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Evolution of dislocation structures in steel during plastic deformation

2.2 Role of dislocations in HSLA steel plate

2.2.1 Evolution of dislocation structures in steel during plastic deformation

"No hay nadie menos cínico que un mago. Tanto él como todos los demás saben que lo que hace es una farsa, así que la función del truco

no es exactamente la de engañar al público,

sino la de complacerlo en su deseo de ser engañado"

Paul Auster, La invención de la soledad

Introducción

Si cambiamos en la cita de Auster, con evidente intención provocadora, la palabra magos por políticos, podríamos un tanto precipitadamente concluir que la política, o más exactamente la dominación política, no es otra cosa que un juego de supuestos engañadores y supuestos engañados, cómplices de una gran farsa.

Las razones por las cuales una dominación política se sostiene durante un cierto tiempo (con la consiguiente aceptación de una parte importante de los dominados, que de esa manera le otorgan legitimidad), requieren de una consideración mucho más profunda, precisamente la que, desde distintas perspectivas, intenta realizar la sociología política. uno de sus representantes pioneros y más agudos fue Max Weber (1864-1920). Este trabajo intenta desarrollar la teoría weberiana de la dominación legítima y la tipología propuesta correspondiente, considerando los supuestos metodológicos que le permiten arribar a ella a este autor.

1. Lo legítimo

Según el diccionario Salvat, legitimidad significa "calidad de legítimo, en el sentido de conforme a la ley, con la justicia, con la razón o con las normas establecidas".[68] Desde el sentido común se suele utilizar el término legítimo como algo asociado a lo legal, a alguna costumbre sancionada por el tiempo, así como a algo bueno o justo desde un punto de vista ético. Si tomamos "lo legítimo" como lo correcto y aceptado, ¿por qué en determinadas circunstancias "está bien" infringir lo correcto y aceptado o lo establecido por las normas? ¿Es legítimo cortar una ruta para pedir trabajo aunque las leyes lo prohíban, o salir a manifestar a las calles estando el estado de sitio decretado? ¿Es legítimo matar a un tirano o copiarse en un parcial?

Esta serie de preguntas podría ser infinita, pero abordaremos la cuestión de la validez de un orden legítimo y las condiciones según las cuales podemos hablar de dominación legítima, en los términos en los cuales lo entiende Weber. La gran pregunta weberiana será en este sentido, no por qué se infringen las normas, sino más bien las razones de su aceptación, el porqué se obedecen.

Su respuesta se postula como la clave para la comprensión del fenómeno del poder político a partir de la cual desarrollará una teoría de las formas de dominación legítima.

2. La neutralidad valorativa

Para Weber, el prerrequisito para la producción científica es la formación de conceptos precisos y la estricta separación entre saber empírico y juicios de valor;[69] una separación entre "lo que es" y "lo que debe ser". Todo lo contrario señala Weber (polemizando tal vez con el marxismo), con la postura según la cual "la economía política debe producir juicios de valor a partir de una cosmovisión específica";[70] "jamás puede ser tarea de una ciencia empírica proporcionar normas o ideales obligatorios, de los cuales puedan derivarse preceptos para la práctica".[71]

Es fundamental la distinción entre las categorías de "fin" y "medio"; lo que le interesa a la consideración científica es la cuestión de si los medios son apropiados para los fines dados, o "las chances de alcanzar un fin determinado general con determinados medios disponibles".[72]

A diferencia de una mera conducta, la acción humana está provista de sentido; cualquier reflexión conceptual acerca de sus elementos últimos se liga ante todo a las categorías de "medio" y "fin". Según Weber, la ciencia de la vida cultural del hombre aspira a "un ordenamiento conceptual de la realidad empírica, lo cual exige una crítica de los juicios de valor. Esta crítica sólo puede constituir un enjuiciamiento lógico-formal del material que se presenta en

los juicios de valor e ideas históricamente dados. La ciencia empírica no puede enseñar a nadie qué debe hacer sino únicamente qué puede hacer y en ciertas circunstancias, qué quiere hacer".[73]

Será por tanto, necesario desarrollar la capacidad de diferenciar entre el conocer y el juzgar: "La confusión continua entre elucidación científica de los hechos y razonamientos valorativos es una de las características más difundidas en nuestras disciplinas, pero también la más perjudicial".[74]

No negará Weber, sin embargo, la importancia de lo valorativo, ya que de las ideas de valor proviene la posibilidad del investigador de seleccionar su material a investigar.

