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2. Introduction
La voz metapoética establece una distancia con el resto de la narración al marcar la diferenciación entre el discurso del exordio y el del relato en sí. Es a lo que Lewis33 dio por nombre el "metatexto historiográfico", y que funciona como metalenguaje con respecto al resto de la obra. Al abrirse la narración, en el Capítulo I, el abandono del tono del Proemio y la incursión directa de un narrador-informativo, esconde al yo del enunciado detrás de un lenguaje aparentemente desvinculado de dicho Proemio.
El protagonismo del tesorero tampoco hace aparición desde el primer capítulo. La irrupción de éste y de las voces del texto se ofrecerá con una intervención gradual y despareja, a la vez que interrelacionadas con el momento del relato. En cambio, la presencia de un destinatario histórico marca cierta índole en lo narrado. Narratario y lector son establecidos, aparentemente, desde el estándar de la época: la dedicatoria al Rey. Este mismo condiciona la labor de la voz metapoética a "tener particular memoria de todo". El diálogo se ha establecido entre esta voz y este destinatario. Pero sobre el diálogo histórico que entablan, la intromisión de otro lector, inferida por la voz metapoética, abrirá el abismo entre éste y el histórico del Proemio. Se puede decir que, además de un destinatario histórico, existe un destinatario final o lector implícito. Las apariciones de ciertas alusiones dirigidas a este lector tampoco se darán más que de manera progresiva, así como no se ubicarán en un lugar diferenciado de la narración.
Si la narración de los hechos ocurridos a la armada de Pánfilo de Narváez se abre en un grado determinado de discurso (informe a la Corona ), esto se debe a lo que denominamos la torsión discursiva que encuentra el texto como solución a su búsqueda de un discurso adecuado. La misma afectará también a las jerarquías de la voz narrativa, destinatario (en tanto que lector implícito) y protagonista.
La primera intervención de la voz metapoética dentro de la narración en sí, y fuera del proemio, se evidencia en el primer episodio que resulta ajeno al discurso
60 informativo34 y que corresponde con lo que denominamos una micro-secuencia narrativa35. La narración abre con las acostumbradas fórmulas inherentes al discurso de las relaciones geográficas. Como correspondía a esta retórica, el rol protagónico es adjudicado desde el comienzo al Adelantado:
"Partió del puerto de Santlúcar de Barrameda el gobernador Pámphilo de Narváez, con poder y mandado de Vuestra Magestad..." (Naufragios, p. 181)
La interrelación voz metapoética-narrador-narratario-rol protagónico difiere aquí abruptamente de la propuesta en el Proemio. La presencia de Pánfilo de Narváez es perfilada como el agente de la acción y el consecuente protagonista. En todo momento el relato le confiere su responsabilidad de protagonista:
"...ofresció de dar al gobernador ciertos bastimentos que tenía en la misma ysla, que es cient leguas del dicho puerto de Sanctiago. El gobernador con toda la armada partió para allí..." (Naufragios, p. 182)
La interrelación destinatario histórico-lector también difiere abruptamente del registro verificable en el proemio. Se recordará que aquí el escrito funciona como "servicio", "todo lo que un hombre que salió desnudo pudo sacar consigo". Su función 'pragmática' es similar a la del papel en que la memoria fija lo vivido y revive la experiencia del yo-protagónico. El sentido de este revivir es informar a la Corona de lo acontecido. Pero en estos capítulos de la narración, la voz narrativa aporta su lugar de intermediario entre la epopeya (fracasada) del Adelantado y la voz metapoética. La voz narrativa se instituye como testigo colectivo o individual que da fe de lo acaescido, y que nos informa de lo que ve. La primera persona del plural es inclusiva del valor colectivo de lo atestiguado. La primera persona del singular, en cambio, comienza a perfilar el valor autobiográfico de lo narrado. El testimonio asume, al comienzo, la primera persona del plural:
"De allí partimos y llegamos a Sanctiago..." (Naufragios, p. 181)
34 Cuando hacemos mención de un discurso informativo y, por ende, de un narrador informativo,
estamos refiriéndonos a la categoría señalada por Pupo-Walker como relaciones forenses. Cito: “En su configuración primaria el texto de Cabeza de Vaca acata los preceptos retóricos que guiaban la preparación de relaciones, según estas se prescribían en los reglamentos forenses derivados de las artes notariales del Medioevo. El diseño de la relación, como tipología diferenciada –según señaló por primera vez Roberto González Echeverría- conserva, en parte, su estirpe epistolar que de hecho nos remite a las cartas reales y de provisión.”(Pupo-Walker, 1992: 84). Más adelante añade, como confirmando su tesis adelantada en Pupo-Walker, 1982: “Pero, como era de esperarse, el alcance de esos rígidos convencionalismos expositivos, y los latiguillos propios de un discurso de leguleyos, pronto se vio desbordado por proyectos narrativos que iban mucho más allá de la habitual constatación de los hechos.” (Pupo Walker, 1992: 86).
