Como se anotaba ya, la normatividad en la escuela está directamente relacionada con las concepciones éticas y políticas que sustentan las prácticas pedagógicas de sus maestros, de tal suerte que dependiendo del peso que llegue o no a tener allí la tradición, las relaciones establecidas frente a la norma van a tener características y propósitos distintos.
Así, mientras en algunos espacios se mostraba el “orden y la disciplina” como el logro de un “buen trabajo” del maestro que en una relación monológica ha llevado a sus estudiantes esta condición heterónoma forjada en la obediencia y el acatamiento de las normas, en otras escuelas el “orden” era igualmente el resultado del “buen trabajo” del maestro que por el contrario propiciaba una relación dialógica con sus estudiantes de manera que en el ejercicio de la construcción de acuerdos se formaban en la autonomía.
En la cotidianidad, la normatividad en las instituciones y centros educativos presenta distintas dinámicas dependiendo del nivel jerárquico en el que se ubica cada individuo, de manera que, acogiendo el concepto de capilaridad del poder (Foucault, 1992) podemos comprender el ejercicio de la autoridad en la escuela, como el producto de factores tanto estructurales como de capacidad de los distintos agentes para lograr fines específicos (orden, disciplina, calidad, eficiencia), en tanto el poder no se detenta, sino que se ejerce bien sea desde las posiciones que van de lo local a lo regional y lo nacional, o por las posiciones desde lo local que culminan en las relaciones del aula, pero no existen relaciones de poder sin que se generen resistencias, de manera tal que los distintos actores despliegan sus propias agendas de acción.
De esta manera, los directivos viven la presión que se les hace desde las reglamentaciones y los ejercicios de poder que sobre ellos ejercen los jefes de núcleo, que a su vez dependen de los secretarios de educación municipal, que deben dar cuenta a los alcaldes y a la secretaría de educación departamental, y esta a su vez al Ministerio de Educación.
El director de una de las instituciones contaba que el proceso de elaboración del manual de convivencia, que se hizo simultáneamente con el PEI, fue contra el tiempo, por las exigencias que les estaban haciendo desde la Secretaría de Educación para que se radicaran completos todos los documentos en las fechas que les estipularon, y que sin embargo a pesar de la presión los profesores que estaban a cargo de esa comisión lograron terminar el proceso
... eso fue un proceso que los profesores trabajaron con algunos padres de familia, con los estudiantes, y los otros profesores, y después de realizar eso, se comenzó a trabajar sobre los principios, deberes, las sanciones que propuso toda la comunidad educativa y sacar las conclusiones y cada año se va modificando. (Entrevista directivo 1, Bajo Putumayo 1).
Un elemento común en los otros directivos, así como en muchos de los maestros es la mirada sobre el manual como una regulación de carácter punitivo, es decir establecida desde las sanciones. A pesar de las afirmaciones sobre el propósito de formación de ciudadanos libres y autónomos, lo que se infiere así es por una parte, que el valor más importante en las instituciones es la obediencia, y por otra, que las relaciones están basadas en la desconfianza en la medida en que se asume la necesidad de la amenaza del castigo con una función de control preventivo; es decir que más que actuar por principios, los sujetos regulan sus interacciones desde la naturalización de la obediencia por miedo al castigo, lo que además deja abierta la posibilidad como deuteroaprendizaje, del valor positivo que entra a tener el actuar por conveniencia y la habilidad para evadir la norma o para infringirla sin ser descubierto.
Otro aspecto de los manuales de convivencia es que se presupone su aceptación por parte de todos los miembros de la comunidad, y hay la exigencia tácita de tal aceptación para ser parte de la escuela, tal como afirmaba un maestro al hablar con él sobre la sanción impuesta a una estudiante que se demoró en entrar al salón por estar en la actividad con nosotros “... lo que usted dice está bien, pero ellos saben que esas son las reglas y si no les gustan, pueden buscar cupo en otro lado” (Entrevista maestro 3, Escuela 1, Bajo Putumayo 1).
Más que participar en la elaboración, los padres de familia son informados de la existencia del manual para “… que estén enterados del reglamento y entonces ellos ya se dan cuenta de eso y saben que a través del manual de convivencia y el conducto regular y todo eso” (Entrevista directivo 1, Bajo Putumayo 1),
…siempre lo damos a conocer a los padres, ellos dicen que es un elemento importante para mantener el orden correcto dentro de la misma escuela, la mayoría pues lo acata y uno se da cuenta cuando traen a los niños con su respectivo uniforme, muy organizaditos y nosotros no tenemos dificultados frente a otras escuelas, acá ya aprendieron a ser juiciosos… y ayuda… y están pendientes a pesar de todas la dificultades, son las personas que están ahí de acuerdo con las cosas que uno hace… (Entrevista maestra 1, Escuela 2, Bajo Putumayo 1)
Se da entonces un énfasis mayor al “debido proceso” dejando de lado la singularidad de cada situación; esto permite que la acción del castigo recaiga en el manual librando al maestro de la responsabilidad de la decisión, dado que él no tiene que indagar o conocer el hecho, solamente aplicar el manual de acuerdo a lo establecido, y así en la infalibilidad del manual si alguien está castigado, “por algo será”, en una replicación del discurso naturalizador sobre las víctimas de la violencia.
