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The Difference Between Doing Harm and Allowing it to Occur

4.4 The Historical Case in the Philosophical Literature

4.4.1 The Difference Between Doing Harm and Allowing it to Occur

La interpretación de las desgracias del río y sus desgraciados también es una invitación a los amigos y a cualquier músico que quiera participar: es una invitación que queda abierta. Y ya varios colegas me han acompañado en esa navegación. Relataré brevemente lo ocurrido con un par de ellos. A Jorge y a Lucho los escogí porque en realidad se embarcaron a navegar conmigo. Aunque hubo otros que también lo hicieron, pero desafortunadamente en esos momentos no contaba con las herramientas adecuadas para el registro de audio y video.

Jugador 1

Un músico que ha atravesado con mucha fuerza el río es Jorge Castillo. Fue alumno mío de guitarra eléctrica en el programa de música de la Universidad Incca entre el año 2006 y el 2009 y no lo veía desde mi salida del claustro. Hubo un encuentro casual por la calle, Jorge es de esos alumnos que da gran gusto encontrarse. Más allá de su especial apasionamiento y habilidad para la guitarra, siempre me llamó la atención su inquieta creatividad. Recordaba una obra de experimentación basada en tiempos y rebote utilizando varios delays, que compuso para guitarra eléctrica. Alguna vez le pregunté sobre la obra y me la explicó en términos matemáticos. Yo no entendí nada.

También recordaba que andaba construyendo un aparato llamado E-Bow, utilizado para mantener una nota larga en la guitarra eléctrica, de manera similar a como lo haría un instrumento de cuerdas frotadas, sólo que en este caso a través de un campo electromagnético. También estaba construyendo un Talk Box, que consistía en una manguera, por la que se emiten sonidos con la boca, que va conectada a una caja en la que se combina con los sonidos de la guitarra produciendo una mezcla entre los dos.

Nos tomamos varios cafés de charla apasionada en torno al tema, sonidos de ciudad, ruidismo, improvisación, sonidos de agua en la ciudad, síntesis sonora, guitarras eléctricas, efectos análogos, sintetizadores, experimentación, caos urbano, contaminación, en fin. También hablamos de la nota que sale de cualquier instrumento y va siendo transformada como metáfora a la gota de agua de un nacimiento que va mutando a medida que se acerca a la ciudad. Desde el

primer café en la primera charla me di cuenta que él era el jugador que necesitaba para mi proyecto del río como partitura.

Lo iba metiendo al río y al río lo fui convirtiendo en partitura. La primera vez recorrimos desde la carrera Treinta, pasando por el barrio Belalcázar hasta el Park Way. En esa primera parte del recorrido hablamos muy poco. El observaba en silencio los grafitis cuyos detalles yo ya conocía, él miraba con recelo a los habitantes del río que a esa hora del mediodía dormían echados en el pasto. Él estaba tenso y a la defensiva, como lo estuve yo en mis primeros recorridos. Cuando pasamos por la calle 45 para coger rumbo a la calle 39, le conté algo de Carangas, el habitante de calle que conocí años atrás en el centro de rehabilitación. Le señalé el punto donde Carangas armaba cambuche* con sus amigos. Así le fui mostrando los puntos determinantes de la historia, otros parches y el sitio donde se realizó la intervención sobre el río como parte del festival La Noche en Blanco, donde hice una intervención artística musical sobre el Arzobispo y otros performances asociados con este afluente del río Bogotá.

Continuamos el recorrido rumbo hacia la avenida Caracas. El agua que surgía de su túnel era suficiente en cantidad y velocidad para escuchar su sonido, no como en época invernal y de torrente pero tampoco de sequía, donde apenas baja un imperceptible hilo de agua, que se escucha solo estando con los pies entre el agua.

Cada vez que nos acercamos a la Caracas, va cambiando el sonido del río. Jorge dijo que todos esos sonidos se pueden fabricar con el sintetizador Nord y el modulador de anillos.

Se refería a sus juguetes para crear sonidos y música.

―¿Y el de la ciudad?

―Sí, claro

―Me interesan los sonidos del agua y de la ciudad pero no literal, de lo contrario hubiera recurrido a los registros del paisaje sonoro y hubiera improvisado sobre ellos. Me interesa más cómo nos afecta por dentro. La afectación es diferente en ti que en mí, y quiero que la pongamos

a dialogar cuando hagamos música. Yo desde la guitarra eléctrica alterándola y tú con tus juguetes.

Entonces le pregunté:

―¿Cómo te suena el río internamente?

―Cuando a mí me hablan de río me imagino los de mi tierra en Anserma o Riosucio, no un río de ciudad.

―Yo también por mucho tiempo me imaginaba el del campo a pesar de haber pasado acá desde la infancia y creo que esa es la percepción romántica de lo que es un río. Si le decimos a cualquiera: “Cierre los ojos e imagine el sonido de un río”, algunos imaginarán ríos tranquilos, otros con más corriente, otros como mayor inclinación en su bajada, etc. Pero no los van a imaginar ahogados entre la masa sonora y estridente de ciudad.

―Si antes le sonaba un río de campo, cuando se metió en esto del Arzobispo ¿qué le cambió?

