8. Conclusions
5.2.1. EU policy context
Cuando inicié el trabajo de campo, mi objetivo principal consistía en hacerme amigo de algún skater. Pronto me di cuenta de que la amistad es fruto de largos procesos de
interacción y el espacio público no ofrecía un contexto muy adecuado para ello. El carácter anónimo y versátil del espacio público comportaba interacciones intermitentes, puntuales y anecdóticas. En el caso de los skaters, este hecho se agravaba, dado que no suelen frecuentar –como he señalado– un solo espacio y, a menudo, los puntos de encuentro cambian su configuración con la desaparición y aparición de nuevos miembros habituales. Tenía entendido que para mis objetivos etnográficos era primordial establecer una relación, en la que los skaters me pudieran definir, entender y aceptar, para poder iniciar un trabajo de colaboración fructífero. Era consciente de que las primeras impresiones siempre son importantes. Por eso, cuando salía al campo, solía vestirme con ropa que no significara demasiada distancia con la imagen característica del skater: zapatillas deportivas, vaqueros y sudadera ancha con capucha. Pero la mayoría de skaters me rehuían o miraban con desconfianza, cuando me presentaba como investigador. La diferencia de edad también era importante. Yo tenía, en aquel momento, 30 años y, la mayoría de skaters que abordaba en el espacio público se situaban entre los 16 y los 25 años. Los skaters de estas edades se
mostraban molestos cuando los abordaba en su tiempo libre, su espacio social. Así que las conversaciones no solían superar los 10 minutos y un compromiso de entrevista futura, que no se cumplía nunca.
En aquellos momentos fue muy alentador seguir las indicaciones del profesor Gaspar Maza, cuando me decía “debes sentarte y esperar, tener paciencia”. Insistí entonces con mi presencia continuada en el espacio público, en los diferentes puntos de encuentro que conformaban el terreno de análisis. El diario de campo fue muy útil, tanto para describir y dibujar escenarios etnográficos, impresiones y reflexiones como para sentirme útil y esperar, observando a distancia. Con el tiempo, algunos skaters ya me tenían visto. Entonces, la familiaridad que brindaba mi presencia continuada me permitió diferenciar a los skaters
habituales, los líderes, los más sociables, etc. Sin darme cuenta, ya sabía a quién dirigirme y empecé a establecer algunos contactos, conversaciones y entrevistas, al mismo tiempo que profundizaba en la observación.
La mayoría de entrevistas y charlas que mantuve pocas veces superaron media hora. De hecho, podía distinguir dos tipos de perfiles skaters entrevistados en el espacio público. Por un lado, una gran mayoría de jóvenes menores de edad, con un discurso escueto y poco elaborado que solía reproducir los tópicos skaters. En estos casos, se evidenciaba que el
skateboarding era utilizado por estos jóvenes como un recurso para configurar su identidad y su grupo de amigos. Por otra parte, una minoría de skaters mayores de edad, sobre todo los que superaban los 25 años, parecían tomarme en serio y planteaban discursos más densos y elaborados. No obstante, no establecí todavía, relaciones personales duraderas. Las relaciones personales nunca superaron la entrevista temática o la charla informal. Se trataba de una fuente de información muy extensa y diversa, en tanto que englobaba entrevistas, charlas y observaciones en el diario de campo de los siete puntos de encuentro
más representativos de la ciudad de Barcelona. Otro aspecto destacado en relación al estudio de campo en el espacio público fue comprobar que las particularidades que presentaba cada punto de encuentro, el contexto del espacio, facilitaban o dificultaban las interacciones con los skaters. Por ejemplo, en la Plaça dels Àngels o la Plaça Universitat, caracterizadas ambas por su centralidad y la gran diversidad de usuarios que las visitan a diario, la gente en general, y los skaters, estaban más dispuestos a interactuar con desconocidos. De esta manera era relativamente fácil establecer una conversación y conseguir una entrevista formal. Sin embargo, en este tipo de contextos, era más difícil saber qué skaters eran
habituales usuarios de la plaza, porque cada día el escenario cambiaba de actores. En cambio, en puntos de encuentro más especializados, como la Plaça dels Països Catalans o
el skatepark de la Via Favència, donde los skaters experimentan una apropiación exclusiva del espacio, la desconfianza con los desconocidos era muy habitual. En estos contextos los
skaters suelen ejercer un mayor control de acceso al espacio. De manera, que era necesario dedicar un tiempo a generar un clima de confianza suficiente para entablar conversaciones distendidas y entrevistas formales.
