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5.3 SFC Reactive Security

5.3.5 Dynamic SFC instantiation

En la siguiente sección se presentarán los principales aportes de la TC dentro de la segunda etapa de evolución a la cual estuvo expuesta. Por tal razón los postulados orientados hacia la relación acción-teoría son de especial relevancia.

En una segunda etapa de evolución los exponentes de la TC y la Escuela de Fráncfort estuvieron interesados en hacer la conexión entre el conocimiento (la teoría) y la práctica. Por supuesto que el interés, de hacer dicha conexión, estaba enmarcado dentro del pensamiento esencial de la filosofía que unió a todos los autores pertenecientes a dicha corriente de pensamiento. Como lo planteó Horkheimer:

La teoría crítica [...] no es una hipótesis de investigación que demuestre su utilidad en la industria dominante, sino un momento indispensable del esfuerzo histórico por construir un mundo que satisfaga las necesidades y corresponda a las fuerzas de los hombres.[...] La teoría crítica no apunta en modo alguno simplemente a la ampliación del saber en cuanto tal, sino a emancipar a los hombres de las relaciones que los esclavizan (2000:81).

En otras palabras los teóricos de la Escuela de Fráncfort planteaban la necesidad de conectar el conocimiento con la práctica, con el objetivo de alcanzar una meta mayor: la felicidad de los hombres, por supuesto para ello sería necesario entonces que los individuos fueran conscientes de su realidad y se emanciparan, desde el punto de vista humanista.

Esta segunda etapa de la evolución de la TCimplica entonces que los hombres deben actuar, llevar a cabo acciones que pretendan autoliberarlo de la nube de humo que limita su visibilidad intelectual, social, política, económica, etc. McLaren lo planteó de la siguiente manera:

Como una forma de producción histórica, textual, política y sexual, la voz estudiantil debe enraizar en una pedagogía que permita a los estudiantes hablar, apreciar y practicar la política emancipadora de la diferencia. […] Aunque reconozcamos que esta pedagogía de la voz comporta numerosas dificultades, creemos que dicha pedagogía permite que los estudiantes asuman que ser crítico significa estar

presente en la historia y hacer algo en relación con el futuro (1997: 60).

Por lo anterior, es posible inferir que la evolución de la TC la lleva a ser más activa, a procurar generar espacios para los cambios, particularmente a través de la articulación del conocimiento con la práctica, esto es, la aplicación de dichos principios a las relaciones que se presentan en el día a día dentro del sistema económico-productivo imperante y sus fórmulas de reproducción y perpetuación. Ahora bien, tal como lo expone Geyer:

La Teoría Crítica busca una vinculación de su concepto de totalidad con la investigación empírica porque cree encontrar la confirmación de sus criterios en la ―conexión con las tareas‖ que ―en un determinado momento histórico son emprendidas por las fuerzas sociales progresistas, y tampoco este valor vale inmediatamente para toda la humanidad sino, por lo pronto, tan sólo para el grupo interesado en estas tareas‖ (1985: 42).

De acuerdo con Geyer, incluso las apreciaciones de parte de una acción desde la TC no son totalizantes, es decir, involucran sólo a una fracción de una sociedad específica que es ―pionera‖, que ha visto mucho antes que el resto de las personas las necesidades de la acción emancipadora desde el punto de vista humanista.

Geyer es mucho más específico cuando plantea la relación entre el objetivo de la TC y la participación activa en la búsqueda de una mejor sociedad.

La concepción de Teoría Crítica […] apuntaba ya desde el comienzo en dos direcciones: la confrontación con la teoría tradicional y su concepto estático de razón y ciencia (inclusive la comprensión de la ciencia del positivismo) y un nuevo concepto (práctico) de teoría, que considera la teoría como parte de los amplios esfuerzos en aras de una creación de la libertad y del futuro de la humanidad (1985:113).

Por supuesto, desde la perspectiva de Geyer la orientación última, hacia la cual debería ir dirigido todo el esfuerzo emancipatorio de la TC era un mejor futuro de la humanidad, en otras palabras, una visión fuertemente humanista.

