• No results found

quenched in air

6.2. Multicomponent diffusion effects

Introducción

Si observamos atentamente los niveles discursivos de la narración de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, tomaremos nota de que existe, de manera velada pero perceptible, una cierta intencionalidad y conciencia de información etnográfica que se muestra en la narración a través de determinados indicadores, evidenciando la intención de fijar el dato en concordancia con el hecho vivido. Esta intención indagatoria en el terreno etnológico de su experiencia vivida debió de suscitar al autor toda una serie de problemas: ¿cómo clasificar la información recabada, cuál era el dato relevante y cuál el secundario, cómo exponerlos y en qué lugar de su narración? Puesto que la formación intelectual del tesorero seguramente excluía el conocimiento y manejo de niveles científicos de indagación, sumándose a ello la imposibilidad circunstancial de aplicar, si las hubiera tenido, esas herramientas, el manejo de una información de tipo etnológico produce el efecto en la construcción narrativa de un gran aparente desorden expositivo. Y teniendo en cuenta que la intención del narrador es contar su historia, como lo señala en el Proemio, surge el siguiente problema: ¿cómo asociar la narración y la información?

Hemos estudiado en su momento el desarrollo de la voz narrativa en un intento por comprender la solución propuesta por Álvar Núñez a alguna parte de estos problemas: el establecimiento de una categoría metapoética sirve de sustento y unidad a la configuración total del texto. La evolución de la voz narrativa, que arranca de estratos netamente informativos para alcanzar configuraciones más literarias, forma parte también de la solución de la jerarquía de la narración con respecto a la información. Veremos cómo, rápidamente, la información se consustancia con la narración y genera un texto en el que el relato mismo es vehículo del dato etnográfico: la voz narrativa trata la figura del indio no como objeto de un informe, sino como sujeto del dato indagado.

Traigamos a la memoria la focalización de la voz narrativa, cuando se atrevía a tomar el punto de vista del nativo, transmitiendo los discursos indirectos como modo de manifestar (un tanto liminarmente) el pensamiento de este personaje. La voz narrativa entraba, hacia el final del relato, en un cierto diálogo con su personaje el indio, como resultado de una asimilación de culturas. Esta asimilación se obtenía por medio

139 del proceso de interiorización de la cultura del otro: el personaje tesorero asumía papel de chamán y de intermediario e intérprete entre el indio y el español.

Lo que tratamos de decir aquí es que el dato etnográfico fijado por Álvar Núñez proviene de dos fuentes: la de sus informantes-sujetos, que como veremos lo son en tanto que existe un supuesto interrogatorio previo y una metodología aplicable al campo de la indagación, y en tanto que ha convivido entre ellos; y él mismo, en tanto que ha sido nativo y ha jugado papeles propios de las comunidades con las que ha entrado en contacto, y su introspección resulta la principal fuente de conocimiento para el relevamiento etnográfico.

Existe cierto distanciamiento entre su introspección y el texto, entre los cuales encontramos los "filtros" o autocensuras a los que ha sido sometido. Estos "filtros", en lo que respecta al dato etnográfico, están constituidos por los prejuicios propios y los asignados a la competencia de su lector. Tras estos filtros se oculta el conocimiento etnográfico, cuya índole tiene relación con su experiencia.

Estos filtros o prejuicios son los que encontraremos en su momento: disposiciones afectivas o ideológicas del sujeto y predisposiciones pragmáticas. Parte de estos filtros lo constituyen también el contexto y los preconceptos que dentro de él se cultivan, en especial en lo que se refiere al aspecto socio-cultural y religioso. Por medio de estos filtros interpuestos entre el autor y su narración, la lectura y el lector, se han eliminado, omitido o disfrazado aspectos sustanciales en el relato que dan cuenta de su verdadera naturaleza: radicalmente hablando, estos aspectos son los que se refieren a su participación como mujer en la vida de las tribus y su papel de médico-brujo como evolución de un rol femenino.