Los dos primeros años, me sentía un poco desolado con los datos recopilados y la poca consistencia de mis relaciones personales con skaters. Años más tarde, me di cuenta que la entrada en el espacio público con skaters -y otras prácticas deportivas-era mucho más sencilla si se practicaba skateboarding. Con la observación y otras fuentes de información descubrí que muchas amistades entre skaters se forjaban en la calle, mientras se practicaba. Eso no quería decir que aprender a practicar skateboarding fuera imprescindible, para realizar una investigación sobre el colectivo skaters de la ciudad de Barcelona. Pero cuando ya hacía un año que conocía a Sergi y Miguel, dos skaters de Badalona, éstos me presionaron para que me iniciara en la práctica del skate. Así que durante un año estuve practicando, sin obtener muy buenos resultados como deportista. No obstante, pude comprobar lo fácil que resultaba interactuar con otros skaters, cuando visitaba una plaza o un skatepark
para practicar con alguno de mis amigos skaters. Entonces, los conocidos se acercaban, nos dábamos la mano y se presentaban. Ya no era un extraño investigador, era un skater, amigo de otro skater. Formaba parte de la comunidad. Sin embargo, el nivel de la práctica también era un barómetro importante que medía el grado de interacción. Cuanto más sabía uno hacer trucos con el monopatín, más admiración generaba y con más facilidad se le acercaban los otros skaters y conseguía lo que quería de ellos. Por eso, mi nivel de iniciación nunca llegó a ser muy eficaz, sobre todo, cuando iba solo e intentaba entablar conversación con jóvenes profesionales y de alto nivel. En estos casos era más eficaz presentarse como investigador.
Cuando inicié amistades con el grupo de skaters de Badalona pude haber abandonado la estrategia de la observación distante en el espacio público, pero la seguí utilizando durante todo el proceso de investigación con técnicas y resultados, cada vez, más fructíferos.
En 2005, dentro del programa de doctorado del Institut Nacional d’Educació Física de Catalunya, bajo la dirección de Núria Puig y Gaspar Maza, formamos un equipo de investigación para analizar cinco espacios públicos, donde se practicaban distintos deportes. Yo me encargué de las pistas polideportivas Antoni Gelabert y del skatepark de la Via Favència. Los resultados se publicaron en la revista Apunts (N. Puig et al., 2006). Al año siguiente el Institut Barcelona Esports (IBE) del Ajuntament de Barcelona y la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca (AGAUR) de la Generalitat de Catalunya nos financiaron un proyecto de investigación más amplio. Esto nos permitió constituir un equipo de trabajo multidisciplinar en el Laboratori de Investigació Social del INEFC. Escogimos una muestra de 30 espacios públicos de la ciudad y diversidad de prácticas deportivas, entre las que incluimos el skateboarding. Los resultados de la investigación fueron publicados nuevamente por la revista Apunts (N. Puig y G. Maza, 2008). La colaboración con investigadores de otras disciplinas como el urbanismo, la sociología y el diseño me aportaron nuevas perspectivas teóricas y técnicas de recogida de datos, y ampliaron mis conocimientos sobre urbanismo, espacio público, deporte, etc. Por otra parte, analizar otros espacios y deportes me ayudó a ampliar el campo de visión con el análisis comparativo de otros colectivos que practicaban distintos deportes en el espacio público.
Más tarde, en el 2008 el departamento de Gerència d’Educació, Cultura i Benestar del Ayuntamiento de Barcelona me encargó un diagnóstico sobre la situación del colectivo
skater de Barcelona. Los técnicos que contactaron conmigo estaban llevando a cabo diversos proyectos de resolución de conflictos derivados de los usos deportivos, que desarrollaban los inmigrantes y los jóvenes en el espacio público. El skateboarding era un caso de opinión pública que preocupaba, y se estaban planteando la posibilidad de dotar la ciudad de diversas instalaciones nuevas dedicadas a los skaters. Para justificar estas instalaciones necesitaban un diagnóstico del colectivo que visibilizara la necesidad. El encargo me permitió formar un equipo de trabajo con dos skaters amigos, Xavier y Sergi, con los que realizamos entrevistas y observaciones intensivas durante cuatro meses seguidos. Los resultados se formalizaron en un documento que titulamos El camp social de l’skateboarding a la ciutat de Barcelona (2008-09). Una aproximació sociológica. En el subcapítulo 4.1.3. de esta tesis explico con detalle en qué consistió el proceso.No obstante, trataré aquí algunos aspectos relacionados con la metodología.
