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Juan Bustos

Quisiéramos aclarar que este ensayo intenta brindar cierta ampliación de algunos conceptos fundamentales del texto Ideología y aparatos ideológicos de Estado, de Louis Althusser.

Louis Althusser hace en este escrito un "rodeo", que el mismo autor denomina un "gran desvío", hasta llegar a plantear en toda su dimensión el concepto de ideología. Se hace imprescindible entender lo que significa este rodeo.

Althusser, preocupado por la "esclerosis" (detenimiento) del pensamiento marxista y, por ende, por la "revitalización" de dicho pensamiento, se dedica a proporcionar una teoría científica (deudora del materialismo histórico o ciencia de la historia)[110] que permita, por un lado, explicar la ausencia de movimientos sociales que impliquen cambios estructurales y, por el otro, generar un instrumento teórico[111] para pensar las posibilidades de dicho cambio.

Es, justamente en relación con la ausencia de movimientos sociales que comprometan la continuidad del sistema capitalista de producción, que Althusser se plantea la pregunta fundamental que articula el texto en su totalidad y lo dota de una coherencia que conecta el principio con el "remate" de dicho texto, a saber, la interpelación.

La pregunta es la siguiente:

¿Qué es pues la reproducción de las condiciones de producción?

Dicha pregunta recibe su justificación a partir de la mencionada preocupación althusseriana, que explicitada aún más es: Si no ha habido un elemento (movimiento social) que haya perturbado la continuidad del sistema, tratemos entonces de reflexionar, en principio, acerca de los fundamentos que sostienen la reproducción del modo de producción capitalista, es decir, cómo la formación social reproduce las condiciones que son necesarias para realizar (seguir realizando) la producción.

El rodeo que antes señalábamos indica el camino que Althusser trata de construir hasta llegar al concepto de ideología como reproductora de las relaciones de producción.

Aclaremos este rodeo. Si el modo de producción capitalista necesita de condiciones que posibilitan la producción, entonces habrá que garantizar la reproducción de dichas condiciones para que la producción (y con ella el sistema y la formación social toda) no cese.

Luego, sabiendo que las condiciones son tanto las fuerzas de trabajo, los medios de producción, así como también, y fundamentalmente, la relación de producción, habrá que concluir que, según el planteo de Althusser, la ideología se ubica exactamente en relación con este último término.

Para expresarlo en terminología althusseriana, serán los aparatos ideológicos de Estado (AIE) y el mecanismo de la interpelación los encargados de "amarrar" al sujeto a la ideología dominante y de esta manera garantizar la reproducción de la relación de producción.

Aclaramos el término reproducción dado que es fundamental para entender esa pregunta que situamos renglones arriba y que es crucial para clarificar el desarrollo del texto. Comencemos con el siguiente razonamiento: si tenemos en cuenta que "cualquiera que sea la forma social del proceso de producción, éste tiene que ser necesariamente un proceso continuo o recorrer periódica y repetitivamente las mismas fases. Ninguna sociedad puede dejar de consumir, ni tampoco, por tanto, dejar de producir. Por consiguiente, todo proceso social de producción considerado en sus constantes vínculos y en el flujo ininterrumpido de su renovación es, al mismo tiempo, un proceso de reproducción".[112]

La reproducción debe asegurar, por un lado, la producción y fijación de las condiciones y, por otro, la reproducción misma del capital y trabajo como nexo de la explotación bajo el capitalismo (reproducción de la relación de producción).

Tanto Marx como otros autores posteriores han ampliado el concepto de reproducción hasta abarcar los procesos situados fuera de la producción misma que se consideran necesarios para la existencia continuada de un modo de producción. Existen procesos básicos de un modo de producción sin los cuales la reproducción dejaría de existir. Suelen distinguirse dos procesos básicos que se relacionan con la clásica distinción marxista entre infraestructura y superestructura; a este respecto los elementos superestructurales son los que resultan necesarios en la práctica para la reproducción de la infraestructura pero no constituyen por definición parte de la misma.

Para Althusser existen tres elementos prácticos: el económico, el ideológico y el político; los cuales deben reproducirse de forma que la totalidad estructurada, que es el modo de producción, pueda así mismo reproducirse.

Ideología, su materialidad y su relación con la vida cotidiana

organización conceptual que realiza Althusser. Dicha organización está estructurada a partir de tesis.