―Claro ahora cierro los ojos y escucho otra cosa.

―¿Como qué?

―La voz del río.

Continuamos el recorrido y a medida que nos acercábamos a la avenida Caracas, el sonido del agua iba siendo tragado por la turbulencia de la avenida. Todo se volvía un solo sonido, una fusión con los sonidos de los buses del TransMilenio, carros, motos, camiones, obras en construcción y transeúntes en cualquier dirección.

Otro día realizamos un recorrido desde el cerro. Fue una subida al Pico del Aguila, donde continuó la conversación sobre lo que escuchábamos y sentíamos. Nos paramos un rato en el punto que ya no se escucha la ciudad, exactamente unos tres metros después del Pico del Aguila. De vuelta y cuando ya nos acercábamos a la avenida Circunvalar, donde empieza el Parque Nacional, Jorge dijo:

-Todo esto podría ser como mezclar dos pistas en un estudio de grabación, una que contiene un sonido del agua y otra que contiene un gran estruendo. Como una pista de agua y un gran monstruo. El monstruo se va acercando hasta que nos traga.

-¿Cómo el río que va siendo tragado por un caño? Juguetes

Jorge se había conseguido poco a poco toda una juguetería durante los últimos años, como parte de su dedicación a la síntesis sonora. Con estos juguetes había sido invitado a musicalizar eventos del planetario de Bogotá que ahora nos podrían servir para la composición.

Y ocurrió como cuando niño me encontraba con amigos cualquier 25 de diciembre y me invitaban a jugar con el tren de pilas nuevo, o el carro de bomberos con sirena, o el mejor juguete que les hubieran dado.

El primer juguete en el que reparé al llegar a su casa fue una cajita de madera con dos antenas: una vertical y otra horizontal. Un theremin marca Moog monofónico, el primer sintetizador patentado en 1919. Funciona como un campo magnético que se activa con las manos, como cuando uno se acerca a una antena de radio y produce interferencia.

El siguiente juguete en el que fijé la mirada fue un teclado de apenas tres octavas, pero con un tablero negro grande enfrente lleno de botones organizados en filas y columnas, 36 en total, y un espacio con cables pequeños que interconectan varios orificios y con el letrero de la marca Korg Synthesizer: un Korg MS20 hecho en 1978, y otros letreros pequeños que indicaban diversas funciones, de las que yo tenía una idea muy básica.

En ese reconocimiento y diálogo sobre sus juguetes me di cuenta que él veía en su cabeza fórmulas físicas, ecuaciones, formas de onda, valores matemáticos que intentó explicarme con un tercer juguete. Hubo muchos ingenieros en la segunda mitad del siglo XX que hicieron música, crearon música, aplicaron su ingeniería a la música. El caso de Jorge era a la inversa: había pasado de la música al terreno de la ingeniería y las matemáticas empíricas guiado por una motivación muy fuerte.

Necesitábamos hacer sonar las cosas, empezar a prender los juguetes para ir encontrando un común denominador en el diálogo y fue lo que hizo Jorge. Produjo con el aparato el sonido normal del voltaje parecido al que produce una luz de neón prendida. A partir de ahí empezó a desfigurar y a transformar ese sonido, generando diferentes ruidos, hizo el de una sirena, emuló otro de un avión que escuchábamos pasar en ese momento. Luego cogí el juguete y moví los botones aleatoriamente jugando un buen rato, encontrando una diversidad de sonidos que surgían al azar.

Jorge nunca utiliza sonidos preexistentes, o sonidos sampleados, los crea de cero. Me hizo la demostración con el cuarto juguete: un Nord lead 4: un sintetizador analógico.

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Foto 10: Jorge y Juan Carlos jugando con el theremin. Foto: G. Montaña. (3 de octubre de 2016).

La demostración fue algo mágico para mí, cogió la onda que produce el voltaje y empezó a manipularla hasta recrear un sonido del agua y un sonido de tráfico de ciudad. Confirmé así que cada uno tenía un sonido de agua y de tráfico diferentes en su cabeza. Como preguntarle a

alguien cómo suena un ladrido de perro, cada cual tiene su perro adentro. Lo que seguía era poner esos dos sonidos a dialogar.

Volvimos a hablar de la metáfora de una onda sonora, que al ser manipulada se va transformando. El nacimiento de agua se va transformando a medida que baja por los cerros y lo recibe la gran ciudad en la que vivimos y este río que pasa por la localidad que vivo. Ese día lo experimentamos, cogimos la onda que produce el voltaje y la empezaos a transformar y a desfigurar.

Me divertí mucho siendo empírico en síntesis de sonido, con frecuencia muevo los botones de los efectos análogos y de esa clase de aparatos por un sentir intuitivo y emocional. Dejando una buena parte a la incertidumbre y el azar. Desfiguro la música y juego con la honda intentando contar mi historia, como yo la veo, como la interpreto, improvisando música como lo hice desde mucho antes de encontrar el jazz que me ha acompañado por media vida.

Después de jugar un rato con los aparatos, decidí trasladar ese grado de incertidumbre a la guitarra invirtiéndole el orden de las cuerdas. Entonces ya estábamos listos para interpretar la transformación del río.