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Otra de las obras de Alarcón que utilizan efectismos de naturaleza semejante es La manganilla de Melilla. A diferencia de la comedia que he explicado antes, el argumento aquí fue sustraído del famoso episodio en que el capitán Pedro Venegas de Córdoba derrotó a los moros en Melilla gracias a un ardid estratégico . Los elementos fantásticos no son, en sentido estricto, de 123

carácter mágico sino milagroso y no todos resultan relevantes para el desarrollo de la acción. La intención esencial de esta comedia es asentar la superioridad de la fe cristiana sobre las otras formas de monoteísmo conocidas en la época: el islam y el judaísmo. En este sentido, los milagros que se recrean en el tablado, a diferencia de los elementos mágicos de la comedia anterior, se desencadenan gracias a la potestad divina y su consecuencia lógica es solemnizar la religión. Por ejemplo, tras haber blasfemado contra Alá, Azén, alcaide de Búcar, manda

aprehender a Muley, hijo del morabito Amet, porque le ha reprehendido por sus blasfemias. Daraja, hermana de Azén, exige la liberación de Muley, de quien está enamorada, y resulta prisionera asimismo. Posteriormente, cuando el morabito llega de España a África y solicita la libertad de su hijo al alcaide, éste se niega e intenta prenderle también, pero el santón obra un milagro y hace aparecer a Muley de la nada para escapar de ahí por los aires: «Saca a Muley de un escotillón y juntos los dos, vuelan por tramoya» . Este primer prodigio, no obstante, por sí 124

mismo no revela su naturaleza divina; pareciera tratarse de un prestigio, especialmente si se toman en cuenta las palabras que Amet dirige al airado Azén antes de obrarlo:

¿Al morabito Amet, a quien el suelo venera, y de quien tiembla el libio adusto

Whicker, 2003, p. 142. 123

Manganilla, v. 905 acot. 124

y el scita de temor, más que de hielo, se atreverá a ofender tu imperio injusto? ¿Conoces el poder y valor mío,

mi heroico pecho y corazón robusto? 125

Por esta razón viene acompañado de un grave discurso en que invita a la penitencia y a la conversión:

Pues porque enfrentes el incauto brío y temas tu rüina, y la sentencia dañada mude ya tu pecho impío, de parte del rigor y la potencia inexhausta de Dios, te exhorto y cito que de tus culpas hagas penitencia. A Dios has blasfemado; tu delito conoce y llora, Azén; perdón le pida tu poder limitado al infinito

o verás brevemente convertido en humo vil tu indómita braveza, y en polvo leve tu arrogante vida . 126

La comedia es rica en vuelos y apariciones, así como en episodios de transformaciones fantásticas, todo amparado por el poder divino; en el tercer acto, Arellano y Pimienta son

vv. 864-865. Y también, posteriormente: «No debes de saber que el poder mío / excede, Azén, los límites 125

humanos» (vv. 895-896). vv. 870-881.

enviados a espiar a los ejércitos de Azén y Abenyúfar, cuando los delata el judío Salomón. Aunque no hay mención explícita del contingente que les ataca, las didascalias son útiles para comprender la naturaleza milagrosa del enfrentamiento: Pimienta y Arellano invocan a la Virgen María («¡Valednos, / Madre de Dios!»; «¡Virgen santa, socorrednos!», vv. 2249 y 2251), lo que impide que los moros los sometan inmediatamente; en escena, los dos cristianos deben estar rodeados o, cuando menos, cercados por más de cuatro moros, según denota el diálogo de Azén: «¿Dos cristianos / se os defienden, africanos?» . Amet, como en respuesta a la invocación hecha 127

a la Virgen, interviene en ese momento e impide que les den muerte, argumentando que a Dios disgusta el homicidio; pero Azén porfía y mientras dice «Líbrete de mi poder, / si desto se ofende, Alá» ataca al alférez Arellano, quien se transforma en árbol: «Vale a dar Azén, y vuélvese 128

Arellano en árbol por tramoya» . A esta trasmutación se sigue una ilusión aún más impactante: 129

Pimienta, atacado por varios moros , es atrapado y Azén decide despeñarlo con una nueva 130

blasfemia: «¡Muera el infame cristiano / en esta profunda sima / rabiando, como yo rabio / […] / o líbrele el cielo!» . 131

Otra vez el poder divino responde a los atrevimientos del alcaide, haciéndole creer que da muerte a Pimienta cuando éste, poco después de haber caído, se encuentra sano y salvo en una cumbre : «Coge Azén del vestuario un hombre vestido como Pimienta, y échalo por un 132

escotillón, y Pimienta aparece luego en lo alto del vestuario» . La alegoría cristiana de estos 133

vv. 2249-2250. 127 vv. 2282-2283. 128 v. 2283 acot. 129 Ver vv. 2292-2293. 130 vv. 2318-2322 131

No es del todo clara la realización del prodigio: la ejecución puede ser ilusoria, como sugiere la acotación, o 132

puede proponer una manera en que Dios salva al soldado. En cualquier caso, se trata de un complemento alegórico con enfáticos símbolos cristianos.

v. 2322 acot. 133

prodigios prescinde de los discursos doctrinales, que ocupan buena parte de los diálogos de los personajes principales, pero en su lugar recupera elementos simbólicos de gran notoriedad para el público de la época: el árbol, que representa a la cruz; la caída al abismo, que es la muerte; y la elevación del despeñado en el monte, la resurrección . 134

Finalmente, en la batalla en que los cristianos vencen a los moros, Amet revela que la desgracia de éstos se debe a sus blasfemias y a su propia dureza al no acatar la voluntad divina: «cúlpate a ti y a los tuyos, / que trayendo armas secretas, / habéis ofendido a Alá» . Tras esto, el 135

morabito se eleva hasta desaparecer , dejando a su contingente en manos de los cristianos, 136

quienes les ofrecen la conversión como vía para una doble salvación: la del alma y la del cuerpo. Estos recursos interesan por lo llamativos y, en el ámbito de las comedias alarconianas, por lo singulares, y porque, como he dicho antes, constituyen una de las maneras que el propio Alarcón prefería para deslumbrar al público, en lugar de enaltecer motivos escandalosos como infidelidades, abusos de la nobleza o venganzas de villanos, como hacía el resto de su generación, influenciada poderosamente por la obra de Lope de Vega. En la breve descripción que he

realizado de los elementos más notorios de La cueva de Salamanca y La manganilla de Melilla, es posible apreciar el peculiar acento moralizante y doctrinal de su producción; asimismo, se puede reconocer que, en general, la llamada comedia nueva se revestía de un abigarramiento de recursos (artificios, luces, música, chistes escatológicos, poemas filosóficos y metafísicos, doctrina política y religiosa, etcétera), que tenía como fin complacer a los distintos grupos sociales que conformaban el público, sin perjuicio de la homogeneidad ideológica que imperaba en el mismo .137
 Whicker, 2003, pp. 145-146. 134 vv. 2816-2818. 135 vv. 2828-2830 y 2829 acot. 136 Arellano, 2008, p. 109. 137

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