35 Lagmanovich, 1978, denominaba a estas secuencias “microrrelatos”, mientras que Pupo-
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"Aquí nos faltaron de nuestra armada más de ciento y quarenta hombres..." (Naufragios, p. 181)
Este nosotros identifica a todo el contingente armado a cuyo mando se hallaba el Adelantado:
"Assí passamos hasta cinco días del mes de noviembre que llegó el governador con sus quatro navíos." (Naufragios, p. 185)
El destinatario recibe lo escrito como testimonio o fe de algo ocurrido a un tercero desaparecido. Es la clase de relación establecida entre voz informativa y peticionante del informe. Podemos decir, entonces, que en esta parte de la narración existe una voz narrativa que informa y un lector implícito que requiere dicha información. La irrupción de la apelación al destinatario, por lo tanto, no configura un metalenguaje, sino que cumple una simple funcionalidad pragmática:
"...con poder y mandado de Vuestra Magestad para conquistar y governar las provincias que están desde el río de las Palmas..." (Naufragios, p. 181)
"...Alonso de Solís, por fator de Vuestra Magestad..." (Naufragios, p. 181-182)
Ahora bien, junto al protagonismo del Adelantado, se entreteje la presencia de otro personaje y de otra voz que se interpone con otra persona conjugada:
"...y para esto mandó a un capitán, Pantoja que fuesse allí con su navío, y que yo para más seguridad fuese con él." (Naufragios, p. 183) [subrayado nuestro]
La voz narrativa incorpora aquí un rol protagónico distinto del que se había adjudicado al Adelantado, insertando una secuencia del relato en la que se introduce como una nueva focalización y con la presencia de un yo-protagónico. Coincide, por su vez, con la separación geográfica del grueso de la expedición. El tesorero es enviado a acompañar al capitán Pantoja para traer ciertos bastimentos. Aquí aparece la primera intervención de la voz metapoética, la que se revuelve sobre su actividad de escribir, y nos aclara:
"...y porque lo que allí nos suscedió fue cosa muy señalada me paresció que no sería fuera de propósito y fin con que yo quise escrevir este camino, contarla aquí." (Naufragios, p. 183)
Este deíctico “aquí” marca el cronotopos de la enunciación poética: no es un lugar geográfico sino textual, un sitio marcado por la voz metapoética y que es el argumento que nos incita a hacer estas diferenciaciones que venimos analizando. Puesto en relación con el aquí y agora del Proemio, debemos considerar la posibilidad de que dichos deícticos, tal y como es nuestra intención demostrar, hacen referencia a un lugar textual y no al contexto de la enunciación real. Pero sigamos adelante.