El autor se propone dar cuenta de la estructura y el funcionamiento de la ideología y para ello ordena la argumentación a partir de tres tesis: una tesis central que se denomina interpelación, una tesis (1) que se refiere a la relación imaginaria del individuo con sus condiciones de existencia y una tesis (2) llamada material que afirma la transposición en actos de la ideología.

Una de las modalidades posibles de acercamiento al concepto de ideología puede ser a partir de esta última tesis, es decir, de la realización material que tienen las ideas, de la concreción en prácticas que tienen las concepciones del mundo de los hombres de una sociedad dada.

Althusser nos advierte que tanto la tesis (1) (relación imaginaria) como la tesis (2) (materialidad) son un paso teórico necesario para abordar la tesis central que explicará la estructura (simbólica e imaginaria) y el funcionamiento de la ideología (interpelación).

Hay que agregar que ambas tesis (1 y 2) representan un movimiento teórico que está descompuesto en partes (tesis imaginaria y tesis material) dado el horizonte analítico que el autor persigue, pero para tener una visión completa del concepto de ideología es necesario articularlas.

La relación imaginaria, sostiene Althusser, está dotada de "existencia material" y esto sucede así ya que las representaciones (deformadas) que derivan de dicha relación se realizan, se traducen en actos materiales.

De esta manera el sujeto humano conduce los actos de su vida en función de sus ideas. Sus comportamientos cotidianos, sus conductas prácticas, son la puesta en acto de sus creencias, de sus ideas, en definitiva de la ideología.

Ahora bien, esa ideología "habla" en actos, el sujeto en sus actos "habla" de ideología, dado que la existencia de sus ideas, de sus creencias es material "en tanto esas ideas son actos materiales insertos en prácticas materiales, reguladas por rituales materiales definidos, a su vez, por el aparato ideológico material del que proceden las ideas de ese sujeto".[113]

En definitiva, los actos y las prácticas de los sujetos aparecen insertos y, a su vez, regulados por los AIE, lo que arroja como consecuencia que dichos actos se encuentren determinados por la ideología del aparato, es decir, por la ideología dominante.

Se cierra, de esta manera, un circuito que explica el modo en el que el sujeto, vía la realización (actos y prácticas) de la ideología dominante, contribuye a la reproducción de las relaciones de producción.

Explicitado aún más, los AIE son la realización de la ideología dominante y se convierte en dominante justamente a partir de ser la "concepción" (las ideas) de la clase que detenta el poder y que recibe del Estado su legitimación jurídica. Por esta razón, hablamos de AIE en tanto la ideología que circula en estos aparatos es la ideología de la clase dominante que encuentra en el Estado el modo de asegurar legalmente la apropiación de los medios de producción.

Planteado esto, podemos articular la "deformación necesaria" con la materialidad de la ideología, dado que las características "necesariamente deformantes" que adquieren las representaciones respecto de las condiciones reales de vida, y que ocultan la estructura real de las relaciones de explotación, se realizan en actos y prácticas insertos en la ideología dominante. El sujeto "actuado" por la ideología (dominante) de los AIE se encuentra en relación de "desconocimiento" (efecto de la deformación necesaria) respecto de la estructura de las relaciones de producción.

Se garantiza así que el sujeto, desde sus minúsculas actitudes cotidianas hasta sus prácticas sociales más elevadas, reproduzca (realice) en sus actos la ideología dominante que posibilita la permanencia de la clase propietaria de los medios de producción en el poder, y así la reproducción de la formación social capitalista.

Entonces, recapitulando en el recorrido que hemos propuesto para esta materia, podemos afirmar que todo hombre vive una determinada "vida cotidiana" y que de ninguna manera es algo "natural", sino que se trata de una construcción social. En dicha vida cotidiana el hombre se encuentra realizando ciertas actividades, dándoles un valor, un sentido, interactuando con otros según parámetros de la época, por ejemplo, etc. Lo que tratamos de poner de relieve es que este hombre que vive una vida de relaciones y de actividades lo hace en el contexto de lo que dicha concepción de la vida, de los valores, del prójimo, marca, y esto se produce en el marco de la época en la que vive. Es decir, el sentido adjudicado a su vida de ninguna manera es un acto de su libertad ni de su decisión "individual", sino que dicho sentido está determinado por la instancia social que lo contiene. De esta manera lo que "haga" el hombre llevará la marca de dicho sentido. Sus quehaceres, sus prácticas, los modos de actuar y de relacionarse estarán regulados por la concepción del mundo (ideológica) reinante en determinado momento

histórico.

