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5.5 Collecting data in the field

5.5.6 Drawbacks of the system

La resistencia de Luis XVI a aceptar las imposiciones de la A sam blea provo­ có un clima de exal­ tación política que convirtió al rey en principal enemigo del pueblo. El 10 de a g o s t o de 1792, paisanos, militares y elementos políti­ cos exaltados ata­ caron las Tullerías para apresar al rey.

La M onarquía,

derrocada

La jornada del 10 de agosto represen­ ta el fin del papel m oderador asign a­ do al soberano. La furia p op u lar que desbordó a la g u a r­ dia suiza en las es­ caleras del palacio acabaría arrastran­ do a la M onarquía.

el día previsto los diputados no se hubieran puesto de acuerdo, serían los «secciónanos» y las milicias urba­ nas quienes tomarían por asalto el palacio de las Tulle- rías. Y en efecto, el día 10 de agosto de 1792. después de un primer intento, las fuerzas revolucionarias tom a­ ron el palacio, pero el rey y su familia ya no estaban allí; Luis X V I se había refugiado en la Asamblea, pidiendo protección. Tras intensos debates, el rey fue despojado de sus funciones y recluido, junto con su familia, en la Torre del Temple.

Derrocada la Monarquía y vacante el gobierno, la Asamblea Legislativa designó un consejo ejecutivo, pre­ sidido por Roland y otros ministros girondinos, al que se incorporó también un representante de los jacobinos, Danton. com o ministro de justicia. Se adoptaron impor­ tantes medidas para prevenir la temida reacción de los militares monárquicos ante la caída del rey. pero las ma­ las noticias de la guerra, con los ejércitos prusianos pró-

ximos a Verdún, hacían cada vez más urgente organizar la defensa interior y exterior. Bajo la presión de la C o ­ muna. el consejo ejecutivo accedió a constituir un tribu­ nal extraordinario para juzgar los «crímenes de los con ­ trarrevolucionarios». así com o a fortificar la capital y au­ torizar los registros domiciliarios de los «sospechosos». Comenzaron a ejecutarse los decretos contra los sacer­ dotes «refractarios» y la violencia anticlerical se hizo in­ discriminada. Del 2 al 5 de septiembre de 1792 se or­ ganizaron los tribunales, y de los 3.000 «sospechosos» detenidos. 1.500 fueron ejecutados. Poco a p oco se ins­ tauraba un régimen de excepción que pretendía ser la expresión de la «justicia popular», y que fue el prece­ dente del «Gran Terror».

En cuanto al curso de la guerra, muchos oficiales aris­ tócratas habían emigrado y el ejército revolucionario empezaba a recuperar la confianza. El 20 de septiembre de 1792. las tropas francesas, mucho peor equipadas, derrotaron al poderoso ejército prusiano en la batalla de Valmy. Después de esta victoria, que sirvió sobre todo para elevar la moral de los soldados, el ejército francés recuperó la ofensiva y en poco tiempo ocupó Bélgica (Países Bajos austríacos), Saboya, Maguncia y otras ciu­ dades de la orilla izquierda del Rin Terminaba así una fase decisiva de la Revolución, pero se iniciaba una nue­ va etapa, mucho más conflictiva y violenta.

La M onarquía,

derrocada

Mientras París co­ nocía un proceso de radicalización polí­ tica durante el ve­ rano de 1792, los ejércitos revolucio­ narios lograban su m ás espectacular victoria contra el todopoderoso ejér­ cito austro-prusia­ no en Valmy (a b a ­ jo); desde entonces, Francia d ejaba de estar a la defensi­ va y su poder mili­ tar com enzó a ser t e m i d o en t o d a Europa.

Después de Valmy, la M onarquía no te­ nía sentido. La C on­ vención decretó la «abolición de la rea­ leza» y el pueblo dio rienda suelta a su odio contra la insti­ tución monárquica. Las estatuas de los reyes caen de sus pedestales y la Re­ pública se procla­ ma com o fórmula de gobierno para el nuevo régimen.

La República Democrática:

girondinos y montañeses

La victoria de Valmy coincidió con la apertura de la Convención, nombre que recibió la nueva Asamblea ele­ gida por sufragio universal masculino y cuya principal misión era elaborar una nueva constitución: la Consti­ tución del A ñ o I. En la primera sesión (septiembre de 1792), la Convención se pronunció por la «abolición de la realeza». Al día siguiente se ordenó que las actas y documentos oficiales «serán fechados con la indicación del A ñ o I de la República Francesa». De este modo, sin más ceremonias, la República hacía su entrada en la his­ toria de Francia. Mucha menos unanimidad hubo en la Asamblea a la hora de decidir su carácter centralista y unitario.

Los girondinos sentían una fuerte hostilidad contra el centralismo ejercido desde París y contra la preponde­ rancia de la Comuna. Las administraciones departamen­ tales, que habían sido renovadas por sufragio universal, se mostraban también favorables a la descentralización que propugnaban los girondinos. Finalmente, la C o n ­ vención definió la República com o «una e indivisible», y para reforzar esta fórmula se estableció la pena de muerte contra cualquiera que intentara «rom per la uni-

dad de la República Francesa o bien desvincular sus par­ tes integrantes para unirlas a un territorio extranjero».

La Convención estaba representada por tres ten­ dencias políticas bien definidas: los girondinos, que constituían la mayoría; los jacobinos (llamados ahora «montañeses», por ocupar sus diputados los lugares más altos del recinto); entre ambos, un amplio grupo de di­ putados que formaban la «llanura» o el «pantano», no vinculados a ninguno de los anteriores.

Al analizar la procedencia social de los dos grandes grupos que compartían la Convención, algunos historia­ dores han señalado que no había entre ellos grandes di­ ferencias sociales ni de intereses, puesto que girondinos y montañeses procedían de las mismas capas sociales burguesas. Sin embargo, la mera procedencia geográfi­ ca de los diputados refleja unos orígenes diferentes. Así, la mayoría de los diputados girondinos procedían de las grandes ciudades portuarias de Francia, com o Nantes. Burdeos o Marsella (escenario de la prosperidad del ca-

La República