También en el distanciamiento de la responsabilidad sobre la aplicación del manual, se ve como legítimo el castigo impuesto en el colegio, en tanto se acoge al proceso que incluye en algún momento el llamado a los padres; situación que juega un doble papel pues de una manera, forma parte de la amenaza al estudiante, pero por otra, es una frontera que linda con el maltrato y la violencia intrafamiliar
Aquí se tiene en cuenta el manual de convivencia, se sigue de acuerdo a los reglamentos, hay un horario, hay uniformes y todo eso, y si algún estudiante incurre en alguna falta, pues se le sigue el proceso, se le llama la atención, si el niño persiste se le llama al padre de familia y hay muchos padres de familia que lo orientan, pero a veces son a castigarlos y a maltratarlos, pues uno se da cuenta de que manera lo corrigen, entonces uno a veces trata de mejor solucionar aquí lo que más se pueda, para tratar de evitar y decirle al padre de familia, porque después acuden es a maltratarlo y lo castigan, y muy pocos lo castigan de buena manera. (Entrevista maestra 2, Escuela 3, Bajo Putumayo 1).
Algunos maestros comentaron que las prácticas de crianza en la zona, muchas veces se caracterizan por castigos y relaciones violentas y autoritarias, lo que entra a dificultar las interacciones con los niños en la escuela pues afirman que “…los niños están acostumbrados a que les entren duro… y si uno va suave, entonces no hacen caso” (Entrevista maestro 1, Escuela 5, Bajo Putumayo 1), e incluso en aquellos que buscan permanentemente alternativas pedagógicas a todas las situaciones en la escuela se dan momentos de confrontación con ese acostumbramiento a la violencia
… pero entonces uno acude a un recurso y a otro y llega un punto en donde el chino no le da, sino que la costumbre o el medio donde él se desenvuelve es un medio hostil, agresivo donde solo se hace caso y se reprime de una manera enérgica, digamos como en el ejército, algo parecido donde el papá le pega el regaño, el fuetazo al niño y él ahí si se sienta. (Entrevista maestra 1, Escuela 2, Bajo Putumayo 1).
Una maestra, veía en la negociación y el dialogo permanente en la escuela una posibilidad para incidir en la transformación de las formas violentas de relación que encontraba en los niños y sus entornos familiares
yo … personalmente procuro en lo posible no regañarlos, yo medio con ellos, ósea procuramos de mediar las cosas, a veces hay brotes de indisciplina y entonces yo hago como una forma de negociación con ellos, mira si tú vas a seguir haciendo esto entonces yo hago tal cosa, pero no trato de castigarlos ni de regañarlos, porque ellos ya están acostumbrados a eso, ósea ellos ven en la escuela una
oportunidad de salir de esa… pues de esa situación de violencia en algunas casas. ( Entrevista maestra 2, Escuela 3, Bajo Putumayo 1).
En algunas de las escuelas, precisamente en aquellas donde los profesores buscan relaciones pedagógicas no autoritarias, es donde más se han impulsado estrategias de trabajo dirigidas a los padres de familia, en el propósito de disminuir el maltrato y la violencia intrafamiliar
… a los padres de familia se les ha hablado de que tengan mucho más cuidado, que los niños necesitan es cariño, amor; en las reuniones uno les habla bien y se les trata de animar para que quieran mucho a los niños, para que esas situaciones de violencia no se repitan y los pelados llegan normal bien… (Entrevista maestro 1, Escuela 3, Bajo Putumayo 1).
Y sin embargo estas posturas son cuestionadas por los adultos que han interiorizado desde lo militar el castigo como formador del carácter
… hay algunos que en la casa les dicen… cuando alguno ha “prestado el servicio” o si ha ido con los “otros”… que esa alegadera es para formar flojos… que si no aprende a ser duro, nunca va a ser nadie y todo el mundo se la va a montar. (Entrevista maestro 1, Escuela 3, Bajo Putumayo 1).
2.8 Entre la esterilidad de la memorización de las cartillas y la