Chapter 4 Material and method 82
4.1 Epistemological rationale 82
Si bien es cierto que en Colombia, en particular en Barranquilla, existen avances en la gestión del riesgo en lo concerniente a los procesos de planificación del territorio y el ordenamiento territorial, también hay un legado de acciones que se dirigen hacia la atención de las emergencias y el desastre; en aras de cambiar este enfoque, la Ley 1523 de 2012 propone la gestión del riesgo como un proceso en el que intervienen diferentes actores como el Estado, las administraciones locales y la comunidad.
Según el Artículo 4, Numeral 11, de la Ley 1523 de 2012, la gestión del riesgo es un proceso social de planeación, ejecución, seguimiento y, evaluación de las políticas y acciones permanentes para el
conocimiento del riesgo y promoción de una mayor conciencia del mismo; también para impedir o evitar que se genere, o para reducirlo o controlarlo cuando ya existe y, de esa forma, prepararse para manejar las situaciones de desastres, así como la posterior recuperación entendida como rehabilitación y
reconstrucción. Estas acciones tienen el propósito explícito de contribuir a la seguridad, el bienestar y calidad de las personas y al desarrollo sostenible.
La presente propuesta está encaminada a lo planteado por Arteaga (2006), que de la mano con la anterior definición, afirma que la gestión del riesgo es un fin predictivo y preventivo, razón por la que la lógica de la gestión debe centrarse en atender el riesgo antes de la ocurrencia de una situación desastrosa. Por tanto, la gestión del riesgo debe ser la manera como se incrementa la capacidad de las comunidades, se transforman las condiciones de riesgo y se reduce la vulnerabilidad antes de que ocurra un evento que conlleve a pérdidas de vidas, económicas o ambientales.
Ahora bien, con base en los procesos planteados por la Ley 1523 de 2012, en el Artículo 4, la propuesta de acciones se encamina a los procesos de conocimiento del riesgo y reducción del riesgo; en lo que atañe a esta propuesta, bajo la óptica de la percepción del riesgo, serían así:
En el proceso de conocimiento del riesgo: (i) identificación de los factores del riesgo, así como los factores subyacentes, sus orígenes, causas y transformación en el tiempo y (ii) comunicación del riesgo, con fines de percepción y toma de conciencia.
En el proceso de reducción del riesgo: (i) intervención prospectiva mediante acciones de prevención que eviten la generación de nuevas condiciones de riesgo.
Los resultados en este estudio muestran a una población que reconoce su vulnerabilidad y riesgo de manera débil; por tanto, es preciso que las acciones tengan como finalidad apropiar conocimientos para la vida cotidiana y, como lo anota Morin et al. (2002), aporte elementos que permitan a la población
comprender el acontecer del entorno, fortalecer las actitudes y aptitudes propias de una sociedad en el entendido de la constante reconstrucción de actores conscientes y críticamente comprometidos por medio de la incorporación de contenidos prácticos, esto significa pensar que lo que se dice debe llevarse a la práctica de manera más simple y efectiva; a la vez, que las estrategias sean encaminadas para la vida diaria.
La población tiene conocimientos certeros sobre las amenazas y el riesgo al que está expuesta,
asimismo, identifica y experimenta los impactos, por lo que la forma de construcción de capacidades debe estar encauzada –por medio de sus posiciones culturales (sesgos culturales) – a atender las percepciones comunitarias encontradas en cuanto a:
(i) Gestión ambiental: desde las percepciones frente al entorno, los pobladores de la zona no reconocen de manera explícita la problemática ambiental asociada con los deslizamientos;
reconocen la importancia de implementar espacios para recreación, aunque no lo consideran como un elemento de recuperación, sino como una dotación requerida en el sector e inexistente en la actualidad. Además, les parece importante la siembra de árboles, pero sin ser conscientes de la relevancia que ello representa, tanto para la recuperación física, como para la recuperación ambiental y paisajística.
Por tanto, el enfoque de estas acciones debe estar dirigido a favorecer la percepción de máximo bienestar social, y a recuperar y mejorar la calidad del medioambiente para disminuir la
vulnerabilidad y asegurar su productividad para prevenir y mitigar los problemas que se han provocado por el inadecuado uso de los recursos naturales y, de esa manera, atacar las causas; esto debe incluir el conocimiento de la política ambiental de la ciudad hasta la realización de acciones materiales por parte de la comunidad.
(ii) Gestión institucional: se traduce a las percepciones de ausencia de socialización y formación en actividades preventivas. Las comunidades manifiestan una débil disposición a la participación,
pues la misma población reporta baja orientación sobre las acciones de protección individual y comunitaria, y de participación con el Estado; por lo que se requiere de acciones por medio de programas gubernamentales sostenidos en el tiempo, que no representen actividades aisladas por un proyecto, sino que se transformen en la necesidad de autoinformarse permanentemente de manera articulada con el Estado, dado que gestiones de este tipo promuevan la participación y organización comunitaria en torno a la problemática de inestabilidad, entre otras dificultades que aquejan a la zona.
