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Empirical techniques for forward characterization

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5.10.3 Empirical techniques for forward characterization

Hay que decir, no obstante, que no es tan conocida la aportación que Martin Luther King realizó a la teoría de la acción noviolenta, más concretamente en el campo de la acción directa noviolenta. El manual de referencia sobre acción

noviolenta que se usó en el Movimiento por los Derechos Civiles norteame­ ricano no fue escrito por King, ni tan siquiera por Bayard Rustin o algún otro activista negro, sino por dos blancos: Martin Oppenheimer y George Lakey; el primero era un refugiado de la Alemania nazi vinculado a CORE y el segundo, un cuáquero con una anterior y posterior larga trayectoria como entrenador para la acción noviolenta. El libro se llamaba A Manual for Direct Action4 y resumía la experiencia de todo el movimiento en el que sería uno de

los primeros manuales de este tipo publicados, conocido en su tiempo como la «biblia» del Movimiento por los Derechos Civiles.

King, más que un teórico, fue un habilísimo orador, acostumbrado al púlpito de las iglesias protestantes, y las escasas aportaciones teóricas que hizo derivaron de la necesidad de legitimar sus campañas noviolentas y de explici­ tar su planteamiento táctico. El pastor afroamericano entendía la acción di­ recta noviolenta como una forma de forzar la negociación cuando el oponen­ te, situado en una posición de poder, se negaba a ello. Para King, había cuatro pasos en cierto modo similares a los tres que había mencionado Gandhi y que habían seguido los pacifistas radicales, pero con un matiz diferente. Para Lu­ ther King éstos eran: reunir información, presentar las demandas (intentar negociar), prepararse para el sacrificio (llamada a la acción noviolenta) y, fi­ nalmente, la acción directa; pero ésta sólo se empleaba con la intención de conseguir volver a la mesa de negociaciones inicial con un balance alterado en el poder de negociación. Se trataba por tanto de una combinación de persua­ sión y coerción que cristalizaban en la negociación, auténtico objetivo de la acción noviolenta. Con esta idea trataba de superar el idealismo de Gandhi y Gregg que ponían demasiadas esperanzas en la persuasión del oponente (que ellos entendían como su «conversión»), y desde una perspectiva realista con­ sideraba la coerción noviolenta como necesaria en un mundo en el que la humanidad tenía limitaciones egoístas, pero matizando su uso al encuadrarla dentro de un proceso constructivo. En un texto clásico, escrito en plena efer­ vescencia de la lucha, Carta desde la Prisión de Birmingham, King contestaba desde la cárcel a varios obispos y sacerdotes críticos con su campaña. King

4 Martin Oppenheimer y George Lakey: A Manual for Direct Action. Strategy and Tactics for Civil Rights and All Others Nonviolent Protest Movements, Quadrangle Books, Chicago, 1965.

19. La acción directa noviolenta en EE.UU. tras la II Guerra Mundial

Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta explicaba así su concepción de la acción directa noviolenta y la desobediencia civil como una manera de forzar la negociación:

Ustedes podrían preguntar, ¿pero por qué la acción directa? ¿Por qué las sentadas, marchas, etc.? ¿No es la negociación un camino mejor? Ustedes tienen toda la razón al desear la negociación. De hecho, éste es el propósito de la acción directa. La acción directa no violenta busca crear una crisis tal (y establecer una tensión creativa tal) que una comunidad que constantemente se niega a negociar se vea abocada a enfrentarse al tema. Busca dramatizar la cuestión para que no pueda seguir siendo ignorada. Acabo de referirme a la creación de una tensión como parte de la resistencia no violenta. Esto pue- de resultar chocante. Pero debo confesar que no tengo miedo a la palabra tensión. He trabajado y dado sermones honestamente en contra de la tensión violenta, pero existe un tipo de tensión constructiva no violenta que resulta necesaria para el crecimiento. [...] Por lo tanto, el propósito de la acción di- recta es crear una situación tan crítica que inevitablemente abra la puerta a la negociación. Por eso estamos de acuerdo con ustedes en que es necesario negociar. Durante demasiado tiempo nuestro amado sur nos ha abrumado con el intento trágico de hacernos vivir en un monólogo en lugar de en un dialogo.