En lo que a la metodología se refiere, asimismo, el narrador ha presentado un supuesto y previo emplazamiento de cierto interrogatorio al que a menudo sometían los sobrevivientes a los indígenas como parte de una representación de cierta intencionalidad conciente en la indagación, para satisfacer la demanda de información de la administración colonial.

Al mismo tiempo, existe un sujeto del relevamiento etnográfico, que se desdobla en dos figuras: la de su informante, el indígena mismo, trasuntado en las preguntas retóricas que la voz narrativa deja entrever; y la del mismo protagonista,

140 convertido, por el azar de su desventura, él mismo en otro indígena, y por lo tanto susceptible de introspección.

Para hablar de cierto acercamiento a una fenomenología etnográfica, tenemos los elementos básicos: una ciencia del fenómeno tal como aparece a la conciencia (la figura del indio y la introspección de sí mismo), ciertas reducciones aplazadas aunque amortiguadas por la conciencia de la labor realizada y de las informaciones recabadas, la reflexión del sujeto sobre su propio acto de fijación del dato (voz metapoética). No obstante, no es suficiente para hablar de una mejora con respecto a los trabajos etnográficos de sus coetáneos, tales como los elaborados por los frailes que acompañaron al proceso de evangelización y colonización del Nuevo Mundo.

Como hemos adelantado más arriba, la innovación involuntaria propuesta por el relato de Cabeza de Vaca radica en una serie de reconvenciones que realiza a la metodología tradicional del cuestionario y cita del informante.

Estas correcciones son, principalmente, las de negar los prejuicios propios de su época con respecto a la concepción del indígena. Y si esto es posible, ello es gracias a que Álvar Núñez mismo se reconoce en parte como un partícipe (en algún momento) de la vida indígena, de su cultura y de su modo de pensar. Estos prejuicios son los que señalamos en su momento y que forman parte del acervo cultural de la época y del conquistador. Muchas de las estrategias de avance y administración del territorio conquistado tenían, por aquel tiempo, su fundamento en estos prejuicios, y han guiado la redacción de muchas crónicas y, principalmente, la orientación de muchas polémicas. La originalidad que Álvar Núñez introduce como autor, creemos, es reducir muchos de esos prejuicios respecto del indígena y tomar esa reducción como punto de partida para la estructuración de las secuencias narrativas de su relato.

Por ello, por ejemplo, nos mostrará a los españoles como protagonistas de terribles escenas de antropofagia, o nos someterá al escarnio del comportamiento irracional del jefe de la expedición, Pánfilo de Narváez, o nos condoleremos del llanto tan humano de los nativos. Toda la narración propende a demostrar, de un modo empírico, la falta de fundamento de los prejuicios que sustentaban la oposición de las colonias a la política de buen tratamiento a los indios (y eliminación de la encomienda) estimulada, por ejemplo, por Las Casas desde su puesto de Procurador de los Indios junto al rey.

141 No nos atrevemos a concluir, de ningún modo, que la obra del tesorero de la expedición de Narváez constituya un tratado de etnología fenomenológica. Nuestra pretensión es, simplemente, acercar la idea de que su trabajo sirve para enfrentar, soslayadamente, algunos métodos contemporáneos que aplicaban ciertos estudiosos de su época para el conocimiento de la realidad indígena. Uno de los principales puntos discutidos indirectamente por la narración es la de la imposibilidad que poseían muchos de aquéllos de acceder a una convivencia con las culturas conquistadas: por intermedio de estos postulados, pone en tela de juicio, de un modo oblicuo, estrategias de conquista y colonización practicadas por varios españoles.

Es esta la razón por la que, al final del libro, nos topamos con la lectura del Requerimiento y su corrección. La "corrección" del requerimiento es a la vez la corrección de sistemas basados en aquellas ideologías que deshumanizaban la figura del nativo americano. Dichas ideologías, representadas por los fundamentos filosóficos de los pensadores españoles que bebían en la Política de Aristóteles, rezumaban restos de esclavismo al suponer la inferioridad del indígena americano frente a la cultura occidental. Autores como Ginés de Sepúlveda, que defendieron de manera tenaz la aplicación de los métodos violentos para la penetración y colonización de la naciente América, sentían incluso molestias al permitir que Palacios Rubios redactara su requerimiento para tranquilizar las inquietudes legalistas del espíritu español.

