Insights from a Natural Field Experiment
4.4 Design of the natural field experiment
4.5.5 Descriptive statistics
PÉREZ LARA
Bonoso Pérez nació el 8 de junio de 1953 y era de General Alvear. No vivía en el pueblo propiamente dicho, sino en Los Compartos, una localidad muy pequeña, un pueblito que queda a unos 10 ó 12 km. de General Alvear, adonde iba y venía todos los días. Su mejor amigo, Oscar Perdomo, recuerda:
“(...) después comenzamos la escuela secundaria juntos. Él era muy aplicado, era un tipo muy aplicado; fue el abanderado en la escuela primaria y en la escuela secundaria también. Comenzó la secundaria en la Escuela Nacional de Comercio, en General Alvear. Seguía viviendo en el campo, pero ya había comenzado a hacer algunos trabajos y se quedaba en la ciudad por eso. Trabajaba en un hotel y muchas veces nos juntábamos a estudiar ahí. En cuarto y quinto año nos juntábamos bastante, sobre todo porque estábamos visualizando el proyecto de irnos juntos a estudiar. No éramos militantes, no teníamos ningún tipo de militancia ni nada, hasta que nos vinimos a Mendoza.
“Cuando llegamos, fue a la casa de su tío, que nos alquilaba una habitación con baño privado, en el fondo, en la calle 25 de Mayo de Dorrego. Ahí vivimos muchos años. Vinimos a estudiar Ciencias Económicas. Ese año, no solo en Ciencias Econó- micas, sino en todos los ingresos —era 1971—, ya había mucho quilombo político. “Entonces, era el año 1971 o 1972... Ese gran lío que hubo con el ingreso fue porque la posición política era por el ingreso irrestricto, así que no queríamos entrar a rendir. Conclusión: nosotros quedamos sin ingresar a la Facultad, pero también, por provenir de familias humildes, nos quedamos a trabajar. Empezamos haciendo changas… Se me viene a la memoria, ahora, que fuimos a desarmar un circo. Porque era de esos circos que llamaban por avión, para desarmar. Otra cosa que hicimos en esa época fue ir a cosechar. Íbamos en un camión. Teníamos que llegar hasta la empresa que nos llevaba, y cosechamos, mientras buscábamos laburo, veíamos si conseguíamos algo. La idea era trabajar, conseguir algo que nos significara ahorro y poder juntar algo de plata.
“Yo empecé primero. Conseguí el trabajo a través de un amigo de mi papá, que tenía una empresa constructora; estaba construyendo la empresa ‘Tamarindos’ en Las Heras. Como eran las cosas en esa época, él andaba sin guita, y yo ganaba, entonces yo
pagaba la pensión. La idea era juntar unos mangos para hacer el ingreso sin trabajar, porque había unos horarios muy complicados; se cursaba dos o tres meses en los cole- gios de la Universidad, en el Martín Zapata, en el Universitario Central… Así fue como, al año siguiente, fuimos a rendir y entramos los dos a la Facultad. Sí, era 1972. “Comenzamos con la experiencia del ingreso, no estábamos muy vinculados a la cuestión política. En la facultad conocimos a César, Vicente, Daniel, de la Facultad de Ciencias Económicas, también, y ahí se forma el famoso OPUA, Organización Peronista Universitaria Antiintegracionista. Así era el nombre. Y era un sello de goma, no era trascendente, pero, de todas maneras, era un comienzo de militancia. No sé cómo fue que después nos relacionarnos con el peronismo. Creo que desde el Centro de Estudiantes. Y también se me viene a la cabeza la JP17… El OPUA se abrió del FEN. El OPUA ya se enfrentó un poquito, pero al principio estábamos un poco con el FEN, o bastante, eso en la época más fuerte del FEN. El OPUA era una transición que no tenía futuro…
“Ël era hincha de Independiente. En el ‘73 comenzó a tra bajar en la empresa Mendoza Refrescos y ganaba muy bien para lo que nosotros gastábamos, para nuestras necesidades. Sé que, incluso, podía mandar dinero a sus padres.
“Cuando empezó la militancia más peronista, es decir, cuando comenzamos a leer el peronismo, tuvimos más formación ideológica. En nuestro caso, Bonoso y yo, no éramos estudiantes típicos porque, como ya trabajábamos, íbamos al comedor, éramos estudiantes regulares, pero no rendíamos regularmente todo, siguiendo todas las mesas ni nada por el estilo… Estábamos bastante abocados a la militancia. Y eso que, al principio, tenía algunos temores de entrar en política.
Según Lichi (Alicia Larrea), compañera de militancia, en el local de la JP17, además de ser compañeros de Bonoso Pérez, hicieron un buen grupo de amigos:
“Se preocupaba mucho por los compañeros que iban llegando. Es que tenía ya conocimiento de ciertas cosas que los que iban llegando no sabían. El local de la JP17, en General Paz, tenía un salón con mesitas, donde los más grandes nos enseñaban a los más chicos un poco de historia. Nos sentábamos y discutíamos. Había un pizarrón grande y un compañero nos explicaba cuál había sido el origen de las guerrillas, de los grupos, de Tacuara, de las FAR, de Montoneros...