La ciencia social es la ciencia de la realidad, busca comprender la realidad en su especificidad, es decir, comprender la conexión y significación cultural de sus manifestaciones individuales así como las razones de su configuración histórica.

Los valores son objeto de estudio ya que, el mismo concepto de cultura es un concepto de valor. La cultura es para Weber "una sección limitada de la infinitud desprovista de sentido del acaecer universal, a la cual los seres humanos otorgan sentido y significación".[75]

La metodología weberiana se constituye en la exigencia de definir la función respectiva del análisis empírico de las ciencias históricas sociales y de la actividad política. Lo que distingue a las ciencias histórico-sociales de las ciencias naturales es su particular estructura lógica, su orientación hacia la individualidad. "Mientras que en la astronomía los cuerpos celestes nos interesan sólo en sus relaciones cuantitativas, susceptibles de medición exacta, en las ciencias sociales nos concierne la tonalidad cualitativa de los procesos".[76]

Las ciencias sociales son empíricas y comprensivas, entendiendo la comprensión como una forma de explicación causal, es decir, estableciendo la determinación de causa y efecto individuales.

Según Pietro Rossi, las ciencias histórico-sociales en la concepción weberiana "son aquellas disciplinas que, sirviéndose del proceso de interpretación, procuran discernir relaciones causales entre fenómenos individuales, es decir, explicar cada fenómeno de acuerdo con las relaciones diversas en cada caso, que lo ligan con otros: la comprensión de un significado coincidente con la determinación de las condiciones de un evento".[77]

El problema de la objetividad se resuelve en un doble movimiento: las ciencias sociales no deben recurrir a presupuestos que impliquen una toma de posición valorativa a la vez que deben verificar sus propios asertos mediante el recurso de la explicación causal.

La relación de valor que no debe entenderse como juicio de valor, posibilita la determinación del objeto histórico, el cual se constituye como tal en virtud de su "significado cultural" que es siempre individual; es un principio de selección que sirve para determinar un campo de investigación dentro del cual la indagación procede de manera objetiva para lograr la explicación causal de los fenómenos.

Por explicación causal debemos entender a aquella explicación que establece una relación entre causa y efecto pero esta relación no es necesaria sino más bien de condicionamiento.

Para Weber, la objetividad de las ciencias sociales estará garantizada en tanto el investigador distinga entre investigación objetiva y juicios de valor a la vez que desarrolle un estudio del procedimiento de explicación causal.

En síntesis, el científico social está influido inevitablemente por sus valores a la hora de problematizar lo social, de plantear la relevancia de un fenómeno, de elegir un objeto de estudio, pero su estudio establecerá juicios de hechos, relaciones entre causas y efectos, más allá de sus valores, sus opiniones; básicamente lo que Weber llama "neutralidad valorativa".

La investigación será objetiva en tanto no se formulen juicios de valor y sus resultados no se conviertan en base para una posición política. Deberá considerar la existencia de hecho de los fenómenos y no su validez ideal. Creemos que es necesario aclarar estos elementos para una mayor comprensión de lo que Weber denomina "dominación legítima", en tanto concepto no valorativo.

3. La dominación

En la acción social y la relación social, los partícipes pueden orientarse en la representación de la existencia de un orden legítimo. A la probabilidad de que esto ocurra Weber lo llama "validez" del orden en cuestión, validez que es mucho más que una regularidad en el desarrollo de la acción social.

término medio o aproximadamente) por 'máximas' que pueden ser señaladas. Y sólo hablaremos, b) de una "validez" de este orden cuando la orientación de hecho por aquellas máximas tiene lugar porque en algún grado significativo aparecen válidas para la acción, es decir, como obligatorias o como modelo de conducta. De hecho, la orientación de la acción por un orden tiene lugar en los partícipes por muy diversos motivos. Pero la circunstancia de que, al lado de los otros motivos, por lo menos para una parte de los actores aparezca ese orden como obligatorio o como modelo, o sea, como algo que debe ser, acrecienta la probabilidad de que la acción se oriente por él y eso en un grado considerable".[78]

Para Weber, la validez de un orden está únicamente en aquella probabilidad de orientarse por esta representación, a partir de lo cual los que actúan socialmente pueden atribuir validez legítima a un orden determinado.

En el caso de la dominación, la legitimidad estará dada no solamente por los partícipes sino fundamentalmente por la pretensión de la propia dominación.

"Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.

Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas; por disciplina debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia para un mandato por parte de un conjunto de personas que en virtud de actitudes arraigadas, sea pronta, simple y automática".[79]

El concepto de poder encierra las cualidades por las cuales un hombre puede estar en posición de imponer su voluntad en determinada situación; es, según Weber, un concepto amorfo desde el punto de vista sociológico.

