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Net effect of an extra mailing on total charitable giving

Insights from a Natural Field Experiment

4.4 Design of the natural field experiment

4.6.3 Net effect of an extra mailing on total charitable giving

ENERO

DE 1977

Profesor de Filosofía y Teología, fue rector de la Universidad de San Luis, pertenecía al Consejo Mundial de Iglesias. Tenía 59 años. Vivía en Olegario Andrade 345, de Ciudad, Mendoza. Desapareció el 1º de enero de 1977. En el juicio conocido como “Las Lajas”, Centro Clandestino de Detención de la Fuerza Aérea, el testigo Horacio Ferrari dijo haberlo visto, ya que estuvo allí entre junio y agosto del ‘77, junto a Osvaldo Zuin y otros detenidos. Cora Cejas, una de sus tantas alumnas, cuenta:

“Yo fui una alumna que, sin dudas, lo recuerda porque para mí hablar de Mauricio López es hablar de mi adolescencia. Fue mi profesor de Filosofía en los dos últimos años de la Escuela Normal, en 5º y 6º año, en 1950 y 1951. Cuando por extraña casualidad surge algún escrito o alguna publicación en los diarios que diga ‘aporía’ o ‘apodíctico’ o ‘ataraxia’, él esta ahí, porque la filoso- fía griega fue lo que más nos enseñó; eran los conocimientos básicos funda- mentales, los cimientos para el saber de la Filosofía y él tenía el don de sintetizar con tanta claridad las cosas, que nos dictaba y ese era el apunte que estudiába- mos.

“Era un hombre apuesto dentro de su estructura fisonómica, muy espe- cial. Por entonces tenía 30 años. Lo queríamos mucho porque realmente nos ayudaba a afianzar el pensamiento. Cumplía realmente la función que debe cumplir toda persona que está en la educación de niños y de adolescentes: hacer

coherente la forma de pensar, enseñar bien la inducción, enseñar bien la de- ducción, poner ejemplos, pedir ejemplos. Nos resultaba muy placentero estar con él, además de que no era un hombre engreído, ni volado, ni alejado de sus alumnos, era como… como un hermano grande, muy serio, eso sí, muy profe- sor… A veces sentíamos que estábamos delante de un ser muy especial y muy exquisito, es decir, un hombre diferente de los hombres que podíamos conocer cuando teníamos diecisiete o dieciocho años.

“Parece una tontera, pero para mí era especial. Por ejemplo, viajábamos en el mismo colectivo que yo tomaba para ir a casa y que pasaba cerca de la suya; él bajaba y yo seguía hasta mi casa. A veces conversábamos ahí y la relación era igual de fácil, era igual de abierta, sencilla… En algún momento, le pregunté: ‘¿Mauricio, qué objetivos tiene usted en la vida?, ¿qué es lo que usted aspira a ser?, ¿cuáles son las cosas que quiere tener?, ¿cómo va a llenar su vida? Como proyecto, ¿qué es lo que quiere construir con su vida?’… me dijo: ‘Para mí, para mí personalmente, individualmente, quiero tener dinero suficiente como para tener discos y libros que a mí me gustan, y para vivir en la sociedad, quiero seguir predicando la paz, quiero seguir siendo profesor, quiero seguir siendo un hombre así, que no tiene aspiraciones de poder ni de dominio”. Me impresionó porque, claro, él tenía una casa, pero era la casa de su mamá; no dijo ni que quería comprarse un auto porque viajaba en colectivo ni que quería tener una mansión ni nada… Dijo que quería seguir siendo profesor, que quería seguir predicando la paz. Me pareció muy raro escuchar esto.

“De más está decir que lo que aprendí no lo olvidé nunca más. Como he seguido estudiando, he leído mucho y he estudiado filosofía, puedo decir que realmente él puso los cimientos en aquella época. También era un amigo, amigo de circunstancia, no asiduo, pero amigo de uno de mis hermanos con quien tenía ese aprecio, esa cosa de cariño respetuoso, de confianza limpia, muy bonita. “Después me enteré, cuando pasaron los años, que era miembro del Consejo Mundial de Iglesias, que era integrante de los ‘Hermanos Libres’, que pudo haber llegado a tener lo que quisiera, en la vida…

“Recuerdo que era alto, con una estructura saludable, de cuerpo firme, un cuerpo con un aire de salud, la piel un poco dorada, no era blanco blanco ni tostado por el sol; tenía la piel naturalmente un poco oscura y una nariz eminen- te, tipo la nariz de San Martín, esa nariz de gente que aspira mucho, que tiene buenos instintos.

“Daba clases en la Escuela Normal Mixta ‘Tomás Godoy Cruz’ y, en el año ’49, se cayó una parte de la Escuela Normal; empezó a derrumbarse. Al año siguiente fuimos a tomar clases en el Colegio Nacional ‘Agustín Álvarez’, pero no en las aulas, sino que fuimos a trabajar en los gabinetes de Física y Química, en mesas muy largas, muy grandes. El aula donde nosotros estábamos tenía dos mesas grandes y dos más chicas. Se paseaba para dictar, explicaba, dictaba con las manos en los bolsillos… La mano izquierda en el bolsillo y con la otra se tocaba el rostro y caminaba; caminaba mucho por el aula, se veía que pensaba de qué manera decirnos las cosas para que entendiéramos eso tan profundo…

“No tuvo actividad política. Las alumnas sabíamos que pertenecía a otra religión y no nos importaba, todavía no habían llegado los tiempos en que se

impondría, por ejemplo en la Escuela Normal, la religión oficial, la religión del Estado. Él no tenía ningún viso de sectarismo en nada, era un hombre universal, era un hombre de pensamiento abierto. No fue un caso como el de otros que tuvieron actitudes sectarias de derecha populista o de derecha tradicional mendocina, que de eso sí hubo en la Escuela Normal… Es que la Escuela Nor- mal era bastante elitista; algunos estaban ahí porque tenían un par de neuronas que funcionaban bien, pero otros estaban porque eran hijos de Vicchi, Guiñazú, Guevara, Villanueva… esos apellidos… O Arenas. Esos apellidos tradicionales de Mendoza. Llegó un día en que apareció un director nuevo, Manuel Domínguez, profesor de Literatura Argentina, en el año ’50, y él sí que presionaba con el tema del peronismo; era un peronista.

Nacido en Córdoba, empleado, casado, una hija. Su esposa y compañera de militancia, Renée Ahualli, nos devuelve su identidad:

“Era muy bueno en las cosas de ‘fierros’; era un especialista. Desgracia- damente, había hecho dos años en la Marina, le tocó estar dos años ahí, por el Servicio Militar y, como era muy bueno, ascendió a dragoneante, el cargo que le daban a los soldados que eran muy buenos. Hizo Infantería de Marina; eso fue lo que lo salvó en Córdoba, cuando Ferreira, el copamiento por parte de las FAR... Se salvó justamente por su disponibilidad en combate, pudo alejarse del lugar rodando y la Berger, María Antonia Berger, le gritaba que subiera a la camione- ta. Creyó que le había dado una bala en la pierna y era que lo había rozado, así que salió del lugar... ¿Se acuerdan de Ferreyra?, el combate de Ferreira… Así que tenía muy buen entrenamiento. Además era muy pesad. Era un pesado, le gusta- ba.

“Y era muy simpático; era un líder. A veces lo puteaba y me decía ‘No me