(iii) Conocimiento frente a los deslizamientos: aunque la población identifica el riesgo, existen tergiversaciones sobre el riesgo objetivo. En la medida que los individuos se apropien de su realidad, crece la concientización del nivel de exposición que tienen ante los riesgos, lo que les facilita contar con una percepción más clara de los mismos (García, 2005) (Douglas, 1996). Tal nivel de empoderamiento apresta a las comunidades a que desarrollen acciones dirigidas a la prevención, en donde cuenten con capacidad de monitoreo para identificar cambios que podrían significar alarmas. En este sentido, es necesario recuperar la memoria histórica de la comunidad, pues eventos anteriores han suscitado errores que las nuevas generaciones siguen repitiendo; esto resignifica que se hace necesario aprender de experiencias pasadas.
En la Figura 42 se sistematiza la propuesta para la incorporación de acciones en el marco de los procesos definidos en la Ley 1523 de 2012.
Figura 42: Metodología para la incorporación de la percepción del riesgo y la vulnerabilidad en la gestión del riesgo a partir de la Ley 1523 de 2012
Para la creación de acciones de gestión de riesgo que relacionen los sesgos culturales y políticas, y acciones sociales participativas para reducir la vulnerabilidad y el riesgo, tal como lo menciona Cannon (2008b), en especial las acciones para persuadir a la gente a actuar a favor de sus propios intereses, se parte de la teoría a escala humana propuestas por Max-Neef, M., Elizalde, A. & Hopenhayn, M. (1986) quienes plantean que este enfoque permite valorar la ciudad y afianzar en los ciudadanos su protagonismo en la recuperación urbano-ecológica.
Bajo el anterior enfoque, las comunidades de los barrios estudiados recuperarían su rol participativo bajo una mirada democrática directa para la puesta en marcha de soluciones creativas. A partir de las necesidades planteadas por la teoría del desarrollo a escala humana se encontraron puntos de convergencia en cuanto a las necesidades del ser, cuyos satisfactores llegarían a ser los siguientes:
Sentimiento de utilidad, de ser capaces de aportar algo a la sociedad en la que viven.
Confianza en el futuro de la sociedad, en su capacidad para producir condiciones que favorezcan el bienestar de todos.
Confianza en los otros y aceptación de sus aspectos positivos y negativos. Sentimiento de pertenencia, establecimiento de lazos sociales.
Capacidad para mantener sus convicciones, independencia y autoridad personal. Habilidad personal para crear ambientes favorables que proporcionen calidad de vida.
Acciones propuestas:
Intercambiar experiencias entre los habitantes a través de la recuperación de la memoria histórica; esto ayudará a identificar, puntualmente, cuáles son los problemas comunes.
Fomentar redes de información a través de un modelo de acción participativa. Identificar las capacidades individuales y colectivas en prevención y recuperación.
Programar estrategias de forma permanente, pues la constancia es un factor importante para ganar la confianza poblacional. Esta es una tarea que le corresponde a la oficina de gestión del riesgo. Incrementar la comunicación local. En las comunidades existen formas de comunicación que,
aunque pueden ser básicas, tienen el potencial de ser funcionales. Esto permite construir
capacidades, dado que se basa en la percepción que tienen de ser una comunidad solidaria, lo que contribuye a que se asuma una propuesta que considere la política pública, así como la gestión comunitaria e institucional.
Fortalecer el plan de gestión ambiental desde la entidad pertinente, con la participación de la comunidad que atienda sus diferentes concepciones de naturaleza.
La Alcaldía debe atender las dimensiones social y ambiental en un plan de gestión del riesgo, particularmente, en esta zona, debido al alcance y especificidades de los estudios ya realizados. Adelantar acciones particulares para los pobladores de los barrios sin ignorar los componentes
culturales que los caracterizan; esto permitirá contemplar la participación activa de la comunidad en la formulación de proyectos/soluciones, que además de involucrar los aspectos físicos, ambientales, sociales, económicos y de desarrollo, aseguren el interés y propendan por el sentido de apropiación de los proyectos.
Conclusiones y recomendaciones
Los resultados presentados en este trabajo responden a la pregunta de investigación: ¿cuáles son las percepciones del riesgo que tienen los pobladores de las laderas occidentales de Barranquilla frente a los movimientos en masa que podrían alimentar las estrategias de gestión del riesgo? Para esto se eligió adelantar el trabajo de campo en la cuenca de El Salao II, específicamente, en los barrios Las Terrazas y Villas del Rosario porque ambos, durante mucho tiempo, han padecido daños por deslizamientos.