Pero la "corrección" a la aplicación del requerimiento en cada aventura exploratoria aprobada por la Corona formó parte también del contenido ideológico de Álvar Núñez, influido por las corrientes expiatorias del dominico Bartolomé de Las Casas, ya fuera sincero o no en estas intenciones. Sin enemistarse abiertamente con su aplicación, el tesorero, como veremos en nuestro análisis, ataca directamente el núcleo de su contenido ideológico, exaltando su espíritu optimista: transformará al documento en una declaración formal de los principios pacifistas que regían el pensamiento lascasiano acerca del "modo" de evangelizar las tierras recién descubiertas.

Sin embargo, a la hora de ahondar en el conocimiento de los indígenas sobre los cuales el tesorero aplica estos métodos de suave persuasión, abrevará en las fuertes influencias milenaristas de los frailes franciscanos. Pese a que habían formado parte activa en las filas armadas de la conquista encabezada por Hernán Cortés, estos frailes etnógrafos serían los más interesados por rescatar del olvido las intenciones utópicas de una cristiandad renovada y se servirán de la violencia de estas campañas

142 para proveerse de la materia prima (los habitantes de la antigua confederación azteca) y cristalizar sus sueños heredados de los escritos de Joaquín de Fiore.

El objetivo de este capítulo de nuestro estudio es ahondar en el estudio del aspecto que llamamos etnográfico de la voz narrativa. Para ello entenderemos el trabajo etnográfico en su plenitud según los principios asentados por el estudioso Marcelo Bórmida, como parte de un modo de acercamiento fenomenológico y hermenéutico. A partir de esta base, mediremos la magnitud de la labor etnográfica visible en la narración del tesorero. Para ello nos valdremos también de la tarea de conocer los trabajos etnográficos de sus contemporáneos, para entender lo que por conocimiento de otra cultura en cuanto otra concebían los exploradores españoles del siglo XVI. El conocimiento de este contexto cercano, referente a su metodología etnológica, nos abrirá el camino para acceder a la profundización de los contextos históricos en que se gesta la ideología subyacente en la obra, particularmente emparentada con su aspecto etnográfico y representativa del proceso de experimentación de las utopías renacentistas del siglo.

De este modo, el último tramo de nuestro estudio lo constituye el escenario de la construcción narrativa: la Florida, tierra "prometida" y legendaria, mitificada por la acción de tantos religiosos pero, principalmente, por la resonancia de la narración de nuestro tesorero, resonancia tanto social como literaria. Sus ecos se harán oír en cartas escritas por el fraile franciscano Andrés de Olmos, la relación de fray Marcos de Niza, los intentos lascasianos de evangelización pacífica, las exploraciones innumerables a la región, el interés de la Corona por su colonización o, finalmente, por su retrato poético en la Florida del Inca, del Inca Garcilaso de la Vega.

¿Por qué la Florida representó el escenario para las pretensiones utópicas de Álvar Núñez Cabeza de Vaca? ¿Qué, de todos los elementos propios del pensamiento utópico, llevó a Álvar Núñez y a sus contemporáneos a creer en la posibilidad de recrear el entonces en decadencia espíritu utópico de su tiempo en esos confines?

Esto nos llevará directamente a preguntarnos acerca del por qué de la segunda edición de Naufragios. Efectivamente, dicha pregunta, contrariamente a lo manejado en general, no genera una respuesta tan evidente. A la hora de contestarnos por qué Álvar Núñez no se contentó con su impresión de 1542 y por qué buscó y consiguió deliberadamente la licencia real en 1555, las diferencias textuales entre ambas ediciones no son satisfactorias. Las correcciones realizadas por el autor al texto no

143 justifican una nueva edición, ni tampoco nos aclaran la razón de su fecha, tan importante para los acontecimientos que se venían dando y que servirían de crisol para la reedición de la obra y de su compañera, los Comentarios.

144

Naturaleza de la información etnográfica