El conjunto voz metapoética-voz narrativa-rol protagónico funciona como una unidad, como vemos cuando introduce una secuencia diferida con respecto al hilo
62 de la narración y su registro, apartándose de su linealidad informativa. Esta secuencia posee carácter de micro-relato y presenta su propia micro-configuración, su espacio- tiempo, su linea argumentativa, su propia dinámica actancial. La voz metapoética, que reflexiona sobre su propia escritura, nos aclara el significado de la secuencia asimilándola al carácter de "cosa señalada". La voz narrativa asume el papel del tesorero, adjudicándole el rol protagónico al conferirle la voz a este personaje, a través de la primera persona singular. La introducción del micro-relato se inicia con su propio cronotopos:
"Otro día, de mañana, començó el tiempo a dar no buena señal porque començó a llover y el mar yua arreziando tanto que aunque yo di licencia a la gente que saliesse a tierra, como ellos vieron el tiempo que hazía y que la villa estaua de allí una legua, por no estar al agua y al frío que hazía muchos se bolvieron al navío..." (Naufragios, p. 183)
Lo particular de esta secuencia es que no se conserva la configuración informativa o testimonial, sino que se apunta al efecto en el lector, asumiéndose una actitud, en cierto modo, literaria. El calificativo de "señalada" aplicado al suceso puede trascender tanto como significativa cuanto llamativa. Es llamativa porque apunta a destacar un hecho para ofrecerlo a la curiositas del lector, en tanto que lo de significativa define el valor de la secuencia aludida dentro de lo narrado. Quien asume la voz al señalarlo es la voz metapoética, que se maneja en los dos niveles de interpretación (textual y ficcional), lo cual abre el registro informativo a un nuevo estatuto, que es la literaturización que acabamos de señalar. Cito el episodio completo:
"Andando en esto oymos toda la noche, especialmente desde el medio della, mucho estruendo y grande ruydo de bozes, y gran sonido de cascaveles y de flautas y de tamborinos y otros instrumentos que duraron hasta la mañana que la tormenta cessó. En estas partes nunca cosa tan medrosa se vio; yo hize una provança dello, cuyo testimonio enbié a Vuestra Magestad." (Naufragios, p. 184)
El adjetivo medrosa y el dato de la inscripción del hecho en una provança permiten otra lectura del microrrelato. Fernández de Oviedo, el historiador que recoge el testimonio de Álvar Núñez para reconstruir los sucesos del descubrimiento de la Florida en ocasión de escribir su Historia, cita la dicha provança y nos dice:
"...a quince de hebrero de mill e quinientos e veynte y siete años, auía escripto a Su Magestad lo que hasta allí les auía acaescido, e del perdimiento de dos nauíos con sesenta hombres e todo lo que en ellos yua..." (Oviedo, p. 190)
En esta Historia de Oviedo, ninguno de los sucesos "medrosos", y su descripción de lo que la provança refiere, coincide con lo narrado en Naufragiosa partir del capítulo I, instaurado en el registro informativo. Oviedo considera relevante como dato el informe realizado por Álvar Núñez, para completar su Historia, mientras que la voz
63 metapoética de Naufragios"señala" (subraya, destaca) aquel hecho por su magnitud significativa en tanto que suceso extraordinario, distinto de un mero dato informativo. Este episodio se destaca pues en él se narra "cosa tan medrosa" que "en estas partes nunca otra" se vio. Se lo incluye dentro de la categoría de sucesos maravillosos, o como nos había adelantado el Proemio:
"...que aunque en ella se lean algunas cosas muy nueuas, y para algunos muy diffíciles de creer, pueden sin dubda creerlas..." (Naufragios, p. 180)
La configuración de este micro-relato no coincide con el registro informativo que la narración ha sostenido hasta el momento, sino que ofrece un parentesco más cercano con el Proemio, según hemos visto: apuntala la mencionada unidad voz metapoética-voz narrativa-rol protagónico. Puede decirse que está incluido dentro del plan de la voz metapoética expuesto en dicho exordio. Difiere abruptamente del discurso informativo, que se había conservado hasta la irrupción de este micro-relato, lo que produce una ruptura inercial en el registro del informe. Esto comienza a conformar un ritmo narrativo, teniendo en cuenta que la misma ruptura es la que se había producido entre el Proemio y el comienzo de la narración.
La secuencia presente no fue incluida por la voz informativa de la Relación de 1537 (como ya hemos visto en el cotejo de las ediciones y fuentes primarias), la que conserva retórica y pragmáticamente de manera homogénea su nivel de discurso forense. Es probable que originariamente Álvar Núñez haya iniciado su texto como un informe, sobre el cual, tras sucesivas reescrituras, haya ido descubriendo que la narración de su experiencia requería de otro nivel de expresividad36. Pero también es plausible opinar que el texto original no sea el historiográfico sino el literario y que la fuerza pragmática de los pedidos de informe de la Corona haya obligado a los sobrevivientes a basarse en ese relato para cumplir.
