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a. El mal comportamiento

En la cuarta sesión, después de haber tenido una larga conversación con la madre sustituta que la cuida, le digo a la niña que ella debe saber lo que me ha dicho, pues es algo difícil de entender

P: ella le dijo todo lo que yo había hecho.

T Sí. Me contó todo lo que pasó en el colegio, que tú te habías escapado del colegio y estaba muy dolida porque tu habías dicho cosas de ella, que ella te pegaba y también que tú le habías dicho a todos los niños del salón que te querías botar de un puente porque tú eras una

niña del Bienestar familiar”.

P: yo si dije eso pero… pero era por molestarlos, por asustarlos. T: hmm ¿pero es verdad? ¿Tú quieres hacer eso María Inés?, P: no. Lo que pasa es que yo me quiero portar bien pero no puedo.

T: ¿Sabes yo que pienso? Que tú en realidad tienes mucha rabia y esa rabia se convierte en todos esos comportamientos malos en los que no piensas las consecuencias de lo que haces.

P: (me mira y se queda en silencio).

T: debes tener mucha rabia, de estar acá en el Bienestar, de no estar con tu familia, de todo lo que ha pasado desde que entraste acá, porque debe ser muy difícil vivir lo que estás viviendo.

P: es que no es eso, yo no sé porque hice todo eso, doña Patricia me quiere cambiar de Hogar pero hasta que le limpie el nombre (no) lo va a hacer, porque yo dije cosas que no eran de ella. (Sesión No. 4)

La semana siguiente, la madre sustituta cuenta, en la puerta, que Maria Inés se había levantado ese día con un genio terrible, que ella le había dicho que se pusiera unas medias y ella no tenía medias limpias, entonces fue y se puso unas que estaban mojadas y doña Patricia se las quitó y María Inés le quitó los cordones a los tenis y los escondió y por eso había venido en chancletas. Mientras la terapeuta escucha a la madre sustituta, María Inés se queda en la puerta contra la pared, con cara de muy mal genio y con los ojos como si hubiera llorado. Cuando sale la madre sustituta cierra la puerta y la niña se queda de pie; la terapeuta se sienta

y la mira, se queda en silencio, pasan algunos minutos, en los que ella mira a la terapeuta y sigue con su cara de mal genio; a terapeuta no le dice nada a veces la mira, hasta que ella se acerca, se sienta y empieza a hojear su carpeta.

“Poco a poco se va acercando a mí, cambia su postura y su gesto fuerte de la cara, yo le digo ¿estuviste llorando?, me contesta, “si, se queda en silencio” T: ¿por qué lloraste?, inmediatamente me responde “yo quiero hacerle una carta a mi tía para que ella me perdone ¿sí? Aunque no me la reciba, pues ¡sí! ¡Hagamos la carta!”. Yo le paso la hoja, ella hace una flor grande en el centro luego un sol, unas nubes, y a las nubes les dibuja unas gotas de lluvia que van como hacia arriba. Le digo: “uy parece que este es un día muy lluvioso, feo y oscuro”. Ella se queda en silencio. Luego continúa dibujando y pone un corazón triste en el centro de la flor, luego hace varios corazones felices a los lados de la flor y escribe en un corazón “gracias por ser una persona buena conmigo, te quiero mucho, Luisa”. Luego escribe en otro corazón “Gracias por ayudarme, TQM, Patricia (madre sustituta)”. En otro corazón escribe “Gracias por darme consejos TQM, Laura (nutricionista de la defensoría)” y al final de la hoja escribe “yo no puedo cambiar Laura, Luisa y Patricia, etc.” Yo le resalto “¿tú a todas nos quieres decir eso? Que no puedes cambiar y que te perdonemos? Sabes yo pienso que tu si puedes cambiar y más bien no puedes mostrar a todas que si puedes cambiar” Ella se queda en silencio y mira la hoja y luego dice, ¿borro el no de la hoja? T: si quieres hacerlo, ¡bórralo! Ella tacha el no puedo, y deja la frase así: “Yo puedo cambiar Laura, Luisa y Patricia”. (Sesión No. 5)

El mundo de afuera es un mundo de rabia y reacciones rabiosas. Ella llega a la terapeuta casi que a pedir perdón por todas sus rabias. El dibujo es un intento de reparar de manera repetida y maníaca esas relaciones, pero la madre sustituta no la oye. Si un niño no es juicioso y sometido no hay forma de existir y la protesta solo trae rechazo y que nadie la oiga, ni nadie crea en ella es la consecuencia final de esas acciones repetidas de María Inés en las que ya nadie cree.

