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2.7 Probabilistic Graphical Models

2.7.2 Directed Graphs

Las tres principales perspectivas de la sociología de la educación a las que pueden aproximarse la mayoría de las investigaciones contemporáneas son la funcionalista, la crítica o de orientación marxista y la de inspiración weberiana. Por supuesto estas perspectivas no se dan siempre de forma aislada produciéndose combinaciones entre ellas (Taberner, 2008).

Se seguirá en la exposición un orden epistemológico y no cronológico; por ello aparecerá antes Durkheim que Marx, aún siendo éste último anterior. El motivo de ello es que el primero fue discípulo directo de Comte, considerado como el primer sociólogo, mientras que Marx fue crítico con los planteamientos positivistas de las ciencias sociales de forma que su crítica pudo aplicarse después a la perspectiva funcionalista de Durkheim. Por último, Max Weber, contemporáneo de Durkheim, se ocupó de la educación y dio gran importancia a la institución educativa como dispositivo de control psicosocial.

Durkheim, considerado fundador de la sociología de la educación, es quien, apoyándose en los trabajos anteriores de Saint Simon y Comte, elabora por primera vez un pensamiento sociológico sistemático en el ámbito de la educación al dedicarle gran parte de su labor académica como profesor de educación en la Universidad de la Sorbona de Paris y publicar dos libros esenciales: Educación y sociología y La evolución pedagógica en Francia. Para Durkheim su sociología de la educación es una prolongación y profundización de su sociología general. Es en su análisis de la educación donde se puede descubrir mejor las relaciones entre la sociedad y el individuo (Lerena, 1985; Giddens, 2010). Insistió en delimitar la sociología de la educación de la pedagogía considerando que la primera ha de cumplir unas condiciones que no se le exigen a la segunda: hacer referencia a hechos observables, que estos

hechos se conviertan en regularidades empíricas y que se estudien los hechos objetivamente para expresar la realidad social, no para juzgarla (Taberner, 2008).

Para Durkheim el ideal pedagógico, tanto en el pasado como en el presente, es obra de la sociedad. Por ello, “lejos de afirmar que la educación tiene como objeto único o principal al individuo con sus intereses, diremos que ella es, ante todo y sobre todo, el medio gracias al cual va renovando perpetuamente la sociedad las condiciones de su propia existencia. La sociedad no puede vivir si no existe entre sus componentes una suficiente homogeneidad. La educación perpetúa y refuerza esa homogeneidad fijando a priori en el alma del niño las semejanzas esenciales que supone la vida colectiva. Pero, por otro lado, sin cierta diversidad sería imposible toda cooperación. La educación asegura la persistencia de esa diversidad necesaria, diversificándose ella misma y buscando la especialización. Por consiguiente, consiste, bajo uno u otro de sus aspectos, en una socialización metódica de la generación joven” (Durkheim, 1976:141). La escuela es así dependiente de la sociedad de la que forma parte y debe tener como meta la adaptación del niño al ámbito social en el que vive (Iglesias y Trinidad, 2010).

Para Durkheim, que concibe la escuela como una microsociedad que enseña el respeto a la autoridad, las principales funciones sociales de la educación en las sociedades industriales tienen que ver, por un lado, con la comprensión de los valores comunes de la sociedad- que incluyen las creencias religiosas y morales y el sentido de la autodisciplina- y la interiorización de las normas sociales que contribuyen al funcionamiento social. Por otro lado, la educación enseña las habilidades que permiten ocupar puestos especializados en una sociedad compleja donde la producción de bienes requiere la división del trabajo (Giddens, 2010). En la sociedad moderna es el Estado el que debe proporcionar la socialización, mediante la educación, que cohesione a la sociedad sustituyendo de este modo la nueva moral ciudadana nacional, racionalista y laica al antiguo espíritu religioso.

Marx, como otros autores clásicos, no necesitó referirse a la educación para ocuparse de ella. Consideraba que un ser humano llega a serlo por la conjunción entre su herencia biológica y unas formas de vida social históricamente determinadas e interiorizadas, de tal manera que constituyen la propia personalidad. Es una concepción de la educación en sentido amplio. La obra marxiana incorpora textos que tratan de problemas fundamentales para la sociología de la educación tales como la función educadora del Estado, la estructura y función de la jerarquización burocrática del saber oficial, los efectos de la división del trabajo manual e intelectual o la educación familiar (Lerena, 1985).

Para el autor de El Capital, la escuela, como institución, pertenece a la superestructura y se organiza en consonancia con la infraestructura o relaciones sociales de producción adecuándose a los intereses de la clase social dominante. Esta es la razón por la que se ocupó preferentemente de desenmascarar los mecanismos económicos y sociales del trabajo en la sociedad capitalista. No creía que la escuela para todos trajera consigo la igualdad de oportunidades sino más bien lo contrario pues legitimaría la desigualdad ocultando su origen. Así lo expresó en 1875 cuando los socialistas alemanes propusieron que el Estado ofreciera la educación obligatoria y gratuita.