Es decir, parafraseando a Althusser:

"Esa ideología habla en actos: nosotros hablaremos de actos insertos en prácticas. Y destacaremos que tales prácticas están reguladas por rituales los cuales se inscriben, en el seno de la existencia material de un aparato ideológico, aunque sólo sea de una pequeña parte de ese aparato: una modesta misa en una pequeña iglesia, un entierro, un match, de pequeñas proporciones en una sociedad deportiva, una jornada de clase en una escuela, una reunión o un mitin de un partido político, etcétera".[114]

Insistimos, queremos mostrar por ejemplo, que aquel orden "jerárquico" de actividades que se encuentra en la vida cotidiana (ver concepto de jerarquía en Heller) no es "inocente". Será, a lo sumo, irreflexivo pero de ningún modo dejará de tener la impronta de la concepción del mundo que anima dicho orden. O si pensamos en la variedad de actividades que hacemos en la vida diaria (heterogeneidad), debemos suponer que dicha variedad es el resultado de lo que una sociedad, o más exactamente de las ideas que dominan esa sociedad, imprime sobre la vida de los hombres aunque éstos no lo adviertan.

En esta línea de pensamiento queremos proponer la lectura de algunos fragmentos que ilustran acabadamente la puesta en actos de determinadas ideas que le dan justamente a esos actos su lógica y fundamento.

Se trata de la lectura de la novela El nombre de la rosa, de Umberto Eco, de la que nos parecieron pertinentes los siguientes pasajes:

"Era una hermosa mañana de finales de noviembre. Durante la noche había nevado un poco, pero la fresca capa que cubría el suelo no superaba los tres dedos de espesor. A oscuras, enseguida después de laúdes, habíamos oído misa en una aldea del valle. Luego, al despuntar el sol, nos habíamos puesto en camino hacia las montañas.

Mientras trepábamos por la abrupta vereda que serpenteaba alrededor del monte, vi la abadía. No me impresionó la muralla que la rodeaba, similar a otras que había visto en todo el mundo cristiano, sino la mole de lo que después supe que era el Edificio.

Se trataba de una construcción octogonal que de lejos parecía un tetrágono (figura perfectísima que expresa la solidez e invulnerabilidad de la Ciudad de Dios), cuyos lados meridionales se erguían sobre la meseta de la abadía, mientras que los septentrionales parecían surgir de las mismas faldas de la montaña, arraigando en ellas y alzándose como un despeñadero. Quiero decir que en algunas partes, mirando desde abajo, la roca parecía prolongarse hacia el cielo, sin cambio de color ni de materia, y convertirse, a cierta altura, en burche y torreón (obra de gigantes habituados a tratar tanto con la tierra como con el cielo).

Tres órdenes de ventanas expresaban el ritmo ternario de la elevación, de modo que lo que era físicamente cuadrado en la tierra era espiritualmente triangular en el cielo. Al acercarse más se advertía que, en cada ángulo, la forma cuadrangular engendraba un torreón heptagonal, cinco de cuyos lados asomaban hacia fuera; o sea que cuatro de los ocho lados del octágono mayor engendraban cuatro heptágonos menores, que hacia fuera se manifestaban como pentágonos. Evidente, y admirable, armonía de tantos números sagrados, cada uno revestido de un sutilísimo sentido espiritual. ocho es el número de la perfección de todo tetrágono; cuatro, el número de los evangelios; cinco, el número de las partes del mundo; siete, el número de los dones del Espíritu santo [...]"[115]

Su arquitectura, su imponente majestuosidad, los sentidos otorgados y los sentidos que se desprenden de tan imponente construcción. Ningún planeamiento arquitectónico se edifica como caprichoso y mucho menos como fruto del azar. Año 1327 (nos ubica el autor), tiempos de ideas religiosas y de prácticas que no se alejan un ápice de la concepción religiosa del universo; la arquitectura, el arte, la práctica inquisitorial y las modalidades de dominación política.

Un libro también es la puesta en práctica de una idea, una lectura, una acción a seguir, un desafío... y en algunos casos la muerte como consecuencia, como castigo, como otra práctica, o mejor dicho la puesta en acto de una idea ofendida.

Los fragmentos que proponemos ahora van en esta línea e intentan también poner de manifiesto cómo las prácticas que realizan los hombres se encuentran determinadas por las ideas que gobiernan un pasaje histórico.

