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La identidad según Hugo E. Biagini (1989:289) es:

El conjunto de rasgos que dan a un individuo o a un grupo una personalidad característica. Ontológicamente, también puede referir al hombre como ser colectivo e individual. Para la teoría marxista, por el contrario se vincula con los medios de producción y para la teoría individualista liberal, el individuo es una abstracción.

En la perspectiva del autor el ser humano es un ente que se mueve entre lo real y lo imaginario para buscar su identidad, por ello habría que considerar ambas propuestas, considerando que los sujetos son capaces de auto-comprenderse con identidades que se deben unas a otras, a veces su compromiso moral permite el dotar de mediaciones políticas adecuadas a este objetivo; mientras que la transculturalidad de los derechos e interculturalidad en las relaciones serán coordenadas para salir del conflicto de las identidades.

José A. Pérez Tapias (2000) plantea la convivencia desde las identidades, pluralismo cultural, valores comunes; para quien debe estar presente una perspectiva universal en donde estén valores comunes que todos puedan aceptar, debido a que las tradiciones sólo deben ser aceptadas en “la medida que sean respetables”, esto es, en tanto que en ellas se encuentren los derechos fundamentales de los hombres y las mujeres; para el autor la pertenencia a una sociedad plural y dispuesta a vivir en democracia pone en juego un nuevo nivel de identidad, en donde se encuentre presente el acceder a la condición de sujeto con un contenido emancipatorio de carácter metacomunitario, encaminada a que todos los individuos puedan insertarse como actores en la sociedad en la que viven, combinando el necesario dominio de la razón instrumental, para moverse en el mundo tecnificado y globalizado, con la construcción personalizada de la propia identidad. Destaca un cosmopolitismo, esto es, una actitud personal que permite la universalidad, desde la propia singularidad, a la vez que a través de potenciar la ósmosis entre culturas; un puente entre identidad y diferencia, entre el yo/nosotros y la alteridad, que al mismo tiempo ensanche la noción de ciudadanía en término de derecho, una radicalización de la democracia; para este autor es desde el punto de vista moral en el que debe situarse la construcción identitaria.

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Benjamín Arditi (2010:30) define la identidad como: “Un referente duro y cuantificable. Pero también en un sentido restrictivo que a menudo lleva a estereotipos, en especial en materia de identidad grupal”. Una posibilidad para él de abordar el tema es en el debate posmoderno a partir de la defensa del derecho a ser diferente y la apuesta por un mundo múltiple en el que cohabita una pluralidad de culturas, en donde se puede buscar el evitar ser sobre-codificado, lo que lleva a lo que denomina como el “nomadismo” que es el riesgo de caer en la pertenencia y desarraigo.

El deambular del individuo entre diverso grupos, valores y creencias y no pertenecer a ninguno, ni formar parte de uno, sería como reproducir el arquetipo de la cábala del loco, definido por Alejandro Jodoroswsky (2009:147) como un comienzo perpetuo, el eterno viajero que anda por el mundo sin vínculos ni nacionalidad, ese estatus genera incertidumbre; sin embargo, puede tener un efecto liberador, al mismo tiempo que crecen sus demandas de seguridad identitaria, a través de la ortodoxia religiosa, el nacionalismo militante o la simbiosis entre colectivos humanos y líderes mesiánicos; por otro lado un mundo heterogéneo en el que cohabitan distintos grupos culturales puede llevar a un cierto cosmopolitismo, simultáneo a un endurecimiento de las fronteras entre grupos, con ello, al aislamiento de las tolerancias culturales, es decir, las identidades en el contexto contemporáneo guardan una oscilación entre la pertenencia y el desarraigo.58

Un referente, un “Plano Metaestable” es como Benjamin Arditi (2010:30) concibe a las identidades:

Superficies para la puesta en escena de proceso de identificación; también para su cuestionamiento, desafío y mutaciones a través de la circulación de representaciones contrapuestas. Algunos nómadas pueden arraigarse dinámicamente en planos codificados por el polo de clase e identificarse como trabajadores, capitalistas o terratenientes, esto es compatible con el argumento acerca del carácter plural de las identidades […] también es compatible con la tesis acerca de la imposibilidad de la

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Benjamín Arditi analiza a las identidades en un esquema de relaciones, plantea que en el pensamiento posfundamento existen dos tradiciones: la de Freud (1976) y Lacan (1984) para quienes el sujeto no es más que una carencia que debe ser llenada a través del proceso de identificación; y la otra es la de Foucault (1984); y posteriormente Laclau y Mouffe (1987) los cuales piensan en la identidad como una cierta regularidad entre distintas posiciones del sujeto, la recurrencia siempre va a estar subvertida por los excesos que impiden cerrar el círculo de la identidad. En ambos planteamientos hay una coincidencia en rechazar el esencialismo y la plenitud de la identidad.

