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8. Conclusions

5.3.5. Water

Durante la década de 1990 muchas ciudades europeas experimentaron importantes transformaciones de “renovación urbana”. A finales de la misma década, estos espacios aparecían como territorios vírgenes esperando ser apropiados por el uso del skateboarding.

Un skater conocido de Barcelona ya auguraba los nuevos tiempos en 1991:

“En la calle te sientes más libre, vas por ahí, te encuentras un bordillo y estás cinco minutos patinándolo, luego ves otra cosa, un handrail o unas escaleras /.../ aunque se reemplace los

sitios por pistas, una calle nunca será lo mismo que una pista hecha así, artificial. Quieren quitar el street y meterlo en sitios cerrados y con bancos y todo esto, pero no es lo mismo” (Patrick, TRES60 nº 6, Septiembre-Octubre 1991).

A pesar de la disminución del mercado y los practicantes, a mediados de la década de 1990

el streetstyle se fue identificando, cada vez más, con un movimiento musical en ascenso, el

hip hop, y la práctica del graffiti. Por su parte, el vertical se fue asociando, paradójicamente, con el hard core. En gran parte, porque las grandes compañías habían contribuido a la

asociación del hard core con la deportivización del skateboarding, llevándolo de la calle al espectáculo del vertical. No obstante, el hard core ya había pasado su mejor momento e

iniciaba su declive. El streetyle que promovía el hip hop era más fresco, más transgresor y más popular, por lo que atraía a más jóvenes. El mercado y los medios de comunicación fueron difundiendo la idea de que dos culturas luchaban por la hegemonía del campo

sociocultural del skateboarding. En la práctica ambas convivían, aunque predominaba la

dualidad entre el streetstyle como la new school y el vertical como la old school. La primera

representada por una nueva generación de chicos entre 12 y 25 años y, la segunda, con jóvenes de entre 25 y 40 años. Algunos profesionales de estos últimos se vieron obligados a innovar practicando el streetstyle, para seguir viviendo del monopatín(S. Mortimer, 2004). A finales de la década de 1990, la new school experimentó un aumento considerable por

todas partes del mundo. Después de los sucesivos cambios que los diseños y tecnologías

experimentaron a lo largo de la historia del skateboarding, desde finales de la década de 1990, no ha habido ninguna variación en la forma y material de la tabla, hecha de madera de arce. En la actualidad, sólo se pueden observar transformaciones en el diseño gráfico, que las distintas compañías utilizan para distinguirse unas de otras. La mayoría de compañías dejaron de producir ellas mismas los skateboards reduciendo así los costes de

producción, y los compran ahora a tres grandes productores (Tylo-Dykema, Primer y Stix),

para posteriormente imprimir sus propios gráficos, que van cambiando y, cada vez, con mayor velocidad (I. Borden, 2003).

Tablas de skate de la década del 2000. Fotografía realizada en 2007. Fuente: X. Camino.

Lo mismo sucedió con los trucks y las ruedas, que parecen haber conseguido un diseño

definitivo. Tablas estrechas y cóncavas con elevaciones suaves en el tail y el nose, ruedas

pequeña y duras, así como ejes estrechos para el streetstyle; todo ello, buscando el mínimo peso. Y tablas un poco más anchas y cóncavas, con elevaciones suaves en el tail y el nose,

ruedas más anchas y blandas, así como ejes más anchos para la práctica del vertical. En

algunos países como España, los primeros años del 2000, sólo se comercializaba con

material de street.

El aumento de skaters a finales de la década de 1990 y principios del 2000, condujo a una gran heterogeneización del skateboarding. I. Borden (2003) ha estimado que posiblemente había entre 10 y 20 millones de patinadores en todo el mundo. Actualmente, la práctica atrae a una gran diversidad de condiciones sociales, edades (entre 12 y 40 años), así como una gran diversidad de gustos, formas de entender y de practicar el skateboarding. Tanto es

así, que en los últimos años han resurgido tendencias de estilo y modalidades que recuerdan tanto la década de 1960, 1970 como la de 1980. Algunos skaters son habituales fumadores

de marihuana, siguen tendencias musicales como el reggea y el hard core y practican,

sobre todo, en skateparks en las periferias urbanas; otros escuchan hip hop, pintan graffitis

y practican únicamente streetstyle en los centros de las grandes ciudades; también hay

muchos skaters que combinan las dos tendencias anteriores, practican el skateboarding

como una disciplina deportiva o, simplemente, como medio de transporte. Entre todos éstos hay médicos, arquitectos, profesores, obreros de la construcción, informáticos, camareros, taxistas, diseñadores gráficos, fotógrafos, etc.; y son mayoritariamente hombres, aunque en los últimos años la participación femenina se ha incrementado considerablemente,

entre los más jóvenes.

A mediados de la década del 2000, el mercado se diversificó y especializó. En los últimos

años el auge y la expansión del longboard y la recuperación del skateboarding vertical han

generado un aumento de la producción y comercialización de tablas de distintas formas

y ruedas muy anchas y blandas. No obstante, la modalidad predominante sigue siendo el

streetstyle.

