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Hay que señalar, por último, que las ONGD están situadas en un papel distinto y complementario respecto al sector público. En general, ni pretenden ni deben sustituirlo en las actuaciones para erradicar la pobreza, promover el desarrollo o enfrentarse a las crisis humanitarias, tareas todas ellas que requieren una acción concertada en la que cada actor tiene un papel propio que jugar.

Tradicionalmente se ha considerado que las ONGD cuentan con una serie de ventajas comparativas (fortalezas) respecto a la cooperación gubernamental y los programas oficiales de desarrollo. Destacan las siguientes:

• La eficacia de los proyectos de desarrollo y las operaciones de emergencia conducidas por las ONGD, en términos de vidas salvadas y de reducción de la pobreza.

• El bajo coste de las acciones respecto a la cooperación oficial, y la honestidad que generalmente se asocia al compromiso con el que actúan las ONGD.

• La agilidad y la flexibilidad de actuación que les permite adaptarse con más facilidad y rapidez a las cambiantes circunstancias del medio. Así, en situaciones de crisis y en emergencias, las ONGD pueden acceder a zonas y llegar a poblaciones a las que, por razones logísticas y, en ocasiones, políticas, no pueden llegar las grandes agencias internacionales o los gobiernos.

• La neutralidad y la independencia que caracterizan a muchas de estas organizaciones; aspecto básico en situaciones de conflicto y de crisis político-militar.

• Un mejor conocimiento de la realidad local y de las condiciones sociales, económicas y culturales en las que se llevan a cabo los proyectos, derivado de su presencia en el terreno o de sus vín- culos directos con organizaciones locales.

• La mayor cercanía a las poblaciones beneficiarias se traduce en una mayor sensibilidad a sus demandas y necesidades.

• La importancia otorgada a la participación de las comunidades y de los beneficiarios de los proyectos, que hace posible que los sientan como propios. Ello contribuye a asegurar la sosteni- bilidad de los proyectos una vez que la ONGD finaliza su apoyo.

• Mayor capacidad de innovación y de uso de tecnologías adaptadas al medio, aspecto que también contribuye a asegurar la viabilidad futura de las acciones.

• Capacidad de captación de recursos de origen privado y de movilización de voluntariado social. Sin embargo, las ONGD también tienen una serie de debilidades derivadas de su propia naturaleza no gubernamental, del menor tamaño relativo de sus proyectos, de las características de su organización interna y de los contextos en los que operan. Podemos destacar las siguientes.

• Las ONGD actúan, con frecuencia, de forma atomizada y dispersa. Aunque mediante su actuación se mejora la situación de beneficiarios concretos, no se modifican significativamente los desequilibrios territoriales y sociales del país en el que operan.

• La dispersión impide aprovechar las economías de escala propias de los grandes programas sociales de las agencias públicas internacionales o de los gobiernos.

• Las grandes ONGD internacionales no escapan a los peligros de la burocratización y falta de agilidad que se suelen atribuir a los ministerios e instituciones públicas.

• La escala relativamente reducida de los proyectos hace que su impacto sea muy limitado en relación a los grandes objetivos (e indicadores) de desarrollo.

• Las ONGD pueden llegar a ser instrumentalizadas por los gobiernos, tanto en la prestación de ayuda humanitaria como en el ámbito del desarrollo social. En algunos casos extremos se pue- den encontrar actuando de forma contraria a sus objetivos.

• A la hora de recaudar fondos, las ONGD no son siempre inmunes al llamado “efecto CNN”. Es decir, dependen con frecuencia de la volátil atención que los medios de comunicación prestan a un desastre natural, a una guerra o a una crisis humanitaria.

• Las ONGD, a veces, no son ajenas a los problemas de funcionalidad y de transparencia interna que pueden afectar a cualquier organización.

• Las ONGD pueden presentar cierto déficit en su relación con los destinatarios de sus acciones. A menudo, las políticas de la ONGD se definen más a partir de las percepciones de los suministra- dores de fondos, de sus directivos y personal y de sus socios fundadores, que de las del conjunto de los beneficiarios con los que trabajan.

IX COOPERACIÓN AL DESARROLLO EN ESPAÑA

Tras la visión general de los temas anteriores sobre cooperación al desarrollo, aquí se presenta con mas detalle cómo se concreta y articula este ámbito en España. Se presenta en primer lugar una aproximación histórica que permite situar en contexto la situación actual. España pasó de país receptor de ayuda a donante a finales de los años 70. La política de cooperación no se empieza a configurar hasta finales de los 80, situación que se completa en 1998 cuando se promulga la Ley que consolida la política de cooperación.

Tras la aproximación histórica, se describen y analizan las prioridades y estrategias españolas, sobre la base de las propuestas presentadas por Alonso et al. (Estrategia para la Cooperación Española, 1999), la articulación recogida en la Ley española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (1998) y el primer Plan Director (2000). La presentación también se basa en los informes anuales La realidad de la Ayuda, de Intermón-OXFAM, una buena aproximación independiente en la que se presenta un riguroso análisis de la política gubernamental. Finalmente se describen los principales actores de la cooperación española, principalmente el sector privado y las ONG, haciendo hincapié en la cooperación descentralizada.

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