"Disciplina" alude a una obediencia habitual por parte de individuos o masas, carentes de resistencia y crítica. A diferencia de los conceptos de poder o de disciplina, dominación tendrá una pertinencia sociológica mayor. Conforme a Weber, debe entenderse por dominación "la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos".[80] No será por tanto, toda especie de probabilidad de ejercer poder o influjo sobre otros hombres. Toda dominación sobre una pluralidad de hombres requiere normalmente, aunque no siempre sea necesario, de un cuadro administrativo, es decir de la conformación de un grupo de hombres con una actividad específica dirigida a la ejecución de ordenaciones generales y mandatos concretos. Los motivos por los cuales el cuadro administrativo está ligado a la obediencia de su mandante pueden ser: por costumbre, por motivos materiales, por motivos ideales o de un modo puramente afectivo. Pero la dominación se basa siempre en la creencia en la legitimidad; siempre intentará toda dominación, despertar y fomentar esta creencia. Distinguirá entonces Weber las distintas clases de dominación según sus pretensiones típicas de legitimidad.

Las razones por las cuales los individuos se someten a una dominación pueden ser muy diversas, pero lo decisivo para clasificar los tipos de dominación es su propia (de la dominación) pretensión de legitimidad. En ese sentido, Weber plantea tres tipos ideales de dominación legítima.

4. Los tipos ideales

La sociología weberiana construye su objeto remarcando las uniformidades de la conducta humana en cuanto dotadas de sentido, es decir, por modos típicos de comportamiento accesibles a la comprensión. Estas uniformidades no deben ser entendidas como leyes, sino más bien como elementos empíricamente comprobables y expresadas en forma de tipos ideales.[81]

Según Rossi, en Economía y Sociedad -la obra cumbre de Weber, que fuera publicada póstumamente- "la sociología se presenta como la construcción de un sistema de conceptos típicos-ideales que deben permitir el estudio diferenciado de las diversas relaciones sociales y, en consecuencia, su empleo, en último análisis, para la comprensión historiográfica de los fenómenos de la sociedad".[82]

Desde esta perspectiva, una tarea de la sociología comprensiva será por tanto, elaborar tipos ideales de conducta, es decir, formas de acción social que puedan ser discernidas de manera recurrente en el modo de comportamiento de los individuos.

Para Weber, el "tipo ideal" es un modelo ideal, no una hipótesis pero sí una guía de investigación que señala una orientación a la misma. El tipo ideal no es un promedio. Se lo obtiene mediante el realce unilateral de uno o varios

puntos de vista y la reunión de una multitud de fenómenos singulares.

La formación de tipos ideales abstractos entra en consideración no como meta, sino como medio. Tiene el significado de un concepto límite puramente ideal, respecto del cual la realidad es medida y comparada a fines de esclarecer determinados elementos significativos de su contenido empírico.

El tipo ideal es algo indiferente a cualquier juicio de valorativo; enfatiza la relevancia lógica. "Es una construcción conceptual para la mediación y caracterización sistemática de conexiones individuales, es decir, significativas en su singularidad".[83]

La formación de conceptos típicos-ideales persigue la obtención de una conciencia nítida, no de lo genérico sino más bien de la especificidad de los fenómenos culturales. Weber advierte que no se debe confundir el concepto "tipo ideal" con la realidad histórica. El primero es una formulación conceptual, desde un punto de vista determinado, que debe ser consciente de los límites de su validez.

5. La dominación y los tipos ideales de dominación legítima

La dominación se efectiviza a través de una organización. "La posición dominante de las personas pertenecientes a la organización mencionada frente a las masas dominadas se basa siempre en lo que recientemente se ha llamado la 'ventaja del pequeño número', es decir, en la probabilidad que tienen los miembros de la minoría dominante de ponerse de acuerdo y de crear y dirigir sistemáticamente una acción societaria racionalmente ordenada y encaminada a la conservación de su posición dirigente".[84]

La ventaja del pequeño número adquiere su pleno valor por la ocultación de las propias intenciones y por las firmes resoluciones y el saber de los dominadores por medio del "secreto del cargo". Esto último es un síntoma de la intención que tienen los dominadores de afianzarse en el poder o de la creencia en que él mismo está amenazado. Toda dominación que pretenda la continuidad tiende a ser una dominación secreta.

La organización de la dominación se conforma a partir de los señores, es decir, de dirigentes cuyo poder de mando efectivo no procede de una delegación de otros señores, y del aparato de mando integrado por personas acostumbradas a ponerse a disposición de los jefes o señores.