[...] Sabemos, como resultado de la dolorosa experiencia, que la libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor. Debe ser demandada por el oprimido. Francamente, nunca he participado en un movimiento de acción directa que fuera «oportuno» para la agenda de quienes no han sufrido injus- tamente la enfermedad de la segregación racial.

[...] Alguien podría preguntar, ciertamente, ¿cómo pueden defender la violación de algunas leyes y el respeto de otras? La respuesta puede encontrarse en el hecho de que existen dos tipos de leyes: las leyes justas y las injustas. Estoy de acuerdo con San Agustín en que las leyes injustas no son leyes en absoluto. Ahora, ¿cuál es la diferencia entre las dos? ¿Cómo determina uno si una ley es justa o injusta? [...] Cualquier ley que degrada al ser humano es injusta [...] la segregación termina relegando a las personas al estado de cosas. De manera que puedo promover que la gente desobedezca las leyes segregacionistas porque son moralmente reprobables [...] Una ley injusta es una ley impuesta por una

mayoría a una minoría, una minoría que no tuvo ningún papel en su crea- ción o aprobación porque no tuvo derecho a votar.

[...] Espero que vean la diferencia que estoy intentando señalar. De nin- guna manera apoyo la eliminación de las leyes, [...] esto conduciría a la anar- quía. Alguien que viola una ley injusta debe hacerlo abiertamente, con amor, [...] y con voluntad de aceptar el castigo. Creo que un individuo que viola una ley que su conciencia le dice que es injusta y que voluntariamente acepta el castigo en la cárcel para despertar la conciencia de la comunidad sobre su in- justicia, está en realidad expresando el mayor respeto por la ley. [...] No debe- mos olvidar que todo lo que Hitler hizo en Alemania era «legal».5

Esa combinación entre coerción y persuasión se recogía igualmente en las teorías de la acción noviolenta que formularon las personas vinculadas al pa­ cifismo radical, como David Dellinger o Barbara Deming. En 1965, Dellin­ ger lo exponía con las siguientes palabras en el contexto de la aplicación de las técnicas noviolentas por el Movimiento por los Derechos Civiles:

La noviolencia puede empezar, como empezó con el joven Gandhi o como empezó con muchos negros norteamericanos, como una técnica para combatir a un desagradable opresor por el que no se tiene ningún cariño. Pero en algún lugar a lo largo de la línea, si un movimiento noviolento tiene que hacer fren- te a profundos miedos y privilegios, su estrategia debe fluir en el sentido de la unidad subyacente a todos los seres humanos. Por lo tanto, para bien o para mal, deben emerger las acciones cruciales, semiespontáneas e imaginativas en medio de la crisis.

Esto no significa que los negros, por ejemplo, deban amar de una forma emo- cional o sentimental a aquellos que les están encarcelando, disparando, golpean- do o empobreciendo. No es necesario que sientan afecto personal por los compla- cientes blancos liberales. Pero no es suficiente con abandonar sus puños, palos, cócteles molotov y armas de fuego. La auténtica noviolencia requiere una con- ciencia de que los opresores blancos y las víctimas negras están mutuamente atra-

5 Una version de este texto se puede leer en Staughton Lynd y Alice Lynd(eds.): Nonviolence in America, a Documentary History,Orbis Books, Nueva York, 1995, pp. 256­257. Texto original de 1963. [Traducción del autor.]

19. La acción directa noviolenta en EE.UU. tras la II Guerra Mundial

Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta pados en un conjunto de relaciones que violenta los mejores instintos de todos. Se debe encontrar un camino para escapar de la trampa y liberar a ambos conjuntos de víctimas. Los llamamientos a la razón o la decencia tienen poco efecto (excep- to en casos aislados) a menos de que vayan acompañados de presiones tangibles (en el bolsillo, por ejemplo) o por las inconveniencias asociadas a sentadas, ocu- paciones, huelgas, boicots u obstruccionismo noviolento. Pero para que la lucha tenga alguna ganancia duradera debe apelar al hombre completo, incluido su intrínseco sentido de la decencia y la solidaridad, sus anhelos por recuperar la inocencia perdida, cuando los seres humanos eran personas para ser amadas y no objetos para ser gobernados, obedecidos o explotados.6

Barbara Deming lo decía con estas otras palabras en un famoso texto de 1968, llamado Revolution and Equilibrium (Revolución y equilibrio), en el que rebatía los argumentos principales de Fanon y otros abogados de la revo­ lución violenta:

Este es el meollo de mi argumento: podemos hacer más presión sobre el antagonista por el cual mostramos preocupación humana. Es precisamente el desvelo por la persona en combinación con una interferencia obstinada de sus acciones lo que puede darnos un grado especial de control. Le sometemos a dos tipos de presión: la presión de nuestro desafío hacia él y la presión de nuestro respeto por su vida, y sucede que combinadas estas dos presiones resultan sin- gularmente eficaces.