Sometimiento y rebeldía son las acciones que se dan de manera alterna entre la niña y la madre sustituta, donde se afianza la condición de un sí mismo y un objeto no confiables. Se instaura más bien una atmósfera de desconfianza generalizada. Como si hubiera detrás una compulsión a la repetición, más que una comprensión sobre lo que está sucediendo.

b. El llanto y la búsqueda de perdón (cartas).

El primer día trae a la sesión una carta pero esa carta no era para la terapeuta sino

no cambiaba ella me dijo que no escribiera más cartas, entonces le cambié el nombre y le puse

el suyo”. Esa carta venía con un anillo que me dio pero que era un regalo que una amiga le había hecho a ella. Aquí empezamos a ver como ella le cambiaba el destinatario a los objetos, buscando, de manera oportunista, aceptación por parte de otros. Era un anillo que además, según decía, no le gustaba tanto. Como si detrás de este comportamiento hubiera intentos de aplacar al objeto de entrada.

Al tercer día de psicoterapia, cuando la terapeuta llega a la oficina, Maria Inés se encuentra en el pasillo sentada y la madre sustituta al frente de ella, las dos tienen cara de seriedad. La terapeuta entra, arregla el consultorio, pone sobre el escritorio colores, temperas, plastilina y hojas, luego la hace pasar, la madre sustituta se acerca y dice: “Dra. Necesito que

hablemos sobre lo que pasó. Le aclaro que si podemos hacerlo pero después de que atienda a María Inés. Hago seguir a la niña, ella se sienta, se queda mirándome, con cara de seriedad, yo

no le sonrío, ella trae un carta en las manos (Carta 3), con una flor, le pregunto “¿cómo estás?”

Ella me entrega la carta, yo la abro y le digo y ¿esta carta?, me responde “tiene un corazón pero no tenía pegante y no lo pude pegar, es una canción”

“Si sientes un murmullo muy cerca de ti, un ángel llegando para recibir todas tus oraciones y llevarlas al Cielo. Así, abre el corazón y comienza a alabar el gozo del cielo todo sobre el altar, hay un ángel llegando y bendición en sus manos. Hay ángeles volando en este lugar, en medio del pueblo y junto al altar, subiendo y bajando en todas las direcciones. No sé si la Iglesia subió o si el Cielo bajó, si sé que está lleno de ángeles de Dios, porque el mismo Dios está aquí. Cuando los ángeles pasan la Iglesia se alegra, ella canta, ella llora, ella ríe y congrega, enfrenta al infierno, disipa el mal. Siente la brisa del vuelo de tu ángel ahora, confía hermano pues esta es tu hora, la bendición llegó y te la vas a llevar.” (Sesión No. 3).

Es como si ella quisiera verse rodeada de ángeles que la defiendan de la mirada de maldad que recibe por todos lados. Al final pinta a la terapeuta y se pinta a ella con una cara

triste.

La terapeuta le pregunto, “¿y esta María por qué tiene una cara triste?” “porque me porte mal en el colegio…” “… ¿te portaste mal? ¿Qué fue lo que paso?”, me responde “lo que

pasa es que… (Se queda en silencio y agacha la mirada) yo me quedo mirándola, ella levanta luego la cabeza me mira y sonríe un poco, como con cara de picardía, yo sigo mirándola, ella continua diciendo, lo que pasa es que me escape del colegio y me fui con una amiguita, yo la convencí de que nos fuéramos juntas “¿para dónde se fueron?”; “nos fuimos para San Martin… es un barrio de acá”, “y ¿para qué iban para allá?” “P: porque íbamos a la casa de mi amiga, yo me iba a quedar en la casa de ella con el papá y la mamá, porque ella me trata muy bien, pero nos quedamos en la casa de una señora y la señora nos dejó ahí hasta que llego una hija de ella y llamo a la policía, mientras ella habla abre las temperas y saca todas las pinturas, pone pintura verde sobre el repartidor de pinturas, pero yo le digo que no eche tanta porque se

desperdicia. Mientras que pinta, me mira y me dice, ¿esta triste?... “me quedo en silencio y le pregunto: ¿tú estás triste?” a lo que me responde, “si, mi tía me dijo que me iba a entregar (…)

pero ella me trata bien, yo estoy bien con ella, este fin de semana nos hizo salchichas, cosas ricas, yo no quiero salir de allá”. El comportamiento de María Inés es siempre contradictorio: un mal comportamiento está seguido de arrepentimiento y disculpas y al momento siguiente reaparece el mal comportamiento y luego de nuevo la solicitud de perdón. Es como si de nuevo apareciera una compulsión a la repetición: una búsqueda de rechazo continuado y una victimización doliente en el momento siguientes. Como si ella estableciera relaciones sadomasoquistas, siempre enredadas, pero siempre confirmando su lado malo. Lo mismo sucedió con la amenaza de suicidio frente a sus compañeros. Como si una parte de ella gozara con el sufrimiento de los demás niños y adultos.