Por otra parte, a finales de la década de 1990, muchos países que llevaban años importando material de las grandes compañías norteamericanas vieron nacer pequeñas marcas nacionales que, aunque no han trascendido los límites estatales, suponen una importante competencia para las importaciones, aunque las compañías norteamericanas siguen siendo las más valoradas. En este sentido, también empezaron a proliferar revistas de ámbito nacional dónde se divulgaba la escena internacional articulada con la nacional y la local. Muchas de estas empresas fueron constituidas por skaters que empezaron a patinar en la década de 1980. Las transformaciones que la sociedad experimentó con el uso de las nuevas tecnologías de la información influyeron de forma determinante en el campo sociocultural

realidad virtual (M. Castell, 2003). Esta nueva dimensión, junto con los avances en los medios

de comunicación y transporte, permitió acelerar la formación de conexiones e intercambios entre diferentes grupos de skaters de todo el planeta. Incluso hay quien se inició con el

skateboarding a través de juegos electrónicos como el Tony Hawk de PlayStation.

Los profesionales de importantes compañías intensificaron los viajes por todo el mundo, buscando nuevos retos urbanos para patinar y grabar buenas imágenes para la edición de vídeos. A raíz de estos viajes se consolidó la acción de viajar para patinar o lo que se ha

acabado llamando tours. La comercialización de los vídeos difundió imágenes de ciudades de Australia, Brasil, Canadá, Nueva Zelanda, Costa Rica, Sur África, Japón, Europa, Turquía, Arabia Saudí, Líbano, China, etc. (I. Borden, 2003). Los vídeos se convirtieron en documentos

de viaje dónde los skaters mostraban espacios y mobiliarios urbanos patinables de todo el mundo. J. Roura, un skater profesional, explica su trabajo cotidiano durante los tours:

“Ara estic treballant el meu vídeo, per això vaig a Palma de Mallorca per finalitzar. És el vídeo de la marca Jart. És molt important que un treballi bé la teva part, perquè després uneixen a les parts d’altres patinadors. Per exemple aquest vídeo, no sé si van fer 10.000 còpies, però es que ara faran 120.000 còpies d’aquest vídeo, ara. Es distribueix a tot Europa, Itàlia, Alemanya, França, etc. /.../ Vas allà i tens que gravar a tots els spots: escales, a baranes, a gaps, a tot. I tens que fer trucs i et fan fotos i fan gravacions. I les gravacions són pel vídeo i el reportatge fotogràfic per les revistes” (J.M. Roura, entrevistado el 19 febrero de 2007).

Paralelamente, el uso del vídeo doméstico se popularizó entre la mayoría de skaters, que

grababan sus sesiones diarias de encuentros y prácticas en sus espacios preferidos para

luego colgar las mejores grabaciones en internet. Este nuevo hábito favoreció la difusión de información de espacios y mobiliario de todo el mundo, rompiendo así el control que las compañías productoras de vídeos ejercían sobre la configuración de la geografía de espacios mitificados. De esta forma, la movilidad que la experiencia skater generaba sobre

la geografía de cada ciudad se amplió a todas las ciudades del mundo. Este proceso aceleró

y propagó el desarrollo del turismo skater. Como ya se ha explicado en el subcapítulo 1.3.6.1., todos viajan o quieren viajar para patinar ciudades y acumular experiencias que otorgan prestigio. Así los motivos propios del viaje turístico se añadieron a la experiencia

skater como una forma de distinción más (Dean MacCannell, 2003). Todo ello contribuirá

a la generación de un conocimiento de todo un sistema de espacios y objetos urbanos

patinables a escala mundial.

Durante la década del 2000, los puntos de encuentro más conocidos de muchas ciudades

europeas y norteamericanas se volvieron a poblar de skaters de todas partes del mundo

y el mobiliario urbano se empezó a deteriorar con rapidez. Los conflictos no tardaron en reaparecer y, como a principios de la década de 1990, algunas de las plazas más visitadas, como Love park, en Philadelphia, protagonizaron batallas campales entre

skaters y autoridades u otros usuarios. Delante de esta situación, se impusieron las prohibiciones, sanciones y persecuciones. El eslogan “skate it’s not a crime” hace referencia

a la defensa del skateboarding frente las nuevas legislaciones que muchas ciudades empezaron a implementar, sobre todo, en Norteamérica (San Francisco, Philadelphia, Los Angeles) y, posteriormente, en Europa (Londres, París, Münich). Asimismo, muchos de los conflictos se terminaron con la aparición y difusión de los skatestoppers5. En la actualidad,

el conflicto sigue resurgiendo en diversidad de espacios centrales de las grandes ciudades

de todo el mundo.

Al mismo tiempo, las constructoras de skateparks empezaron a dedicar sus esfuerzos en la

adecuación de sus instalaciones a las exigencias del streetstyle y reprodujeron el mobiliario urbano propio de los centros de las ciudades en sus skateparks, con sus jardineras, escalones,

rampas para minusválidos, barandillas, etc. La especialización de éstos se empezó a llamar

skateplazas. En algunos casos, este tipo de instalaciones han sido utilizadas como una forma de integrar el uso del skateboarding, conjuntamente con otros usos (paseo, bicicleta,

juego de pelota, estirarse en el césped, etc.) en un mismo parque público (Melburne,

Copenhague).

3.1.5. CONCLUSIONES: UN PROCESO REITERATIVO DE