del bien contra el mal está ocurriendo ahora mismo! Mira los programas de televisión y los anuncios de las películas, que presentan lo oculto… lo demoníaco… lo satánico… la práctica de brujería y hechicería en libros populares… la abierta hostilidad contra el cristianismo y el reavivamiento del antisemitismo. Esta batalla es la lucha por los corazones y las mentes de nuestros hijos, en nuestros hogares, nuestras escuelas, nuestras universidades y nuestra sociedad.

Están programando a nuestros hijos para que se vuelvan esclavos del estado socialista. Llegará un momento en que van a creerle más al gobierno que a la Palabra de Dios.

Hace poco emitieron la grabación de una de las personalidades más importantes de la radio en los EE.UU., de hace cuarenta y siete años. Era Paul Harvey. Con su característica visión, Paul Harvey describió la batalla del reino de la luz y el reino de las tinieblas, con una precisión que da escalofríos:

Si yo fuera el diablo… si yo fuera el príncipe de las tinieblas… querría sumergir al mundo entero en la oscuridad… y para eso haría todo lo necesario como para apoderarme de los Estados Unidos.

Lo primero que subvertiría serían las iglesias. Empezaría con una campaña de susurros. Con la sabiduría de una serpiente, te susurraría como lo hice con Eva: «Haz lo que te venga en gana». A los jóvenes, les susurraría que «La Biblia es un mito». Los convencería de que el hombre creó a Dios y no, al revés. Les diría en secreto que lo malo es bueno y que lo bueno es «cuadrado». Y a los viejos les enseñaría a orar repitiendo lo que yo diga: «Padre nuestro que estás en Washington…». En otras palabras, si yo fuera el diablo, seguiría haciendo justo lo que él está haciendo en este momento.7

Si los Estados Unidos quieren sobrevivir tiene que haber un tiempo de arrepentimiento nacional por nuestros pecados y un regreso a las eternas verdades de la Palabra de Dios. ¡Selah!

CAPÍTULO 9