Dicha orientación humanista es el fundamento ontológico básico de la TC, sin ello no existiría un hilo conductor al interior de la misma. Para poder manifestar esa relevancia del humanismo, los exponentes de la TC en esta segunda etapa de evolución se concentraron en revisar las conexiones y la relevancia de la acción, de las prácticas dentro del sistema económico- productivo, de manera que a través de dicho conocimiento se pudiera mejorar las posibilidades de construir una mejor sociedad, libre, autónoma, reflexiva, más humana.

Por lo anterior, la ―práctica revolucionaria‖ o mejor, la emancipación humanista es un aspecto fundamental en esta segunda etapa evolutiva de la TC. Para McCarthy, ―bajo presupuestos materialistas, el interés por la emancipación se hace extensivo al cambio práctico de las condiciones socioeconómicas establecidas. Es obvio que esta clase de <<práctica revolucionaria>> no puede ser reducida a <<autoreflexión>>‖ (2002:120). Se refería al hecho que no se podía aludir sólo a la reflexión desde lo teórico para tratar de solucionar problemas que son de carácter pragmático. Por su puesto, las acciones deberían estar sustentadas en fundamentos y conocimientos teóricos pero para la TC –especialmente en esta etapa de desarrollo- lo fundamental era la conexión y específicamente la implementación de acciones conducentes a resultados concretos, en este caso, mejores condiciones de vida de la población, libertad, énfasis en el humanismo y la felicidad de las personas.

Así las cosas, la TC propuso una inservidumbre voluntaria, en otras palabras, la consciencia de humanizar las relaciones insertas dentro de un modelo socio-económico-productivo a partir de la libertad del ser humano para pensar sobre dichas relaciones y recomponerlas de la mejor manera. En palabras de Horkheimer:

Pero lo que nosotros entendemos por crítica es el esfuerzo intelectual, y en definitiva práctico, por no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes; el esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, los

sectores aislados de la vida social; por deducirlos genéticamente; por separar uno del otro el fenómeno y la esencia; por investigar los fundamentos de las cosas, en una palabra: por conocerlas de manera efectivamente real (2003:288).

En otras palabras, lo que los teóricos de la TC propusieron fue una ―ilustración activa-reflexiva‖, conducente a la obtención de conocimiento aplicable a una emancipación, que permitiera unas relaciones económica- productivas humanizadas.

Ahora bien, la visión humanista de la TC no es fácil de reconciliar con el sistema capitalista reinante. Así, ―yo creo que hoy, esencialmente, para el hombre moderno, y en general para el hombre que vive en esta Tierra, tan sólo hay una complementaria: la barbarie o un nuevo renacimiento del humanismo‖ (Fromm: 1998: 33). Evidentemente, cuando Fromm se refiere a la barbarie está haciendo relación a un sistema económico-productivo que necesita ser revaluado. De hecho, ―únicamente puede reformarse un sistema si, en vez de reformar un solo factor, se acometen reformas verdaderas en el sistema entero, de modo que pueda producirse una nueva integración de todas sus partes. (Fromm: 1998: 48). Vale la pena entonces, preguntar: ¿Qué se necesita para llevar a cabo todas esas reformas generales? ¿Qué institución u organización de una sociedad particular es la llamada a liderar dichos cambios? ¿Quién o quiénes serán garantes de dichos proceso? ¿Cómo determinar los avances e impactos de dichos cambios? Son preguntas relevantes y que hacen parte de

las indagaciones claves para poder generar conocimiento práctico y aplicable a la realidad del entorno socio-económico colombiano.

Dado por lo anterior, surge la necesidad de generar opciones de acción, de asociarse y colaborar con aquellos que comparten las mismas preocupaciones, por supuesto, desde el punto de vista de la TC: la necesidad de devolver el carácter humanista a las relaciones entre las personas, las organizaciones e instituciones, los sistemas trascendentales y de representación y entre la sociedad en general.

