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6. Discussion

Hemos de considerar necesario echar una mirada sobre el desdoblamiento de las voces narrativas y los personajes de la obra, a través de un análisis de su intervención, su demarcación y de su relación con la naturaleza del texto.

La constitución de una voz que narra y el desarrollo de un rol protagónico no se ofrecen de manera inmediata y distinta. La aparición de un yo de la enunciación desde el Proemio nos alerta acerca de la jerarquía de su intervención en el texto y puede llevar a confundir a esta voz con la del autor real (jerarquía, en principio, perteneciente a la enunciación real). El objeto del presente capítulo es mostrar que esa voz, que parece marca de lo autoral, y sus deícticos, hacen referencia a una enunciación poética. El autor no aparece en la obra en tanto autor, sino como autor construido. A este respecto, caben sí las consideraciones de muchos críticos ya señaladas en la introducción, según las cuales se gesta la magnitud de un autor mitificado y mitificante (un poco parafraseando la ya citada Pastor Bodmer), o la construcción de un Yo que se hace apologética de sí mismo. Ya hemos también hablado de las consideraciones bajtinianas respecto de la diferenciación que el texto busca recortar al presentar voz y personaje.

Así, al presentarse Álvar Núñez a sí mismo y al caracterizarse, nos adelanta la participación del personaje tesorero dentro de un rol protagónico:

"De mí puedo dezir que en la jornada que por mandado de Vuestra Magestad hize de Tierra Firme bien pensé que mis obras y servicios fueran tan claros y manifiestos como fueron los de mis antepassados." (Naufragios, p. 179)

La autoapologética se halla encubierta por este desdoblamiento sostenido entre un yo de la enunciación y un rol en el enunciado, distancia que será conservada a lo largo de toda la obra. Esta diferenciación neta entre la voz del Proemio y el rol protagónico sumerge al lector en cierta confusión, desde el momento en que tanto uno como el otro se identifican con la persona de Álvar Núñez.

En esta descripción de ambos que venimos realizando asumiremos, además, que la voz del proemio funciona, en cierta manera, como voz que se sumerge en el conocimiento de la materia textual por sobre la conciencia del protagonista. Aquélla, antes de abrir su relato, conoce las secuencias narrativas, su "dispositio", sus resoluciones. Es por esto que la ubicaremos dentro del enunciado narrativo, como pauta

56 en la que abre una nueva enunciación, es decir, la enunciación poética (vid. supra, cuadro de las voces del texto).

Esta voz, sujeto de la enunciación poética, no ignora, por ejemplo, los futuros intercambios de opinión entre el protagonista Álvar Núñez y el Adelantado, cuya imprudencia desoirá los consejos del tesorero, cuando en el Proemio nos dice:

"Más como ni mi consejo, ni diligencia, aprovecharon para que aquello a que éramos ydos fuesse ganado conforme al servicio de Vuestra Magestad ..." (Naufragios, p. 180)

Se anticipa, por ejemplo, a las desventuras y fracasos de la expedición, y orienta la lectura al respecto32:

"...de quantas armadas a aquellas tierras han ydo ninguna se viesse en tan grandes peligros, ni tuviesse tan miserable y desastrado fin..." (Naufragios, p. 180)

Conoce la participación del tesorero en el relato y su destino como protagonista:

"...en diez años que por muchas y muy extrañas tierras que anduve perdido y en cueros, pudiesse saber y ver, ansí en el sitio de las tierras y provincias y distancias dellas, como en los mantenimientos y animales que en ellas se crían y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras naciones con quien conversé y viví..." (Naufragios, p. 180)

Esta distancia entre la voz del proemio y el rol protagónico se acentúa cuando se impone la presencia mediadora del cronotopos de cada uno: el Álvar Núñez del Proemio parece situarse en la España revuelta del cuestionamiento en torno a los justos títulos de la Corona sobre sus posesiones en América, sumergido en la tarea de reivindicar su propio desempeño y obtener su título de Adelantado de la Florida.

El protagonista Álvar Núñez, en cambio, es un joven oficial real que sufre el traspié de la fortuna, y es sometido a las inclemencias del desastre de la expedición. Entre ambos encontramos una diferencia de años: el náufrago sufre sus calamidades entre los años 1527-1537, mientras que el narrador relata su historia ya devuelto a la España de 1542-1555. La diferencia de contexto también es significativa: el suceso narrado ocurre en la Florida inclemente; la enunciación real se lleva a cabo en la España de don Felipe II. El intemediario entre ambos lo constituye el texto, que será el espacio y el tiempo narrativos de la evocación durante el relato para acceder al ordenamiento de los hechos.