El carácter sociológico de la estructura de una forma de dominación emana, en primer lugar, del modo característico general en que se efectúa la relación señor-aparato de mando y entre ambos y los dominados, y, en segundo lugar, de los principios específicos de la organización a partir de la distribución de los poderes de mando.

La validez de una dominación estará dada por su legitimidad: la exigencia de una obediencia por parte de los funcionarios frente al señor y de los dominados frente a ambos, a la vez que encierra un elemento de auto- justificación, es decir, se considera la propia situación privilegiada como resultado de algún tipo de mérito y la situación ajena (los dominados) como producto de alguna culpa o carencia. Se apela a principios de legitimidad, a saber: 1) autoridad legal-racional basada en normas racionales estatuidas (obediencia a normas más que a personas); 2) autoridad tradicional (obediencia a ciertas personas según lo determina la costumbre o la tradición); 3) autoridad carismática (se obedece a ciertas personas según sus características excepcionales).

A los tres principios de legitimidad les corresponden tres tipos puros o tipos ideales de dominación legítima: tradicional, carismática y legal-racional (burocrática).

6. Dominación tradicional

Según Weber, "debe entenderse que una dominación es tradicional cuando su legitimidad descansa en la santidad de ordenaciones y poderes de mando heredados de tiempos lejanos, 'desde tiempo inmemorial', creyéndose en ella en mérito de esa santidad".[85]

Las reglas tradicionalmente recibidas determinan el poder del señor o los señores y el cuadro administrativo no está compuesto (salvo tal vez, en la China antigua) por funcionarios de carrera competentes y comprometidos con una ética profesional, sino por servidores ligados al señor en virtud de la lealtad personal. El cuerpo administrativo se compone de elementos que dependen directamente del señor: familiares, amigos personales, protegidos, llamados funcionarios domésticos o favoritos. o bien de elementos ligados al señor por vínculo de fidelidad: vasallos, príncipes tributarios, etc.

La obediencia de los dominados no responde básicamente a disposiciones estatuidas (leyes, reglamentos disposiciones escritas y legalmente ordenadas), sino a la persona que la tradición señala como mandante.

Para Weber, la legitimidad de la dominación tradicional se establece de dos maneras: "a) en parte por la fuerza de la tradición que señala inequívocamente el contenido de los ordenamientos, así como su amplitud y sentido tal como son creídos, y cuya conmoción por causa de una trasgresión de los límites tradicionales podría ser peligrosa para la propia situación tradicional del imperante; b) en parte por arbitrio libre del señor, al cual la tradición le demarca el ámbito correspondiente".[86]

El ejercicio de la dominación tradicional está determinado por aquello que la costumbre sanciona, si bien el señor o sus servidores más cercanos (cuadro administrativo) tienen un enorme poder personal. Sólo la tradición puede marcar límites a ese poder personal.

Ejemplos de esta dominación serían la gerontocracia (dominio de los ancianos)[87] y el patriarcalismo, propios de organizaciones tribales, estructuras sociales arcaicas o ciertas organizaciones religiosas.

Otro ejemplo es la donación patrimonial o patrimonial-estamental propias del feudalismo. En este sistema existe una cierta división de poderes según los estamentos. En su expresión más acabada, el feudalismo medieval europeo, dio lugar a la aparición en las ciudades (los burgos) de cuadros administrativos, fundamentalmente juristas, de base formalmente racional que prefiguran las formas de dominación del moderno capitalismo occidental.

En resumen, el tipo de autoridad que se deriva de la dominación tradicional se denomina autoridad tradicional. ordena el señor, obedecen los súbditos y el cuerpo administrativo se compone de servidores por vínculo de fidelidad.

7. Dominación carismática

"Debe entenderse por 'carisma' la cualidad que pasa por extraordinaria (condicionada mágicamente en su origen, lo mismo si se trata de profetas que de hechiceros, árbitros, jefes de cacería o caudillos militares), de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas, o como enviados del dios, o como ejemplares y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder."[88]

Sobre la validez del carisma decide el reconocimiento por parte de los dominados; cuando este reconocimiento se retira, por las razones que sean, es probable que la autoridad carismática se disuelva.

El cuadro administrativo no constituye ninguna burocracia en el sentido profesional; sus miembros también son elegidos por cualidades carismáticas: discípulos, séquito, hombres de confianza, etc. No hay, por tanto, carrera burocrática, reglamentos, preceptos jurídicos abstractos, ni aplicación racional del derecho.