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El Primer carnaval de Medellín como se ha mencionado anteriormente se llevó a cabo entre los días 11 y 15 de octubre de 1899. Durante estos días los habitantes de Medellín se entregaron al regocijo, a los bailes y al disfrute que la fiesta entregaba. Mientras tanto el contexto nacional estaba un poco tenso, pues el país estaba a portas del inicio de la Guerra de los Mil Días que enfrentó a liberales y conservadores y que trajo grandes consecuencias para el país. Sin embargo, como lo aseguró Jor- ge Mario Betancur “la guerra debió esperar un poco más, al menos en Medellín. Durante tres días, la ignoraron casi todos, sumergidos en las borracheras del primer carnaval de la ciudad”20.

Toda la espera y la especulación que se desarrolló en torno a la realiza- ción del primer carnaval por fin se materializó. Días antes fue presenta- da la programación oficial de los primeros tres días –hay que recordar que luego se extendió dos días más– donde se pueden observar las va- riadas actividades que se llevarían a cabo y que involucraban a todos los estamentos de la sociedad, como todo buen carnaval:

Como reza el programa del carnaval, el miércoles 11 de octubre se abrió paso al jolgorio con la víspera que involucró un espectáculo de fuegos artificiales. En un tono un poco sarcástico un escritor del periódico El

Cascabel criticó el espectáculo, pues aseguró que este casi causa un

incendio, además anotó que:

20 Jorge Mario Betancur, Moscas de todos los colores. Barrio Guayaquil de Medellín,

Figura 2. Programación del Primer Carnaval de Medellín Fuente: El Fonógrafo. Trisemanario de Intereses Generales

(…) para los que hemos visto esta clase de espectáculos desde los tiempos del dulce á ocho hasta nuestros días, no ofrecieron nada nuevo: no han variado ni para adelante ni para atrás: los mismos cohetes de luces y de chorreras, los mismos castillos tirándose petardos y acabando por venir á tierra sin terminar su luminosa misión (…) Lanzadas por las mismas sartas de borrachos, y la misma colección de ganado en las aceras, y la misma estúpida gritería, y lo mismo todo21.

Cabe recordar que son los entornos festivos donde las personas dan rienda suelta a sus sentimientos y emociones y se entregan al goce hasta llegar al exceso, así que no es de extrañar que sucesos como los mencio- nados se llevaran a cabo y más en una sociedad que vivía bajo la tutela clerical y una vida rutinaria. Esto va señalando que no todos estaban a favor del carnaval, que no fue ajeno a este tipo de críticas. Lo intere- sante aquí es contrastar otra visión acerca de este mismo día que difiere absolutamente a la entregada por el escritor de El Cascabel. El segundo testigo que relató la víspera escribió lo siguiente:

(…) á las 7 p. m. invadía el Parque de Berrío y en todas las direcciones, una multitud de gente ansiosa de divertirse, á la misma hora comenzaba el desfile por las avenidas de Parque, de una compañía del Batallón “La Popa” con ar- mas al hombro y precedida de su banda de cornetas, la cual dejaba ir marchas guerreras que recordaban una fecha gloriosa y é imponían una idea de orden y moderación.(…) La alegría dominaba el escenario; en todos los semblantes de se veía desaparecer la idea de miseria que aflige al país; todos guardaban para sí las cuitas azarosas de la vida, siquiera para olvidar leves momentos los pesares que reserva el porvenir. La vie est si courte.22

Se puede observar que la intención de cada uno de los escritos acerca del primer día de fiesta es distinto, el primero estuvo más interesado en exponer el desorden y la ausencia de “civilidad” por parte de las personas que asistieron, al mismo tiempo pretende exhibir la falta de 21 “El carnaval”, El Cascabel (Medellín) 17 de octubre de1899.

22 “Carnaval”, El Fonógrafo. Trisemanario de Intereses Generales (Medellín) 17 de octubre de 1899: 78.

organización creadores del carnaval, que según el escritor no ofrecieron nada nuevo. Por otro lado, el autor de la segunda columna lo que hizo fue exponer un cierto orden en esa primera noche, donde la multitud se mostró ávida de divertirse y se apropió del carnaval para dejar de lado sus miserias, es decir, se enfocó en el disfrute como un hecho liberador más que en señalar el mal comportamiento de los ciudadanos.

Las críticas al Primer Carnaval de Medellín no fueron pocas. Al exa- minar la prensa se pudo observar cómo varios ciudadanos –a los cuales se les daba espacio en los periódicos– y columnistas atacaron con sus escritos la fiesta, argumentando que no era el momento para realizar regocijos; así lo aseguró uno de los escritores de Las Novedades al men- cionar que el país se encontraba poseído por el despotismo, el hambre y la decadencia social23. En esta misma línea, otro ensayista señalaba

con ahínco que los medellinenses estaban más interesados en dedicarse a los regocijos públicos que en los males de la patria, la paralización de los negocios, la muerte de las industrias y “la cercana ruina de todos y todo”24. Este tipo de señalamientos abundan en la prensa de la época y

se caracterizaron por advertir el mal momento por el que el país se en- contraba mientras las personas solo buscaban diversión.

Ahora bien, en un contexto social tan complejo era apenas comprensi- ble que las personas buscaran maneras de desahogarse e incluso des- preocuparse, aunque fuera por unos días, de sus desgracias. Por ello, no todas las opiniones fueron contrarias o se opusieron al festejo, también se encuentran opiniones que se mostraron a gusto con la festividad. Precisamente una de las apreciaciones de un escritor del periódico El

Fonógrafo resulta aquí muy ilustrativa porque, sin serlo, se erigió como

una respuesta a las opiniones que se mostraban contrarias:

23 “El carnaval” Las Novedades (Medellín) septiembre 30 de 1899. 24 “El carnaval”, El Cascabel (Medellín) 11 de octubre de1899.

[…] que el que no sea amigo de esa momentánea y sabrosa locura, no salga á la calle á hacer cara fea ni á censurar, porque puede suceder que le planten un huevo en la frente, ó una máscara en toda la cara; y sin lance porque ¿quién va á pelear con dominoes ó con gentes disfrazadas de fieras?; que los pobres no se metan a gastar como los ricos, que para un disfraz vale tanto un costal como un manto real, si hay gracia y genio en el corte de la vestimenta, y en el testuz del disfrazado; que si hay tiranía en el Gobierno y sin carnavales no pueden tumbarlo, es una bobada no divertirse, pues los tristes no lo tumban tampoco; que si hay mucha pobreza, ella no es general, y es justo que los ricos no parti- cipen de las angustia de los pobres: ¡pues no faltaba más!; que es una inquietud exigir que medio mundo llore con el otro medio, cuando éste se siente feliz y tiene muchísima gana de reír; y que, en fin, cuando el espíritu entra en solaz y el cuerpo descansa de la constante y dura faena, ambos deben alegrarse para el recobro de fuerzas. ¿Y no es cierto que todos, todos tienen anhelo de saber cómo son unos carnavales en Medellín, la bonita, la rica que no conoce tampo- co, esas diversiones plenas?25

Se puede inferir que la idea del autor del texto es mostrar que con o sin carnaval, la tiranía continuaría, así que ¿por qué no relajarse y sacar un rato para reír, disfrazarse y disfrutar de unos buenos regocijos públicos? Además, si las personas que estaban en desacuerdo no querían hacer parte del carnaval, pues como lo aseguraba el columnista, era mejor que se quedaran en sus casas si no se llevarían una buena treta.