En general, la introducción de estos microrrelatos coincide con la aparición, cada vez más regular, del plan original del Proemio. Sobre el informe primitivo se insertarán estos episodios, descartando el plan informativo, y reemplazándolo paulatinamente por la nueva configuración de relato cuasi-ficcional. Estos micro-relatos reiterarán la configuración del macro-relato, considerando como
36 Pupo-Walker llama a esta búsqueda de expresividad (en nuestros términos) amplificación (en
sus términos), como efecto retórico de una ampliación de lo narrado desde la visión del objeto. Ahora bien, según se viene viendo en el desarrollo del presente trabajo, nosotros ponemos especial acento en el
64 macro-relato al que enmarca desde el Proemio la totalidad de la obra, es decir, lo que hemos llamado en su momento la enunciación real: dicho exordio es inseparable de la narración en sí, si tenemos en cuenta que sin su inclusión no podremos entender la microconfiguración de estos episodios y su inclusión en un plan general. Observamos la construcción total del texto desde esta perspectiva, cuya estructura repite sus componentes en círculos concéntricos.
Entendemos que se confirma lo que Pupo-Walker apunta en sus estudios: la provança "inaugura (...) la gestión narrativa de Cabeza de Vaca. Es factible que se tratara de un simple informe burocrático propio de las labores de tesorería."37 En la cita de Oviedo, que ya hemos transcrito, se observó lo que el historiador dice haber leído en dicha provança y que coincide con lo que aquel estudioso afirma. Álvar Núñez agrega que el episodio de las tormentas, en cuyo comentario nos hemos detenido brevemente, se halla inscrito también en dicho documento. Si la configuración de dicho episodio se repite de la provança a Naufragios, la inauguración corre paralela a la gestación del texto como cuerpo poético. Es probable que Álvar Núñez no escribiera un informe, sino que bajo este rótulo ubicara un texto (o hipertexto) diferente relacionado con lo que verificamos en el Proemio. Como ya hemos visto en el cotejo de ediciones y fuentes, la redacción de nuestra obra habría sido concebida desde un sólo escrito corregido varias veces. De este escrito conservamos dos traslados o transcripciones (la Relación de 1537 y el capítulo dedicado en la Historia... de Oviedo), y dos ediciones de carácter definitivo (Zamora en 1542 y Valladolid en 1555). El estado en que conservamos las transcripciones, por su ineficacia literaria o por su manipulación (en el caso de Oviedo), nos impiden conocer cabalmente los primeros estadios de la redacción llevada a cabo por el tesorero.
Lo que al análisis del texto le resulta evidente es que a la voz informativa se le va superponiendo una voz narrativa literaturizante, y a ésta una metapoética que revela la reflexión del autor sobre el hecho literario. Álvar Núñez descubre¸ a medida que escribe, su propia voz narrativa (que es sobre la que realiza sus observaciones la voz metapoética), y va torsionando el discurso, apelando a diversos modelos literarios para transportar la experiencia mimética (prefiguración) a la mímesis narrativa de la trama (configuración). Los modelos ofrecidos por la tradición medieval son
65 inadecuados, de modo que los descarta a medida que la narración avanza, a la búsqueda de su propia palabra. Margo Glantz, 1993, ha hablado de palimpsestos , que se superponen unos a otros: sobre la voz informativa, la voz metapoética ha abierto una nueva voz de carácter narrativo, para introducir un micro-relato que transforma el hasta ahora registro de la información en un registro cuasi poético.
La intervención de la voz metapoética ha servido para justificar la presencia de un relato insólito, que emerge en medio de una narración de registro informativo. La reflexión que la metapoética del autor realiza es, indudablemente, acerca del conflicto implícito de la constitución de la obra y su originarse. Esta abrupta ruptura de registro inicial señala el abismo entre el que se irá constituyendo en palimpsesto (relato informe), y el que irá emergiendo (relato ficcional). La voz metapoética busca indicar a su lector la "necessidad" de esta ruptura: porque el episodio es cosa señalada. Como tal, inaugura un doble proceso: el comienzo del acto de escribir y el inicio de una reflexión sobre lo escrito.
Nos detendremos, ahora, en algunos aspectos referentes a la voz metapoética, la voz narrativa y el lector implícito, para observar luego su funcionalidad y su inclusión en la configuración total de la obra.
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