Marx consideraba que el estudio positivista de los hechos sociales legitimaba el orden social existente al tratarlos como naturales sin relacionarlos con los intereses de las clases en conflicto y, por tanto, sin plantear la posibilidad de transformación social, únicamente de reproducción de las mismas estructuras sociales. Porque si se considera que los hechos sociales son producidos históricamente bajo unas determinadas condiciones de producción, pueden entonces modificarse. Este planteamiento, si bien Marx no lo aplica a la educación explícitamente, ha servido para que sea tenido en cuenta en la sociología de la educación (Taberner, 2008).

En la década de 1920 se produce un cambio de posición de los teóricos marxistas de procedencia académica que centran su análisis en la ideología y no sólo en la economía. Esto se debe a que la clase obrera, después de la Segunda Guerra Mundial, aceptó en gran medida el sistema económico capitalista y ello se explicó como el resultado del control ideológico que había ejercido la burguesía sobre la clase obrera y que se denominó ideología dominante. En este enfoque la escuela burguesa ocupa un lugar importante en la reproducción de su dominación. Es la perspectiva que desarrollarán Althusser, Baudelot y Establet, y Bowles y Gintis y que se describirá más adelante.

Es sobre todo en su obra Sociología de la Religión donde Max Weber se ha ocupado de la educación pues al igual que Marx no dedicó ninguna de sus obras al estudio específico de la educación aunque sus referencias a ella son más frecuentes que las de Marx.

Weber, como Durkheim y Marx, considera que el ser humano es un ser social cuyas acciones, a lo largo de toda su vida, tanto las relacionadas con su propia existencia física como con la formación de su personalidad, se producen dentro de un contexto de relación y significación social. Pero Weber señala, a diferencia de los otros autores, que es muy importante desde el punto de vista sociológico, tener en cuenta el significado de las acciones sociales para los sujetos que las realizan. Por lo tanto, el estudio sociológico de lo social consiste fundamentalmente en comprender el significado de las acciones para los actores porque estos significados, socialmente compartidos, articulan la cohesión psicosocial de la vida colectiva controlada tanto externa como internamente.

Son la escuela, la familia y la religión instituciones de control y de dominación de la sociedad muy efectivas. Reproducen una visión ideológica del mundo, conforman afectivamente la personalidad acorde con esa ideología y enseñan un ethos de comportamiento moral adecuado al sistema de poder establecido (Taberner, 2008). Weber estudia fundamentalmente la

religión, señalando similitudes entre las condiciones organizativas de la institución educativa y de la religiosa. Tanto en una institución como en otra los individuos deben acatar reglas que no han elegido ni dependen de ellos y ante las que tienen dos opciones: aceptarlas o rechazarlas. Sin embargo, en contraposición con Marx, no considera que la ideología y la moral, legitimadas y reproducidas por la religión o por la escuela sean un simple reflejo de las relaciones económicas. Aunque lo económico tenga una influencia considerable, no es la causa principal de los fenómenos sociales. Max Weber le confiere cierta sustantividad a estas instituciones de poder que les permiten alguna autonomía frente a los grandes cambios económicos y sociales. De este modo, se sitúa fuera de la perspectiva funcionalista abordando el sistema social como una configuración histórica estructurada en sectores de relaciones autónomos, con dinámicas propias y relaciones diversas con otros sectores, tanto de integración como de conflicto. El estudio de los conflictos y tensiones dentro de los sistemas sociales es un tema central en la sociología weberiana de tal forma que su teoría sociológica de la religión es una teoría del poder y de la dominación siendo la sociología de la educación una prolongación de esta teoría.

Weber indica cuatro características similares entre la institución educativa y la institución religiosa:

- La existencia de un cuerpo de profesionales: sacerdotes y maestros.

- El monopolio administrativo de los bienes espirituales por encima de la familia, la clase social o la etnia, considerándose a sí misma detentadora de la verdadera fe o ciencia.

- Formación unificada y homogénea de los profesionales. - A los profesionales de los bienes sagrados o culturales se les atribuye un carisma no por sus cualidades personales sino por su pertenencia al grupo profesional.

Weber propone tres tipos de educación que se corresponden con tres modelos de autoridad:

-La educación carismática legitima la autoridad del mismo nombre y considera que el desarrollo de la personalidad consiste en despertar en el ser humano sus cualidades o dotes innatos. De este modo se entiende la educación como educere, como alumbramiento de las cualidades innatas del individuo al mismo tiempo que se concede prestigio a los portadores de títulos (credencialismo). Weber considera que hay educadores y educandos que creen que esa es la función de la educación.

