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6.7 Recommendations for Practice

6.7.2 Policymakers

Las manifestaciones culturales generan una identidad común, algunas se hacen extensivas en todo el Sotavento, como en el caso del son jarocho; aunque también otras producciones culturales generan límites simbólicos que establecen una distancia a veces casi imperceptible. Las diferencias y semejanzas en gran medida se relacionan con que en la Sierra de Santa Marta se desarrolla una presencia pluriétnica que genera diversidades desde aquellas que pueden apreciarse a simple vista como el lenguaje, vestido, rituales, características físicas y otras cognitivas las cuales para acceder a ellas hay que penetrar como diría Clifford Geertz “en las estructuras superpuestas de las culturas”; en tanto, que en el Corredor Industrial, las diferencias culturales tiende a masificarse y diluirse, las diversidades tienen una mayor relación con las posibilidades económicas, es decir, hay una estratificación a partir de las clases sociales.

El son jarocho es una manifestación de la cultura popular que se encuentra presente en todo el estado de Veracruz, en algunas regiones como el Sotavento Veracruzano tiene un fuerte arraigo, incluso en el siglo XIX se vinculó como una expresión artística en la que se

representaban las inconformidades de los grupos indígenas y campesinos, Bernardo García Díaz (2001:141)80 señala que durante la dictadura, se dio la concentración de tierras por parte de una élite económica y política en el sur Veracruzano combinada con la

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Bernardo García Díaz (2001:141) cita el Diccionario Americanista de Francisco J. Santamaría, para el cual jarocho tenía dos acepciones la primera se refiere al campesino de la costa de Veracruz, principalmente de la región de Sotavento, y la segunda al habitante del puerto de Veracruz; sin embargo hacia el siglo XX esta conceptualización se consideraba que no era adecuada para las élites y fue empleada más para definir a las clases subalternas.

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explotación, mas el cansancio de algunos mayorales ante las injusticias de las autoridades locales, dio lugar al abigeato y saqueo, entre los ladrones y justicieros surgió el héroe conocido como Santanón, con sus hazañas se hacían décimas —versos con una métrica octosilábica que tiene 10 líneas— de ese modo su presencia a través de la argumentación se hacía muy visible en los fandangos, los cuales eran festejos celebrados entre las clases populares donde se hacía música con cuerdas, se zapateaba sobre una tarima y se entonaban rimas alegres y bullangueras, en ocasiones pícaras, lo que denotaba el buen humor de quienes fandangueaban.

Alfredo Delgado Calderón (2004:80) desarrolla una interpretación sobre la conceptualización del jarocho, para este autor se encuentra vinculado con los negros que usaban la jarocha o lanza, ya fueran arrieros o milicianos; también para los vaqueros de las haciendas del sur de Veracruz, en donde se dedicaban a la ganadería extensiva y cazaban a las reses en las matas o jaros, especie de islas donde se refugiaba el ganado en tiempo de lluvias. Jaro también se llamaba a los grupos de casas aisladas, que en la época colonial sólo estaba habitada por negros, milperos o vaqueros, de ahí señala el autor que en los llanos un topónimo común sea el de mata; debido a esto la palabra jarocho se aplicó después a todos los individuos con rasgos físicos negroides y finalmente sirvió para designar a los habitantes de la Costa Sotaventina.

Las implicaciones que tuvo el proceso revolucionario en algunos aspectos culturales que generan identidad en el Istmo Veracruzano, como es el caso del son jarocho, son consideradas por Alfredo Delgado Calderón (2004:48), quien establece la articulación de algunas escenas de ese periodo con la historia de esa manifestación cultural. Señala algunos pasajes en los cuales describe cómo los revolucionarios eran afectos a los fandangos, tal era el caso del general Cástulo Pérez a quien le gustaba este género musical, además de que a veces acudía a ellos, sus hazañas e ideales se transmitían y socializaban sobre todo en las décimas; posteriormente, menciona que aunque las luchas revolucionarias desestructuraron a las comunidades y su ciclo de festividades, no fueron determinantes en el caso del abandono del son jarocho, al contrario ellas permitieron su revitalización, pero dicha manifestación se fue perdiendo paulatinamente, básicamente por la presencia de otros géneros musicales y por la presencia de las estaciones radiales, que a partir de 1927 empezaron a difundirlos.

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Guillermo Ramos Arizpe (1982:37), entrevistó al jaranero Arcadio Hidalgo quien era de Nopaltepec, poblado del área geográfica denominada como la Cuenca que forma parte del Sotavento, él participó de manera activa en la Revolución y sus sentires los expresaba a través de sus décimas, en su niñez relató Arcadio vivió la discriminación en la escuela:

[…] el maestro que Porfirio Díaz nos mandó, solamente enseñaba a los hijos de los terratenientes, a los de los campesinos nos medía un metro cuadrado para que arrancáramos la malva de cochino, la mala yerba… [ más delante ] vivíamos muy pobremente mi padre ganaba setenta y cinco centavos diarios, de seis de la mañana a seis de la tarde. A nosotros, los chamacos, nos ponían a sacar una flor que utilizaban como pastura, que le llamaban privilegio. Los niños apenas aprendían a caminar cuando ya sus padres se los llevaban al campo; yo empecé a trabajar a los seis años, ganando dieciocho centavos.

Arcadio Hidalgo, también mencionó un héroe popular:

Poco antes de que se viniera la revolución, en el estado de Veracruz había un hombre en la región que hacía por los pobres, se llamaba Alejandro Álvarez. Era un hombre que si pasaba por una ranchería y veía que la gente no tenía que comer, se iba y les traía una res de los ricos y la repartía entre todos. Una vez mandaron al general Ismael Bequis a aplacar a Alejandro, le echaron los rurales. Pero como Alejandro era un hombre muy chingón, que no respeta al gobierno, los rurales no le duraron mucho. El día que huyeron los rurales, Alejandro lo celebró bailando y cantando, se fue a una boda del pueblo.81

El son jarocho en cada área adquiere características específicas y durante algunas revueltas fue retomado por los grupos indígenas como un elemento contestatario; otras representaciones sobre el agua y la tierra, también estuvieron presentes en sus luchas cuando fueron desmembrados sus territorios comunales.

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