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plena presencia, pues ningún plano de identidad logra expulsar la multiplicidad, la contaminación o el carácter oscilatorio de las identidades”.59

Las identidades colectivas son algo contingente, según Benjamín Arditi (2010:37) porque carecen de atributos esenciales y por ello siempre pudieron haber sido diferentes y aún pueden serlo. Las percibe como algo inacabado, debido a que están en una construcción permanente a través de procesos continuos de identificación. En esta investigación se coincide con el autor debido a que se considera la continua transformación de las identidades; aunque, en el caso de los indígenas se plantea que prevalece un núcleo central o matriz, tal como lo señala López Austin (2001:58), que actúa como estructurante del acervo tradicional y permite que nuevos elementos se incorporen con un sentido congruente en el contexto cultural, se difiere de la visión esencialista en que se considera a la identidad étnica como un ente monolítico y cosificado.

Las características de la identidad en los conflictos políticos son analizadas por Charles Tilly (1998) quien considera que a través de ellas se afirman y se desarrollan los intereses colectivos mediante las experiencias compartidas en determinadas relaciones sociales, sus representaciones son un subconjunto del que forman parte los gobiernos, son siempre relacionales y colectivas, en consecuencia cambian según lo hagan las redes políticas y con ello también se transforman las oportunidades y las estrategias. Su confirmación depende de las actuaciones contingentes, en las que resulta crucial la aceptación o rechazo de las partes implicadas en la relación, esta validación restringe y facilita la acción colectiva de aquellos que comparten una determinada identidad.

Las diferencias entre las identidades insertadas en la vida social rutinaria y aquellas que se presentan en el espacio público —identidades colectivas desconexas— son analizadas por Charles Tilly, les confiere dos características: las primeras en las que están

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La naturaleza de las identidades, las presenta Benjamín Arditi (2010:37) a partir de tres observaciones: el carácter unidimensional del sujeto, debido a la variedad de polos que conforman la identidad, y que en la comunidad se han segmentado con la aparición de múltiples modos en que se desarrolla la identidad colectiva, los cuales no están exentos de contaminarse, clase, género, etnia o nación se entrecruzan, lo que confiere la pertenencia y el desarraigo. Cita a Deleuzer (1995) para indicar que la contaminación y oscilación dan cuenta de la naturaleza metaestable de las identidades, esta última característica significa desde la perspectiva del autor que pasan de un estado a otro tan lentamente tanto que parece estable, eso es lo que desde su perspectiva ocurre en los procesos de identificación dentro del orden simbólico: el juego relacional entre identificación y representaciones sociales que van alterando el sentido de quienes somos, este concepto permite el dar cuenta del “ocaso de las identidades estables y unitarias y además permite considera su fluidez sin reducirlas a puros flujos”.

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vinculadas las prácticas de la vida diaria; y las segmentadas como aquellas que incluyen asociaciones voluntarias, grupos nacionales y categorías legales como minorías y tribus que invocan a la relevancia de los lazos sociales de forma más selectiva que las asentadas.

La clasificación que realiza Charles Tilly (1998) sirve para señalar los extremos de un continuum debido a que la identidad colectiva del ciudadano se encuentra en un término intermedio, según este autor, moldeando las relaciones entre empresarios y trabajadores, circunstancia que afecta de forma notable los compromisos políticos, pero sin tener relevancia por lo que se refiere al conjunto de otras prácticas sociales, sin embargo, la distinción niega dos formas extremas y contradictorias de entender las identidades que prevalecen en el conflicto político porque en éste según el autor, se asemejan a géneros lingüísticos en la manera que vincula una colaboración interpersonal coherente, varía eventualmente en contenido, forma y aplicabilidad de acuerdo con el contexto; por otra parte, los conflictos las refuerzan.

Charles Tilly (1998) menciona las transformaciones que se generan en las identidades, la manera en que las segmentadas (las que son cambiables) tienden a convertirse en fuentes de relaciones sociales cotidianas; aunque hayan comenzado en otra parte, de tal manera que se transforman en asentadas a través del reforzamiento de fronteras categoriales, y del fomento de actividades compartidas.

El carácter contingente de la identidad, como lo plantea Charles Tilly, desde un esquema relacional será una de las propuestas consideradas en este trabajo. En el caso de las poblaciones con presencia indígena, como es Tatahuicapan las identidades políticas adquieren un carácter de aparente homogeneidad, durante los conflictos subsumen algunos problemas internos que por el momento parecen desaparecer y en algunas ocasiones llegan a darles otras significaciones frente al exterior; esto es, de manera interna están presentes grupos que tienen diferencias, también sectores sociales e incluso partidos políticos con distintas siglas, sin embargo, las heterogeneidades y conflictos internos, se diluyen en sus acciones ante los agentes externos, dando lugar a una solidaridad comunitaria.