32 Indudablemente, como veremos más adelante, esta referencia introduce también un lector

implícito (en la terminología de Pozuelo Yvancos), lector que será construido por la voz metapoética con un objetivo determinado: destacar el valor y el significado del personaje protagonista.

57 La información de la que dispone la memoria, que constituye el bagaje con el que cuenta el autor real, se halla limitada por su propia capacidad de evocación . La voz del Proemio objetiviza también el valor de la memoria, y nos adelanta su plan narrativo, esgrimiendo una nueva escisión, esta vez entre una voz que narra y una voz que reflexiona sobre el carácter enunciativo de lo narrado:

"...por que aunque la esperanza que de salir de entre ellos tuve siempre fue muy poca, el cuydado y diligencia siempre fue muy grande de tener particular memoria de todo, para que si en algún tiempo Dios nuestro Señor quisiese traerme adonde agora estoy, pudiesse dar testigo de mi voluntad y servir a vuestra Magestad." (Naufragios, p. 180)

Ese adonde agora estoy podría ser, sin lugar a dudas, el cronotopos del autor real: la España ya reseñada. Pero veremos que estos deícticos son, si no engañosos, a lo menos polisémicos, puesto que surge, de lo que se lee en esta voz que refiere lo narrado, una nueva jerarquía. No solamente el aquí y agora es el año 1555 de la segunda edición, más porque, como ya hemos visto, el acto escritural se extiende tanto en el tiempo (arranca apenas regresados de la Florida en 1538 y termina en esta edición en 1555) , que se vuelve laxo en su significación. O mejor aún: se resemantiza y adquiere otra significación, puesto que (ya lo hemos dicho, aunque de otro modo), el lugar que sigue siendo identificable consigo mismo pese a las insistentes reescrituras es el lugar textual, el enunciado real en sí. Y aquí y agora puede ser, o tal vez lo sea, el texto, lo narrado, el relato en el que se construye un Álvar Núñez que es personaje y protagonista. El yo que enuncia, entonces, se desdobla y construye también ese autor implícito o voz metapoética: la enunciación es otra, alteridad enunciativa, de tal modo que su enunciado se multiplica y diversifica.

A partir de esta escueta introducción a la constitución del Proemio podemos decir que existen tres jerarquías en el texto, las que son proyectadas con cierta distancia entre unas y otras.

La más cercana al lector implícito es la del rol protagónico, quien ocupa el lugar del agente de la acción y el paciente de la misma, y que se halla distanciado de la voz narrativa, segunda jerarquía narrativa en el texto, por la diferencia del cronotopos. La narración realiza el acto de mediación entre ambos. En un comienzo, dicho rol protagónico es sostenido por el Adelantado de la expedición, Pánfilo de Narváez. Poco a poco, la voz narrativa (segundo elemento constitutivo en el nivel de jerarquías ya señalado) irá introduciendo a Álvar Núñez en el protagonismo de su relato.

58 Pero existe, a su vez, una tercera voz, que abarca a las otras dos, y que es la que reflexiona sobre su propia obra, la que emerge tomando conciencia del acto de escritura. A esta voz, que no puede ser confundida con la voz narrativa ni con el rol protagónico, hemos de denominarla voz metapoética. La distancia que se interpone entre ella y la voz narrativa la construye "el cuydado y diligencia" de "tener particular memoria de todo". Pese a que las fallas de la memoria intervienen dificultando el acercamiento de la voz narrativa y la voz metapoética, el texto, lo escrito, el mismo acto de escribir, constituyen el mediador a través del cual el yo que reflexiona sobre su propia obra descubre los aciertos del narrador y asume sus fallas.

Así, el protagonista encuentra su cronotopos en el viaje que realiza por la Florida descampada y pantanosa, salvaje y agresiva. El cronotopos de la voz narrativa es el lugar virtual que asume al momento de contar esos episodios, tal vez una especie de momentum del acto de narrar: una serie de perspectivas distintas, de acuerdo con el discurso asumido en lo contado (es decir, como veremos más adelante, hay varias voces narrativas: una que informa, una que cuenta, una que da cuenta de sus descubrimientos, etc.).

El cronotopos de la voz metapoética es, como hemos dicho, el relato mismo: el texto. Cada deíctico es referencia a lo narrado y no al locus o tempus del autor real.

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