Durante la cuarta sesión la niña revisa lo que se ha hecho en la terapia y las cartas que ha guardado en su carpeta. Al ver la carta que le escribió a su mamá dice ¿usted no le entregó la carta a mi mamá?, la terapeuta le responde: “yo no tengo contacto con ella, no se la puedo

bastante triste hacia su madre, sabe que la ha abandonado pero le escribe diciéndole que la perdona y que quiere que la familia venga por ella. Desde el momento del rechazo inicial de la familia, quedó en ella la sensación de rechazo por su maldad, pero también su necesidad de que alguien (los ángeles) vengan rescatarla. Como si detrás de estas imágenes hubiera la

noción de un castigo eterno como los “castigos tantálicos”. Cómo si ella hubiera interiorizado

el vínculo de la madre que la castiga y luego el deseo de su perdón. Es la niña necia a quien la madre castiga y la niña que pide perdón y espera que la rescaten. Se abraza al objeto, luego se le pega una patada y luego vuelve y se lo abraza en actitud de contrición. Pero esto se repite de manera compulsiva, sin ninguna comprensión.

Durante la octava sesión, después de hablar cuanto le gustaría que la adoptaran dice P: yo le hice una carta a mi tía

T: y ¿te la recibió?

P: no, yo no se la di a ella sino que me fui al colegio y la deje en el comedor donde estaba Carolina y ellas se empezaron a burlar y me dijeron que no hiciera esas cartas si no las iba a cumplir. Entones yo cogí la carta y la guarde, yo le digo a veces a mi tía mamá pero a veces no le digo así, le escribí que yo iba a cambiar mi disciplina, que yo me voy a portar bien, yo intento portarme bien, que yo si quiero unos papitos, después ella me dijo ella me dijo ¿para qué me hace cartas si no las va a cumplir?

Nos quedamos en silencio

P: yo me quiero portar bien pero es que yo soy malgeniada, grosera, altanera, respondona,

T: uy y tu estas convencida de que eres todo eso!! Y no sé porque yo conozco a una María Inés que también puede ser juiciosa, cariñosa y tierna

P: si pero es que es diferente porque usted es diferente, usted no me juzga como otros, usted me quiere como yo soy, a usted le puedo contar las cosas y no me juzga, en cambio por ejemplo el doctor Diego se hace el que me quiere pero no, la Dra. Lorena por raticos, la doctora gordita si me cae bien

T: Mireya

P; si, la trabajadora social. Las muchachas me dijeron que no me encariñara tanto con usted porque las psicólogas siempre se van rápido, ¿es verdad? ¿Usted se va a ir? T: a mí me parece que ellas hablan mucho de lo que no saben y ¡tú les crees todo lo que te digan! ¡Qué tal tú te vayas primero que yo! De todas maneras si yo me llego ir ¡yo hablo contigo! (sentí mucha rabia hacia esas niñas)

P: no a mí no me llevan porque yo me porto muy mal. Me han dicho las muchachas que va a llegar el momento que el bienestar me va entregar a mi familia porque no me va a aguantar nada, porque yo soy cansona, fastidiosa, me hago cambiar de hogar a cada rato

T: pero donde estas llevas ratico

P: si pero porque mi tía me ha aguantado

T: a ti también te gusta ponerte en riesgo, te pones en situaciones de riesgo, como por ejemplo cuando te escapas del colegio, cuando te vas para la calle como por ejemplo lo que paso con Karol

P: si ya sé, no me diga nada más, pero algún día llegará la persona que si me quiera, ¿usted me quiere? ¿Sí?

T: ¿tú qué crees?

Nos quedamos en silencio (Sesión No. 8)

La terapeuta se sentía preocupada por los riesgos a los que ella se expone cuando se escapa o cuando tiene amistades mucho mayores a ella, y ella por su lado se sentía triste y preocupada porque constantemente las niñas del hogar sustituto donde se encontraba la amenazaban y la trataban mal por su mal comportamiento

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