-La educación humanística pretende familiarizar a los sujetos, mediante la educación, con tradiciones y significaciones propias de un estamento social privilegiado de tal manera que se sientan parte de él. Ejemplo de ello es la educación que pretende formar a un cortesano o a un caballero de armas aunque también podría aplicarse, aunque Weber no lo hizo, a una educación no elitista que pretendiera transmitir las tradiciones y la cultura de una comunidad como forma de socialización de las nuevas generaciones.

-La educación de especialistas corresponde a una organización social moderna y burocrática donde el educando es instruido en un área especializada para que se convierta en un experto de la misma y ocupe puestos de burócrata. El sistema educativo estaría abierto a todo el mundo aunque los que no llegan a ser expertos son al menos instruidos en competencias útiles para trabajar en fábricas, comercios u oficinas. Ya Weber denunciaba, hace casi un siglo, el predominio del experto sobre el humanista o individuo culto dentro del proceso de burocratización del saber. Por otra parte, aunque el acceso a puestos de poder en la administración, tanto privada como pública, está abierto a cualquier ciudadano que posea el título requerido, las élites profesionales tienden a restringir el acceso colegiado a la profesión

para mantener los privilegios y el prestigio. Para Taberner (2008), la consideración, por parte de Weber, de las instituciones educativas como instituciones principalmente de dominación conduce a una percepción incompleta de los procesos educativos.

Por lo tanto, los sociólogos clásicos Marx, Durkheim y Max Weber, consideran la educación como un proceso de socialización, es decir, de transmisión y apropiación de las formas de vida social y en ningún caso como un proceso de desenmascaramiento de cualidades innatas propias de la concepción naturalista de la educación de Rousseau, quien considera que la condición natural del hombre está enfrentada a su condición social dando paso así a la perspectiva psicologista en educación (Lerena, 1985). Conviene señalar cómo Rousseau defiende el mito socrático que representa la educación como proceso, no social, sino interindividual, cuyo fin es extraer, liberar, despertar o desvelar las potencialidades que ya existen en el individuo desde su nacimiento. Es fácil deducir de estos supuestos la hipótesis de la desigualdad entre los individuos ya defendida por Platón en La República. Esta concepción de la educación es la que ha llegado hasta nuestros días, transmitida y reforzada por posteriores autores tales como Pestalozzi, Froebel o Neill.

Es Rousseau quien defiende la educación del hombre universal y transhistórico en su obra Emilio o de la educación: “Al salir de mis manos, no será, convengo en ello, ni magistrado, ni soldado, ni sacerdote; será primeramente hombre, todo lo que un hombre debe ser” ((1762)1978:5). En las antípodas de esta concepción de la educación está esta otra: “Con relación a lo que se llama educación todo es social: sociales son los procesos a los que está sometida la materia prima -esa materia prima con la que dentro de determinadas estructuras sociales se forman indios sioux, hidalgos castellanos, escribas egipcios y emperadores de la China- y sociales son los medios que se utilizan en ese proceso -desde los cuadernos de dos rayas hasta, por ejemplo, un escalafonado funcionariado de enseñantes- y, en fin, sociales son los objetivos” (Lerena, 1985: 231).

A esta última se adscribe la sociología de la educación porque todo en el individuo es social, puesto que nada de lo que consideramos humano existiría en el individuo aislado. Porque, tal y como señalan P.L. Berger y T. Luckmann (1986), incluso los impulsos biológicos humanos se estructuran socialmente y la realidad social condicionan enormemente la actividad, la conciencia y el mismo funcionamiento del organismo.

Lo social y lo individual no se oponen. Fue Durkheim quien defendió que la educación es social, por lo que no tiene sentido hablar de aspectos sociales de la educación. Es cierto que no todo lo social es sociológico porque lo primero se refiere al ser y lo segundo al pensamiento. Por lo tanto, lo humano, es decir, lo social, puede estudiarse desde la perspectiva económica, psicológica, biológica o sociológica porque la educación, que es siempre un proceso social, no sólo es estudiada por la sociología.

La sociología de la educación se ocupa, desde los sociólogos clásicos ya mencionados, de las relaciones educativas como un tipo particular de relaciones sociales. Esta actividad educativa institucionalizada tiene como fin la inculcación expresa de determinados sistemas de hábitos de percepción, de pensamiento, de sentimiento y de acción; es decir, tiene como objeto la transmisión de los elementos de una determinada cultura. Es así el sistema educativo una de las principales instituciones sociales que se encarga, en una sociedad determinada, de la tarea de socialización o interiorización de una cultura particular.

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