Se lee en el final de la novela, el desenlace argumentativo de la obra de Eco; se trata del ocultamiento de determinados libros filosóficos (de Aristóteles, más exactamente) que versaban sobre temas peligrosos para el poder eclesiástico. El argumento que deja deslizar el Padre Jorge (responsable de la biblioteca de la abadía) es que

para sostener fuertemente la creencia en Dios es necesaria la existencia del "miedo". Sin miedo el hombre no necesitaría de la protección divina contra el diablo y, por lo tanto, se erosionaría el pilar fundamental que sostiene a la iglesia como tal. Dichos libros ocultos contenían ideas sobre la "risa". He aquí los fragmentos mencionados:

"La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. incluso la iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones [... ] Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden [... ] al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas. [...]"

"[... ] La risa libera al aldeano del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo parece pobre y tonto, y, por tanto, controlable. Pero este libro podría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido la relación de dominación; pero este libro podría enseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres, con los que legitimar esa inversión [...]"[116]

Las ideas sostienen los actos, los actos de la vida están fundados consciente o inconscientemente en nuestra concepción del mundo, en nuestros valores, en el modo en que nosotros entendemos la vida. Ahora, aclaremos: la designación "nosotros" no nos hace propietarios de las ideas que portamos y que nos guían; muy por el contrario, la fuerte creencia de que somos "nosotros" en un acto de conciencia y voluntad los que gobernamos nuestras vidas es un obstáculo para entender que es el sistema de ideas que impera en una sociedad dada el que dirige y ordena los carriles por donde circula nuestra vida. Siguiendo con una metáfora de estilo espacial, diremos que uno circula por los caminos establecidos y que la decisión que "creemos" tomar cuando elegimos un camino u otro no es más que una ilusión, dado que nadie transita por rutas que no fueron construidas o nadie llega a lugares que no figuran en ningún mapa.

Entonces, desde los actos más solemnes y comprometidos desde el punto de vista ético hasta los pequeños gestos de nuestra vida cotidiana están atravesados por nuestra cosmovisión o, como aclarábamos antes, por las ideas que dominan una sociedad (ideología dominante en el decir de Marx y de Althusser).

Volviendo al texto literario que presentamos de Eco, es interesante prestar atención a la cantidad de actos y prácticas que el libro relata y que acontecían en una abadía de la Edad Media. Los rituales, los ocultamientos, los miedos, son protagonistas en cada religioso que habita la abadía. Ellos hacen sin saberlo lo que la ideología religiosa determina. Sus prácticas están reguladas por la existencia de Dios y lo que suponen sostiene dicha existencia, es decir, que si la risa es la antesala del ateísmo, deberán ocultar todo aquello que guíe a semejante acto.

Afirma Althusser:

"El individuo en cuestión se conduce de tal o cual manera, adopta tal o cual comportamiento práctico y, además, participa de ciertas prácticas reguladas, que son las del aparato ideológico del cual 'dependen' las ideas que él ha elegido libremente, con toda su conciencia, en su calidad de sujeto. Si cree en Dios, va a la iglesia para asistir a la misa, se arrodilla, reza, se confiesa, hace penitencia (antes ésta era material en el sentido corriente del término) y naturalmente se arrepiente, y continúa, etc. Si cree en el deber tendrá los comportamientos correspondientes, inscriptos en prácticas rituales 'conforme a las buenas costumbres'. Si cree en la justicia, se someterá sin discutir a las reglas del derecho, podrá incluso protestar cuando sean violadas, firmar petitorios, tomar parte en una manifestación, etcétera.

Comprobamos en todo este esquena que la representación ideológica de la ideología está obligada a reconocer que todo 'sujeto' dotado de una 'conciencia' y que cree en las 'ideas' que su conciencia le inspira y acepta libremente, debe 'actuar según sus ideas', debe por lo tanto traducir en los actos de su práctica material sus propias ideas de sujeto libre. Si no lo hace, eso 'no está bien'. [... ]

[... ] Diremos pues, considerando sólo un sujeto (un individuo), que la existencia de las ideas de su creencia es material, en tanto esas ideas son actos materiales insertos en prácticas materiales, reguladas por rituales

materiales definidos, a su vez, por el aparato ideológico material del que proceden las ideas de ese sujeto"[117]

Como conclusión de esta primera aproximación, diremos entonces que la ideología tiene existencia material en la medida que toda concepción de la vida se traduce en actos y prácticas concretas.