Uno de los efectos que se consigue es elevar el «nivel de conciencia» de aquellos envueltos en la lucha, en ambas partes. Dado que los derechos humanos del ad- versario son respetados, a través de sus acciones y sus prácticas políticas, esas ac- ciones, esas políticas y su naturaleza real se convierten en el centro de la atención. El asunto no puede ser evitado. El antagonista no puede tomar la interferencia de sus acciones como algo personal, porque su persona no está amenazada, y se le fuerza a empezar a tomar conciencia de la realidad del agravio que se sufre. Y aquellos en la rebelión comprometidos con la disciplina del respeto por todas

6 David Dellinger:«The future of Nonviolence», Studies on the Left, invierno de 1965, pp. 90­96.Aparece en la antología deStaughton Lynd y Alice Lynd (eds.): ob. cit., p. 401. [Traducción del autor].

las vidas humanas, y capacitados por su disciplina para evitar el trance que Fanon describe como «donde el rostro de otro me provoca vértigo», están capa- citados para ver con mayor claridad lo que Oglesby dice: «el enemigo no son unos cuantas personas, sino el sistema entero», y estudiar ese sistema.

Cuanto más se dramatizan los asuntos reales y cuanto más se saca la lucha del ámbito personal, más control se empieza a ganar a los adversarios por parte de aquellos en rebelión noviolenta. Se trata de ser capaz al mismo tiem- po de interrumpir todo el funcionamiento habitual del oponente, haciéndole imposible operar dentro del sistema, como hace habitualmente, pero también de moderar su respuesta, haciéndole imposible simplemente contraatacar sin pensar o usando toda su fuerza. Es como si se pusieran dos manos sobre él, una calmándole, haciéndole formularse preguntas, y la otra haciéndole moverse.7

Esta visión de King, Dellinger y Demming, junto con la de otros y otras pacifistas radicales como Dorothy Day, A. J. Muste, Bayard Rustin o Staughton Lynd, renovó el planteamiento que de la acción directa noviolenta se había hecho desde movimientos sociales, pues ya se habían estado usando estos métodos desde que las sufragistas popularizaran la resistencia pasiva, y sirvió para que se usaran en masa como pequeñas y puntuales formas de des­ obediencia civil al alcance de cualquier movimiento. La extensión de los prin­ cipios noviolentos de origen religioso a la acción política permite suponer que King debería ser ubicado dentro de la corriente holística, con posturas muy cercanas a las de Gandhi o Tolstói. Sin embargo, igual que en el caso de éstos, al aplicar estos principios religiosos holísticos a la acción política su visión coincide con la de la ética sociopolítica. El éxito de su movimiento, que sacó a la luz las contradicciones sociales en el país que lideraba el bloque capitalis­ ta, su brillantez mediática y lo tristemente sonado de su asesinato, dieron a su pensamiento la suficiente resonancia como para eclipsar al resto de figuras de este tiempo antes mencionadas, así como para inspirar nuevos movimientos noviolentos, empezando en su propio país por el movimiento de resistencia a la Guerra de Vietnam, que en 1967 realizó otra gran marcha sobre Washing­ ton. En esta guerra fueron 206.000 personas las que fueron denunciadas por

7 Este texto fue publicado en la revista Liberation en febrero del 68 y aparece también en Staughton Lynd y Alice Lynd (eds.): ob. cit., pp. 405 y ss.

19. La acción directa noviolenta en EE.UU. tras la II Guerra Mundial

Jesús Castañar Pérez · Teoría e historia de la revolución noviolenta negarse a ser reclutadas, pero además se produjeron 93.000 deserciones en el ejército, el triple que durante la Guerra de Corea y aproximadamente un 7% del total de reclutas.8

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