Para determinar el amplio horizonte de la construcción social del riesgo se propusieron tres objetivos específicos: (i) identificar la percepción del riesgo de los pobladores, (ii) describir las condiciones de vulnerabilidad que –de acuerdo con el modelo de presión y liberación– originan o mantienen escenarios de riesgo y (iii) proponer acciones en el marco de los procesos definidos en la Ley 1523 de 2012 para la incorporación de la percepción del riesgo y la vulnerabilidad en las herramientas de gestión territorial.
El primer objetivo específico se alcanzó al interpretar la subjetividad e intersubjetividad de la población frente al riesgo, para esto se usó el enfoque del modelo cultural que recomienda el uso de herramientas cualitativas para la recolección de datos, lo que permitió inferir de los pobladores, desde la exégesis de los discursos y condiciones de vida, las racionalidades culturales del riesgo, las posturas poblacionales, las memorias históricas, las perspectivas sobre eventos futuros y, la búsqueda de los actores y factores que inciden en la reinterpretación y aplicación de acciones.
Lo anterior pone de manifiesto tres aspectos fundamentales que inciden en la percepción del riesgo: (i) la experiencia de los pobladores con el espacio y con el fenómeno de deslizamiento; aunque existe una familiarización con el fenómeno, se presenta una fractura entre las medidas de gestión del riesgo y las dinámicas sociales; (ii) las cuestiones relacionadas con el conocimiento experto, escaso o nulo, y las acciones que permitan la comprensión de los estudios; la ausencia de esa información hace que la estimación del riesgo sea altamente especulativa y genere una percepción de control sobre la situación y (iii) retomando lo planteado por Douglas (1996 y 1998) el análisis minucioso de las pruebas científicas relativas a la amenaza no es suficiente, también se debe tener en cuenta la perspectiva de la naturaleza en la que se cree. Es necesario incluir la perspectiva socioambiental en la gestión del riesgo.
En cuanto al nivel de intensidad de los eventos, la desaparición en 1980 de una parte de la comunidad del barrio Las Terrazas y un deslizamiento que se produjo y que afectó a varias viviendas en el año 2010
en el barrio Villas del Rosario, habla del contexto de riesgo en el que han estado emplazadas las
comunidades. El emplazamiento del barrio Las Terrazas estuvo exento del conocimiento de la amenaza y el riesgo que representaba estar ubicado en esta zona, pero en el caso del que ocurrió en Villas del
Rosario, no. Esta situación permanece en la memoria de los habitantes y a pesar de que ellos saben que se puede volver a repetir el fenómeno, están dispuestos a correr el riesgo quedándose a vivir en sus barrios porque no desean cambiar la tranquilidad que les ofrece, las oportunidades que allí tienen o la ubicación estratégica del sector dentro de la ciudad, de acuerdo con lo que ellos perciben; del mismo modo se sienten bien porque sus casas son grandes y entre ellos han conformado redes sociales fuertes y permanentes, por lo que si decidieran mudarse, probablemente, no se adaptarían fácilmente a otra comunidad, en especial, las personas mayores.
Este punto se relaciona con la responsabilidad atribuida. Si los riesgos provienen de la naturaleza, su control depende de la fe en Dios (sesgo fatalista), aunque quienes pertenecen a este sesgo saben que eso no garantiza su seguridad, sí se convierte en un paliativo. Si radica en las obras públicas que adelanta el gobierno de turno (sesgos individualista y jerárquico), las comunidades expresan seguridad y, por lo tanto, creen que pueden controlar la situación. En otros casos, (igualitarios) el riesgo fue considerado como aceptable, pues la población reconoció que está expuesta y es consciente de las consecuencias, aunque el control lo delegue en terceros. Se dice que es responsabilidad del municipio regular los asuntos relativos al control de uso del suelo. Estos casos se presentaron con mayor frecuencia en el barrio Villas del Rosario, donde el riesgo fue considerado como algo cotidiano.
Con lo anterior se confirma que los sesgos culturales permiten explicar la percepción del riesgo y las diversas posiciones que las personas asumen frente a la prevención. Las percepciones están ligadas íntimamente a las relaciones sociales y las relaciones con el entorno, que son fuertes en los barrios estudiados, establecen un acuerdo frente a la inocuidad del riesgo. Las dos comunidades a pesar de las diferencias socioeconómicas no presentan distinciones en las condiciones de vulnerabilidad social ni de percepción del riesgo.
Igualmente, los habitantes de los Barrios Villas del Rosario y Las Terras, consideran que ello pueden manejar el riesgo, dado su familiaridad con el mismo. Tal como lo menciona Douglas, M. & Wildavsky, A. (1983). Los riesgos que se consideran controlados son subestimados.