Mi relación con Xavier y Sergise transformó considerablemente. Yo hacía de intermediario principal entre el cliente y el equipo de trabajo, por lo que mi papel se acercaba más al de director de un proyecto que al de etnógrafo. Me sorprendí dando instrucciones y discutiendo sobre cuestiones metodológicas y analíticas con ellos. No obstante, el ejercicio de deconstrucción de mi rol como escalador, durante el trabajo de campo de la Foixarda, me sirvió como modelo para entender sus dificultades y darles algunas orientaciones. Por otra parte, los técnicos del Ayuntamiento insistían especialmente en provocar una relación conmigo que me situaba siempre en el rol de intermediario o intérprete. Al principio, solo
querían interactuar conmigo. Sin embargo, con el tiempo pude ir generando espacios de encuentro entre los técnicos y los skaters del equipo, de manera que se fuera creando un clima de confianza. Paralelamente, todos los miembros del equipo experimentamos una relación extraña con los skaters que entrevistamos. La mayoría nos veía como intermediarios privilegiados entre la administración y ellos. Desde esta perspectiva, pudimos comprobar con certeza el resentimiento que los skaters tenían hacia el Ayuntamiento. Hacía unos años, desde la implantación de la “Llei del civisme”, que se estaban imponiendo multas a los
skaters. La mayoría conocía a alguien o había sufrido en sus propias carnes la represión que el Ayuntamiento de Barcelona había desplegado durante aquellos años, mediante la imposición de multas y la sustracción del material.Asimismo, desde el 1992 no se había construido ningún skatepark en la ciudad de Barcelona, a pesar de los diversos proyectos que se habían presentado públicamente. El descontento estaba muy generalizado entre
los skaters, que consideraban que se los trataba como delincuentes y se mostraban muy desconfiados respecto a las expectativas de conseguir un skatepark. Muchos nos pedían “tenéis que hacer un skatepark”, otros nos decían, desafiantes, “diles a los del Ayuntamiento que no vamos a dejar de patinar en la calle”.
Una vez presentado el informe diagnóstico, se inició un nuevo proceso para el diseño de dos
skateparks nuevos y la ampliación de otros dos ya existentes. En una primera fase de este proceso, los miembros del equipo de investigación realizamos algunas entrevistas grupales con skaters usuarios o conocidos, que tuvieran un cierto conocimiento sobre instalaciones. Una vez recogida toda la información, Sergi se encargó de realizar unos primeros borradores que fueron nuevamente contrastados con los usuarios skaters. Simultáneamente, íbamos manteniendo reuniones periódicas de seguimiento con los técnicos del Ajuntament y la empresa pública BIMSA, que debía encargarse de la gestión y seguimiento de la ejecución de los proyectos. En este contexto, mi rol fue perdiendo peso y me fui apartando progresivamente del triangulo de relaciones, hasta que se consolidó una relación directa entre los técnicos, Sergi y Xavier.
Esta experiencia me acercó, inesperadamente, a los principios de la teoría social crítica de J. Habermas (1981) y los métodos de intervención propuestos por la investigación-acción desarrollada desde el ámbito educativo (W. Carr y S. Kemmis, 1988; J. Elliot, 1990). En este sentido, W. Carr y S. Kemmis (1988) explicaban la investigación-acción como:
“/.../ una forma de indagación realizada por quienes participan en las situaciones sociales para mejorar la racionalidad y la justicia de: a) sus propias prácticas sociales o educativas; b) su comprensión sobre las mismas; y c) las situaciones e instituciones en que estas prácticas se realizan” prácticas se realizan” (W. Carr y S. Kemmis, 1988: 23).
Entonces, el diagnóstico realizado con los skaters Xavier y Sergi se mostraba, en los términos de J. Habermas (1989), con propósito “práctico y emancipador”:
“En la autorreflexión, un conocimiento por mor del conocimiento coincide con el interés por la emancipación; pues la realización de la reflexión se sabe como movimiento de la emancipación” (J. Habermas, 1989: 201).
En otras palabras, esperábamos provocar, tanto en la administración como entre el colectivo skater, un nivel de comprensión del fenómeno que orientara distintas líneas de intervención, para su transformación y mejora. En líneas generales, el estudio demostraba que el colectivo skater representaba una minoría que reivindicaba su reconocimiento como parte de la ciudadanía. Las conclusiones del estudio no sólo hablaban de construir
skateparks, sino también de la necesidad de desarrollar campañas de acercamiento y reconocimiento de los skaters, propuestas de mediación en casos concretos de conflicto, mesas de diálogo, estudios relacionados con las posibles ubicaciones de los skateparks, etc. Sin embargo, nuestras recomendaciones nunca fueron valoradas, ni tan sólo discutidas; se impusieron las limitaciones burocráticas y las relaciones interinstitucionales. Así que los técnicos se centraron en la construcción de los skateparks, esperando que éstos resolvieran los conflictos que los skaters protagonizaban en el centro de la ciudad. Finalmente, aunque, como he explicado, se diseñaron los skateparks con la colaboración de skaters, todavía no se han llevado a cabo por falta de presupuesto.