4.3 Regression Analysis
4.3.1 Diagnostic Tests
El auto sacramental constituye un género independiente al de la comedia por diversos motivos que aquí se intentará explicar. Como característica general de la literatura religiosa del Barroco, hay que acentuar el carácter postridentino y contrarreformista que la impregna. Concilio y Contrarreforma se encuentran patentes de manera particular en los autos porque en el plano práctico se erigieron como instrumento propagandístico, aunque en el marco de la festividad religiosa a la que se destinaron adquiriesen atribuciones exaltadoras de los misterios divinos. En efecto, el ámbito en que se representan los autos sacramentales es la fiesta de Corpus Christi, la más importante del calendario litúrgico y, consecuentemente, la más relevante para la España del
XVII. El misterio máximo de la religión católica se sintetiza en el milagro eucarístico, en él se
percibe la concreción perfecta de la historia salvífica de la humanidad y la fiesta de Corpus es excepcionalmente importante porque en ella se afianza este principio fundamental; es el baluarte ideológico ante la multiplicidad de denominaciones cristianas que se cuestionan la validez de los sacramentos. Por este motivo, el auto no solamente debe considerarse en el contexto teológico, sino también en el político-religioso de la época:
Vega García-Luengos, 2008, p. 22. 95
Desde un primer punto de vista y debido a su posición en el tiempo, el auto sacramental es una forma de expresión premoderna por ser pieza propagandística y de agitación, al ocupar una posición importante en los conflictos político-religiosos y teológicos. Como forma de articulación con el enemigo, es parte del conflicto fundamental de la época: las luchas religiosas entre la reforma y la contrarreforma en las que el cristianismo queda dividido en partidos adversos. Sin embargo, desde otro punto de vista, la forma de articularse con el enemigo se revela también como la razón fundamental del propio misterio eucarístico. El sacrificio de la cruz de Cristo como contenido conceptual de la eucaristía es la figura de la decisiva lucha contra el adversario. Esa lucha entre Dios y Satanás constituye también el contenido conceptual del auto sacramental . 96
Sin embargo, por la naturaleza de este trabajo, me veo obligado a enfocar la atención principalmente al sustrato textual y genérico que envuelve a esta compleja forma literaria. No puede obviarse el tema de la religión porque es parte esencial de las características que distinguen al auto de otras formas dramáticas breves, aunque es claro que no se trata de la única. Sobre la base de lo que se ha expuesto hasta el momento, un aspecto es imprescindible para reconocer la naturaleza del auto sacramental: la presencia nuclear de la Eucaristía.
Ahora bien, para no caer en errores graves al momento de comprender el género, es necesario explicar con mayor detalle lo anterior. La Eucaristía como elemento nuclear en el auto, no implica que siempre es el tema ni que ocupará la mayor parte del asunto de los diálogos; su relevancia no se expresa necesariamente en términos dialógicos (menciones, alusiones) ni
funcionales (representaciones alegóricas, intervención directa en la trama), sino que se manifiesta
Poppenberg, 2009, pp. 11-12. 96
en la medida en que la representación trata de la Redención de la humanidad, «tema que es inseparable en la teología católica de la institución del Sacramento de la Eucaristía, que re- presenta de forma incruenta el mismo sacrificio del Gólgota» . 97
Hasta este punto, las consideraciones argumentales solamente parecen menos abstrusas, pero aún quedan por plantear otros aspectos importantes; el carácter alegórico de la
representación es uno de ellos. Tanto personajes como acciones pueden ser alegóricos en el auto, pero la intención de la alegoría es lo que debe interesar; puede considerarse que, en efecto, se trata del empleo retórico al servicio del adoctrinamiento, de manera que a través de un doble nivel de significación se vuelvan inteligibles las abstracciones teológicas anejas al tema de la Salvación . Pero por otra parte, es también reconocible la intención eminentemente estética que 98
motiva al poeta a componer el auto, en él lo sagrado no es objeto ni asunto de una construcción retórica que se dramatiza, sino que constituye la forma y el contenido conceptual de la poesía . 99
De esta última perspectiva se desprende que existe una conciencia en el dramaturgo sobre la diferencia entre iglesia y teatro, entre dogma y retórica; el sacramento no puede enseñarse, sino, como la literatura, solamente puede experimentarse, vivirse, entrar en comunión con él. El auto tiene la función de recrear ese momento de comunión por medio de la poesía. La alegorización, entonces, no es el recurso retórico sino la experiencia que se vive ante la representación y asimilación interpretativa . 100 Arellano, 2008, p. 687. 97 Arellano y Duarte, 2001, p. 17. 98 Poppenberg, 2009, p. 16. 99
«casi de manera imperceptible, sucede que el término alegórico cambia de significado: unas veces, con valor 100
retórico; otras, con interpretación de sentido bíblico […] cuando se trata del sentido alegórico bíblico, con
independencia de que se hable del paraíso hacia Cristo o viceversa, la personificación-figuración de los personajes o, un tanto abusando-extremando el verdadero valor de las “figuras”, de los acontecimientos solo puede tener de alegórico-metafórico la forma; jamás, el contenido» (Villanueva Fernández, 2012, p. 354).
No presenta los elementos propios de la estructuración interna de la fábula que se transforma en representación, no tiene tiempo ni espacio definidos, aquellos en los que se desarrolla la trama también son de naturaleza abstracta. De acuerdo con Kurt Spang, las
incongruencias espaciales y temporales que pueden encontrarse en el auto no son resultado de la negligencia de los autores, sino el empleo intencionado de un simbolismo que pretende reflejar la «omnipresencia de las verdades de la fe» . En este sentido vale decir que la segunda gran 101
característica definitoria del auto sacramental es la alegoría, precisamente porque ésta reviste cada elemento, como puede apreciarse por lo expuesto antes, que interviene en la representación en calidad de proposición y no de mero espectáculo.
Características de orden formal pueden ser que se compone en verso, la composición se realiza siempre con la intención de representarla y se dispone en un único acto. Los personajes, también de naturaleza alegórica, no presentan rasgos psicológico profundos, su función está determinada por la significación superior detrás de los actos y palabras. El auto sacramental, en suma, es la puesta en escena de realidades supraterrenales, que sólo adquieren corporeidad para ser transmitidas y recibidas, en primer lugar, de manera sensible y aprovechadas, posteriormente, de forma espiritual, ya que su esencia trasciende, o busca trascender, la experiencia material. Villanueva Fernández (2012) propone que pueden clasificarse en autos historiales, alegóricos y alegóricos historiales, basado en el criterio de los elementos históricos (que aparecen en la Escritura u otras fuentes escritas) o alegóricos (que corresponden a la interpretación de la Escritura) que los componen, en lugar de basarse en una división fundada en la procedencia de los temas (Antiguo o Nuevo Testamento). Su propuesta de una nueva taxonomía, sin embargo, no es definitiva.
Spang, 1993, p. 148. 101