Lo anterior resulta contrastante con los estudios realizados en Chile por Cid-Ortiz, Castro & Rugiero (2012) relacionados con que la percepción del riesgo se presenta como un criterio relevante asociado a la
vulnerabilidad; a este respecto se observaron planteamientos dispares sobre los estratos socioeconómicos de la población.
De igual forma el estudio de Ávila (2015) pone en manifiesto que la ubicación geográfica y las características físicas del lugar afectan la percepción del riesgo.
Tal como lo reflexiona Hernández (2013), cuando se refiere específicamente a los movimientos en masa, los lazos afectivos con el territorio sustentan una serie de actitudes y reacciones frente al entorno, a los proyectos de vida, la institucionalidad y el quehacer como individuos pertenecientes a una sociedad que recoge los efectos de las dinámicas generadas fuera de estos territorio.
Un estudio de percepción del riesgo es un escenario de análisis que se necesita implementar, por lo que no basta conocer la opinión y experiencia de la gente, es esencial saber para qué se usará esa información. García (2005) y Hacking (2001) se refieren a la importancia de conocer la construcción social del riesgo desde la percepción, porque eso permite sensibilizar a los actores en riesgo y a los que intervienen en las medidas, para que las dinámicas sociales sean incluidas en la gestión y estén encaminadas hacia las diferentes racionalidades y sesgos culturales, logrando de esa manera, reivindicar las experiencias particulares (Douglas & Wildavsky, 1983), y las experiencias generales, es decir, la vividas por el grupo social.
Lo anterior se relaciona con las políticas públicas, que no son posibles de legitimar sin apoyo de los grupos sociales; de ahí la necesidad de abrir procesos en los que se pueda articular el conocimiento y la valoración desde otras organizaciones sociales, y reconocer la convivencia e interacción de racionalidades políticas y técnicas al interior del aparato gubernamental, esto no fue alcance de este trabajo, pero aportará a fortalecer las políticas de prevención.
En términos generales, los resultados evidencian que los habitantes de los barrios Villas del Rosario y Las Terrazas se pueden catalogar como población pasiva en cuanto al emprendimiento de acciones para la prevención de desastres. Entre tanto, el tema de confianza en las instituciones y de transparencia
gubernamental fue relevante en todas las categorías empleadas durante el levantamiento de la información.
…..El tipo de amenazas, deslizamiento tipo rotacional, que por sus caracteristicas no irrupiría de manera abrupta la cotidianidad, es un aspecto que ha influido en la exigua percepcion del riesgo de los habitantes de los dos barrios.
En lo concerniente con el objetivo describir las condiciones de vulnerabilidad que –de acuerdo con el modelo de presión y liberación– originan o mantienen escenarios de riesgo, fue interesante encontrar en el transcurso de este trabajo que la propuesta del modelo se puede constatar como pautas macrosociales que se reproducen en las microsociedades. Para el caso de Barranquilla, la historia de su poblamiento se ve reflejada, especialmente, en el barrio Villas del Rosario, un sector que sin tener en cuenta las directrices de planeación, fue configurando su territorio a la par de los acontecimientos de las políticas
macroeconómicas del país que influyeron en la migración del campo a la ciudad. También por las mismas condiciones de segregación, propias de una ciudad marcada por grandes desigualdades sociales,
favorecieron las migraciones dentro de la ciudad a sectores en amenaza como los abordados en este estudio.
Por la cercanía y facilidad de acceso al centro de la ciudad y sus servicios, el sector de las laderas se ha convertido en un destino elegido por otros grupos de inmigrantes, especialmente, de la Costa Atlántica, que encuentran en la ciudad oportunidades de supervivencia, esto empeora las condiciones de degradación y pérdidas ambientales relacionadas con los ecosistemas presentes en la geografía del sector. Este es el caso de la zona que los habitantes denominan “Villa Tablita”, allí, sus casas están ubicadas en la ribera de los afluentes del arroyo El Salao II.
En la construcción social de la vulnerabilidad se identificaron elementos como la voluntad de aceptar riesgos en función de los beneficios que genera para la supervivencia personal y familiar y, el deseo de vivir en un lugar al que se está acostumbrado; esto constata lo mencionado en el enfoque de vulnerabilidad inocente que afirma que estos elementos se convierten en el factor más poderoso que hace que la gente esté dispuesta a vivir en peligro.
Otro factor que ha configurado las condiciones de vulnerabilidad de la población a la que se accedió por medio de este estudio, son las singularidades de las políticas e ideologías de la clase política y dirigente de la ciudad, que no se diferencian de las del resto del país, puesto que se caracterizan por el establecimiento de alianzas de corto plazo que, al parecer, son la fuente de la inestabilidad de los programas sociales y de las políticas de planeación del territorio. Paradójicamente, la inestabilidad de programas sociales es, tal vez, la que genera la permanencia de la clase dirigente en el poder, pues tal