La ubicación de los actores políticos en la estructura social, es uno de los planteamientos de Alberto Melucci (1999). En esta investigación su propuesta también será considerada debido a que los indígenas durante más de 500 años fueron sometidos y marginados de la estructura social, política y económica; ya en la década de los noventa

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retomaron algunos elementos de su identidad étnica para expresarse en las acciones colectivas, muchos sectores eso lo vieron con sorpresa y temor, al respecto algunos reporteros en sus notas exaltaron que tenían capacidad para generar daño y que esto se hizo evidente por las acciones, gestos y por las propias palabras de los tatahuicapeños —en éste y otros momentos—.

Los movimientos sociales, se generan a partir de los conflictos y éstos prevalecen en su interior, para Charles Tilly (1978), es a partir de esto que han insertado las identidades segmentadas en la vida social cotidiana. Aunque el proceso, desde su perspectiva, también circula en la dirección contraria generalizando y convirtiendo en segmentadas identidades inicialmente asentadas.60

Alberto Melucci (1999) plantea una definición interactiva y compartida con respecto a las identidades colectivas, como un proceso que se construye y se va negociando mediante la activación repetida de las relaciones que unen a los individuos. En el proceso de construcción, adaptación y mantenimiento de una identidad colectiva se refleja: la complejidad interna del actor y sus relaciones con el ambiente —otros actores, las oportunidades y restricciones—. Proporciona la base para la definición de expectativas y para el cálculo de los costos de acción.

La construcción de una identidad colectiva se refiere a una inversión continua y ocurre como un proceso. Conforme se aproxima a formas más institucionalizadas de acción social, la identidad puede cristalizar en formas organizadas, sistemas de reglas y relaciones de liderazgo. Como proceso, según este autor, enlaza tres dimensiones fundamentales 1) formulación de las estructuras cognoscitivas relativas a fines, medios y ámbitos de la acción; 2) activación de las relaciones entre los actores quienes interactúan, se comunican, negocian y adoptan decisiones y 3) realización de inversiones emocionales que permiten a los individuos reconocerse. Es, por tanto, un proceso mediante el cual los actores producen las estructuras cognoscitivas comunes que les permiten valorar el ambiente y calcular los costos y beneficios de la acción; las negociadas y de las relaciones de influencia y, por el

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Charles Tilly (1978) Ejemplifica con los carpinteros de una fábrica que se juntan no sobre la base de sus identidades; sino como trabajadores en general; sin embargo, la diferenciación mantiene su importancia: el grado en que las identidades políticas son asentadas o segmentadas afecta de manera importante a la cantidad de conocimiento disponible para aprovechamiento de sus miembros. La densidad que apunta los lazos sociales, la fuerza de los compromisos en conflicto la facilidad de adaptación a uno u otro contexto, y en última instancia la efectividad de las diferentes estrategias organizativas.

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otro, el fruto del reconocimiento emocional, así, para este autor la acción colectiva nunca se basa exclusivamente en el cálculo de costos y beneficios, y una identidad colectiva nunca es enteramente negociable. Algunos elementos de la participación en acción colectiva están dotados de significado, pero no pueden ser reducidos a la racionalidad instrumental.

Charles Tilly (1998) plantea que el conflicto pone en juego los distintos tipos de identidad debido a que estas se afirman; al mismo tiempo que se desarrollan intereses colectivos, considera que estas son experiencias compartidas de determinadas relaciones sociales que también son un subconjunto del que forman parte los gobiernos. Las identidades políticas, para este autor son siempre relacionales y colectivas, por lo mismo, cambian según se transformen las redes, las oportunidades y estrategias políticas. Su confirmación depende de las actuaciones contingentes, en las que resulta crucial la aceptación o rechazo de las partes implicadas en la relación, esa validación restringe y facilita la acción colectiva de aquellos que comparten una determinada identidad, existen diferencias entre éstas insertadas en la vida social rutinaria; y aquellas que se presentan en el espacio público, las cuales define como identidades colectivas desconexas. La propensión de un individuo a implicarse en la acción colectiva está ligada a la capacidad diferencial para definir una identidad; al acceso diferencial a los recursos que le permiten participar en el proceso de construcción de una identidad. Los factores circunstanciales pueden influir en la estructura de oportunidad y en sus variaciones, pero la forma en que estas oportunidades son percibidas y usadas depende del acceso diferencial de los individuos a los recursos de identidad.