Dentro de los planteamientos de la TC en esta segunda etapa de desarrollo surge la comunicación como un puente entre lo teórico y lo práctico. A su vez, la comunicación da pie a la acción social globalizante, como lo planteó Habermas:

La acción social la entendió Weber como un comportamiento dotado de sentido subjetivo, es decir, como un comportamiento orientado por el sentido que subjetivamente los actores atribuyen a su acción, y por consiguiente, motivado también por él. Ese comportamiento sólo puede aprehenderse adecuadamente por referencia a los fines y valores por que el agente se orienta (1996:136).

La acción social a la que se refiere Habermas se relaciona con la capacidad de comprender el sentido que una persona le da a sus acciones. ―De ahí que el comportamiento social observable haya de ser aprehendido a través

de la perspectiva del propio agente, la cual escapa a una observación directa; es decir, el comportamiento social ha de ser <<comprendido>> (Habermas: 1996: 136). Por lo anterior, el comportamiento no se puede entender sólo desde las acciones de las empresas y de las personas, sino que se debe incluir el sentido que cada uno le da a sus comportamientos.

Los exponentes principales de esta segunda etapa de la TC le dieron mucha importancia a la acción social, sin embargo, le era inherente el asunto de la comunicación como elemento esencial que permitiría comprender por qué ―realmente‖ un agente llevaba a cabo una acción en un contexto y momento determinado. Particularmente Habermas dio mucha importancia a la comunicación:

Si en las ciencias sociales no podemos renunciar como datos a acciones intencionales, entonces el sistema de experiencia en que esos datos nos son accesibles, es la comunicación lingüística y no la observancia exenta de comunicación (1996: 137).

En su entender, Habermas daba especial importancia al hecho que el análisis de la sociedad y, por supuesto, del sistema económico-productivo imperante partía de la compresión del sentido que los agentes concedían a sus acciones. Así, ―la comunicación lingüística no puede aprehenderse suficientemente sólo en el plano del comportamiento regido por estímulos. Pues es el patrón gramatical el que establece el marco para los procesos de aprendizaje, a partir de los cuales el behaviorismo lingüístico pretende deducir

ese patrón. (…) La tentativa de reducir el lenguaje a comportamiento, permanece problemática‖ (Habermas: 1996: 152). Lo que el autor planteó hacía referencia al hecho que la estructura teórica y de análisis por excelencia utilizada bajo el sistema capitalista de carácter positivista daba especial relevancia a metodologías de indagación relacionadas directamente con la identificación de estímulos que ―causaban‖ comportamientos.

No obstante lo anterior, para Habermas era claro que el comportamiento humano no podría comprenderse y explicarse a partir del análisis reduccionista de una respuesta a estímulos externos.

Todas las investigaciones relevantes, la discusión lógica de los enunciados intencionales, el análisis empírico del comportamiento verbal, el análisis lingüístico del aprendizaje del lenguaje y la investigación metodológica acerca de la relación entre ideas y formas de comportamiento coinciden en un resultado: no es posible una reducción de las acciones intencionales a comportamiento regido por estímulos. (…) Qué significa satisfacer una necesidad es algo que siempre hemos entendido ya. Sólo por observación, nunca aprenderíamos a entenderlo (Habermas: 1996: 155).

De lo anterior, es evidente que la comunicación e interacción lingüística con las personas era un aspecto fundamental para comprender la ―realidad‖ de las relaciones a las que estaban sometidos los hombres en su vida organizacional. De esa manera los aportes de Habermas resultaban

imprescindibles, pues a través de ellos se hacía evidente la necesidad de entablar interrelaciones (comunicaciones lingüísticas) mediadas por el entendimiento de las intenciones y sentidos que los agentes daban - premeditadamente- a sus acciones. Sólo a través de la comunicación - relacionamiento cercano e interpretativo- se podía acceder a un conocimiento práctico que no se podría acceder con la simple observación, pues en este último lugar sólo habría espacio para la determinación de un ―supuesto‖ teórico de causa-efecto, en otras palabras a una falseada comprensión dada por una acción ―gestionada‖ por estímulos que vienen del entorno, es decir por externalidades y no por el ser mismo del hombre.