“Estaban todos separados en esa época, todavía, y se hablaba… quiero decir, en vez de decir ‘Fuerzas Armadas Revolucionarias’, se decía ‘R’; en vez de ‘Fuerzas Armadas Peronistas’, se decía ‘P’ y a Montoneros, ‘M’. Los que recién llegábamos no teníamos ni idea de lo que era la P o la R, y cuando a mí me tocó escuchar una clase, Bonoso me miraba con una preocupación que me hacía sentir nueva, pero, a la vez, como que nos estaba protegiendo… Recuerdo que le dijo a Carlos ‘Pará, me parece que vas muy rápido con la compañera’… A partir de entonces sentí una cosa muy especial con Bonoso; fue un acercamiento que hasta el día de hoy llevo conmigo, porque él fue como un protector... Era un tipo tan noble, tan leal y tan solidario… Yo no quiero exaltar las virtudes del compañero porque no está, pero Bonoso tenía esa característi- ca, nos protegía a todos.
Perdomo retoma el relato: ”Nunca le conocimos novia; es más, nunca tuvo
novia, nunca tuvo. Era un problema de timidez, era muy retraído. Me acuerdo que lo cargaban con una pendeja del pre que parecía que lo buscaba, que le gustaba; por lo
menos, eso les parecía a algunos, pero nunca pasó nada con esa piba”…
“Después le tocó la colimba. Era la época cuando se hacía a los veinte años. Pidió una prórroga porque era estudiante y se la dieron. Lo que quiero contar que en el ‘74 se fue de la casa para hacer la colimba y, cuando volvió, habían comenzado las disidencias dentro de la JP.
“Si bien estaba en la estructura universitaria, después pasó a la Juventud Trabajadora Peronista. Dentro de la JTP, pasó a formar parte de Montoneros. Estaba dentro de la estructura. Estaba dentro de la Organización Montoneros. Para mí — reflexiona Oscar—forma parte de la estructura de Montoneros a partir de una situa- ción de ‘apriete’, porque cuando deja de trabajar en la Coca-Cola y se fue con trabajo a la Fabril Casale, uno de los dueños fue secuestrado por la Organización Montoneros, con pedido de rescate económico. Él no tuvo participación, no tuvo nada que ver, pero como ya eran tiempos de mucha agitación, la Organización panfleteó Fabril Casale, panfleteó abiertamente, aduciendo persecución política a los compañeros de la Orga- nización, entre los cuales nombraban a Bonoso. A partir de ahí no fuemás a trabajar y se clandestinizó.
“Después trabajó de albañil con una bicicleta afanada… y desde ahí los aconte- cimientos se precipitaron. Un día lo metieron preso, en una ‘pinza’, esas encerronas que hacían con los patrulleros pidiendo documentos… Me acuerdo del desamparo que sintió porque nos habían desnudado en la celda. Lo habían dejado desnudo y le había dado mucho miedo… Eso pasó cuando todavía no estaba clandestino.
“Esa es su historia... ¿Y cómo cayó? Los compañeros manejan dos versiones: una es que no teníamos lugares donde ir y parece que lo iban a trasladar a San Juan, pero en San Juan, en ese momento, había caído una casa con compañeros que eran su contacto. Según cuentan, estaba esperando un contacto de San Juan, pero lo estaban esperando a él, porque fue cantada la cita, producto de la represión en San Juan. Esa es una versión. Y que fue el 1º de noviembre cuando desapareció… La otra es que lo fusilaronn en el Matadero Vildoza, en Godoy Cruz, en los tapiales; que lo fusilaron en el paredón…
“creo que lo importante es cómo lo recuerdan los compañeros. Era un chico morocho, delgado, muy delgado, un tipo de 1,75 mts. Tenía cabeza ovalada, tipo huevo la cabeza; hijo de criollos, criollos. La figura que lo definió era la bondad, ser un tipo realmente muy solidario hasta en el detalle, siempre estaba al lado de las compa- ñeras protegiéndolas. En esas grandes movilizaciones en que nos atábamos las manos a los costados y salíamos por debajo de los brazos para pintar las paredes y demás, ahí estaba él, al lado de una compañera, protegiéndola.
“Por eso sus padres nunca pudieron entender por qué desapareció. Primero, porque eran gente muy simple y conocían su personalidad, eso de ayudar al que se podía y de hacerle caso a la autoridad, respetaba la autoridad. ‘¿Cómo va a desaparecer mi hijo? ¿Cómo el gobierno, cómo el poder, como el Ejército va a meter preso y a matar y a hacer desaparecer a mi hijo?’… Es incomprensible. A tal punto que una buena cuota de culpa, creo, su padre y su madre se la echaban a la dirigencia en general, porque no sabían a quién echarle la culpa, por decirlo de algún modo...”
El 25 de noviembre desapareció, junto a Bonoso Pérez, Miguel Montesinos, en Las Heras. Según el oficial Hugo Garay, ambos fueron detenidos en Roca al 111. Después de ellos, desaparecieron Juan Antonio Molina, el 3 de diciembre;
su cuerpo fue encontrado, años después, en la fosa 217 del famoso cuadro 33 del cementerio de Capital, presuntamente con Daniel Moyano, Raquel Moretti y Aldo Casadidío, que fueron secuestrados juntos el día 5 del mismo mes; el sanjuanino Miguel Ibarbe, el 16 y, en San Juan, Liliana Riveros, aunque de ella se desconoce el día preciso de desaparición.