Las respuestas de los tatahuicapeños a las presiones del Estado, mediante formas de lucha usadas por sus antepasados cuatrocientos años atrás,61 en las cuales se prioriza el conocimiento del territorio para posteriormente usar formas de negociación modernas, son una historia de otros que un día logró sorprenderme y que al igual que el neozapatismo propició el reflexionar —como lo hicieron muchos— en los elementos de resistencia y movilización que tienen los grupos indígenas, estos se habían manifestado en diversas etapas históricas en toda América Latina; de modo que en esos momentos se presentaba con nuevos matices propios de los procesos globales del momento. La tradición para Georges Balandier (1997:35) es generadora de continuidad; expresa la relación con el pasado y su

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coacción; impone una correspondencia resultante de un código del sentido y, por consiguiente valores que rigen las conductas individuales y colectivas, transmitidas de generación en generación. Es una herencia que define y mantienen un orden haciendo desaparecer la acción transformadora del tiempo, reteniendo sólo los momentos fundantes de los cuales obtiene su legitimidad y su fuerza.

En los rituales que se desarrollan entre los grupos indígenas del país se encuentran elementos de la cosmovisión prehispánica, de manera fragmentada y periférica porque ha sido producto de una compleja y heterogénea dinámica de relaciones sociales, aunque diversos autores como Alfredo López Austin (2001) señalan que los cambios que se fueron generando por los contactos culturales entre diversos grupos se fueron asimilando paulatinamente, debido a que eran procesos que tenían una característica endógena y que eran generados básicamente por las migraciones; en algunos casos vasallaje y el predominio económico, político y cultural de algunos grupos sobre otros. Como fue vasallaje en el caso de los nahuas del altiplano.

La Cosmovisión para López Austin (2001:58) tiene una matriz que actúa como estructurante del acervo tradicional y permite que nuevos elementos se incorporen con un sentido congruente en el contexto cultural, plantea que en los pueblos mesoamericanos hay una similitud profunda en diversos elementos culturales que son resistentes al cambio, señala que luego de la Colonia “el núcleo original creado por los antiguos aldeanos siguió sirviendo de apoyo a las sobreposiciones forjadas para responder a mayores niveles de complejidad social y política”, que éste siguió conservando su sentido agrícola básicamente mediante el cultivo de maíz porque las ideologías subsecuentes debieron mantener su capacidad funcional; tenían que seguir siendo convincentes ante una población formada mayoritariamente por cultivadores de este grano, motivo que las concepciones prehispánicas se mantuvieron, ligadas a las milpas, a la veleidad de los dioses de la lluvia y a la maduración producida por los rayos del sol, para este especialista la perspectiva que los seres humanos tienen sobre el universo se reproduce en la vida cotidiana pero en las representaciones que alcanzan un mayor grado de expresión es en los mitos y ritos, porque

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en ellos está presente un alto contenido de emotividad y estética la cual se presenta en metáforas.62

Los componentes del núcleo duro mesoamericano para López Austin (2001:60), constituyen un complejo sistémico por: “la decantación abstracta de un pensamiento concreto cotidiano, práctico y social que se forma a lo largo de los siglos”, considera que algunos han sido influidos por procesos históricos profundos, los cuales en ocasiones llegan a su fin y son sustituidos por nuevos componentes, pero deben ajustarse a otros elementos para mantener la lógica del conjunto en una recomposición sistémica porque son resistentes al cambio pero no inmunes a éste; sin embargo, considera que pertenecen a la larga duración histórica, concepto que retoma de Braudel (2006) para referirse a que éste es una entidad que fue formada por las sociedades igualitarias aldeanas del Preclásico Temprano, y muchos de sus elementos perduran en las comunidades indígenas de hoy pese al tremendo impacto de la conquista española.

La propuesta de López Austin se refiere a estructuras, que el tiempo tarda en desgastar o transformar, algunas se encuentran vinculadas al entorno natural, pero otras permanencias o supervivencias se dan en la cultura, en esta última circunstancia, estaría presente en la dramatización que se desarrolla en las luchas de reivindicación, las cuales tienen algunos elementos de la cosmovisión prehispánica.

El reverso político a partir de la reivindicación de las diferencias culturales, es señalado por diversos autores, tal es el caso, de Benjamín Arditi (2010:44) quien menciona que la búsqueda de los derechos particulares trajo consigo la segregación y se radicalizó la crítica a las grandes narrativas. El particularismo del grupo en vez de una categoría más incluyente como ciudadano, pasa a ser el polo necesario y determinante en los procesos de construcción de identidad, solidaridad y acción colectiva. Desde su perspectiva estos movimientos buscaron un desplazamiento sobre los derechos del individuo soberano a los grupos de particulares, lo cual solamente constituyó un desafío al imaginario del liberalismo, se obtuvieron derechos suplementarios para grupos especiales y desarrollaron